De San Nicolás de Bujaruelo al Valle de Otal.Un perfecto ejemplo de morfología glaciar en U.Total:16,5 km.Desnivel:532 m.

Hola amigos seguidores de mi blog. Hoy me voy al valle de Otal. Es 31 de julio de 2020. Cuando realicé la excursión hasta el Valle de Ordiso, me dije a mí mismo que tenía que visitar el Valle de Otal que quedó a la izquierda de mi ruta hacia Ordiso la última vez. Iré de nuevo a la Comarca del Sobrarbe, en el pirineo aragonés. El valle de Otal pertenece al municipio de Broto.

Sobre como llegar hasta este lugar en coche,ya lo he explicado en otras entradas del blog sobre la zona, a las cuales me remito. Partiré desde San Nicolás de Bujaruelo. Cómo llegar hasta allí y el lugar desde donde comienzo hoy la excursión, viene explicado en la entrada del blog sobre la caminata hasta Ordiso, pues todo es igual, salvo el desvío a Otal.

La pista desde el Puente de los Navarros

En la entrada sobre Ordiso no lo hice, pero esta vez os voy a poner unas fotos de la pista que se usa para acceder a la zona de San Nicolás de Bujaruelo. Y hago esto porque quiero que veáis como es el firme, y os quedéis tranquilos por si lleváis un coche con el «suelo bajo» como el que tengo yo. A mí me hubiera gustado que me lo explicaran antes de ir, así que por eso os lo cuento. Deciros que no hay problema ninguno para ir con cualquier tipo de vehículo.

Desde Torla llegamos a la zona del Puente de los Navarros. Una vez aquí vemos una caseta de piedra. Hacia la derecha se va a la Pradera de Ordesa, pero no se puede seguir pues hay una barrera, ya que en período estival no se puede acceder con coche particular,sólo suben los autobuses acreditados que prestan este servicio. Nosotros rodearemos la caseta siguiendo una especie de pequeña rotonda y a nuestra derecha y luego de frente, entraremos en la pista que lleva al valle de Bujaruelo. El primer tramo está asfaltado.

Luego hay que seguir por la carretera que se ve al frente, en la foto que pongo debajo, que va paralela al río Ara, que queda a la izquierda.

Como podéis ver hay partes de la pista que tienen el firme de hormigón, y otras simplemente son de grava y piedras, pero sin grandes baches ni socavones que puedan dañar el coche si se va a una velocidad moderada.

Deciros que el paisaje que se ve desde el coche ya merece ser admirado por sí sólo.Altas paredes de roca flanquean la pista, el río Ara queda a la izquierda abajo, y la vegetación es exuberante.Dan ganas de parar y disfrutar del entorno pero mi objetivo es otro.A veces me recuerda a ratos a esos congostos que podemos ver en otras carreteras, como el de las Devotas camino de Bielsa o el del Ventamillo, camino de Benasque.

La pista tiene unos 6 km de largo. Como a mitad de recorrido más o menos llegaremos a un puente sobre el río Ara, el llamado Puente Nuevo.

Allí veremos que a la derecha del inicio del puente, parte un sendero, el del Cobatar, que se usa para llegar a través del bosque y a pie, a San Nicolás de Bujaruelo. Hasta aquí y desde Puente de los Navarros también se puede llegar caminando utilizando el camino de La Escala.

Como podéis ver, aquí sí que he parado un momento para contemplar desde el puente las vistas sobre el río Ara, que tanto hacia un lado como hacia el otro, son muy bonitas y relajantes.

Llegada a San Nicolás de Bujaruelo

Vuelvo a arrancar el coche y sigo por la pista hasta que llego a la zona del camping de Bujaruelo. Una vez allí aparco en la zona permitida y compruebo que llevo todo el coche lleno de polvo y tierra del camino. No me sorprende. Mientras iba por la pista se creaban verdaderas nubes de polvo. La otra vez que estuve aquí para ver Ordiso, había llovido la noche anterior y el firme estaba húmedo, por lo que no me ocurrió esto.

Cuando coloco el parasol y dejo todo listo,me hago la foto de costumbre junto al coche para saber a qué hora comienzo la excursión y empiezo a caminar. El charco que había aquí cuando aparqué para visitar Ordiso, está hoy convertido en un barrizal.

La pista hasta la Fuente de la Femalla

Dejo la zona de la ermita y el camping y voy progresando por la pista forestal que me llevará hasta el desvío al Valle de Otal. Si queréis verlo en la entrada del blog sobre Ordiso lo explico.

Con el río Ara a mi derecha,el paisaje que me rodea está precioso esta mañana.Todo es paz y tranquilidad y los pájaros me obsequian, ruidosos ellos, con sus alegres cantos matutinos.Los primeros rayos del sol van iluminando las cumbres y poco a poco, el fondo del valle. Por aquí llegaré hasta la Fuente de la Femalla.

Desvío hacia el valle de Otal

Una vez llego a la Fuente de la Femalla, (ver entrada del blog sobre Ordiso)los carteles me indican la dirección a tomar para llegar al valle de Otal. Progresaré en continua subida por una pista que es utilizada por los vehículos de los ganaderos de la zona. Y es que en el valle de Otal hay numerosos rebaños de vacas pastando a sus anchas, los más numerosos habitantes del lugar, junto con algunas marmotas.

En el entorno de la fuente veo renacuajos, setas y las escasas plantas conocidas como las carlinas o cardabelles, que se colocaban antiguamente en las puertas de las casas, creyendo que ayudaban a espantar a las brujas y malos espíritus, supersticiones y leyendas que mezclaban lo cristiano con lo pagano. Hoy puedo ver esta planta totalmente abierta, con sus pétalos plateados desplegados al sol.

Sigo caminando y para que os situéis, en la foto que pongo bajo estas líneas podéis ver el comienzo de la pista. Irá haciendo amplios zigzags sobre la ladera de la montaña.

A medida que voy ganando altura, veo perfectamente la ladera de la montaña que tengo a mi derecha, y,a lo lejos, la pista forestal que recorrí para llegar al valle de Ordiso. Desde aquí se observa como una gran cicatriz, una línea que se ha abierto paso en la roca.

También veo, al fondo, la imponente mole del Vignemale como llaman a esta cima los franceses, o Viñamala, como le llamamos nosotros, mostrándome su imponente roca blanquecina perfectamente limada por antiguos hielos.

En cuanto a la pista, comentaros que el firme es bueno, apta para vehículos, y siempre en constante subida, aunque de forma muy gradual, lo que la hace muy cómoda de recorrer.

A ratos, desde alguna de las curvas y giros que hace la pista, ya puedo vislumbrar en el horizonte los picos del valle de Otal.

Y a mi derecha puedo apreciar igualmente toda la mole que estaba por encima de mi cabeza cuando recorrí la pista hacia Ordiso. Si os fijáis bien, en la foto bajo estas líneas, en la parte inferior, se puede ver la pista.

El collado de Otal

Al final de la pista de Otal, me encuentro con una valla metálica que está cerrada. Estoy en el collado de Otal.En ella hay colocados varios avisos y una petición: cerrarla de nuevo cuando se traspase, puesto que podría escaparse el ganado. Estoy a 1.592 m de altura y habré recorrido unos 5 km desde que dejé el coche. He vencido de momento un desnivel de 261 m, desde Bujaruelo, que está situado a 1.331 m.

Una vez que he traspasado y cerrado tras de mí la valla, es cuando puedo contemplar el precioso valle de Otal, con su característica forma de U. Es un valle glaciar colgado, esto es, un afluente del principal, el de Bujaruelo, cuya lengua glaciar mucho más potente profundizó unos cuantos cientos de metros más. Hace 35.000 años, si me situara justo donde estoy ahora, tendría cientos de metros cúbicos de hielo sobre mi cabeza.

Con el zoom de la cámara, al fondo a la izquierda, aprecio retorcidas y curiosas formas de relieve, surgidas del período glaciar y de la erosión posterior.

También veo en alguna piedra pintadas las características marcas blancas y rojas del GR. Y es que el recorrido que hago ahora coincide en parte con el GR-11. GR, como ya sabréis, quiere decir gran recorrido pirenaico.

Pasada la valla se recorre un trozo de pista hasta que cruzamos un puente y pasamos a un lateral del valle. A partir de aquí hasta la Cascada de Otal, la pista avanza siempre por el margen izquierdo del río Otal, afluente del río Ara. Cuando hablo de río no os imaginéis el típico cauce a tope de agua, es más bien un tranquilo arroyo, en algunas zonas ancho pero muy poco profundo.

Me refresco con las aguas del río Otal y me hago una foto en medio del agua cristalina. En vez de continuar por donde lo hace todo el mundo, la monótona pista,prefiero caminar por los prados, remontando el río Otal por su orilla. Tras de mí, se ve el Pico de Tendeñera con

Enseguida,me topo con grupos de vacas y algún ternero, que me mira como preguntándose de donde he salido yo. Aquí el ganado está a sus anchas.

A ratos, el cauce del río Otal se hace tan plano y poco profundo, que sin apenas tocar el agua,me permite ir por él, está lleno de piedras, eso sí,pero me da una oportunidad para observar el corte que ha hecho el torrente en algún talud de la orilla. Puedo ver las capas de sedimentos que se han ido acumulando a saber durante cuánto tiempo y que el río ha dejado al descubierto.

En parte del lecho seco del río, donde hay infinidad de pequeñas piedras, veo plantas que me son totalmente desconocidas, y que por el aspecto, parecen adaptadas perfectamente a este tipo de terreno pedregoso.

Ahora que me he alejado del río, voy caminando entre la vegetación, a veces siguiendo las sendas que ha hecho el propio ganado. De vez en cuando voy esquivando también alguna «toña», que es como llamamos por aquí a los excrementos redondos y planos de vaca, siempre llenos de las innumerables y molestas moscas que alzan el vuelo en cuanto pasas cerca de una.

Voy fijándome en las laderas que presenta este valle,se aprecia perfectamente el característico perfil en «U» de una antigua artesa glaciar. Estas descienden progresivamente hasta el fondo plano, la pradera en la que me encuentro ahora,que posiblemente fuera, cuando el hielo desapareció, algún antiguo gran ibón o lago glaciar, y que con el paso de los milenios, se llegó a colmatar, a base de recibir sedimentos de las propias laderas.

Aún puedo ver también algún nevero que conserva la nieve caída el invierno pasado. Y por supuesto todo tipo de insectos. Desde un híbrido entre mosca y amenazador y enorme mosquito, hasta un abejorro atiborrado de polen sobre una rosácea flor del cardo.

Pero aún me quedaba una sorpresa por ver. Una marmota. Me topé con una al ir a Ordiso, y no lle pude hacer una foto. Ahora tampoco.Y es que apareció tan rápido que no me dió tiempo a nada.

¿Y cómo apareció ante mí? pues cuando decido dejar el cauce y subir a la pradera voy dejando a mi izquierda el talud del río, pero por un breve trayecto sigo caminando paralelo al mismo. Es desde ahí,de donde sale corriendo una enorme marmota que estaba oculta y que al oírme, se va despavorida.

La puedo observar brevemente hasta que se vuelve a esconder tras una gran piedra,luego ya no dió señales de vida, a pesar de que me esperé un rato por si volvía a aparecer. Me queda una imagen grabada, su gran lomo marrón moviéndose ágilmente cada vez que daba una zancada.

Sigo caminando y frente a mí la pradera se comienza a llenar de cardos y plantas que van adquiriendo cada vez más altura hasta hacer la marcha incómoda. No me resulta apetecible continuar. Así que me desvío a la derecha y accedo a la cercana pista. Es una larga recta que tengo que recorrer si quiero llegar al fondo del valle de Otal.Estoy a 1.612 m sobre el nivel del mar.

El refugio de Otal (1.640 m)

La pista propiamente termina al llegar a una construcción ganadera que tiene un anexo cerrado por un murete de piedra.Es el refugio de Otal. Dejándolo a la izquierda y cerca de sus proximidades, parte un sendero que irá remontando el río de Otal, que queda también a la izquierda.

Al bajar por el sendero, aprecio un olor dulzón, bastante desagradable y penetrante. No sé por qué huele así hasta que me percato. Al otro lado del río, hay una vaca muerta. Es el ciclo de la vida. Los carroñeros darán buena cuenta de los despojos.

El sendero, una vez pasado el refugio, se adentra hacia el circo de Otal. A la derecha veo un camino que sube por la montaña, es el GR-11 que os comentaba antes, que continúa hacia el collado de Tendeñera y Panticosa. Voy remontando el río y ya veo las primeras cascadas. Aprovecho para refrescarme. No sé lo que me voy a encontrar más adelante.

La cascada de Otal

Voy siguiendo el sendero que asciende paralelo al torrente, hasta que llego a una pequeña pero coqueta cascada que vierte en una poza. Ahora lleva poco caudal, pero imagino que en otra época del año, como puede ser en primavera, coincidiendo con el deshielo, se verá más lucida, pero ahora mismo es un rincón muy agradable para descansar y reponer fuerzas.

Tras una breve parada, continúo hacia el Circo de Otal. El sendero sube poco a poco por la ladera dejando a la izquierda algunas pozas y pequeñas cascadas. Aquí el río es un típico torrente de alta montaña.

Mientras voy subiendo, me topo con unas mariposas oscuras que no logro identificar y con un saltamontes muy vistoso, el Arcyptera fusca, que está presente en los meses de junio a septiembre en zonas de prados montañosos y subalpinos y que parece ser que está en regresión.

Si me giro y echo la vista atrás, puedo ver desde donde estoy el perfil en «U» de este valle. En la foto que pongo debajo se aprecia perfectamente.

No dejo de ver pequeñas cascadas que se deslizan entre las rocas. Van formando en su discurrir remansos de agua cristalina. Todas quedan justo a mi izquierda por debajo del sendero.

Algunas de ellas han pulido la piedra alrededor del cauce y han formado pequeñas marmitas, casi apetece meterse en una a refrescarse un poco.

Dicho y hecho.Como veo que es posible bajar, voy hacia el torrente.Veo un lugar solitario y tranquilo junto al agua y unas piedras grandes donde puedo pararme a disfrutar del entorno así que allá voy.

Y lo mejor viene ahora. Como todavía me falta por dar cuenta de uno de mis mini bocatas, decido comérmelo junto al arroyo. El agua cristalina es tentadora.Una vez que he terminado, me quito las botas y decido que voy a meter los pies en el agua, para refrescarlos un poco y de paso yo también.

¡Qué sensación más agradable! ahora eso sí, os aseguro que la temperatura del agua era gélida.Una vez he disfrutado del momento, decido poner el trípode para hacerme unas fotos de recuerdo.

Al rato oigo voces. Hasta ahora todo ha sido paz y tranquilidad. Me asomo a una gran piedra y puedo contemplar como se desliza el río Otal allá abajo dibujando meandros por el fondo plano del valle .

Pero si miro un poco más hacia abajo ¡ya sé por qué oía voces! la cascada de Otal en la que he estado antes, se encuentra ahora a rebosar de gente en bañador metiéndose en el río.

Mientras tanto, yo sigo más arriba disfrutando de este entorno, totalmente tranquilo. Monto el trípode para hacerme unas fotos y descubro que a una pequeña araña naranja parece gustarle mi complemento fotográfico hasta el punto de que lo tengo que sumergir en el agua para que se vaya de ahí, tanto es el apego que le había cogido.

En otra época del año seguro que no puedo estar como ahora, sobre las rocas a mis anchas, seguro que las cubriría el agua al ser mayor el caudal.

Decido seguir remontando el torrente un rato más caminando de roca en roca hasta donde pueda llegar. Mi intención es alcanzar el fondo del valle de Otal, esto es, el Circo de Otal.

Pero por desgracia llega un momento en el que se me hace imposible continuar, pues me hubiera gustado seguir junto al río,así que vuelvo a retomar la senda que va por lo alto. Abajo veo la pequeña poza y la roca donde he estado remojándome los pies.

Mientras voy subiendo, veo que el terreno se cierra a ambos lados del torrente, formando zigzagueantes gargantas de roca.Definitivamente, por ahí no hubiera podido pasar.

Sigo avanzando y aún veo, más abajo, varios saltos de agua, algunos perfectamente encajados en la roca.

El Circo de Otal

A medida que asciendo, el río queda más y más abajo a mi izquierda, y frente a mí, aparece el Circo glaciar de Otal. Y más arriba aún,el pico de Tendeñera que tengo justo enfrente, con 2.853 m de altura.

Acerco con el zoom de la cámara el pico de Tendeñera que tiene este aspecto desde el Circo de Otal. Las enormes fuerzas tectónicas del interior de la tierra levantaron y plegaron los estratos de sedimentos que se ven por toda esta zona formando la Sierra o Macizo de Tendeñera.

El lo alto, a la izquierda,veo también el pico de Otal o Arañonera, de 2.701 m, con su característica forma de pirámide aparentemente inaccesible y la diversidad de colores de sus rocas, que van desde los ocres hasta los grises claros, casi blanquecinos. Es la cima más oriental de la Sierra de Tendeñera y la segunda en altura, sólo superada por su vecina,el propio pico de Tendeñera.

Sigo avanzando. Diviso algunos suaves montículos diseminados por el entorno, tal vez sean antiquísimas morrenas frontales que fue dejando el glaciar a medida que el hielo retrocedió.

Veo también a mi izquierda grandes formaciones de karst, además de grandes agujeros en la roca. El karst es un lento proceso de disolución que tarda en desarrollarse millones de años, abundante sobre todo en las rocas calizas. Y la responsable de esto es el agua, tanto superficial como subterránea.

Este proceso pasa por tres estados principales. El primero se conoce como juvenil donde se produce la disolución del macizo de caliza creando bicarbonato cálcico, después las aguas superficiales y subterráneas penetran en las grietas de las rocas, y por último se disuelven poco a poco hasta crear cuevas u otras formas características de este relieve.

Miro hacia atrás de nuevo y justo en medio de mi visión hay un gran montículo. Tiene que ser otra antigua morrena glaciar de tipo frontal. Me puedo equivocar, pero estoy casi seguro de que no.

Las morrenas son depósitos de materiales,derrubios de deshielo de un glaciar, formados por rocas de diversos tamaños que arrastra el glaciar  y que se quedan donde acaba éste,por eso también se le llama morrena terminal. Con los milenios se cubren de tierra y las plantas echan raíces, pero si la cortásemos por la mitad veríamos el till (depósito glaciar).

Sigo viendo el río Otal abajo. Saco una foto del paisaje que me rodea y…algo se mueve en el río. En la foto de debajo lo he rodeado con un círculo amarillo.Son dos personas. Me sorprende que hayan llegado hasta aquí en vez de quedarse en las pozas de abajo, posiblemente les gusten los lugares más tranquilos, como a mí.

Como siempre en mis caminatas, voy fijándome en todo, en lo grande y en lo pequeño. Veo una araña que ha tejido cuidadosamente su tela entre dos espinosos cardos de montaña. También veo un insecto de un color azul celeste, casi turquesa, sobre una punzante flor. Es minúsculo pero me sorprende su forma y color.

A medida que voy adentrándome más y más hacia el circo, continúo viendo señales del GR-11. Al fondo, como difuminada por el paisaje veo una extraña estructura que sin lugar a dudas está hecha por el hombre. ¿Qué será?.

El totalizador pluviométrico del Circo de Otal

Tras un rato caminando llego hasta allí. Y veo lo que es. Un medidor pluviométrico. Se llaman totalizadores y son unos pluviómetros de gran tamaño, que normalmente se colocan en zonas de alta montaña de difícil acceso. En el Pirineo Aragonés, hay 35 pluviómetros totalizadores y este que veo es uno de ellos.Tienen una gran capacidad de almacenaje, ya que normalmente se toma la precipitación caída en ellos, una vez al año.

Como podéis ver debajo, me hago una foto junto a él para que veáis el tamaño comparativo. Es muy grande para ser un pluviómetro. Está situado a 1.870 m de altitud. Una vez aquí decido que voy a dar la vuelta y comenzaré el regreso a Bujaruelo.

Inicio la vuelta y me topo con una vaca solitaria. Es raro pues todas están más abajo, en el valle. Me fijo bien y veo la cantidad de moscas que tiene la pobre sobre la cabeza. Supongo que no las sentirá como nosotros que tenemos la piel más fina, porque si no vaya suplicio.

Vuelvo a pasar de vuelta entre los cardos en flor y me topo con la araña de antes. Esta vez el panorama es distinto. Una presa ha caído en su tela. Hoy saciará su apetito, mala suerte para el insecto y buena para la araña.La vida es así, unos mueren para que otros vivan.

La vuelta la hago por un recorrido diferente, al menos hasta el Refugio de Otal. Mi idea es subir hasta lo que yo creo es la morrena frontal o terminal, y contemplar el panorama desde allí. Así que me alejo del río Otal que ahora queda a mi derecha y desciendo por la izquierda con la intención de trepar a continuación por la loma de la morrena. Echo un vistazo hacia atrás y en la foto que pongo debajo podéis ver el sendero que baja hacia el valle.

Sigo descendiendo y voy por la izquierda del montículo morrénico pero no encuentro una vía para subirlo. Toda la base está recorrida por un riachuelo y antes de llegar a él por un enorme barrizal lleno de unas plantas rarísimas que no logro identificar.

Tiene toda la pinta de que si me meto ahí me voy a hundir en el barro. No merece la pena. Así que no me queda otra que continuar hacia el Refugio de Otal. Veo otra carlina que parece que está en sus últimos días ya bastante marchita.

El regreso a Bujaruelo

Cuando termino de rodear la loma el refugio aparece allá abajo. La senda por la que voy da la impresión de que continúa hasta la propia pista. Es el GR-11. No quiero alargar tanto y decido bajar hasta el Refugio de Otal campo a través, descendiendo por la ladera directamente. La bajada es cómoda. Y en un visto y no visto estoy cerca del refugio y…de la vaca muerta, que me regala de nuevo su fétido y cadavérico perfume.

Dejo el refugio atrás, esta vez con varios vehículos aparcados junto a él, y continúo por la pista. Es una recta perfecta. Esta vez la recorreré entera, no como a la ida, que fuí casi todo el trayecto por la pradera .

A medida que recorro la pista, el Valle de Bujaruelo, por donde bajaba el glaciar principal,se va intuyendo, así como el final del de Otal, que queda colgado sobre el primero. También escucho los mugidos de las vacas, que parecen estar mucho más activas que esta mañana.

Ahora ya hay mucha más gente por la pista. Hacia mí viene caminando un senderista. Al principio no me doy cuenta pero luego veo que una de las piernas…es de metal. Todo un ejemplo de superación personal.

Justo cuando ya estoy girando para cruzar el río Otal por el pequeño puente que me llevará a la valla que cierra la pista que entre en el valle me encuentro con un montón de vacas. Una de ellas no me quita ojo. No se parece en nada pero a pesar de ello me viene a la mente la vaca que sale en los envoltorios de una conocida marca de chocolatinas suizas, Milka.

Una vez cruzada y cerrada convenientemente la valla, comienzo a descender de nuevo por la pista hasta la Fuente de la Femalla.

Desde aquí tengo una panorámica excelente de algunos picos del Valle de Ordesa por su cara suroeste.Veo Mondarruego y los Gabietos entre otros.

He pasado la Fuente de la Femalla y ahora veo el río Ara a mi izquierda, pronto llegaré a San Nicolás de Bujaruelo.

Tras 7,5 horas de excursión y 16,5 km, llego al camping de Bujaruelo y al coche. Esta salida me ha gustado bastante, lo he pasado genial y he disfrutado de la montaña, un lugar que siempre me transmite mucha paz y tranquilidad y además lo más importante, me permite desconectar de los problemas y de la rutina del día a día.

Espero os haya gustado esta entrada que visita otro maravilloso lugar de nuestro Pirineo Aragonés. Gracias por leerme y nos vemos en el siguiente paraje. Saludos a todos y ¡Hasta pronto en momentum.photo.blog!.

La ruta y el perfil de elevación

2 Comentarios

Replica a Cuca R Martos Manera Cancelar la respuesta