Por el desconocido Valle de Aísa. Visita al Circo de Igüer, los LLanos de Napazal y el Valle de Rigüelo. La Ermita de San Adrián de Sasabe. Los pueblos de Aísa y Borau.

Hola seguidores de mi blog. Hoy sábado 5 de octubre de 2019 he quedado con mis dos amigos David y Jorge y nos hemos ido al Valle de Aisa en la comarca de la Jacetania. Vamos a visitar la zona del Circo de Igüer, Rigüelo y los Llanos de Napazal además de la Ermita de San Adrián de Sasabe y los pueblos de Aísa y Borau. Este valle es uno de los menos frecuentados del Pirineo, casi olvidado, por eso conserva toda la esencia de lo auténtico. La ruta que haremos será la siguiente:

Entraremos en el Parque Natural de los Valles Occidentales, más concretamente en el Valle de Aisa como he dicho. Iremos en coche desde esta población hasta donde acaba la carretera. Estacionaremos el coche en el parking de la Cleta, cruzaremos a pie una valla que impide el paso del ganado y seguiremos el curso del río Estarrún, por el sendero SL-HU 105 (o ruta del Puerto de Aisa).

Bajaremos a ver las pozas del río, seguiremos caminando por el Valle de Igüer, haremos una visita al refugio As Saleras, y llegaremos hasta el Circo de Igüer, en el paraje conocido como A Pedraza.

En rojo, la ruta que vamos a hacer hoy.

Después subiremos por la ladera  en la base del Mallo Peñarruaba, enlazando con la ruta GR 11.1 hasta llegar al Collado de Rigüelo o de Lecherín, allí nos adentraremos un poco hacia la Garganta de Aísa, acercándonos al Rincón d´os Mallos, y viendo el Mallo de Lecherines de cerca.

Más tarde bajaremos hacia el Barranco de Rigüelo dejando el refugio de Rigüelo a nuestra derecha. Veremos las cascadas del paraje conocido como el Chorrotal y avanzaremos por el Valle de Rigüelo. Cruzaremos el torrente de lo que será el río Estarrún y subiremos por la ladera de la montaña, atravesando el bosque hasta alcanzar de nuevo la pista de la SL-HU 105 y llegar de nuevo al coche.

Lo siguiente que haremos será ver el pueblo de Aísa, la Ermita de San Adrián de Sasabe y el pueblo de Borau. Ese es el plan. Comenzamos.

La mañana del sábado empieza muy temprano. Son las 6 y ya estoy levantado haciendo lo que siempre supone la rutina a la hora de iniciar una salida: la crema solar, el desayuno, coger la mochila y salir con el coche. Esta vez llevo un extra de peso, mi trípode. Tiene ya unos cuantos años pero es bueno. De los de calidad. Por los lugares donde hoy vamos a caminar se que no hay muchos trípodes naturales así que decido llevarme el mío.

Serán 11,2 km totales e iremos desde los 1.465 m hasta los 2.235 m sobre el nivel del mar.

Sobre las 7,15 recojo a mi amigo David y a Jorge. Vamos con mi coche, pero no hay que parar a echar gasolina, ya lo hice yo, así que enfilamos directos hacia Huesca. Es de noche pero en breve va saliendo el sol. El día va a ser bueno. La temperatura que según AEMET va a hacer en la zona de Aísa será de una mínima de 16 grados y una máxima de 23 en el tiempo en que realicemos la excursión. Cielo totalmente despejado. Ideal.

La ruta es la de siempre: Huesca, pasar el Monrepós y en Sabiñánigo tomar dirección Jaca, una vez allí tenemos que dirigirnos hacia Canfranc pero nos desviaremos hacia Borau y Aísa una vez pasada la localidad de Castiello de Jaca.

La ruta en color rojo, con los nombres de los picos que la rodean y las zonas que vamos a recorrer

Serán sobre las 9 de la mañana cuando mis amigos sugieren parar en Jaca para tomarse un café y algo de comer. En principio yo no lo tenía pensado parar, pues hemos quedado más tarde de lo habitual, pero bueno, si lo necesitan yo no seré quien lo impida. Para no perder mucho tiempo entro en Jaca y aparco en el primer sitio que veo puede ser una cafetería. Resulta que es un hotel, el Hotel Real, de cuatro estrellas. Perfecto. El sitio es agradable. Tomamos unos cafés con leche y unos cruasanes con mantequilla y mermelada.

Coincide que hay un autobús esperando a un montón de gente que se marcha y que están terminando de desayunar en el buffet libre del lugar. Mi amigo pregunta el precio por curiosidad. Desayunar en el buffet cuesta 8 euros. Pedimos que nos cobren nuestra consumición. Pero no lo hacen. Tardan una eternidad. Más tiempo perdido. Hay una sola persona en la cafetería. Va agobiada. Al final pagamos y proseguimos la marcha.

Al cabo de un rato dejamos Castiello de Jaca y tomamos la carretera hacia Aísa. Es la típica carretera de montaña, estrecha, con una señalización rudimentaria y sin ningún tipo de arcén. Me entusiasma. Mi coche responde a mis exigencias como un rayo, me encanta conducir y la sensación de empuje inmediato del motor es una gozada. No lo puedo expresar, llamadme friki, pero notar como todo mi cuerpo se ve impulsado hacia atrás cada vez que aprieto el acelerador me transmite buenísimas vibraciones.

Mientras voy circulando por esa carretera voy tomando buena nota mental de los lugares que a la vuelta quiero visitar. Borau, la Ermita de San Adrián de Sasabe, Aísa. Al final, pasado esta última localidad, llegamos, tras unas cuantas curvas muy cerradas, y una buena trepada con el coche, al final de la carretera de Aísa y al aparcamiento de la Cleta.

El aparcamiento está lleno. Supongo que de montañeros que han iniciado la subida al pico del Aspe temprano. Dejamos el coche a un lado de la carretera junto a otros cuantos más y nos preparamos las mochilas y todo lo necesario para emprender la excursión. Me pongo las botas de montaña y ahora el trango sin mangas pues hace algo de fresco. Son las 10:20 de la mañana. Un poco tarde para mi gusto, pero bueno, no pasa nada.

Lo primero es llegar hasta la valla. Es de color verde, y está puesta ahí para impedir que pase el ganado. Al lado hay carteles explicando las rutas a seguir por la zona. En cuanto a la valla, hay que abrir una portezuela apta para personas y cruzarla. Hay que agacharse bastante, parece estar hecha para gnomos. Una vez al otro lado, y en continuo ascenso, pasas al lado de una especie de redil para el ganado y enseguida llegas al primer cartel que te invita a visitar las pozas del río Estarrún. Bajamos.

Descendemos unos pocos metros por un camino bien señalizado (tranquilos, en realidad hay suficientes letreros y la senda principal tiene unas marcas verdes y blancas la SL- HU 105) y llegamos a las pozas.

No da todavía el sol en esta zona pero se puede apreciar como es el lugar. Mucha agua no baja. Estamos a principio de octubre y mucha de la nieve que se derritió en verano en forma de agua, ya se ha ido río abajo. Pero bueno, todavía hay suficiente para apreciar una pequeña cascada y por supuesto las pozas que forman. Seguro que aquí se baña la gente en verano, pues el lugar invita a darse un refrescante chapuzón. Después de hacernos alguna foto proseguimos la marcha. Son las 11:38 horas.

Aunque no bajaba tanta agua como en la primavera o el principio del verano, pudimos ver las pozas del río Estarrún

Una vez ya en la pista principal vamos avanzando paralelos al río Estarrún. Una parte de la pista está adaptada para que la puedan subir vehículos. Hay una barrera que protege de las caídas al barranco que forma el río y el firme está cubierto de cemento al que le han hecho unas estrías para que las ruedas de los coches se agarren bien en invierno. Entiendo que lo hayan hecho así pues es una zona que tiene una fuerte pendiente.

Al terminar de subir este tramo, la pista se nivela pierde su capa de cemento y alcanzamos el principio del valle. Estamos en un lugar rodeado de prados. A nuestra espalda se pueden contemplar claramente los picos que hay en la zona. Por la izquierda, el Pico Napazal (2.381 m) le sigue el de Bernera (2.479 m), el Olivón (2.482 m) y luego los más conocidos, la Liena del Bozo (2.566 m), la Liena de la Garganta (2.599 m), y el Aspe (2.645 m). Son las 11 horas.

Los picos a nuestra espalda, la cara sur de la muralla del Aspe. Estábamos al otro lado de Candanchú y de la Zapatilla. Francia está muy cerca.

Es un lugar bonito, y principalmente tranquilo. No hay gente apenas. No existen las aglomeraciones de otros lugares del Pirineo aragonés que llevan más fama o que están más explotados turísticamente.

Retomamos el camino y tras avanzar unos metros, a la izquierda arriba, se puede ver el Refugio de montaña As Saleras. Propongo echarle un vistazo. Hay que salir del camino y subir un tramo de senda.

Al llegar al refugio me sorprende lo bien cuidado que está. El interior limpio, hay incluso un par de ¡rollos de papel higiénico nuevos! en una repisa. Un par de escobas, la zona de la chimenea perfecta. Ojalá todos estuvieran igual de bien. Son las 11:30 horas.

Volvemos a bajar a la pista y enseguida vemos alguna cascada a un lado del camino. Nos paramos a contemplarla y bajamos a verla de cerca. Incluso cruzamos el torrente y subimos a la ladera de enfrente para coger perspectiva del lugar. Nos hacemos algunas fotos. Llevan algo de agua pero seguro que en primavera y principio del verano bajan más caudalosas. Son las 11:45 de la mañana.

El río Estarrún se rompe en una cascada al lado del camino.Detrás se ve el pico Napazal o del Mediodía, el pico Ruabe de Bernera y el Olibón de color más marrón. A la derecha la Liena del Bozo y parte de la Liena de la Garganta

Para hacernos la foto que está sobre estas líneas tuvimos que sortear un rosal silvestre que además de pincharnos con sus espinas al pasar rozándolo pues no había otro remedio (a mí me dejó unos cuantos arañazos en piernas y brazos) estaba cargado de escaramujos. Este fruto de color rojo, contiene vitamina C, vitaminas del grupo B, vitaminas K y E y sales minerales. Se pueden comer crudos, preparados en jaleas y mermeladas, o guardarse desecados para hacer infusiones, hirviéndolos un par de minutos. No será el único rosal de este tipo que veremos. Más adelante nos toparemos con algunos.

Un rosal silvestre cargado de escaramujos cuyas espinas nos dejaron unos cuantos arañazos

Antes de volver al camino principal decidimos pasear por el torrente que formará el río Estarrún y ver si hay alguna poza más digna de visitar. Alguna hay, pero como el agua es escasa, casi no tienen profundidad.

El río Estarrún baja con poca agua en esta época del año.

De vuelta a la pista, el camino es claro. De vez en cuando se ven las marcas blancas y verdes del SL-HU 105 de la ruta del Puerto de Aísa. La pista de tierra no presenta ninguna dificultad.

Vamos pues marchando por el Valle de Igüer, y nos dirigimos hacia el Circo del mismo nombre. Es fantástico lo bien que se aprecian los picos del entorno. El día ha salido muy bueno y el cielo es azul. Perfecto para la observación.

El lugar está bien señalizado cuando hay que escoger un camino u otro, también enlaza con la GR11 en blanco y rojo

Desde aquí, con el zoom, aprovecho para hacer algunas fotos en la distancia de la Liena del Bozo, de la Liena de la Garganta y del Aspe.

Por la izquierda, la Liena del Bozo (2.566 m) y a su derecha la Liena de la Garganta (2.599 m)
El pico de gris oscuro, que parece casi marrón, a la derecha de la foto, es el Aspe (2.645 m)

A la derecha del camino, en altura, se pueden ver también dos picos, el pico Rigüelo (2.299 m) y el pico Lecherín (2.567 m). La forma del primero me asombra. Se ve claramente cómo los distintos estratos de roca se han plegado y han adoptado una inclinación casi imposible.

El pico Lecherín (2.567 m) y el Pico Rigüelo (2.299 m). Este último parece más alto pero es por la perspectiva.

Nos está haciendo un día perfecto. Seguimos y a la izquierda del camino, en una depresión, podemos ver otra zona de cascadas muy chula. La lástima es que, estoy seguro, y no me cansaré de decirlo, en otra época del año, todos estos saltos de agua se verían más caudalosos y por tanto más espectaculares. Quizás, lector de mi blog, si has de venir por aquí hazlo un poco antes que yo, a principios del verano, tal vez los saltos de agua estén más bonitos.

A la izquierda del camino, en un barranco entre las rocas, el río crea un par de saltos de agua.

Nos hacemos unas cuantas fotos. El lugar no te deja indiferente, la impresión es de un rincón que está sin explotar turísticamente, sin masificar. Se nota una paz propia de otras épocas que al fin y al cabo es lo que busco con estas salidas. Desconectar y disfrutar.

La cascada superior. Poca agua baja, pero bueno, se puede hacer uno a la idea como sería con más caudal

Mi amigo David ve una rana tamaño «mini» entre la hierba ¿será una rana pirenaica -ver entrada del blog referida a Ordesa- en una fase temprana de su desarrollo?. Tal vez. Intento hacerle una foto, aunque no para quieta al final lo logro.

Entre la hierba, veo una ranita minúscula. No para quieta pero consigo hacerle una foto.

Y hablando de fotos, algunas de las que estoy poniendo en esta entrada del blog, sin trípode serían imposibles, no hay lugar donde apoyar la cámara, así que el trípode está cumpliendo su función a la perfección. Pesa lo suyo,pero no me arrepiento de haberlo traído. Es un viejo trípode marca Velbon que tengo desde 1.987. (32 años ya), que utilizaba con mi antigua cámara réflex analógica Chinon. Me gusta porque es muy estable, y siempre ha funcionado a la perfección. Pero tendré que pensar en llevar otro más moderno y ligero a las caminatas, pues con lo que llevo en la mochila -que no es poco- ya se me hace muy costoso acarrearlo sobre todo cuando se trata de subir cuestas pronunciadas.

Dejamos las cascadas y retomamos la pista SL-HU 105. Mientras voy caminando observo en los prados que hay un montón de flores pero casi sólo de una clase. Es curioso. No hay más. Es como si todas las flores hubieran desaparecido, salvo estas. Se trata del Azafrán de monte (Crocus nudiflorus). De la familia de las Iridáceas. Crece en lugares herbosos y brezales. Florece en otoño y principios de invierno. Es la época.

Poco a poco el Circo de Igüer se ve más cerca. Pero también podemos apreciar otras cimas. Al rato, un tercer pico aparece entre los dos que mencionaba antes, ya que desde nuestra posición anterior lo tapaba el pico Rigüelo. Tiene una forma curiosa,parece un cubo plantado en lo alto de una colina. Es el pico Mallos de Lecherín (2.462 m). Debajo dejo una foto que nos hicimos a la que he añadido los nombres de los picos para que se sepa cuales son.

A medida que íbamos avanzando por los llanos,ya se podían ver los tres picos que forman los lecherines

El camino es cómodo y muy bien señalizado. No hay pérdida. Regularmente te encuentras con algún poste indicativo que te ayuda a dirigir tus pasos hacia el destino elegido.

Un poste con señales en el camino indica de donde venimos y a donde vamos

Al ver este trío de picos, tan aparente en el horizonte, llamados «los lecherines» cuando se refieren a los tres a la vez, no puedo sino pensar si su nombre puede tener quizás su origen en la imaginería popular, por recordar a las ubres de una vaca, sobre todo el de los Mallos de Lecherín.

Al ir avanzando y entrando cada vez más en la cabecera del valle nos damos cuenta que pronto perderemos de vista estas montañas y llegaremos al Circo de Igüer.

El terreno nos va a ir tapando estos picos a medida que nos acerquemos al Circo de Igüer

En nuestro avance por los llanos de Napazal, nos topamos con unas cuantas vacas que están diseminadas por los prados que nos rodean. La mayor parte pastando tranquilamente, otras nos miran y otras sencillamente están tumbadas. Un par de ellas están justo delante de nosotros. No hacen nada si no te muestras agresivo. Yo paso entre medio de dos de ellas. Casi puedo tocarles la cabeza con las manos. Una tiene cuernos, pero me da igual. No son toros. Las vacas también tienen cuernos, algunas razas. Me resulta divertido. Cuando paso por delante de ella, lo único que hace es resoplar y apartarse lentamente de mi camino.

Los llanos de Napazal están llenos de vacas pastando a sus anchas. No hacen nada si no te metes con ellas.
Esta no me quitaba ojo, pero al menos, posó tranquilamente para la foto
Las laderas de la montaña, donde la hierba y los pastos podían crecer eran bien aprovechados por las vacas

La verdad es que por estos llanos, el camino sigue unas roderas muy marcadas. Está claro que por aquí circula algún tipo de vehículo que pasa la valla verde que hemos cruzado esta mañana.

Por aquí pasan vehículos. Después sabremos de quién y para qué.

Lo cierto es que, en cuanto a sus dimensiones, en comparación con otros de las Sierras Interiores, no es un gran valle, este de Igüer, como pueden ser el de Ordesa, Pineta…pero si hay que decir algo a su favor es que conserva toda la pureza del auténtico Pirineo. Tiene un gran encanto.Tal vez ahí radique su atractivo. Y lo mejor, no está para nada masificado.

Poco a poco, dejaremos de ver los tres picos «Lecherines» y nos meteremos más y más en la cabecera del Valle de Aísa, en lo que es el Circo de Igüer. El propio terreno nos los ocultará aunque volveremos a verlos más adelante desde otra perspectiva.

Seguimos avanzando y ya podemos apreciar claramente el Circo de Igüer. En su base se aprecia una curiosa forma geológica. Es como si le hubieran pegado un bocado a la montaña. Encima de él, vemos el pico Napazal (2.381 m) -también llamado del Mediodía- , que da nombre a los llanos que están a sus pies. A su derecha siguen el pico Bernera y el Olibón (u Olivón). También se ve la Liena del Bozo más a la derecha.

Nos vamos acercando hacia el Circo de Igüer. Desde la izquierda, el pico Napazal, Bernera, el Olibón y Liena del Bozo

Pero lo realmente evidente es que a medida que nos acercamos al final del valle, el perfil de las montañas que nos rodean, cambia, llegando incluso a desaparecer totalmente de nuestra vista. En contrapartida, esto nos permite apreciar detalles de su base que de otra forma nos pasarían desapercibidos.

En esta foto ya vemos más próximo el Circo de Igüer. El paisaje sobre nuestras cabezas pronto cambiará

El Circo de Igüer presenta unas curiosas formaciones geológicas. Me recuerdan un poco a los anticlinales en rodilla o plegados. Toda esta zona está retorcida geológicamente hablando.

En esta foto que hago con el móvil se ve perfecto el anticlinal tumbado

Y es que en el valle de Aísa, el relieve se estructura en una serie de pliegues orientados de oeste a este por la fuerza tectónica del plegamiento Alpino. Posteriormente, la erosión fluvial actuó sobre estas estructuras hasta el punto de que los ejes de pliegue quedaron supeditados a las formas creadas por una red hidrográfica que se encajaba de forma transversal, creando una serie de valles paralelos orientados de norte a sur como es éste en el que nos encontramos.

Cómo hemos llegado casi al final de la cabecera del valle, nuestra visión y perspectiva de las montañas circundantes cambia y los picos que antes se veían altivos contra el cielo ahora se achican o casi desaparecen.

Ya estamos muy cerca del Circo de Agüer. A la izquierda se aprecia el estrato retorcido y erosionado que lo forma

Pues bien ¿ y entonces por qué el Circo de Igüer tiene esta forma tan curiosa? Este circo está formado por un gran anticlinal (recordad para los que sois seguidores de mi blog, que explico lo que son los anticlinales y sinclinales en la entrada del Pico de los Monjes), pero resumiendo es un plegamiento del terreno en el que los materiales más jóvenes están en lo alto y los más viejos o antiguos en la parte interior. Es como una A. El sinclinal es al revés. Este anticlinal que vemos hoy se desglosa en una serie de escalones a modo de plataformas, que en realidad, se corresponden con sucesivos pliegues sedimentarios que cabalgan unos encima de otros, como en cascada, y que forman un gran frente abrupto.

El anticlinal tumbado del Circo de Igüer presenta esta forma tan curiosa. Se ve claro el cabalgamiento del frente

Todos son materiales del cenozoico. Las calizas que contienen son muy resistentes, por lo que los escarpes que los forman hacen que quede casi en horizontal el flanco superior de cada anticlinal. La fuerza tectónica que hizo falta para crear todo eso y doblar las rocas como si fueran plastilina no me la puedo ni imaginar.

Otro fenómeno interesante que se aprecia por todo el paisaje es la acción erosiva del agua sobre las calizas. Estas están compuestas por carbonato cálcico y una proporción variable de otros componentes, como son las arcillas, limos, y arena. Lo importante es que el carbonato cálcico es soluble en agua, y más si ésta lleva anhídrido carbónico – muy presente en ambientes fríos, como es el caso- y ciertos ácidos. Todo esto da lugar al paisaje kárstico. Aquí, el resultado son los canalillos o estrías que se han formado en algunas rocas, lo que se conoce como lapiaz. Esto es muy común en las Sierras Interiores del Pirineo, y especialmente en esta zona del Aspe.

El agua ha erosionado las calizas formando estas estrías o acanaladuras llamadas lapiaz

Pero ¿qué es el lapiaz? he hablado de él en otras entradas del blog (ibón de Plan), pero básicamente es esto: las calizas se disuelven en su superficie por el impacto de las gotas de lluvia, y al circular la escorrentía de forma momentánea, van creando formas como las acanaladuras o regueros. Son incisiones más o menos profundas, normalmente paralelas y a veces separadas por aristas. Las acanaladuras suelen seguir las líneas de debilidad estructural, como planos de estratificación o diaclasas.

Nos estamos paseando por esta zona del valle y a medida que avanzamos por el camino hay detalles curiosos que no escapan a nuestra vista. La Liena del Bozo, por ejemplo, nos deja ver en su base una curiosa construcción. Entre las rocas, en un hueco, parece verse una construcción hecha por el hombre. Con el zoom cuando la fotografío puedo ver que es una especie de refugio hecho con piedras. Tiene hasta una pequeña ventana. A saber cuánto tiempo llevará ahí. Lo he marcado de naranja en la foto con un círculo.

En una zona al abrigo de la roca en la base de la Liena del Bozo, han construido lo que parece un refugio pastoril
En la montaña, se ve como han construído un refugio con piedras

Tampoco la Liena de la Garganta se libra de ser observada con más detenimiento. En su base se aprecian tremendos canchales, la piedra se ha cuarteado por el efecto del hielo – deshielo.

Aquí prácticamente todo lo que se ve es roca viva. La Liena del Bozo desde abajo, no parece la misma montaña

Cuando llegamos al Circo y ya no se puede continuar hay que hacer un giro de 180 grados y abandonar la SL-HU 105 para coger la senda de gran recorrido 11. (GR 11). El giro se hace doblando una gran piedra que hay en el camino junto a un cartel que indica la ruta. Aprovechamos este momento para beber un poco de agua y hacer una pequeña parada. Hay algo de gente junto a nuestra posición bajo la sombra de un pequeño arbolillo. Y vacas, unas cuantas de ellas. Son las 13 horas.

En esta piedra se gira y se enlaza con la GR11 que muchos montañeros utilizan para subir al Aspe

Mientras estamos ahí, se acerca un vehículo 4×4 de esos que llevan la parte de atrás descapotada y un habitáculo para el conductor y pasajeros. Detrás, subido, va un perro mirándolo todo. El coche para a nuestro lado y baja de él, un hombre. Es el dueño de las vacas, que va mirando como se encuentran. Nos saludamos. Me llama la atención que lleva el mismo tipo de camiseta camuflada que yo. Y diría que comprada en el mismo sitio. Se vuelve a montar y regresa por donde ha venido. Ya sabemos quién hace las roderas que hemos visto antes.

Ahora ya se acaba el camino más o menos plano y hay que empezar a subir. Marcharemos por la ladera de la montaña hasta el punto en que el GR 11 se desvía para ascender al Aspe. Pero nosotros no lo seguiremos, continuaremos recto hacia la Garganta de Aísa.

A medida que te acercas a la base de las montañas la imagen de los picos tal y como estamos acostumbrados desaparecen. Detrás, la Liena del Bozo y la Liena de la Garganta,casi irreconocibles.Aquí vamos a enlazar con la GR11

La verdad es que nos hemos encontrado con poca gente en lo que llevamos de caminata. Una pareja de senderistas se cruza con nosotros. Nos saludamos y él, en un momento determinado, se para. Se lleva las manos a la cabeza. No sabe lo que ha hecho con el teléfono móvil. Le pregunta a una chica que lo acompaña. Ella dice que no sabe nada. El hombre vuelve corriendo sobre sus pasos a ver si lo encuentra, todo preocupado. Ha recorrido un buen trecho. Nosotros nos ofrecemos a ayudarle, hasta que…ella le dice que lo tiene. Era una broma. Él nos dice más o menos en tono jocoso que cambiar de teléfono móvil es relativamente fácil, que de mujer, ya lo ve un poco más complicado. Continuamos.

El camino ahora es estrecho y siempre por la ladera. Las vistas del valle que acabamos de recorrer son estupendas.

Vemos desde la ladera del monte el valle y el camino por el que hemos venido antes

Con el zoom a lo lejos logro ver el refugio As Saleras que visitamos antes. Le hago una foto. Lo que mejor se distingue es el tejado. Estamos haciendo claramente una ruta circular.

Bonita imagen que saco con el zoom . Se aprecia el camino que hemos hecho antes y el Refugio As Saleras

Seguimos la senda y también encontrándonos vacas por el camino. Están abajo, arriba, por todos lados. Una nos bloquea la marcha. Al estar en ladera, no hay otro sitio por el que pasar. Mis compañeros hacen un rodeo para esquivarla. Creo que prefieren no importunarla. Yo paso junto a ella. Se aparta. No hace nada. Todos los animales nos tienen más bien miedo, y si se revuelven es porque los asustamos nosotros a ellos y se defienden.

Por todo el valle y también por la parte alta seguimos viendo vacas.

Pero algo nos hace dejar de mirar las vacas. ¿Qué es ese ruido como de motor? Viene de arriba. ¿Son dos aviones? No exactamente. Se trata de un planeador y una avioneta que lo va remolcando. Son las 13,30 horas.

Se ve perfectamente el cable que los une. En un momento determinado, el cable se suelta y se separan. ¿De dónde vendrán?. Pero no sólo hay uno. De pronto aparece un segundo planeador con su correspondiente remolcador. También se suelta. En fin, pienso que las vistas que deben tener los que pilotan tanto uno como otro de todo el entorno a esa altura tienen que ser muy espectaculares.

Pasado el evento aéreo, al final llegamos al punto en el que el camino se bifurca. Se puede seguir ascendiendo y llegarás a la ruta que lleva al Aspe. O continuar hacia nuestro objetivo, el Mallo Lecherines. Todo está bien indicado con carteles.

A la derecha, la subida al Pico del Aspe. No es por ahí, salvo que lo vayas a escalar, naturalmente

Son las 13:45 horas y aún queda un trecho de senda por la ladera de la montaña pero ya se ve a lo lejos el Mallo Lecherines, y también asoma el Pico Lecherín.

Ya vamos aproximándonos a nuestro objetivo

Aunque es un camino estrecho, de vez en cuando aparece un pilote con la indicación de la ruta, lo cual te da seguridad de que vas por el camino correcto, lo que es de agradecer.

Los picos que vimos al principio, Riguelo, Mallos de Lecherines y Lecherín vuelven a aparecer en el horizonte.

Lo bueno de ir por esta senda a media montaña es que las vistas del valle son estupendas y te dan una idea de las dimensiones del mismo. Por aquí vuelvo a encontrarme con rosales silvestres por todos lados.

Rosales silvestres con sus frutos, los escaramujos. Había un montón por todo el valle de Aísa.
David y Jorge pasando entre dos grandes rocas. Y el rosal silvestre,siempre presente con sus frutos rojos

En las laderas hay desperdigados algunos grandes pedazos de roca desprendidas de la montaña a saber desde hace cuanto tiempo . El camino pasa junto a algunas de ellas.

De vez en cuando, te topas con rocas que claramente han caído de la montaña

Al cabo de un rato abandonamos la GR11, ya no hay pilotes indicativos ni señales, y nos vamos, sin senda aparente que seguir, hacia la Garganta de Aísa. Pasamos junto a unos enormes canchales y grandes rocas en las que se aprecia claramente el lapiaz. También se ve el barranco de Rigüelo y más rocas caídas en la ladera.

Como me voy fijando en todo, soy tremendamente curioso, veo una zona del barranco de Rigüelo que ha quedado al descubierto como si fuera una gran cicatriz en la montaña. Es el flysch .Y esto es así porque en la cabecera del Valle de Aísa donde nos encontramos, es posible ver una estas series de pliegues, por otro lado muy aparentes, sobre los materiales del período cenozoico. Se trata, normalmente, de pliegues sedimentarios.

En el barranco de Rigüelo se podían ver pliegues en el flysch

Pero, ¿qué es el flysch? En un flysch se alternan capas de rocas duras (calizas, pizarras o areniscas) con capas de materiales blandos (margas y arcillas) de modo que la erosión desgasta más fácilmente las capas blandas y deja expuestas las capas duras. Las capas duras, al quedar expuestas, son también erosionadas, al tiempo que dan algo de protección a las capas blandas. Se trata de un proceso de erosión diferencial y el resultado a la vista es como el de una tarta de milhojas.

Pero no todo está a lo lejos. Delante mío una gran roca caliza presenta claros signos de erosion por agua. Se ha formado un lapiaz. Tendría para horas aquí, observando cada rincón de este paraje. Pero hay que continuar.

Hay lapiaz por todas partes y canchales

Sigo haciendo tomas del valle mientras avanzo y saco una curiosa foto. En un mismo plano el Refugio As Saleras al fondo y en un plano más próximo el Refugio Rigüelo. Los destaco en la foto de debajo para que se aprecie bien su localización. También sale una roca redondeada que ha quedado parada en un punto de la ladera. Su visión me parece inquietante. ¿Y si algún día sigue rodando?. Mejor no cruzarse en su camino.

Los refugios de As Saleras y Rigüelo en la misma foto que hago desde la senda.

El avance no cesa. Vamos a buen ritmo. Sobre nuestras cabezas, un inmenso canchal. Trozos de piedra gris clara hechos picadillo. Es como una inmensa gravera. Sigo caminando. Al rato me doy la vuelta. Ya hemos pasado una buena parte de los canchales y marchamos hacia la garganta de Aísa.

Pasamos bordeando un gran canchal lleno de glera producto de la acción del hielo-deshielo sobre la roca

El paisaje sigue siendo duro. No hay nada más que hierba y piedras. Típico de las zonas de alta montaña con una gran variación de temperatura entre el día y la noche, con abundante nieve y heladas en invierno.

Ya hemos progresado mucho, y nos vamos internando cada vez más por la zona próxima a la Garganta de Aísa. Yo subo haciendo zigzag para no cansarme tanto, pues llevo peso extra. De paso saco el trípode y hago alguna foto del entorno. Mis compañeros de caminata se adelantan. Veo que suben recto. Pero suben mal. Les tengo que avisar. Van directamente por las gleras de la base del pico Rigüelo, que no les conducirá a ninguna parte. Me oyen y dan media vuelta. Bajan hasta donde yo estoy.

El paisaje por aquí es así de duro.
Cada vez más arriba, el paisaje es pura roca y canchales. A mi espalda la Garganta de Aísa

Otra vez el paisaje cambiante. En un momento desaparecen casi todas las piedras y sólo tenemos por delante una planicie de hierba.El pico Rigüelo desde aquí no parece el mismo. Cómo cambia la montaña según se mire desde un punto u otro.

El terreno se convierte en una loma llena de hierba.

Una vez todos juntos de nuevo, barajamos las posibilidades. ¿Subimos hasta los Mallos de Lecherín o no?. Tengo dudas. Pero no por falta de fuerzas, sino por la hora. Entre tanto nos tomamos un pequeño descanso. Pero no mucho. Hay que decidir. Al final nos marcamos un objetivo intermedio. ¿Cuánto nos llevará llegar hasta unas rocas a medio camino? Según nos cueste decidiremos volver o seguir. Emprendemos la marcha.

Más próximos a nuestro objetivo, la base del Mallo Lecherín y en primer plano los canchales y gleras de Rigüelo

Mientras vamos subiendo, a nuestra izquierda, aparecen un montón de ovejas, todas llevan el número 10. No nos miran. Parecen ocultar la cabeza del sol. No entiendo cómo no se achicharran todas tan juntas. Se han acurrucado en torno a una gran roca. Son las 14:53 horas.

Sigo subiendo pero eso no quiere decir que deje de mirar. Una parte de la montaña parece pendiente de un hilo. Una gran roca alargada se está separando de otra. Al final terminará desprendiéndose. Pero puede que dentro de cientos de años, ¿o no?. Todo es piedra otra vez. El horizonte se dibuja con las montañas como si fueran olas en sucesión.

De pronto, otra vez los planeadores. ¿Se fueron alguna vez o simplemente estaban ocultos a mi campo de visión?. Ahora los puedo observar por encima de los picos de Rigüelo y Mallos de Lecherines. Miro la hora. Son las tres de la tarde.

Volvemos a hacer un alto. Hemos llegado hasta unas grandes piedras pero las distancias engañan. Hay que volver a plantearse si seguimos. Son las 15:10 horas. Un poco más. Pero sólo un poco. Si vemos que no puede ser nos daremos la vuelta definitivamente. Un par de fotos y emprendemos la marcha.

Un pequeño descanso. A nuestra espalda, la Garganta de Aísa y los picos que la flanquean
Aquí estamos preparándonos para subir hasta la base del Mallo Lecherín. ¿Nos dará tiempo?

Antes de seguir miro hacia el valle. Estamos muy lejos de la pista SL-HU 105 y del Refugio de As Saleras.Pongo en la foto de debajo la localización del refugio desde mi perspectiva. Son las 15:45 horas.

Qué lejos se ve el refugio As Saleras y la pista SL-HU 105

Pues bien, mientras vamos subiendo bajan unos montañeros aparentemente desde donde nosotros pretendemos llegar. Le pregunto a uno de ellos; ¿nos queda mucho para llegar hasta allí arriba?. Se me queda mirando brevemente como pareciendo reflexionar y me pregunta ¿cómo vais de fuerzas? si vais bien y rápido como unos tres cuartos de hora, si vais despacio hora y media mínimo.

Le respondo que más bien lo segundo. Tambien le digo que tenemos que volver al aparcamiento de la Cleta donde hemos dejado el coche. Me pregunta ¿lleváis frontales? le digo que no. Me dice; se os hará de noche, vais un poco justos. Al final le vuelvo a preguntar ¿qué se ve al otro lado? me responde: Francia. Nos despedimos. Conclusión, nos daremos media vuelta. Así nos dará tiempo a ver la Ermita de San Adrián de Sasabe y los pueblos de Aísa y Borau.

No obstante David y Jorge siguen subiendo un tramo más pero enseguida desisten e inician la bajada definitivamente. En la montaña, hay que saber renunciar.

Cerca de los Mallos de Lecherín. A la izquierda si nos fijamos bien, se ve a David y Jorge y algún senderista más
En esta foto que saqué por la mañana os indico hasta donde llegamos. Era ya tarde. Nos dimos la vuelta.

Ahora toca bajar. La ruta la tengo estudiada. En vez de ir por el camino de la mañana tomaremos un atajo por el Barranco de Rigüelo, dejando encima el refugio del mismo nombre y acercándonos al torrente que por él discurre. Esta es la idea. Me despido de estos paisajes y de las formas caprichosas que la geología ha dejado por estas tierras, hago algun foto con una luz muy diferente a la de esta mañana.

La erosión ha dejado al descubierto estos pliegues. La orografía de este lugar no deja de asombrarme
Hasta la próxima. Aquí los picos se ven con la luz de la tarde. Como cambian

Vamos bajando, haciendo zigzag para no dañar las rodillas y no cargar las piernas. El ritmo es rápido. Se trata ya de volver. Miro a mi izquierda. Hay que ir bajo la base del Refugio Rigüelo.

Volveremos por la zona que deja arriba el refugio

Desde donde estamos se ven otros picos cuyas laderas aparentemente como todas las de ese lado, tienen el relieve más suave, son el Pico Magdalena ( 2.273 m) y a su derecha, Punta Petrito (2.135 m) . Seguimos descendiendo rápido. Son las 16:45 horas.

Aquí se ven el Pico Magdalena ( 2.273 m) y Punta Petrito (2.135 m)

Dejo el camino y decido acortar campo a través. Si tengo controlada la situación no me importa hacer esto siempre que tenga claros los puntos de referencia del paisaje y vea que el terreno se presta a ello. Intento evitar sorpresas, como posibles barrancos o cortados. Voy analizando la ruta a seguir con mucho cuidado.

Vamos por las planicies en descenso hasta que nos metemos en una zona boscosa, pero no muy tupida. Hay setas por todas partes. No las sé reconocer, igual son comestibles. Parecen boletus.

Nos alejamos ya de los picos que nos han estado acompañando todo
Estaba todo lleno de setas. No sé parecen boletus, pero ante la duda mejor dejarlas

Flores tampoco hay muchas. Pero junto a una piedra encuentro unas pequeñas. Parecen unas Adelfillas de tallos cuadrados (Epilobium tetragonum). Las he visto de pura casualidad.

Logro hacer esta foto de una flor realmente diminuta

Al cabo de un rato, desde el bosquecillo de abetos, ya se ve el torrente abajo. Hay vacas, como no podía ser menos. Nos dirigimos hacia allí. Una vez abajo, vemos un pequeño torrente. Aprovecho para refrescarme un poco, y mojarme el pañuelo de cuello como acostumbro. Después de un buen rato sin agua, y por la zona de rocas, se agradece.Son las cinco de la tarde.

Un pequeño torrente baja del monte
Me refresco un poco. El agua siempre es bien recibida en la montaña

Después de esta breve parada, continuamos la marcha. La idea es seguir el barranco de Rigüelo hasta donde se junta con el de Igüer y acceder a la pista para ir a la Cleta, donde hemos dejado el coche. Pero al otro lado del torrente vemos un camino. Se mete en otra zona de bosque, pero claramente tiene que llevar a la pista SL-HU 105 que queda arriba. Será todo en ascenso, pero parece que se acorta un montón. Decidimos meternos por ahí.

Al final resultó ser una senda absolutamente impenetrable. Pero era eso o volver. Y volver no se contemplaba. En algunos momentos había que agacharse literalmente hasta la cintura para pasar entre los árboles y arbustos que cerraban el camino como si fueran garras dispuestas a paralizar nuestra marcha por completo y además pinchaban un montón.

Esto era un excepcional tramo de lujo, el resto que tuvimos que pasar un sendero infernal.

Hice fotos donde pude, porque en otros no se podía -literalmente- ni enfocar la cámara de la espesura que nos rodeaba. Pero yo sabía con total seguridad que estábamos ascendiendo hacia la SL-HU 105.

Otra vista de la senda cuando se pudo enfocar
El camino más salvaje no podía ser. Aquí en uno de los pocos claros que tuvimos. El resto, maleza profunda
David intentando no arañarse con los arbustos. Pinchaban un motón la verdad.

Mi consejo, amigo lector, es que si decidís venir por aquí después de ver mi entrada no volváis por aquí a no ser que os gusten las emociones fuertes en forma de arañazos y pinchazos múltiples. Lo tenéis que hacer por el sendero que une la GR11 al valle, os resultará más cómodo aunque más largo de hacer. He de decir que Jorge, tal y como nos confesó, en este tramo se lo pasó muy bien, para él fue muy divertido. Y si lo piensas, este tipo de cosas es lo que le da a las salidas ese punto de aventura que resulta muy refrescante, siempre que acabe bien, naturalmente.

Al final, como estaba previsto, salimos a la zona de la pista del Puerto de Aísa, prácticamente a la altura del Refugio As Saleras, un poco por encima de la misma, pero en todo momento visible. Son las 17:31 de la tarde. Una hora en la que ya se debe estar de regreso.

Es ya tarde. La pista está en la zona de sombra, a la izquierda de la foto.
El río Estarrún y la pista a la derecha de la foto, ya medio en sombra. Nosotros descendemos por la senda al sol
Ya hemos llegado al cartel que vimos por la mañana. De aquí al aparcamiento de la Cleta, un paseo.

A las 17:47 horas llegamos al coche. Sigue ahí. Un poco más solitario pero esperándonos. Ahora vámonos a ver la Ermita de de San Adrián de Sasabe.

Con más huecos, que por la mañana llegamos al coche. Fin de excursión. Ahora a ver ermitas y pueblos.

Una vez en el coche nos cambiamos de camiseta, en mi caso de calzado y emprendemos el descenso. La carretera como esta mañana, de montaña total, con sus curvas y demás. Me encanta. Pasamos junto al desvío a la izquierda que lleva a la Borda San Ramón. Este sitio dicen es un restaurante de comida típica del valle. No lo conozco, pero si vais por aquí parece que lo recomiendan.

El primer pueblo al que llegamos es Aísa. Paramos a verlo. Qué paz. Es magnífico el ambiente que se respira en estos pueblos del Pirineo aragonés, y más si no están especialmente volcados al turismo.

Aísa está situado en la comarca de La Jacetania a 1.043 metros de altitud. Pertenece al partido judicial de Jaca. De su término municipal forman parte también los núcleos de Candanchú, Esposa y Sinués.​ Hay que destacar igualmente la estación de esquí de Candanchú. Su iglesia parroquial de la Asunción de Aísa, es del siglo XVIII.

Bucólico paisaje con las casas del pueblo de Aísa, los prados y las montañas de fondo
Entrando por las calles de Aísa
Ahí estoy yo, junto a la puerta de una de las casas de Aísa.

El paseo por Aísa es relajante. No hay apenas nadie, y nos dedicamos a contemplar con tranquilidad sus casas y calles. Visitamos la zona de la iglesia, aunque no se puede acceder al interior pues está cerrada a estas horas.

Jorge, en la puerta enrejada y David, sentado en el muro de piedra, contemplan la iglesia de la Asunción de Aísa
A mi espalda, la iglesia de la Asunción de Aísa, del siglo XV

Las casas están muy bien conservadas, casi todas de piedra, al más puro estilo aragonés. El pueblo en general es bonito.

Aquí vemos una calle que está cruzada por dos arcos de piedra al más puro estilo montañés.
Encontramos el famoso Hostal Igüer que anuncian por todos lados

El paseo está siendo agradable,pero tampoco nos entretenemos mucho. Queda todavía ver la Ermita, Borau y volver a casa. Estamos sedientos. Hemos localizado un bar donde tomar algo, pero al encontrar una fuente aplacamos nuestra sed y no perdemos tiempo. Son casi las seis y media de la tarde.

Una fuente, en la que bebí un buen trago. Estaba muerto de sed.
Hay algunas casas que son una chulada

Callejeando llegamos a la plaza del Ayuntamiento. El edificio se distingue claramente porque tiene un enorme escudo de la localidad en la parte alta.

La plaza del Ayuntamiento
El Escudo de AÍSA

Pero cuando ya nos vamos a marchar nos encontramos con una sorpresa. Al girar una calle me parece ver un gato ¡con un tetrabrick en la cabeza!. Al principio pensé que se lo habían puesto para que no se tocara por alguna razón, pero no podía ser, le venía muy justo. El animal estaba petrificado y yo creo que hasta le costaba respirar.

Insólito. Nunca había visto un gato así. Pobrecillo.

El caso es que me fijé en el suelo y había como gotas de sangre. ¿Se habría herido el gato tratando de quitarse la caja de cartón de la cabeza?. Algo había que hacer. De pronto aparece otra persona al que le pregunto si sabe algo de esto. Creo que también se queda tan asombrado como nosotros. Le digo que hay que quitarle la caja. El hombre para alivio de todos se la quita y nada más hacerlo el gato sale disparado como un rayo y se aleja hacia el fondo de la calle. Luego se queda mirándonos como diciendo ¿qué ha pasado?.

Creo que lo que tuvo que ocurrir es que el animal empezó a lamer la leche que pudiera quedar en la caja, metió la cabeza y luego no la pudo sacar. Menos mal que pasábamos nosotros por allí. Seguimos viendo pueblo pero ya dirigiéndonos hacia el coche para marchar.

Otra cosa que me ha llamado la atención de este pueblo es que en todas las fuentes hay una lata de conserva a modo de vaso improvisado. No sé. Yo no lo usaría por si acaso.

Hay casas en las que se tiene que estar de maravilla en tus vacaciones de verano y más si son como esta

Ya nos vamos despidiéndonos de la parte trasera de la iglesia. Delante hay un pequeño prado, por el que ronda un cachorrillo que no hace más que ir de un lado para otro y seguro que jugar con la gente que nos acercamos. Todo el rato está subido a una cerca ladrando para que le hagan caso.

Nos despedimos de Aísa y retomamos camino hacia la Ermita de San Adrián de Sasabe. Una vez ya en la carretera, un cartel indica claramente la dirección para llegar allí. Te metes por un desvío y llegas con el coche justo hasta la misma Ermita. Sólo hay dos personas visitándola.

Se ve, según se indica en un panel informativo que hay al llegar, que en esta ermita estuvo el Santo Grial un tiempo mientras se trasladaba hasta San Juan de la Peña y de ahí a la Catedral de Valencia. También se sabe que fue edificada aquí por algún motivo concreto que relacionan con ciertos mitos.

Parece ser que aquí estuvo el Santo Grial

La historia de la iglesia de San Adrián de Sasabe, de origen visigótico, está llena de misterios y leyendas que vinculan su emplazamiento con fuerzas telúricas. pues es una zona que se inundaba con las aguas del río, hasta el punto de que antiguamente la puerta que ahora se ve estaba totalmente tapada por el limo y los lugareños entraban en lo que creían una ermita menor por una ventana del muro.

Aquí se ve claro cómo queda la ermita por debajo del nivel del río, con lo que se inundaba con las avenidas

Las habituales avenidas del curso fluvial dejaron prácticamente enterrado durante siglos el edificio, que no fue rescatado hasta los años 1957-1961. Cuatro años después fue declarado Monumento Nacional. En la foto de archivo que pongo debajo se puede ver el nivel que alcanzaron los sedimentos del río cuando se retiraron para dejar a la vista la ermita.

Nivel de sedimentos alcanzado que dejaron la ermita prácticamente enterrada del todo
La Ermita de San Adrián de Sasabe. (Borau). Siglo IX

El Monasterio de San Adrián de Sasabe, ​ fundado a finales del siglo IX, sirvió de sede al primer obispo del condado de Aragón y se encontraba en el Valle de Lubierre, en el actual municipio de Borau. Es de origen visigodo, y de estilo románico jaqués y lombardo, sobre todo se puede apreciar en el exterior del ábside y en la portada principal. En ambas se utilizan relieves ornamentales como las palmetas o el ajedrezado, típico elemento del románico jaqués, extendido posteriormente a través del Camino de Santiago.

Interior de la Iglesia de San Adrián de Sasabe

Antes de marcharnos doy una vuelta por todo el edificio, y hago algunas fotos de los detalles que puedo apreciar en la fachada.

Vista de la Ermita por la parte de atrás, el ábside. A esta hora casi no hay luz, pero abro el objetivo todo lo que puedo

Hay unos cuantos motivos labrados en la piedra, como una cara, flores, estrellas, ruedas y una mano sujetando una cruz con dos bolas encima que no se muy bien su significado. Se lo dejo a los entendidos en la materia. También una rueda y una cabeza (parece que lleva casco) ¿quién será? ¿quizás un visigodo famoso?

Hay otra entrada en un lateral de la nave que queda en la parte baja. Todo esto lo cubría el río en las avenidas

Terminado de ver este enclave visigodo, de estilo jaqués y lombardo, nos vamos hacia el pueblo de Borau. Nos montamos en el coche y son ya las 19 horas. Lo he visto lo más rápido que he podido, el tiempo pasa y no me puedo entretener mucho.

Legamos a Borau. La villa de Borau, junto al río Lubierre, está situada a 1.008 m. de altitud. Es el siguiente pueblo bajando por el valle desde que dejamos Aísa. Tiene una iglesia del siglo XVI, Santa Eulalia de Borau, los tejados son de pizarra y losa, y las chimeneas son de estilo pirenaico. Por la mañana le hice una foto al pueblo desde la carretera, lo podéis ver al principio de esta entrada. Ahora lo voy a intentar ver más en detalle. Es tarde. No hay mucho tiempo. Estoy en el Pirineo y todavía tengo que bajar a Zaragoza.

¿Y qué fué lo que más me gustó de Borau en esta visita ultrarápida? Pues sus tejados de pizarra a base de losas y las chimeneas de estilo aragonés, típicas de esta zona del Pirineo.

Tejados de pizarra y chimeneas al mas puro estilo montañés de los Valles Occidentales
Me recuerdan un poco a las casas de Ansó y Hecho. Estamos en el Pirineo aragonés más occidental, es lógico que existan semejanzas

Todo el pueblo se articula desde la parte baja hacia arriba, así que comencé a subir hacia la calle que se llamaba de la iglesia, por lógica tenía que llevarme hasta ella, como así fue. Está en la parte alta del pueblo, dominándolo todo. La rodea un espacio despejado en el que hay hierba y un Camposanto. Me llamó la atención, que a diferencia de otras torres de iglesias del Pirineo, el tejadillo de la misma era casi plano. Le eché un vistazo rápido al conjunto y comencé a bajar hacia el coche.

Mis amigos no vinieron conmigo. Se entretuvieron mirando una casa por la parte baja. Era consciente de que ya tenían ganas de comer algo y marchar, así que no quería hacerlos esperar demasiado, por lo que intenté darme toda la prisa posible.

La iglesia de Borau, Santa Eulalia, del siglo XVI, está en lo más alto del pueblo, dominando todo el asentamiento

Una vez vista la iglesia, al bajar me encontré con un montón de gatos que se prestaron a que les hiciera unas cuantas fotos. Ni se movieron. No me tenían nada de miedo.

Ahí están los gatos de Borau. Parecen puestos en estudiado orden y posando para que yo les hiciera la foto

Ya estoy llegando a la parte baja y no me he cruzado con nadie. Parece un pueblo fantasma.

Calles de Borau. Al fondo se ve donde dejamos el coche aparcado. No vimos absolutamente a nadie
Me gustó esta casa torre con una campana en lo alto. Creo que forma parte de las antiguas escuelas
Al coche y a seguir ruta. El bar restaurante Lubierre (como el río que pasa por este pueblo) estaba cerrado

Finalmente nos vamos de este pueblo de la Jacetania sobre las 19,15 horas. Hemos salido a las 19 horas de San Adrián de Sasabe. Esto si que ha sido una visita exprés. Bueno al menos me he hecho una idea de como es Borau. Hay que ver lo que pueden cundir diez minutos si vas a lo que vas y no te dispersas.

Ya otra vez en el coche, pasamos por Aratorés, y nos incorporamos a la carretera general que nos lleva hasta Castiello de Jaca y de ahí a la propia Jaca.

Mis amigos tienen bastante hambre, y a mí tampoco me vendría mal un tentempié. Quieren parar en Jaca a comer algo. Son las 19:35 horas.

Deciden que les apetece un Mc Donalds. Bueno, yo no soy muy amigo de este tipo de comida rápida, pero por hoy, haré una excepción, más que nada por ellos, ya que me invitan por haber puesto yo el coche para la excursión.

Al rico Mc Donald´s (yo hacía siglos que no estaba en uno,prefiero otro tipo de comida, pero no obstante me gustó)

El sitio es agradable. Justo a la entrada de Jaca, con la Peña Oroel a la vista mientras comes. La hamburguesa está buena. Ya no recordaba el sabor tan característico. No sé si será el queso o algo que le hechan pero seguro que lleva un ingrediente adictivo para que vuelvas, comentamos bromeando.

Pasamos un rato agradable reponiendo fuerzas y ya, esta vez sí, y después de echar gasolina, nos vamos definitivamente a casa. Casi ha oscurecido del todo. Son más de las ocho de la tarde y aún queda pasar el Monrepós, llegar a Huesca y de ahí a Zaragoza.

Ya cerca de casa, cuando cruzo el Ebro, por el puente de la Z-40, vemos a lo lejos, junto a la Basílica del Pilar, los fuegos artificiales subiendo hacia el cielo y que anuncian el comienzo de las Fiestas del Pilar 2019 y que se tiran después del pregón. Yo no tengo fiesta, del 7 al 11 de octubre trabajaré toda la semana, este año el día 12 cae en sábado. Los colegios sí tienen fiesta, el 10 y el 11. Siempre digo -cariñosamente- que los maestros viven muy bien, aunque luego ellos, no sé por qué, siempre te lo desmienten.

Con el coche paso junto a Puerto Venecia y salgo por el desvío a Valdespartera para meterme en Zaragoza. Enseguida estaré en casa, pero antes dejo a mis amigos donde me piden. A las 10 ya he llegado a mi garaje y el cuentakilómetros marca 364,3 km en total, desde que salí por la mañana. Quito el contacto. Cojo mis cosas, cierro el coche y al ascensor. Me espera una buena ducha y el merecido descanso.

Ha sido una bonita excursión y sobre todo, ha servido para cambiar de aires, ver a mis amigos, oxigenarme un montón y olvidarme por unas horas del estrés y de la rutina del trabajo.

Espero que os haya gustado el relato sobre este casi desconocido Valle de Aísa. Y como siempre os digo, gracias por leerme y seguirme. Podéis comentar o darle a la estrella de «me gusta» si queréis. ¡Saludos y hasta la próxima!.

¡Nos vemos en la siguiente entrada!

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