Caminata de Osera a Pina de Ebro. Ribera baja del Ebro.

Hola amigos, esta vez me he ido con un amigo a Osera y desde ahí a Pina de Ebro. Esta excursión forma parte del objetivo general de conocer toda la zona que rodea Zaragoza capital, pueblo a pueblo, y abarcando diferentes latitudes en el mapa. Estamos en la Comarca de la Ribera Baja del Ebro, en la ruta más alejada hacia el este. Nos hemos desplazado en su coche, lo que nos ha quitado la preocupación de tener que llegar a la hora del bus, sobre todo a la vuelta. Hemos caminado unos 24 km, durante aproximadamente 6 horas y gastamos unas 1.400 kcal.

Desde Zaragoza, se toma la autopista AP-2 hacia Barcelona , un recorrido sencillo y no muy largo, de todas formas, pensando que habría una salida hacia Osera más o menos pronto, resulta que no ha sido así, y hemos tenido que llegar hasta el peaje de Pina, coger un ticket, y cruzarlo. No nos ha llevado mucho tiempo llegar hasta ese punto, media hora como mucho. El caso es que a unos pocos cientos de metros después estaba el desvío a Pina de Ebro, y al tomarlo nos hemos encontrado con que había que pagar, de todas formas, no ha sido para asustar, sólo 3 euros.

Como queríamos ver primero Osera y desde ahí irnos a Pina andando, hemos retrocedido por la N-II hasta llegar allí.

Hemos dejado el coche aparcado a la entrada del pueblo, y nos hemos dispuesto a visitar Osera.

La primera impresión es que se trata de un lugar muy pequeño, pocas casas, y muy tranquilo, como se puede esperar de una zona puramente rural.

Calles de Osera

Osera de Ebro es un pueblo de la comarca de Zaragoza situado a 30 km de la capital, al sudeste de la misma, en la margen izquierda del río Ebro, y a 173 metros sobre el nivel del mar.

Parte de su término municipal está ocupado por la Reserva Natural de los Sotos y Galachos del Ebro, lo que hace muy interesante su visita.

Como curiosidad parece que el nombre de Osera tiene dos posibles significados: uno que cuenta que antiguamente los osos bajaban del monte a beber agua a esta zona, y otro, que es un poco más tétrico, puede referirse al pueblo como un lugar donde se han hallado multitud de huesos. Me quedo con la primera versión. Históricamente, la villa siempre ha mantenido el mismo número de habitantes que en la actualidad, en torno a los 400, quién lo iba a decir.

Las primeras noticias de la villa son de documentos fechados en 1.138, en los que se atribuye la tenencia de la villa a Fortún de Bergua, de 1.348 a 1.382 estuvo en manos de los señores de Alfajarín.

Se han encontrado enterramientos pertenecientes a la población indígena de Osicerda, que acuñó moneda como municipium Osicerda. Se trata de una población celtíbera posteriormente romanizada.

En el centro de Osera se encuentra la torre del campanario de la iglesia de Santa Engracia (construida en 1.575 y restaurada en 1.985), y junto a ella los restos de lo que un día fue un castillo medieval.


Una paloma de pelaje claro y moteado que le viene genial para aparecer camuflada en esta ventana de una casa

El esta vez manso Ebro y los sotos frente a Osera

Cigüeñas por doquier, había muchísimas, y muchos nidos

Ya entrando en el pueblo llegas a una plaza donde hay una iglesia de estilo mudéjar, junto a unos muros de piedra que se supone pertenecieron al Castillo de Osera.

Hemos pedido a unas personas, muy amables por cierto, que nos hicieran una foto frente a la puerta de la iglesia y ya de paso nos han indicado que siguiendo el camino que bordea el río Ebro hasta el puente del AVE, tendríamos una buena caminata.

David y yo en la puerta de la iglesia de Osera

El Castillo de Osera, o según otros antigua torre romana de vigilancia del Ebro

La Iglesia de estilo Mudéjar

La torre. Hay un pájaro encima del «pájaro de hierro» de la veleta

La iglesia no es de las más chulas que he visto pero en su estilo no está mal. Por desgracia, las figuras que están en el pórtico, delante de la entrada, están muy deterioradas. Alguna ha sufrido el vandalismo y le han arrancado incluso la cabeza. Necesita de una profunda restauración. Las grietas se han tapado con yeso, pero el aspecto general, junto a la existencia de humedades, y una puerta de madera muy desgastada, no es bueno.

Nos hacemos la foto de recuerdo con el «castillo» y la torre de la iglesia de fondo y comenzamos a caminar. El río Ebro nos queda a la derecha, y una gran acequia a la izquierda, hemos podido ver varias zonas de cultivo y pequeñas huertas. Había gente regando y cuidando los campos en un ambiente festivo y dominical. Son todos cultivos familiares.


Un huerto cerca del pueblo, bien «vigilado» por un maniquí vestido con un mono

El Ebro a su paso por Osera

El panel de Ebronautas. Hay una ruta navegable desde Osera a Pina de Ebro

Vamos haciendo camino y al rato nos damos cuenta de que aparecen los molestos insectos.Estamos en febrero, aún en invierno, pero el día ha salido fantástico. Nada de aire, sol y temperatura muy agradable. Imagino que con el Ebro y las acequias muy próximas es normal que acudan.


Gente conversando y mirando el río es una buena manera de pasar la mañana festiva

La acequia, paralela al camino y con buen caudal

Volviendo la vista atrás, se ve la iglesia de Osera en la lejanía, y de telón de fondo, el paisaje monegrino, recio, con las colinas peladas, que en otro tiempo estaban llenas de árboles, en su mayoría sabinares milenarios, ya desaparecidos. Hay un gran contraste con las huertas, los campos y el río Ebro.

A medida que vamos andando el paisaje se va mostrando más plano, lleno de campos de cultivo.

Al rato llegamos al puente del AVE que nos habían dicho en el pueblo. Allí hacemos un alto y nos damos algo de crema solar y de repelente para insectos, no queremos picaduras.

La verdad es que me llama poderosamente la atención la frecuencia con la que pasan los trenes Ave o Alvia, cada 15 minutos más o menos, cruzando a toda velocidad, en un sentido u otro, el puente sobre el Ebro. No pensaba que habría tanto tráfico ferroviario.
Cuando lo superábamos por debajo, coincidió el paso del tren. La sensación es como el ruido de un avión que te pasa por encima a baja altura.

El propio puente parecía un tren AVE gigante,con sus ventanas y todo, el morro de pato, al menos eso nos ha parecido a los dos.
Un tren grande tragándose al tren más pequeño cuando llegaba uno. Pero lo realmente alucinante era la gran cantidad de cigüeñas que había por el camino, y en esta época, se las veía con ramitas en el pico, construyendo o reparando sus nidos.

Parecía como si el tren grande se tragara al pequeño

Continuamos camino, y veo que tenemos dos opciones, o ir por la pista de tierra, que parece más monótona o bajar a la hierba y acercarnos a los galachos. Optamos en principio por esta segunda opción. Pero enseguida vemos que es impracticable.

Cartel que indica que entramos en la Reserva Natural de los Sotos y Galachos del Ebro

Hacia el Galacho, con el puente del Ave al fondo

Avanzando por las praderas del galacho llegamos a una zona donde ya no parece que podamos continuar, empiezan a aparecer zonas con agua, y decidimos retirarnos otra vez al camino y buscar la seguridad de la senda ya marcada. Una pena, pues la intención era llegar justo hasta la orilla del Ebro.


Casas abigarradas y la linea del AVE por encima del nivel de los tejados


Bueno, pues seguimos caminando ya otra vez por pista, y decidimos continuar hasta Pina. Hay dos horas y media de marcha más o menos. Tal vez un poco más. Calculamos el tiempo que nos costará volver contando con entretenernos en ver más o menos tranquilos el pueblo de Pina de Ebro.


Hay muchas cigüeñas. Esta la fotografié justo cuando alzaba el vuelo desde el nido.
El río Ebro, esta vez pacífico. Otras trae dañinas riadas

En este punto, el camino se va haciendo un poco más monótono. No es que sea feo, ni mucho menos, pero sí muy similar. Dejamos ya el río a la derecha y nos vamos internando más y más en los campos de cultivo. A veces vemos frutales tan bien alineados, que parecen un jardín versallesco.

Se siguen viendo campos y campos a cada lado del camino y rectas que parecen interminables, pero gracias a la buena conversación y a la contemplación del paisaje se hace llevadero.

En este punto del trayecto es el momento de fijarse objetivos visuales en la lejanía, que animan a proseguir. Una casa aislada, dos torres con campanario, que te dejan adivinar dónde puede estar el pueblo de Pina. Se ven lejos, pero no inalcanzables. Hay que llegar hasta allí, te dices para tí mismo así que ánimo, ya queda menos.

Tras un buen rato caminando, llegamos a un grupo de casas, que resulta ser una pequeña población llamada Aguilar de Ebro.Es una pedanía de Pina de Ebro.

La pedanía de Aguilar de Ebro

La casa más nueva sujeta a la más vieja, los troncos hacen su función.Estas cosas sólo se ven en los pueblos

Esta pequeña aldea, por llamarla de alguna forma, se cruza a pie en un visto y no visto y seguimos adelante. Ahora ya estamos en medio de los campos otra vez y avanzamos por las pistas de tierra. Son caminos agrícolas, con una acequia a un lado y abundantes tajaderas para el riego que se van sucediendo una tras otra, como alineadas.


Veleta en Aguilar de Ebro

Las grandes acequias nos acompañan un buen trecho

En cuanto al tiempo, sigue acompañando. No hace casi calor, el ambiente es agradable, tampoco nada de aire, el cielo está azul, parece el tiempo ideal para caminar. Tengo que decir que esta parte del camino se me sigue haciendo algo pesada, por las rectas que hay que superar, ya se ven en las fotos, y el paisaje bastante monótono, apenas alterado por algún árbol, algunas casas rurales aisladas, pájaros comiendo en los campos, grullas volando en migración y alguna cigüeña.


Nos encontramos con este caserón abandonado que destacaba en el horizonte

Algunas bandadas de pájaros dan buena cuenta de los sembrados, parecen codornices

Las grullas en su «volar» dibujan otro horizonte montañoso alternativo

Después de unas dos horas y media de camino largas, las torres que veíamos en la lejanía cada vez se van haciendo más cercanas hasta poder distinguir su figura, llegamos a Pina de Ebro .

Se trata de la más septentrional de las localidades de la comarca de la Ribera Baja del Ebro, en la provincia de Zaragoza, con 2.252 habitantes. En su casco urbano encontramos muestras de su pasado mudéjar, como bellos ornamentos en las fachadas de algunas viviendas. En este sentido destaca la de la calle de la Parroquia.

Una edificación interesante es la iglesia parroquial de Santa María. Se trata de la antigua iglesia del convento franciscano de San Salvador. Comenzó a construirse en el siglo XVI y estilo gótico y se concluyó en el XVII y estilo barroco. Del conjunto destaca su elegante y alta torre. El monasterio, erigido en ladrillo, constituye la sede del Centro de Actividades Culturales, tras haberse restaurado.

Existen parajes naturales de interés, como la Retuerta de Pina, en la zona oriental del municipio. Se trata de un intrincado conjunto de barrancos de fondo plano, en cuyas cimas y laderas destaca un atrayente sabinar. Pero esto lo dejamos para otra excursión, pues no nos va a dar tiempo.

Lo primero que nos recibe, cuando llegamos a Pina, es una estilizada torre de telecomunicaciones, que da cobertura de señal móvil a esta población y alrededores.


La torre de telecomunicaciones destaca sobre el paisaje

Después, pasamos una especie de caseta , dónde , sin vernos, pues se les oye tras una puerta grande, ladran y ladran varios perros en cuanto notan nuestra presencia, además justo la lado se aprecia una caseta que alberga un trozo, sí, he dicho bien, de una antigua furgoneta Citroën 2CV, o más bien la parte de atrás, que han adaptado como remolque. ¡Qué pena de coche!.


Un trozo de Citroën 2CV

En Pina hay una plaza dedicada a Pilarín Artigas, directora de una Rondalla de jotas

Poco después cruzamos una carretera y ya entramos en lo que son propiamente las calles del pueblo. Al cabo de no mucho rato, llegamos a una zona donde hay una escultura de hierro a una jotera, y más tarde a una calle que tiene un arco al final y tras éste se adivina una gran plaza. Llegados a ella, nos sorprende por su amplitud, y por la zona central que tiene hasta un quiosco de música, abundantes árboles y también hay que decir, que, salvo alguna excepción, los edificios que la rodean son de buena planta y están bien cuidados. Destaca, en un lateral de la misma, una gran torre aislada de una antigua iglesia, y en el otro extremo otra torre de otra iglesia, esta ya completa. Eran las dos torres que se adivinaban en la lejanía desde el camino.

Atravesando las calles se ven cosas curiosas, como una casa que cerca del tejado tiene un reloj de sol, además fechado, 1.852.

Mirando estas calles me doy cuenta de lo distinto que es vivir en la gran ciudad y la paz que se respira en estos pueblos aunque sean grandes. La gente vive a otro ritmo, y tengo que destacar algo, yo que me fijo en detalles aparentemente sin importancia pero que no son baladí, todas las bicicletas que he visto estaban sueltas, sin atar, sin candados ni cadenas que las sujetasen a nada ¿dice esto mucho de la gente de ahí verdad?

Calles de Pina de Ebro

Otro detalle es la gran cantidad de bares, mesones y restaurantes que rodean la plaza, unos que estaban abiertos en ese momento y otros cerrados, pero desde luego pienso que el tópico de que en España hay muchos bares por habitante,¡ aquí se debe cumplir!.


Que no falte la tienda de móviles. Pero lo mejor, aquí no le ponen candado a las bicicletas. Buena convivencia

Lo primero que se ve al atravesar el arco, es una de las torres

Si te das la vuelta, se ve esto, has pasado por debajo del arco

Magnífica torre a un lado de la plaza. Es de la antigua iglesia de la Asunción
Los tejados a tope de palomas
En este pueblo tienen una gran plaza, muy cuidada y moderna

Echamos un vistazo a las calles adyacentes y antes de proseguir veo que la puerta de la iglesia está abierta, así que entro a visitarla. Me tomo mi tiempo para contemplar su interior.


La iglesia y a la derecha el local dónde mi amigo tomó un café

Interior de la iglesia de Pina de Ebro

Después nos dirigimos hacia una calle lateral que desemboca en una gran chopera, y en un parque que es digno de verse, con una gran arboleda, que en otoño tiene que ser muy chula, toda de color amarillo, pues abundan los chopos.

Tal vez deberíamos hablar de una chopera espectacular.Ahora los árboles están sin hojas, pero pienso que en verano será un lugar muy agradable para el esparcimiento de los vecinos, juego de los niños y deleite de las familias. Más allá, dónde el parque termina, se adivina el río.

Hace buena tarde, se ven jóvenes dando un paseo en bicicleta por los alrededores. Hay mucha tranquilidad, y se nota.

Junto a la chopera o arboleda, están también las casetas de las peñas del pueblo,junto a la pequeña plaza de toros. Todas las casetas tienen el nombre de la peña correspondiente, y como se ve en las fotos cada una es de un color chillón y alegre, no se confundirá nadie…

Las casetas de las peñas

Los nombres de algunas peñas pueden leerse en placas o pintadas en las fachadas; el palitroke, el revolcón,scorpions, la cuadra, naranja mecánica, mogollón…

Me sorprende la limpieza del lugar, y lo cuidado que está todo, no hay pintadas en las paredes, y los espacios son generosos, me da buena impresión.Los paneles informativos que pone la DGA sobre las rutas naturales están ¡sin garabatear!.


Pina de Ebro forma parte de la ruta GR 99

Una vez vemos todo eso, mi amigo propone tomar algo en uno de los bares. Como ve que yo me entretengo haciendo fotos, me dice que se va a acercar a uno de ellos que le ha gustado, y que me espera allí. Como yo todavía estoy en la arboleda, le digo que bien, que ahora acudo donde él esté. Cuando llego al bar, nos dicen que cierran en diez minutos, así que mi amigo se queda tomando su café con leche y algo de comer, un triángulo de lo que parece un trozo de una especie de tarta casera, y yo, como no me encuentro con necesidad de tomar nada, aprovecho para hacer alguna foto más de la plaza y disfrutar del entorno.

Tengo que comentar algo respecto a esto. Yo lo hago así, no como nada, pero no significa que todo el mundo tenga que hacer lo mismo. Salgo siempre de excursión con un buen desayuno, que consiste en un gran tazón de café con leche, y algunas tostadas de pan de barra, no de molde, con aceite y sal. (echado por encima, de forma moderada, no hago una piscina de aceite).

Con esto aguanto toda la excursión, hasta la tarde. El aceite de oliva es sano, pero también muy calórico, y me da la energía necesaria para aguantar sin problemas el esfuerzo, por eso normalmente no como nada, bebo, eso sí, agua. Pero ese soy yo y mi organismo, no todas las personas son iguales, ni los cuerpos, cada uno tiene medir su esfuerzo y lo que necesita para llevarlo adecuadamente. Yo ya he hecho muchas excursiones y siempre voy igual, y ya tengo tomada la medida de mi capacidad, nunca he tenido ningún problema.

Como he dicho me da tiempo a sacar algunas fotos más del lugar. Y tengo que decirlo, lo que siempre está omnipresente por doquier son las cigüeñas. Por todos lados, en las torres de las iglesias y en las de comunicaciones. Hay instantáneas que parecen casi humanas, ves a estas bonitas aves cómo conviven y forman sus comunidades, es una visión que nos recuerda que los animales también son seres vivos que hay que proteger y cuidar , así como el ecosistema en el que viven.


Casa de la Abuela, pastelería artesana, hecho como en casa, es el nombre del establecimiento de la esquina donde mi amigo tomó un tentempié, que incluía un pequeño de trozo de tarta
Nos hacemos la foto de «yo he estado ahí» en Pina y emprendemos la vuelta

Una vez que vemos todo y consultamos la hora, toca desandar el camino y volver antes de que caiga la tarde. Tenemos unas dos horas y tres cuartos por delante si las hacemos a buen paso, para que nos de tiempo a llegar antes de que anochezca. El camino de vuelta lo modificamos para ir atajando. Hay rutas que hemos usado a la ida, pero otras las cambiamos con ayuda del GPS que lleva mi amigo en el móvil y que nos indica el camino a seguir más corto, y también otras alternativas. Viene muy bien la verdad, ya que te da tiempos y distancias .

A la vuelta echo un vistazo más cercano al caserón del camino de ida, parece una casa que en su día podía dar cabida a toda una familia rural.

Al final llegamos a Osera, a tiempo,y cogemos el coche para volver a Zaragoza. La vuelta la hacemos con prudencia, hay ya bastante camiones en esta carretera secundaria y hay que ir tranquilos y con cuidado.

Ha sido una excursión entretenida, 24 km caminando, en total y con una quema de 1.400 kcal por persona. Hemos conocido otras zonas cercanas de la geografía próxima a Zaragoza, porque yo siempre lo digo, antes de conocer sitios que están a cientos o miles de kilómetros de casa, bien merece lo cercano una visita, y muchas veces, logra sorprendernos más de lo que uno pueda esperar. Si queréis le podéis dar un me gusta en la estrella que sale debajo de la opción de compartir abajo del todo. Gracias y ¡Hasta pronto!

Recorrido que hemos hecho desde Osera a Pina de Ebro. Ida y vuelta 24 km.

En las afueras de Pina, hay unos carteles con oras rutas y posibles excursiones futuras, Quinto de Ebro por ejemplo está sólo a 9 kilómetros, si hubiéramos tenido más horas de luz nos hubiéramos acercado sin duda, para la próxima.

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