Hola de nuevo amigos y seguidores de mi blog. Hoy os llevaré a un lugar en el que para los que somos de Zaragoza, como es mi caso, nos queda muy cerca – apenas 30 km en coche- y en el que podremos disfrutar de una caminata matutina, o vespertina, según gustos, por una de las Muelas que rodean Zaragoza.
Es 20 de noviembre de 2021, una mañana de sábado, aunque estuve aquí en otras dos ocasiones anteriormente con mi hija, el 19 de septiembre que hice una aproximación al circuito, y el 10 de octubre que lo completamos juntos. El relato de la excursión que os hago ahora es del recorrido que vuelvo a hacer yo en solitario. De todas formas lo completaré poniendo alguna foto de las otras caminatas previas, y un complemento del día 12 de diciembre al final. Comenzamos.

Como llegar a La Muela
Para llegar aquí desde Zaragoza, hay que coger la autovía de Madrid y tomar la salida hacia el pueblo de La Muela y en una rotonda en vez de dirigirse hacia el pueblo de La Muela, hacerlo hacia la Urbanización Urcamusa, o del Alto de la Muela y llegar hasta el final de la carretera que va atravesando por su límite más al sur la urbanización y que termina en una rotonda rodeada de árboles. Pero antes de contaros la excursión vamos a situarnos geológicamente en el lugar porque así comprenderéis mejor el paisaje de hoy. Merece la pena dedicarle unos minutos.
Entonces…¿qué es una muela?
¿Muelas? ¿qué es eso? pues si me dejáis unas pocas líneas del blog os lo explico. La denominación sí que tiene que ver algo con el diente, pues el resalte del terreno que supone este accidente geográfico lo recuerda un poco, de ahí el nombre popular. Pero hay que conocer el por qué de todo esto.
El origen: la depresión del Ebro
La gran depresión del Ebro se formó en el Terciario, hace aproximadamente 66 millones de años, debido al surgimiento de los Pirineos, el Sistema Ibérico y la Cordillera Costero Catalana como consecuencia del choque que se produjo entre dos placas tectónicas de la corteza terrestre; la placa Ibérica y la Euroasiática. Todo esto ocurrió sólo un millón de años antes del gran impacto de un asteroide del tamaño del monte Everets, que chocó contra la tierra a 60 veces la velocidad del sonido, en la península del Yucatán, desencadenando una de las mayores extinciones masivas que ha sufrido el planeta y la desaparición de los dinosaurios.
El choque entre las placas levantó dichas cordilleras, -como ya sabéis la meseta española hizo de tope de prensa- y como resultado todo el material que estaba entremedio se hundió y deprimió.
El gran mar interior
Esta zona deprimida la ocupó un mar, hace unos 47 millones de años, en realidad era una gran bahía que estaba conectada al océano Atlántico por el Golfo de Vizcaya, pero que sin embargo, no tenía salida al actual Mediterráneo o lo que antiguamente se llamó el mar de Tetis.

Esta zona hundida comenzó a recibir aportes sedimentarios que los ríos arrastraron desde las cadenas montañosas que rodeaban la depresión. La cuenca se formó también como resultado de la acumulación de sedimentos marinos, detríticos y evaporíticos en el espacio comprendido entre estas cadenas.

En lo que ocupaba esta plataforma marina detrítica crecían algunos arrecifes de coral, y también los nummulites, (del latín nummulus, que significa “pequeña moneda”), unos organismos animales unicelulares ya extintos, que vivían en aguas con temperaturas no inferiores a los 20 grados centígrados, en los mares del Paleoceno superior y Eoceno, y que tenían una concha de hasta unos 6 centímetros de diámetro, con un cordón espiral.
La cuenca lacustre endorreica
Hace aproximadamente 37 millones de años, ese mar quedó desconectado del océano Atlántico debido a levantamientos tectónicos en la zona actual de la Rioja y Guipúzcoa y dio lugar a una enorme cuenca lacustre evaporítica, endorreica, sin salida fluvial. Lo que aquí se originó fue un gran lago interior y otros lagos menores de los que aún persisten actualmente algunas lagunas endorreicas como las saladas de Monegros, Chiprana, Alcañiz y la Laguna de Gallocanta, Sariñena, o zonas de las Cinco Villas..

Este periodo de sedimentación continental se caracterizó por la deposición de materiales en estos lagos centrales, y el aporte continuo de materiales desde las cadenas montañosas circundantes. Lentamente, la cuenca del Ebro se iba rellenando de sedimentos.
Se depositaron enormes cantidades de gravas, arenas y arcillas y en la zona central de la cuenca, relativamente alejadas de los frentes de las cadenas de montañas, se desarrollaban zonas encharcadas y áreas lacustres donde se depositaban margas, carbonatos, yesos y, a veces, también turbas. Como existía también una gran evaporación, debido al clima seco durante aquel periodo, los lagos formados en el interior de esa cuenca cerrada evaporaban toda el agua que recibían sin verter a los océanos (endorreísmo) y sedimentaron grandes cantidades de sales.

Aquel «lago Ebro» se extendía por lo que hoy es la ciudad de Zaragoza, las Bárdenas Reales (Navarra) y las actuales Logroño (La Rioja) y Fraga (Huesca). Era poco profundo y muy volátil porque aparecía y desaparecía en distintos lugares a causa de la evaporación y de las tormentas.

El desbordamiento
Todo permaneció así hasta que entre 7,5 y 12 millones de años atrás (en el mioceno superior), este enorme sistema lacustre comenzó a desbordarse. Los lagos, que habían alcanzado una altitud de varios cientos de metros sobre el nivel del mar debido a la acumulación de los sedimentos -la elevación máxima llegó a ser de entre 500 y 700 metros -encontraron una salida a sus aguas a través de la cordillera Costero-Catalana y el gran lago comenzó a desaguar en el mar Mediterráneo.
La erosión fluvial
Lo que ocurrió luego – desde hace 5 millones de años en adelante- es que debido a la altitud de la cuenca y la corta distancia al mar, -pocas decenas de kilómetros- las aguas vertidas en época de lluvias produjeron en poco tiempo una incisión fluvial suficiente para bajar el nivel del sistema lacustre de la cuenca, es decir, se llevaron parte del agua de los lagos al mar y esto permitió que al quedar gran parte del fondo al descubierto, los ríos, tanto el Ebro como sus afluentes, comenzaron a realizar una importante incisión de los sedimentos en ella depositados que eran de tipo tabular.
Sedimentos de tipo tabular
Entonces, para que nos hagamos una idea de lo que estamos pisando, las muelas están formadas internamente por acumulaciones de aquellos sedimentos que alcanzaron cientos de metros sobre el nivel del mar antes de que el gran lago, o lagos, desaguaran. Por eso se dice que las muelas son relieves cuya estructura interna es de tipo tabular. (En latín tabulae significa tabla, plancha).

Los sedimentos se fueron depositando unos sobre otros formando capas y estratos con forma de tablas. Además para que esta forma de capas o tablas se mantengan así durante millones de años, es necesario que no hayan sufrido tensiones orogénicas. Es frecuente encontrar este tipo de relieve en cuencas sedimentarias cuya amplitud permite a las capas de sedimentos distribuirse horizontalmente como era entonces la del Ebro, con aquellos grandes lagos.
Y finalmente…¿cómo se formaron las muelas?
Estas muelas que vemos hoy en día, se han formado a partir de la distinta respuesta a la erosión de los materiales que las conforman, las calizas más resistentes, los yesos menos. Como os he contado antes, corresponden con el techo o máxima altura que alcanzaron los sedimentos depositados en la cubeta terciaria del Ebro. Posteriormente, el río Ebro y sus afluentes fueron seccionando e individualizando esta gran plataforma sedimentaria creando las distintas muelas, cerros testigos y antecerros.
Así, en el centro de la Depresión del Ebro encontramos unas cuantas de estas planas o muelas como las del Castelar (744 m), La Plana de Zaragoza (695m ) y La Muela (627 m) que es donde estoy yo ahora. Sus cimas, generalmente aplanadas, coinciden siempre con los estratos calcáreos más duros, mientras que sus taludes y piedemontes son escarpados y se componen de yesos, arcillas y margas, materiales mucho más fácilmente erosionables.

Comienzo a caminar: el recorrido
Pues bien, tras esta introducción que espero os haya gustado y sobre todo os haya facilitado comprender mejor el terreno por el que voy a caminar, os voy describiendo el recorrido. Aparco al final de la urbanización de La Muela. De ahí me dirijo hacia un panel muy visible donde viene descrita la ruta circular. Os lo pongo en las fotos a continuación.


Una vez que paso el cartel, al fondo, casi al borde del risco, hay un panel informativo. Ahí describe la ruta. Después se comienza bajando por una senda que parte casi tras el panel y que en sus primeros tramos tiene unos troncos a modo de escalones.





Inicio la bajada por los escalones y desde aquí puedo ver el camino a lo lejos. Entre el matorral que lo rodea, está muy bien definido. Hace viento, o aire, como decimos en Aragón, para referirnos a veces al viento. Siempre en este lugar sopla el cierzo en mayor o menor medida. Hay que abrigarse. El sol engaña. Me lloran los ojos por el viento, a pesar de llevar las gafas.

Miro hacia atrás a la izquierda. Veo en la lejanía las antenas de telecomunicaciones que hay en esta zona. Y un montón de molinos eólicos, o aerogeneradores. En esta zona hay muchos. Por eso os digo que aquí lo normal es que sople el viento con fuerza. Y veo también una especie de refugio de piedra seca (se sostiene sin argamasa) de forma semi-cónica.

Voy bajando. Desde aquí, en perspectiva, se ve muy bien este relieve geográfico único que es La Muela. Los estratos calcáreos, más resistentes, han ido aguantando el paso del tiempo, mientras que las laderas circundantes van deshaciéndose lentamente por efecto de la erosión.

Se nota que esta ruta es uno de los alicientes senderistas de la zona, porque está muy bien señalizada. No hay más que seguir los postes con el letrero verde enroscado a ellos. Según creo los han colocado recientemente, hace un año, más o menos.

La senda va adentrándose en la planicie para luego ir subiendo por una pequeña loma. Siempre acompañada por los postes guía del recorrido. El firme ya se ve. Es bueno. No presenta ninguna dificultad.


La vegetación y la fauna predominante en La Muela
A medida que voy avanzando voy haciendo fotos de todo lo que me encuentro, tanto de la vegetación a mi alrededor, como de los insectos que se ponen a tiro de cámara, y si algo vuela por encima de mi cabeza, también le saco fotos.
Deciros que la vegetación que se encuentra por aquí es principalmente la coscoja, la sabina negral, el enebro y el pino carrasco, y la fauna serían en su mayor parte conejos, liebres, zorros y el jabalí, (y una sorpresa que os explico al final de la entrada), pero las más abundantes son las aves, como las alondras, calandrias, cogujadas, tererras, que anidan en la zona de la estepa (en la Val del Portillo), o las que anidan en cortados como los cernícalos, grajillas, aviones, roqueros, y las que habitan en los pinares como ratoneros, aguilillas, búhos, palomas torcaces y currucas.
Plantas, las veo todas. Animales, ninguno. Seguro que se esconden ante mi presencia. Bueno salvo uno de los días que vine con mi hija, una tarde, y que menuda sorpresa nos dimos como os acabo de decir. Luego os lo cuento. Lo que sí vi y fotografié fue un buitre leonado sobrevolando la zona.







Primera bifurcación
En un momento determinado, y cuando llevo muy poco recorrido, me encuentro con una bifurcación, es otro camino que sale a la izquierda. Por ahí no se va. Hay que seguir los postes de señales y dirigirse hacia la derecha. No tiene pérdida.

El camino comienza a subir paulatinamente por una ladera de suave pendiente. El firme es de gravilla, a veces algo suelta e incómoda de pisar.

Mirando hacia atrás, veo el trayecto recorrido. Vengo desde la zona de árboles que está al fondo en la foto, ,que es donde he aparcado el coche, en la rotonda.

Mientras camino, ya voy apreciando el efecto de la lluvia y del viento sobre la caliza. En esta piedra se aprecian perfectamente los orificios ocasionados por la erosión. Pero veré muchos más ejemplos más adelante.


Abajo, en la Val del Portillo, un enorme generador eólico resalta en el horizonte. Las aspas de los aerogeneradores más pequeños miden unos 20 m, pero este es mucho más grande. No tengo ni idea de la longitud que pueden tener sus tres aspas, pero seguro que superan con creces esa cifra (quizás el doble o triple, a saber). La envergadura de esta torre es espectacular.

Y ya están aquí los estratos tabulares. Perfectamente horizontales y alineados uno encima del otro. Observad que cada capa horizontal de sedimentos se corresponde con eventos sucedidos hace millones de años. Esto te hace pensar en lo efímero de la vida humana y en la enorme escala temporal en la que se producen los fenómenos geológicos.

Continúo este agradable paseo y veo que la senda, allá a lo lejos, sigue en ascenso. La verdad es que aunque no hubiera postes de dirección, al estar el camino tan bien marcado, sería difícil perderse.

Insectos y orugas
La procesionaria
Pero como os he dicho antes, no todo es cielo y tierra. También hay insectos y orugas que no escapan a mi cámara. Lo primero que veo es una bolsa de procesionaria, y no será la única. Hay algunos pinos por desgracia atacados por ella. La procesionaria, Thaumetopoea pityocampa, es una oruga que pertenece al grupo de los insectos lepidópteros y se alimentan de una forma voraz de las acículas de los pinos que son las hojas o aguijones finos y delicados que no son hirientes al tacto.

Las larvas, nacidas en el verano, pasan los meses fríos en sus bolsones situados en las ramas de los pinos, estos bolsones están hechos de hilos sedosos y dentro de ellos albergan de 100 a 200 larvas, cantidad nada despreciable. A la caída del sol, las orugas entran en actividad y comienzan su marcha en busca de comida de una manera alineada, como en procesión, de ahí su nombre. Cuando han terminado de alimentarse o cuando el frío de la noche es considerable, las procesionarias vuelven al bolsón.

A finales del invierno bajan del pino para enterrarse en el suelo con el fin de transformarse en mariposas. A mediados o finales del verano salen las mariposas de la tierra y tras la cópula se produce una nueva puesta en las ramas de los pinos. La mariposa es poco conocida porque solo vive 24 horas.
Este insecto no sólo tiene efectos negativos en las especies arbóreas. Los humanos y los animales podemos vernos afectados por los pelos urticantes de la oruga. Los pelos se desprenden y flotan en el aire. Como consecuencia, se puede producir irritación en garganta, oídos y nariz, así como graves reacciones alérgicas. Así que mejor no acercarse mucho, salvo para fotografiarlas con cuidado, como hago yo.
Libélula roja (especie protegida)
Este insecto que fotografío ahora, es una libélula roja -Sympetrum vulgatum- una de las aproximadamente 130 especies de libélula de Europa. Sus larvas depredadoras o ninfas viven en lagunas, lagos y ríos, y son fundamentales en la cadena alimenticia de los ecosistemas de agua dulce. También viven en aguas estancadas. Se alimenta de casi cualquier organismo que pueda capturar, sobre todo insectos, como termitas, hormigas y mariposas.

Es de pequeño tamaño, su longitud corporal mide entre 3,5 y 5 cm. El color predominante del cuerpo, como su nombre indica, es el rojo, sin embargo, el abdomen de la hembra es amarillo. En las alas presenta una mancha amarilla en la base y tiene las venas rojizas. Y el pterostigma, una especie de celdilla en la parte externa de las alas, es de color rojo oscuro.
Coleópteros (escarabajos)
Los coleópteros o escarabajos, son un orden de insectos con unas 375.000 especies descritas. Este que fotografío no lo logro identificar, pero no es de extrañar, dada la variedad de ellos. Será cuestión de investigar. De momento lo denominaré escarabajo negro de La Muela. La mayoría de los coleópteros son herbívoros, y muchas especies pueden constituir plagas de los cultivos, siendo las larvas las que causan la mayor parte de los daños agrícolas y forestales.

Lepidópteros
Mariposa Macaon
El macaón (Papilio machaon) es una especie de lepidóptero de la familia Papilionidae ampliamente distribuida en el hemisferio norte. Se han descrito numerosas subespecies. Muy común en la península ibérica. Esta foto la realicé en La Muela a primeros de octubre, es una mariposa muy vistosa. Tiene entre 32 y 80 mm de envergadura y se caracteriza por sus alas de color negro y amarillo crema. Las alas inferiores presentan ocelos en rojo y tienen colas.

Insectos miméticos: la perfección del camuflaje
Mariposa y saltamontes
Algunos insectos son expertos en camuflaje. Tienen la habilidad del mimetismo, adaptan su cuerpo a los tonos del hábitat en el que se encuentran y en algunos casos, es realmente difícil discernir entre paisaje y animal. Es lo que me pasó a mí a la hora de fotografiar esta mariposa y un saltamontes. Los tenía enfocados y si quería hacer otra toma, me resultaba difícil encontrarlos de nuevo, aunque los tuviera delante de mis narices.

Y qué decir del saltamontes. Si no te fijas con detenimiento pasa totalmente desapercibido. Es idéntico al suelo en el que habita.

Mosca salteadora o asesina (Machimus s.p.)
Caminando me topo con esto. Es un insecto del grupo de los Dípteros, como las moscas y los mosquitos, es decir, insectos de dos alas. Tiene un aspecto amenazador, parece que te vaya a picar en la pierna al pasar a su lado, pero es inofensivo para el ser humano. Es un depredador que caza al vuelo, atrapando a la presa con sus patas que están llenas de espinas, y raramente fallan en sus ataques. Pertenecen a la familia de los asílidos (Asilidae).
Son moscas robustas, las espinas en las patas les sirven para que las presas no se les escapen. Tienen también un bigote de setas densas en la cara y tres ocelos en una depresión entre los dos grandes ojos compuestos.

Las setas sirven para proteger la cara cuando combate con sus presas. La probóscide o trompa es corta y fuerte, con ella inyecta una saliva con enzimas neurotóxicas y proteolíticas a sus presas, se produce una digestión externa, absorbiendo a su presa una vez se ha licuado -se ha hecho líquido-. Muy similar a lo que hacen las arañas. A continuación absorbe el alimento licuado. Encantador bicho.
Estas moscas asesinas se alimentan de otras moscas – ser de su misma especie no les libra-, diversas abejas y avispas, libélulas, saltamontes y también es capaz de atacar arañas. Sus luchas con las arañas son rápidas y mortales.
Calizas erosionadas
Sigo caminando por encima de estas rocas sedimentarias y donde el estrato queda al descubierto por la erosión aprecio el impacto del agua sobre la estructura del mismo. Hay infinidad de agujeros y grietas.



Segunda bifurcación
La senda sigue subiendo paulatinamente entre pinos de pequeño porte y vegetación varia. Sigo viendo los postes indicativos por doquier, no han escatimado en recursos en lo que a eso respecta.


Pronto llego a una segunda bifurcación. En realidad hay que ir por la izquierda, siguiendo el poste, aunque si se toma el camino de la derecha también llegará un momento en el que las dos sendas se unirán más adelante, con lo cual realmente da igual cual escoger.

El último bosque
A medida que discurre el camino por la plana, la envergadura de los pinos crece. Estoy adentrándome en la mancha boscosa de carácter autóctono que en tiempos existía en La Muela y del que aún se conservan algunas hectáreas.

Es un pinar viejo que contrasta con las jóvenes repoblaciones sobre terrazas realizadas en el pasado.


Mirador a la vista
Sigo avanzando por la senda y pronto descubriré un mirador al que se puede acceder para contemplar el paisaje de la zona.

Curiosamente, este día en el que acudí con mi hija a esta excursión en La Muela, el 19 de septiembre de 2021, a las 14:10 de la tarde, en la isla de La Palma, en las Canarias, comenzaba la erupción del volcán de Cumbre Vieja, y que hoy, a 12 de diciembre de 2021, que es cuando estoy escribiendo esta crónica, sigue en erupción, lleva 84 días ya expulsando lava, un record absoluto para la isla.


Desde aquí, a lo lejos, y con el zoom de la cámara, y a mano derecha, distingo un banco en el borde del risco y un cartel. Es el mirador. Hacia allí me dirijo.



La Dehesa de Moncasi
Aún no he llegado al mirador y ya desde aquí puedo observar el amplio horizonte. Se ve el aeropuerto de Zaragoza y también el Polígono Industrial de Centrovía. Y justo debajo de mí, una finca particular, la Dehesa de Moncasi, con sus embalses artificiales para asegurar el suministro de agua.


El buitre leonado
Planeando en el cielo, aparece un solitario buitre leonado. Tengo oportunidad de hacerle unas cuantas fotos. Os he hablado de él en otras entradas del blog, sobre todo en las excursiones al Pirineo, así que me limito a poneros las tomas que saqué de este fantástico carroñero.




El edificio de Iberdrola
Cuando vayáis caminado veréis a lo lejos una pista grande a la derecha que termina en una especie de edificio aplanado de hormigón. Son unas instalaciones de Iberdrola. Mas tarde pasaré junto a ellas.


El mirador ó los «Púlpitos del Valle»
Momentáneamente pierdo de vista el risco donde está situado el mirador, pero pronto encontraré un camino que llega hasta él.

Pues bien, a medida que voy avanzando entre los pinos carrascos, aparece a mano izquierda un desvío para llegar al mirador perfectamente señalizado.


Desde aquí contemplo algún cerro un tanto aislado, unido únicamente a la meseta que forma La Muela por una delgada prolongación del terreno. Casi parece un cerro testigo, pero se ven bien los estratos y los materiales que lo forman y que resistieron mucho mejor la erosión que le ocasionó hace millones de años el antiguo río Ebro y sus afluentes.












Desde aquí se ven también las instalaciones y depósitos de almacenaje de gas butano y otros hidrocarburos que están cerca de la localidad de Utebo. Este lugar fue el escenario de un trágico suceso en los años 70 del siglo pasado.
El 24 de junio de 1.976, en las instalaciones de Butano S.A., hizo explosión un camión cisterna con 19.000 kilos de propano que acababa de llegar a la factoría procedente de Barcelona. Las altas temperaturas que se dieron ese día en la zona, habían recalentado el vehículo y la cisterna que contenía el gas. Nada más aparcar se produjo la deflagración. La llamarada se extendió en un radio de casi mil metros y la columna de humo alcanzó los doscientos de altura según relatan las crónicas de la época. El balance fue de 13 muertos y numerosos heridos.

Veo también parte del centro comercial de Plaza Imperial, y el edificio de color azul donde están las salas de cine llamadas «Yelmo».

Desde aquí también tengo una magnífica visión de la Feria de Muestras de Zaragoza, con su característica cúpula naranja, ya reconstruida, que colapsó en enero de 2021 a causa de la copiosa nevada que dejó en Zaragoza el paso de la Borrasca Filomena. La estructura no resistió el peso de la nieve, lo que provocó su hundimiento.


También se ve a lo lejos el edificio de la Expo de Zaragoza, más concretamente la Torre del Agua.

Desde aquí, en la lejanía, no sólo se ve parte de la ciudad de Zaragoza, también la Base Militar y el Aeropuerto Civil.

Con el zoom alcanzo a fotografiar los hangares del Ala-31, y también varios aparatos del nuevo transporte del Ejército del Aire, el Airbus A-400, que irá sustituyendo progresivamente a los Hércules C-130.

Para que apreciéis la diferencia entre los dos aviones, dejo esta foto que saco de internet, desde luego el europeo Airbus A400M supera con creces a su antecesor, el americano C-130.



Hacia el vértice geodésico
Después de recrearme un buen rato con las vistas, salgo del mirador y continúo camino hacia el vértice geodésico, el punto más alto de la Plana de Lobaco. Este vértice está justo al lado del edificio que contiene las instalaciones de Iberdrola, que quedan a su izquierda.


Continuando por la senda me topo con otro poste que indica la ruta, pero esta vez sirve para orientar a los senderistas que van en la dirección contraria a la que yo sigo. Ya veo a lo lejos el edificio de Iberdrola.


Ahora ya veo claramente el feo e impersonal edificio de Iberdrola. Lo dejaré a mano derecha y seguiré mi camino.

En el vértice geodésico
Junto a las instalaciones de Iberdrola, a su izquierda, está el vértice geodésico. Ya sabéis que un vértice geodésico es un punto señalizado que indica una posición geográfica exacta conformando una red de triangulación con otros vértices geodésicos. En Aragón, también se les conocen bajo la denominación de Pilón.



Como en todos los vértices geodésicos, una placa incrustada en el hormigón advierte de que la destrucción de este pilón acarreará consecuencias legales para el infractor.



La Plana de Lobaco (597-600 m)
Con este nombre tan sugerente, que a saber de dónde proviene, se conoce al apéndice o extremo noreste de la plataforma tabular de la Muela, donde se levanta el vértice Lobaco (597 m) y que limita con los términos de Zaragoza y María de Huerva. Su morfología estrecha y alargada, se parece más a una sinuosa divisoria de aguas que a una muela aplanada propiamente. Presenta al norte, hacia la Dehesa de Moncasi, un frente escarpado con algunos cortados tallados en las calizas, mientras que al sur, el perfil es desforestado y recortado por la cabecera de barrancos y vales que descienden suavemente entre cerros hacia el valle del Huerva. Lo vemos ahora.





Voy avanzando y recorro la zona alta de La Plana. Tarde o temprano imagino que tendré que descender a la llanura. De momento sigo en la zona elevada, siguiendo la senda. En algunas rocas hay líquenes que presentan unos tonos amarillos y anaranjados de gran vistosidad.



En la zona baja, las peladas colinas han cedido las tierras más fértiles a los vales, que ahora se ven en barbecho, pero que este verano seguro que estaban plagados de cereales, principalmente trigo.

Los estratos calizos erosionados me enseñan sus cicatrices, casi totalmente disimuladas por el desgaste y la paulatina colonización de los pinos carrascos.

Tengo la sensación de que pronto esta crestería que recorro llegará a su fin. No es un paisaje pirenaico, pero tiene su encanto. La estepa también engancha los sentidos.

En la lejanía, el Monasterio de Santa Fe
Con el zoom me recreo en el horizonte lejano. Los montículos pelados, duros, esteparios, están colonizados con un montón de aerogeneradores. Aquí sopla el cierzo. Y delante de ellos, el Monasterio de Santa Fe. Una joya que está actualmente en ruinas, pero que merecería la pena recuperar. Hay una entrada del blog en la que lo visito. Si tenéis curiosidad, podéis echarle un vistazo.



Bosques de repoblación
Afortunadamente, veo manchas verdes de pinos, son de repoblación, pero da alegría comprobar que la naturaleza, aunque sea de la mano del hombre, se abre camino.


Coto de caza
Esta zona es coto de caza. Así lo demuestran las numerosas señales y postes indicándolo que voy encontrando. Y algún cartucho por el suelo también. No escucho disparos. No debe ser temporada. No soy cazador y desconozco los meses en los que se explota el vedado. Pero bueno. Con no salir de la senda es suficiente para evitar ser alcanzado por un disparo accidental.



Disolución de las calizas
Donde los estratos calizos están más expuestos, el agua de lluvia y el viento han hecho estragos. Multitud de cárcavas y pequeñas cuevecillas se encuentran en este paisaje que a veces se torna irreal. Merece la pena echarles un vistazo. Os dejo unas cuantas fotos que hice de las mismas.




Una senda algo expuesta
Llegados a este punto, la senda va marchando por la cresta de todos estos cerros. El camino está muy bien marcado, pero hay gravilla suelta y el suelo es un tanto irregular. Algún punto está algo expuesto, pero se pasa fácilmente. Es un paseo. Únicamente hay que prestar un poco de atención en este tramo y ya está.




Esta zona que estoy recorriendo ahora es muy fácil de pasar para cualquiera que esté acostumbrado a caminar por el Pirineo o cualquier otra zona de montaña, pero si nunca has realizado senderismo por lugares algo expuestos, deberás ir con cuidado, pues hay algunos tramos de la senda en los que habrá que prestar atención.


Esta zona del recorrido es como una montaña rusa, subidas y bajadas constantes, y unas vistas generosas de toda la plana que está por debajo.




Ahora la senda comienza a descender hacia el valle, no sin antes sortear los últimos cerros. En la foto de debajo se ve el camino, bien marcado, que pasa por zona de pinos carrascos.



Árboles y setas
Entrando en esta zona boscosa, entre los troncos, veo infinidad de setas o tal vez hongos. Son enormes. El sombrero incluso llega a los 20 cm de longitud. No soy experto en estos temas, pero seguro que alguien que entienda de setas los podría identificar fácilmente.

Lo que no sé es si estas setas son comestibles. Hice fotos en septiembre, cuando aún estaban visibles. En noviembre, sólo quedaban restos de lo que fue. Os pongo fotos de ambos momentos.








Desde aquí veo a mi derecha las suaves laderas que terminan en las tierras de cultivo, de cereal principalmente, ahora en barbecho, como os he dicho antes.


Cirros
En el cielo veo numerosos cirros. El cirro es un tipo de nube compuesta de cristales de hielo y caracterizada por bandas delgadas, finas, acompañadas por copetes. La presencia de muchas nubes cirros en el cielo puede ser signo de un sistema frontal o que una perturbación de las capas altas se aproxima. Efectivamente fue así, al día siguiente apareció el mal tiempo.

La «montaña rusa» de los riscos
Antes os decía en el pie de foto que se intuía el final y que se veía el valle. Pues no era exactamente así como pude comprobar, ver se veía, pero distaba muy lejos de estar cerca, y como buen recorrido que se precie, esta ruta se ve que siempre te deja alguna loma más, o colina que superar, antes de llegar al objetivo.

Subir y bajar y volver a subir para repetir el proceso es lo que hago al recorrer estos últimos cerros.

Como todavía voy en altura, -os confieso que es lo que más me gusta-, puedo seguir observando con claridad todo el paisaje que me rodea. Hoy el día no está especialmente claro, pero en los que lo son, se pueden ver hasta los Pirineos sin ninguna dificultad. (Atentos a la parte final de esta entrada).







Término Municipal de María de Huerva
Por esta zona y desde hace un rato, ya me he alejado de lo que es propiamente La Muela y me he internado en el Término Municipal de María de Huerva, un pueblo cercano a Zaragoza. Aunque luego volveré al territorio de La Muela de nuevo. Estoy haciendo una ruta circular.

La pista a «vista de pájaro»
Desde la altura a la que estoy ahora, ya veo más abajo parte de la pista que voy a recorrer para regresar a la zona del coche y cerrar el círculo. Aquí todo son llanuras suaves y esteparias, yesos y alabastros. Son los materiales que se han erosionado durante 5 millones de años más fácilmente, y que han quedado abajo, las calizas de estratos tabulares han resistido y han formado La Muela que veo hoy.

El descenso hacia la estepa: la «Val del Portillo»
En el último risco puedo ya ver unas «escaleras» a base de troncos que me facilitarán el acceso a la pista pues la pendiente es pronunciada y el material muy inestable.


Sigo mirando y veo los bosques de pinos creados por el hombre y el contraste con las zonas desprovistas de vegetación arbórea.


Llegada a la pista
Ya veo abajo la pista bien cerca y lo que parece un poste con señales. Hacia allí me dirijo en descenso.

Ahora sí que he llegado a la parte del trayecto más plana. Me acercaré a ver que indica el cartel.

Pues según veo me encuentro precisamente a mitad del trayecto. Si vuelvo sobre mis pasos tendré una hora y 3,4 km. Si sigo hacia adelante, 50 minutos y 3,2 km. Concluiré el recorrido circular, pero perfectamente se podría volver y caminar de nuevo en sentido contrario. Igual lo pruebo un día y me ahorro la pista que suele ser más monótona.

La erosión en el yeso
Por aquí todo es yeso. Y en algunas rocas de este mineral se ha dejado sentir la fuerza del agua y del viento. Como os enseño en la foto de debajo, es muy patente los efectos de la erosión en forma de hendiduras y marcas.

El mineral de yeso es un componente común de las rocas sedimentarias, particularmente de depósitos de sal marina, y suelos formados directamente por evaporación o más tarde por hidratación de anhidrita.
Los depósitos de yeso se originaron como consecuencia de la evaporación de disoluciones acuosas sobresaturadas en lagos o mares de poca profundidad que es precisamente lo que había aquí, el «gran lago Ebro», que como os he contado antes, desbordó al Mediterráneo y el resto ya es historia conocida.
La estepa zaragozana. Lugar de Importancia Comunitaria (LIC), está catalogado como uno de los espacios más valiosos de Europa
La estepa zaragozana tiene reconocimiento internacional. Desde la Unión Europea se considera uno de los espacios más valiosos de Europa, de ahí que las estepas zaragozanas estén catalogadas como Lugar de Importancia Comunitaria (LIC) y sean zonas que deben ser protegidas y cuidadas.
Y todo porque hace cinco millones de años, como os acabo de contar, el Ebro se abrió camino hacia el Mediterráneo y, a partir de este momento, la acción de torrentes y ríos erosionó los materiales más blandos, los yesos, creando la estepa, y dejó a su vez en relieve las calizas, más duras, dando lugar a muelas, terrazas, glacis, vales, barrancos y escarpes.

La vida en la estepa se ha adaptado a la escasez de agua, a la gran salinidad de sus suelos y a los grandes contrastes estacionales, dando lugar a plantas y animales singulares que son capaces de sobrevivir en un ambiente extremadamente duro.

Las plantas están adaptadas a la sequía, a la escasez de lluvias, al cierzo desecador y a la alta salinidad. Se trata de plantas esclerófilas, cuyas hojas están preparadas para evitar evaporar lo más mínimo del agua que recogen por sus raíces, como las duras del romero o las crasas del asnallo, que guardan abundantes líquidos en su interior.

También hay anfibios, como el sapo corredor o el de espuelas y los reptiles, como el lagarto ocelado. Entre las aves, las más características de la estepa son la ganga, la ortega o la protegida alondra de Dupont.



El truco de los cuatro dedos: ¿cuántas horas de luz me quedan?…la respuesta está en tu mano
Os voy a contar una cosa muy curiosa. Ya voy un poco agobiado pensando en la luz de día que me queda para acabar la excursión y echo mano del truco de los 4 dedos. Os digo. Si ponéis la mano como os indico en la foto, tapando con el dedo índice el sol, cada dedo hacia abajo es un cuarto de hora, la mano entera -los 4 dedos- es una hora. Si el último dedo está cerca del horizonte, te queda una hora, más un extra. En este caso me quedarían como cinco dedos, esto es, una hora y cuarto. Y os puedo asegurar que se cumplió. Espero que os sirva.


El árbol del membrillo
A medida que voy regresando por la pista, a la izquierda, entre los campos, hay unos pequeños árboles. Son membrillos. Lo sé porque cuando hice este recorrido con mi hija anteriormente -en septiembre- pude ver los frutos: membrillos de color amarillo claro y que desprendían un olor muy agradable.
Me llevé un par a casa. Estuvieron perfumando mi armario bastantes semanas. Os dejo la foto de esa ocasión. Ahora ya no hay frutos y los árboles se preparan para soltar las hojas en pleno otoño.


Sigo avanzando y tengo que llegar hasta la parte en alto que se ve al fondo, en la foto de debajo. Me doy prisa, el sol se va a esconder ya tras la loma y no quiero que me pille el atardecer por esta zona tan solitaria. Bueno en realidad durante toda la excursión he ido caminando solo. Pero si se echa la noche me da un poco más de respeto, por eso de que no ves venir los posibles peligros, aunque por aquí, realmente, qué peligros va a haber. Nada, a lo sumo, paz y tranquilidad, pero tengo claro que mejor de día.

Fin de ruta y llegada al coche
Finalmente dejo la pista, aún hay luz, estoy más alto que en el fondo del valle, en la urbanización de La Muela. Veo un cartel indicador de la ruta para iniciarla desde aquí, en sentido inverso. Este cartel está situado en la zona próxima a la carretera de la urbanización. Ahora tendré que recorrer unos 300 m de ésta para llegar al coche.



Una vez recorrido este tramo, llego a mi vehículo y me dispongo a regresar. Son 29,6 km desde aquí en coche, y casi media hora de autovía, un paseo, enseguida llegaré a casa.

Bueno, pues amigos y seguidores de mi blog, y sobre todo se lo digo a mis paisanos de Zaragoza, que tenéis esto más cerca, espero que os haya gustado la entrada y que os animéis a visitar este lugar que está a un tiro de piedra de la capital, literalmente, y que puede llenar una mañana de fiesta de forma saludable. Saludos a todos y nos vemos de nuevo en momentum photo blog. Gracias por seguirme y hasta otra. Por cierto, os dejo un anexo muy chulo y otros tres del día 12 de diciembre de 2021.
La cabra montés
Sorpresivamente, mi hija, con la cámara reflex, caza un grupo de cabras montesas. ¡Qué regalo de la naturaleza!. A lo lejos con paso ligero van cruzando los riscos de La Muela al atardecer. Las fotos son de mi hija, en septiembre de 2021.



Anexo I
12 de diciembre de 2021: los pirineos y el Moncayo nevados
¿Os acordáis que anteriormente os comenté que en los días claros se veían perfectamente los pirineos? Pues aquí os dejo unas fotos que he hecho hoy domingo por la mañana, el mismo día que concluyo esta entrada. Sobran las palabras, así que os dejo las fotos. Seguro que adivináis muchos de los picos que aquí aparecen. También se aprecia el Moncayo cargado de nieve.
















Anexo II
La estructura de piedra seca
Otra de las cosas que he hecho este domingo 12 de diciembre, ha sido acercarme a ver esa estructura de piedra que parece un iglú y de la que os he hablado algo al principio de esta entrada. No hay senda señalizada para acceder hasta ella. Así que me he lanzado a la aventura pura y dura que es lo que más me gusta.
Desde el cartel que anuncia la ruta hacia la Plana de Lobaco, se divisa a lo lejos, sobre un risco, a la izquierda dicha estructura, así que he descendido un tramo por las escaleras de troncos y justo al llegar abajo, he girado a la izquierda para descender hacia unos campos que he visto abajo.




El camino es muy inestable y lleno de piedras, pero con los bastones no he tenido ningún problema en descenderlo.



Después de llegar a los campos de abajo, que están en barbecho, me topo con una gran coscoja. La verdad es que no veía por ninguna parte esta estructura mirando hacia los cerros, así que por intuición he decidido subir hacia las zonas altas para ver si podía orientarme.







Una vez allí, más arriba todavía, me ha parecido ver algo que podría ser lo que andaba buscando. He trepado monte a traviesa hasta que por fin lo he encontrado. Os dejo fotos.


Como no hay seda ninguna, para llegar al pico que se ve a la izquierda en la foto, tengo que trepar monte a través. No hay problema. Más divertido.







Tras un entretenido ascenso, llego a mi objetivo: el pétreo iglú de piedra seca. Me acerco a verlo.

Para qué se hizo, y con finalidad lo desconozco, pero es de reducidas dimensiones. No hay argamasa que una las piedras. Se mantienen en equilibrio por si solas. Es primitivo pero efectivo. Tiene su mérito. Le hago unas fotos.






En vez de desandar lo andado, veo que hay senda desde el iglú pétreo hacia la zona de la urbanización y decido ver si se puede acortar por ahí.

Efectivamente, tras recorrer unos metros acabo junto a la valla de un chalet. A la izquierda saldré a la carretera de la urbanización.



Anexo III
Hacia el «casi» cerro testigo
Cuando vuelvo al coche tras la visita a la estructura de piedra, todavía tengo ganas de caminar algo más, así que no me lo pienso y me dirijo hacia el mirador de los Púlpitos del Valle.
Una vez allí, veo el cerro que se divisa desde donde esta el banco y el cartel explicativo. Me apetece llegar hasta allí arriba, a ver que se ve. Así que a por ello. Os pongo foto del cerro antes de llegar al mirador -aunque sea repetida- para que os situéis.

Ya estoy en el mirador. Lo que tengo por delante y que os pongo en la foto es lo que voy a recorrer.

Camino sobre una fina línea de estratos que más parece una cresta a dos aguas que otra cosa. Voy con mucho cuidado. Hay caída. Sobre todo a la izquierda. Pero… ¡cómo me gusta caminar fuera de senda siempre que el terreno y las circunstancias me lo permitan!.


Ahora puedo ver lo que desde el mirador no podía, pues lo tengo enfrente. Y me sorprende localizar partes de los estratos tabulares totalmente erosionados formando cuevas bastante grandes.


Sigo caminando hacia mi objetivo, la punta del cerro. Hay que superar unas cuantas rocas calizas que están bastante erosionadas. Ya encontraré un paso.




Casi al final me sorprendo caminando por una zona totalmente plana. Casi parece una carretera. Es justo la parte de arriba de un estrato calizo tubular que ha resistido la erosión.

Pienso que estoy ahora en el fondo del gran lago que había aquí hace millones de años pero en su zona más alta, es decir, estoy pisando techo, sobre esto ya no se posaron más sedimentos. Mirad el valle de abajo. Es espectacular pensar en la profundidad que llegó a alcanzar -600 m más abajo- y como se rellenó de sedimentos 600 m hacia arriba y como esta muela ha resistido el paso del tiempo y la erosión del Ebro.
Pero no es el final. Sigo avanzando y la pista plana desaparece. Aún queda un trecho. Voy a continuar hasta donde pueda.

Después de caminar un poco más creo que la experiencia ha llegado a su fin. El terreno casi desaparece bajo mis pies y es hora de regresar.



Y como siempre hago, me llevo una piedra del lugar donde he estado. En este caso una roca del final del cerro. Es muy curiosa pues tiene una capa de calcita más resistente en la parte superior y bajo esta un material totalmente blanco y que se rompe fácilmente. Las sales que se depositaron aquí hace millones de años. Fascinante.

No sé si habréis llegado a leer hasta aquí, pero si lo habéis hecho espero que os hayan gustado estos tres anexos que complementan la excursión por si os animáis a hacerlos también. Gracias por leerme y hasta pronto.

Esta mañana, 7 abril 25, he realizado La Ruta De la Plana de Lobaco, curiosa, no sabía de ella. Me ha costado 2 horas y media. El cartel pone dos, pero para 75 años que tengo y con paradas prostáticas no está mal. Además ha sido improvisada, iba buscando el Bohalar y me he pasado de largo. Bueno ,habrá que repetir. Sí que he echado en falta haber cogido unos prismáticos, pues ,en comparación con lo descrito por el amable explorador, me he quedado un poco corto en el alcance de vistas. Menos mal “ que siempre nos quedará el Moncayo “. Moncayo cuyo cordal completo he recorrido en muchísimas ocasiones, desde que de niño subí con mi padre, (allí vuelan parte de sus cenizas) y que no renuncio, a pesar de la edad, a seguir disfrutándolo. , como dicen en Francia. Hasta otra, un saludo.
Antonio.
r
Me gustaMe gusta
Hola Antonio, pues encantado de que hayas realizado la caminata con mis explicaciones, espero que te haya gustado. Te animo a que sigas con esta afición nuestra, la edad no se lleva en el DNI, se lleva en la cabeza y en el corazón, dolencias humanas a parte. Mucho ánimo y espero saber de tí en alguna otra ocasión porque hayas realizado alguna otra caminata de mi blog. Un cordial saludo
Me gustaMe gusta