Hola de nuevo amigos y seguidores de mi blog. Hoy es 19 de agosto de 2025 y nos vamos mi amiga Mónica y yo a visitar un lugar fascinante de mi provincia, la Sierra de Santo Domingo. Es Zaragoza, pero el paisaje no tiene nada que ver con las llanuras esteparias y muelas que se extienden más allá de la zona verde que riega el curso del río Ebro, ni con algunas zonas boscosas próximas a mi ciudad natal, sino que tiene muchas más semejanzas con el Prepirineo Oscense. Nos encontramos en la comarca de las Cinco Villas (Tauste, Ejea de los Caballeros, Sádaba, Uncastillo y Sos del Rey Católico, perteneciendo Luesia al Partido Judicial de Ejea de los Caballeros).

La idea de hoy es llegar a Luesia (población a 800 metros de altura y 109 km de distancia desde Zaragoza capital). Desde ahí, y en coche por pista forestal, alcanzar el paraje conocido como el Pozo de Pigalo (806 m) que está a una distancia de unos 8 km de Luesia. Aparcaremos allí y iremos a pie, también por pista forestal, hasta el lugar conocido como el Corral de Calvo (945 m) a 5.66 km desde Pigalo y regresaremos de nuevo al Pozo de Pigalo. Serán 16 km en coche ida y vuelta y un total de 12 km a pie.
Una vez de nuevo en el Pozo de Pigalo, -y también en coche y por pista- iremos hasta la Ermita de Santa Quiteria y el Castillo de Sibirana (873 m) que está a unos 2.28 km desde Pigalo. Aparcaremos y subiremos hasta el castillo a pie tras recorrer unos 300 metros. Esta vez haremos en total entre ir y volver 5.86 km en coche y 0,6 km a pie.
Como llegar a Luesia
Hay dos opciones desde Zaragoza capital. Una es por la A-68, (la conocida como autovía de Logroño) por la que circularemos hasta llegar a la indicación de la salida para ir a hacia Alagón y Tauste por la A-126, que tomaremos. Una vez en la A-126 nos dirigiremos por ella hasta Tauste y después hasta Ejea de los Caballeros, donde tomaremos la A-1204 hasta Luesia. Esta ruta nos llevará aproximadamente 1 hora y 39 minutos y recorreremos 107 km.


La otra opción, que es la que he elegido tanto para ir como para volver, es la que desde Zaragoza y por la A-23 (la autovía de Somport -Sagunto) me lleva hasta la localidad de Zuera, donde tomo la salida 316 dirección Zuera -Ejea de los Caballeros. Iremos por la A-124 y por la A-1103 dirección Las Pedrosas y Sierra de Luna. A la altura de Erla, que queda a la izquierda, veremos el desvío hacia esta localidad y hacia la propia Ejea de los Caballeros por la A-125 que obviamos, continuando recto por la A-1103 siguiendo las indicaciones hacia Luesia. Pasaremos por Luna, después cerca de El Frago que quedará a la derecha, y unos kilómetros más tarde tomaremos el desvío por la A-1102 hacia Luesia. Esta ruta nos llevará aproximadamente 1 hora y 41 minutos y recorreremos 105 km.
Como podéis ver tanto por una ruta como por la otra la distancia y el tiempo son similares. Yo he escogido la de Zuera porque la carretera es mucho más bonita en cuanto al paisaje, ya que se cruzan extensas zonas de bosque, aunque eso sí, tiene muchas más curvas, y si no te gustan para conducir, mejor la primera opción.
Inicio de ruta: ticket de estacionamiento en Pigalo
Llegamos a Luesia sobre las 9,15 horas. Lo primero que hacemos es consultar en el pueblo cómo sacar un ticket de parking en la zona del Pozo de Pigalo, porque está regulado y si queremos estacionar allí es obligatorio conseguirlo bajo posible sanción de no hacerlo.
Acudimos a la oficina de Turismo del pueblo para informarnos pero está cerrada. Casualmente, una persona que está en las cercanías y a la que acudimos a preguntar es el concejal de turismo de Luesia. Nos explica que el ticket se puede sacar por internet entrando en la web del ayuntamiento (www.luesia.es) y clicar en una pestaña azul para hacer la reserva del parking de Pigalo, donde se introducirá la matrícula del coche, e-mail de contacto y demás datos personales. El coste es de 8 euros y validez para todo el día y una vez pagado nos enviarán el resguardo a la dirección de correo electrónico introducida y que lo presentemos en el camino a Pigalo.
También nos dice que dicho ticket nos lo puede facilitar una persona que veremos está en una pequeña caseta a mano derecha del inicio de la pista que lleva al Pozo de Pigalo, y que podemos después dejar de forma visible en el vehículo.Optamos por no perder más tiempo y nos dirigimos hacia allí.


Personalmente creo que este «peaje» está pensado más para la gente que vaya a hacer uso de las pozas de baño y la zona de merendero, con el fin de evitar una saturación excesiva del lugar – tiene un aforo máximo para 50 vehículos al día -y de paso sacar un rédito por parte del ayuntamiento, como ya se hace en muchísimos pueblos del Pirineo, pero en nuestro caso, que sólo vamos a aparcar e irnos de allí a continuación, me parece un tanto excesivo.También entiendo que es imposible diferenciar a los que sólo vamos a aparcar de los que van a bañarse y a utilizar la zona de recreo durante todo el día.
En coche por pista hasta el Pozo de Pigalo (8 km – 16′)
Una vez ya en posesión de nuestro ticket de llamativo color naranja, iniciamos la marcha por la pista hacia el Pozo de Pigalo. El firme de grava y tierra está en buenas condiciones,apto para todo tipo de vehículos, eso sí, no está permitido ir a más de 30 km/h (ni aconsejable). El día ha salido más bien nublado pero no amenaza lluvia, según las previsiones de la AEMET.


Tras un cuarto de hora en coche tras salir de Luesia, llegamos a las proximidades del Pozo de Pigalo y a una bifurcación de la pista. Hacia la izquierda un ramal se dirige hacia el castillo de Sibirana y la ermita de Santa Quiteria, de la que nos separan casi 3 km desde este punto. Si seguimos recto, tal y como nos indica una señal, en 1 km llegaremos al Pozo de Pigalo.

Llegada al Pozo de Pigalo (806 m)
Son las 10 horas cuando llegamos al aparcamiento del Pozo de Pigalo, una amplia explanada de tierra a 806 m de altura sobre el nivel del mar junto a un frondoso pinar que la delimita. Ahora mismo está totalmente vacía, así que mi coche es el único, aunque supongo que mas tarde algún otro irá llegando.

Son las 10:07 minutos cuando con todo lo necesario, y tras dejar el ticket bien visible en el salpicadero, iniciamos la caminata hacia el Corral de Calvo.
Echo la mirada hacia atrás y veo la pequeña rampa de tierra por la que he accedido con el coche a la explanada y la barrera que cierra el acceso directo a la zona del Pigalo, impidiendo el paso de los vehículos, que no tienen otro remedio que quedarse en el aparcamiento habilitado para tal fin.

Hacia el Corral de Calvo (5,66 km – 1 hora)
Ahora haremos el resto del recorrido a pie. Nos esperan un poco menos de 6 km que podremos cubrir fácilmente en una hora y que nos llevarán a alcanzar el Corral de Calvo. Y digo bien, «de Calvo» y no «del Calvo» como parece que se tiende a pensar, pero es que no se refiere a una característica física sino a un nombre, como si fuera un apellido, es como si dijéramos por ejemplo, «Corral de Vázquez» o cualquier otro.

Iniciamos la caminata todo recto dejando a la derecha lo que es propiamente la zona de recreo y el Pozo de Pigalo, que en realidad son varias pozas que forma el rio Arba de Luesia donde la gente acude a bañarse en verano y que gozan de bastante popularidad entre los lugareños, fama que ha trascendido a otros territorios pues son muchos los turistas que de lugares lejanos acuden a disfrutar de ellas. A la vuelta las visitaremos, pero ahora vamos directamente hacia uno de nuestros objetivos de hoy.

A medida que avanzamos, y a mano izquierda, podemos ver una zona de acampada y un pequeño bar, pero no hay movimiento de gente alguno y la valla perimetral que la rodea está cerrada así que da la impresión de que las instalaciones no están ahora en uso, ya que según dicen, suele ser habitual ver gente acampada aquí en verano.

A los pocos minutos de iniciar la marcha la pista cruza por un puente el río Arba de Luesia. A mano izquierda hay abundante cartelería.Uno de ellos,en el que hay dibujado un arco monumental sobre un fondo rosáceo, nos indica la dirección a seguir para ir al Corral de Calvo, pero el tiempo lo ha deteriorado bastante haciendo que se vea bastante mal.


Sobre el puente, aprovecho para hacer un par de fotos, una hacia cada lado del río. No baja muy bravo en estas fechas, pero lo suficiente para mantener un mínimo caudal y llenar las pozas. El silencio es total, no hay nadie por aquí de momento y sólo los sonidos de la naturaleza nos acompañan.



Continuamos por la amplia pista que va ascendiendo paulatinamente y junto a una curva nos encontramos con otro poste de señales y cartelería varia. Ninguna indica nuestro destino, pero hay un cartel, apartado del resto, que con fondo rosáceo – tal vez morado en origen y ahora descolorido- dice: «camino medieval».

No es casualidad que el que indica la dirección al Corral de Calvo y éste tengan el mismo malogrado color rosáceo, y es que se puede acceder hasta allí en parte del recorrido siguiendo un antiguo camino medieval que atraviesa el monte pero que nosotros por el momento vamos obviar, dejándolo quizás para otra ocasión. Continuamos por la pista.

Siguen apareciendo en los laterales de la pista postes de señales que llevan a otros destinos pero no al nuestro. Aparece un poste del GR 1, el conocido como sendero histórico de Aragón por el que ahora transitamos.


El hayedo
Tan sólo llevamos un cuarto de hora caminando desde que salimos del Pozo de Pigalo y la pista nos lleva a cruzar una bonita zona de hayedos. Estamos en la provincia de Zaragoza, pero bien podríamos estar caminando por cualquier sendero del Pirineo o por los hayedos de la zona del Moncayo. Es sorprendente encontrar por estos lares hayas, además de un bosque variado con abundantes pinos y quejigos, muy gratificante para el recreo de la vista y descanso de los sentidos. Se localizan sobre canchales calizos o en suelos más profundos de descomposición del conglomerado.



Niebla matutina en el horizonte lejano
Esta zona me está sorprendiendo. A decir verdad, no me la imaginaba así, tan verde y con tanto bosque. Había oído hablar de la Sierra de Santo Domingo, sí, pero nunca había estado por aquí y tenía la visita pendiente desde hace mucho tiempo. Casi siempre las salidas se las lleva el Pirineo, y a veces olvidamos que en Aragón también hay lugares singulares y muy bellos que merece la pena conocer. Y creo que este es uno de ellos.
Cuando la vegetación me deja ver el horizonte, descubro que las nubes aún no han abandonado totalmente la parte alta de los montes. Una neblina, -que no es otra cosa que unas cuantas nubes de tipo estratiforme cuya base está en el suelo- cubre los árboles dándoles un velo de misterio y creando a estas horas de la mañana una atmósfera como de ensueño.


Pasado el hayedo entramos en una zona de pinar. En el horizonte, al frente, parte de la Sierra de Santo Domingo se eleva altiva ante nuestros ojos. Con el zoom alcanzo a fotografiar alguno de sus peñascos. No son los imponentes Pirineos, pero aún así, me resultan majestuosos. El pico más alto de esta sierra se encuentra en la provincia de Zaragoza, y es precisamente el pico Santo Domingo con 1.525 m de altura. Podría ser el objetivo de alguna próxima salida.



Y en el horizonte medio, con el zoom de mi agradecida cámara canon compacta ,alcanzo a ver el tejadillo que cubre la zona del Corral de Calvo y que protege lo que hemos venido a ver,un interesante asentamiento prerrománico ubicado a los pies de la sierra de Santo Domingo y en la cabecera del río Arba de Luesia.



A las 10:25 horas nos encontramos con un ramal que hacia la izquierda sale de la pista. Curiosamente una cinta cierra el paso. Desconozco el motivo.Un cartel indica que por ahí se va a Lobera de Onsella (7 km), y otro poste junto a la pista principal indica que por allí se va también a Lobera (11 km) y todo recto hacia Biel y Longás. Seguimos hacia adelante sin abandonar la pista principal.

Al rato, a un lado del camino, volvemos a ver cartelería indicando el Corral de Calvo. El color negro es el que mejor se mantiene con el paso del tiempo, deberían plantearse utilizarlo para la información relevante, como los nombres o direcciones.

Desde luego la pista está en perfectas condiciones, y es ancha, el firme bueno, sin baches ni barranqueras, al menos en este tramo, pero mejor venir con un 4×4 si se tuviera permiso para circular por ella. Desde aquí se ve una porción más amplia de la Sierra de Santo Domingo, con el pico Santo Domingo (1.525 m) destacando en el horizonte (a la derecha de la foto que os pongo debajo).


A las 10:30 horas, aparecen más postes de dirección y la izquierda de la pista un sendero que coincide con la indicación «camino medieval», lo mismo que vimos antes. No tengo claro si este camino entra y sale de la pista, atajando por el monte a tramos, o es que se puede tomar desde ésta por varios puntos. Como no lo conozco, lo dejo para investigarlo en otra ocasión y continuamos por la pista.

Los bosques de pinos que se pueden observar a medida que caminamos por esta pista son abundantes y están muy bien conservados, lo que es especialmente gratificante y bonito. Abundan los pinos silvestres (Pinus sylvestris), pero también el pino negral (Pinus nigra), así como quejigos, boj, acebo, madroño y como hemos visto antes en algunas zonas, las hayas.


Al poco rato de dejar la indicación del sendero medieval, la pista, que ha mantenido el río Arba de Luesia a su derecha, tiene que atravesarlo de nuevo. Por un puentecillo lo cruzamos. Saco una foto de como se ve el río a cada lado.Aguas calmas pero claras,que permiten ver el fondo del cauce.


Bifurcación hacia el Corral de Calvo
A las 10:35 horas la pista se bifurca de nuevo. Giramos hacia la izquierda, siguiendo el maltrecho cartel de dirección al Corral de Calvo, Biel y Longás.



De nuevo volvemos a cruzar el río Arba de Luesia, por esta zona parece que lleva algo más de caudal.

Y al frente, los picachos de la Sierra de Santo Domingo se alzan imponentes entre la frondosidad de los árboles, como si fueran guardianes de piedra, perforan el manto verde de la vegetación mostrando su grandiosa y desnuda esencia.


Son las 10:52 horas y parece que nos acercamos de nuevo a una bifurcación, veo a lo lejos carteles de dirección.

De nuevo un giro hacia la izquierda, y de nuevo el cartel hacia el Corral de Calvo – sin indicar distancia ni tiempos – , Longás (12,7 km) y la Ermita de Santo Domingo (14,3 km). Abandonamos la dirección hacia Biel (12.8 km) que nos acompañó durante toda nuestra caminata, ya que indica todo recto, sin girar como hacemos nosotros ahora.


Continuamos hacia el Corral de Calvo por la pista que sigue trazando cómodas lazadas por la montaña, prácticamente sin desnivel.

Atajando por el monte
Por lo que hemos ido observando caminando desde la pista, el tejadillo que cubre el Corral de Calvo (conjunto arqueológico) tiene que estar a nuestra izquierda, monte arriba. La pista continúa ganando terreno poco a poco y alargando sin remedio el momento de nuestra llegada.
No hemos tomado el camino medieval, pero un senderillo, o al menos eso parece, sale a la izquierda de la pista y se interna en el pinar. Creo que si subimos por ahí, lograremos acortar un buen trecho y llegaremos mucho antes a nuestro objetivo, así que lo tomamos, aunque sin saber muy bien sin nos llevará allí, pero bueno, siempre se está a tiempo de desandar lo andado, eso sí, tomando referencias en todo momento de por donde vamos.


El sendero parece que alcanza lo que parece una zona despejada, como la cima de un montículo, cuando lleguemos allí, podremos ver si hemos acertado o no.

Llegada al Corral de Pistolas
Son las 11 horas cuando efectivamente salimos a una zona más abierta donde se encuentra una pequeña casa rural de factura moderna junto a un muro, ambas de piedra. Hemos llegado no al Corral de Calvo, sino a lo que llaman el Corral de Pistolas (curiosos nombres los que ponen a los corrales por aquí…¡sólo faltaría encontrar el OK Corral de las películas hollywoodienses!).


Pasamos las instalaciones modernas y continuamos camino hacia el conjunto prerrománico, o eso pensamos, porque no hay indicación alguna por aquí, simplemente seguimos por un ancho camino, que se supone es el que sirve para acceder a esta casa, y ya veremos donde nos deja. Me llaman la atención dos grandes piedras colocadas en posición vertical que lo flanquean.


A mi derecha y abajo veo ahora la pista por la que de no haber cogido el atajo hubiéramos caminado. También una balsa de agua junto a la que se reúnen unas cuantas vacas. La zona está vallada, lo que me hace pensar que tanto el ganado como la balsa pertenecen al Corral de Pistolas.


Desde aquí, y cuando los árboles me lo permiten, por mi derecha tengo una amplia visión de La Sierra de Santo Domingo, así que con el zoom me dedico a hacerle unas cuantas fotos. Por si tenéis curiosidad os comento brevemente el origen geológico de esta sierra.
La Sierra de Santo Domingo se formó como un gran anticlinal en el Prepirineo aragonés.Esto significa que sus capas de rocas se plegaron en forma de arco debido a potentes fuerzas tectónicas que se dieron durante la era Cenozoica, en el período Neógeno y durante el Mioceno.
El anticlinal de las Sierras de Santo Domingo y Salinas se extiende durante más de 20 km desde el río Gállego hacia el este. Los materiales que la componen de forma predominante son las rocas sedimentarias, calizas, areniscas y conglomerados. Son característicos de esta sierra los plegamientos de estratos calizos dispuestos verticalmente, que localmente reciben el nombre de «Rallas» ó «Tablaus», como la Ralla Alta (1.336 m), que se ubica al oeste del Pico Santo Domingo, el techo de la sierra, con 1.524 m, o Los Tablaus, al este con 1.050 m.



Durante la orogenia alpina, que se inició hace 66 millones de años, justo después de la desaparición de los dinosaurios, y hasta hace 5.5 millones de años, la placa africana y la euroasiática colisionaron, provocando el plegamiento progresivo y la elevación de los sedimentos que se habían depositado en el fondo del antiguo mar de Tetis, situado entre ambas, dando lugar a cordilleras como los Alpes, los Pirineos, y también a la Sierra de Santo Domingo.


Continuamos hacia el Corral de Calvo (conjunto arqueológico)
Como a unos 400 m tras abandonar la zona del Corral de Pistolas, vemos que la pista aparece de nuevo a nuestra derecha y que a un lado de la misma vuelven a verse postes de dirección. A ver que nos dicen.


Ya a su altura, observamos que vamos bien. Indican Corral de Calvo a secas y Pigalo a 3.2 km de aquí, se supone que por algún sendero, pues por pista se recorren aproximadamente 5.7 km.

Llegada al Corral de Calvo (conjunto arqueológico)
Tan sólo 5 minutos después de ver los carteles, y siguiendo el camino, vemos aparecer sobre una lometa cercana, el tejadillo que protege el conjunto arqueológico. Nos dirigimos hacia allí.


El camino pasa primero entre dos pilones de piedra que quizás no hace mucho sirvieran para aguantar algún tipo de valla que cerraba el acceso. Y es que esto no deja de ser un corral, el de Calvo, y al igual que el de Pistolas, yo creo que también guarda en su interior ganado.

Después cruzamos una valla metálica, que me sigue confirmando la idea de que quizás esta zona también sirve para guardar el ganado actualmente.

Ahora ya sólo queda subir por una lometa herbosa hasta la zona que queremos visitar.

Visita al conjunto arqueológico del Corral de Calvo (945 m) (S.XI)
Pues bien, una vez aquí vamos a visitar el asentamiento. Aunque no quede mucho del edificio original, su valor arqueológico es importante. Este enclave se descubrió en el año 1975 del siglo pasado y no se comenzó a excavar hasta el año 1983.
Nos encontramos sobre lo que en el año 1030 o 1035 era un asentamiento de frontera, fundado por Sancho III el Mayor de Navarra a los pies de la sierra de Santo Domingo, en la cabecera del río Arba de Luesia y a 945 metros de altitud.

El conjunto se encuentra vallado para protegerlo de los animales y techado con una estructura metálica y de uralita (fibrocemento) que lo protege de las inclemencias del tiempo, principalmente de la lluvia, que es la que podría causar problemas de filtraciones así como daños estructurales y deterioro progresivo.

Dicho conjunto está catalogado como un monasterio prerrománico (el aparejo está formado por piedra sillar y sillarejo).Es un templo de cabecera plana orientada hacia el este (levante), siguiendo las normas canónicas, pues el este simboliza la luz y la resurrección de Cristo.

En el interior de la cabecera se encuentra una dependencia cuadrada, el «recinto sagrado» de escasos 4 metros de lado y que está separado, pero también unido, (siguiendo el modelo hispano-visigodo) a la nave donde se congregaban los fieles que era de tipo rectangular.En esta pared este se puede ver un bello vano ligeramente apuntado,de derrama interior y aspillerado al exterior.

La nave comunica con la cabecera mediante un muro con un arco de medio punto. Este muro servía para colocar trabes que, a su vez, permitían colgar las cortinas litúrgicas en determinados momentos de la celebración.






En el entorno del monasterio afloran también cimentaciones de dependencias monacales y al este se encuentra la necrópolis, donde se han encontrado enterramientos de peregrinos con la concha de Santiago junto a sus restos.



Dedicamos un buen rato a observar todo el conjunto antes de seguir nuestro camino. El silencio es absoluto, sólo roto de vez en cuando por el viento. Soy consciente de que ahora mismo somos la única «presencia viva» entre estas piedras cargadas de siglos de historia. Es como si realizara un viaje en el tiempo, pero a la vez me invade una curiosa sensación que no deja de ser algo inquietante ; la de estar en un lugar y un espacio que no me pertenece. Nos vamos.

Comenzamos el regreso pero echo un último vistazo al horizonte antes de marchar. Por un lado observo los abundantes bosques de las montañas de alrededor, y por otro, la Sierra de Santo Domingo, una bonita vista que tal vez fue uno de los motivos que llevó a los hombres del siglo XI a construir a sus pies este asentamiento.



La vuelta a Pigalo: primer intento frustrado
Son las 11:30 cuando iniciamos la vuelta. En vez de regresar por el mismo camino de la ida, me acuerdo del poste de dirección que ví anteriormente que indicaba «Pigalo 3.2 km».Decidimos tomarlo y quizás así podamos ahorrar algo de tiempo y acortar la ruta, ya que por pista son 5.66 km. No he estado por aquí nunca, pero me fio de las indicaciones, así que emprendemos la marcha.
Esta variante se ve claramente que no se utiliza hace tiempo. Más parece un sendero ancho que una pista como tal. Rodeados de pinos y de zarzamoras vamos avanzando. La impresión que me da es que estamos rodeando por el norte el monte que antes vimos desde la pista en el camino de ida. No sé donde lleva, pero confío que al final nos deje en Pigalo, tal y como prometía el poste de dirección.

Llevamos caminando veinte minutos y todo atisbo de senda o pista desaparece. Acabamos en una loma herbosa donde únicamente veo un muro de piedra de lo que pudo ser una construcción medio oculta por la vegetación, pero nada más. No me gusta. No sé dónde estoy y me planteo volver sobre mis pasos o tratar de seguir avanzando a ver si al final este camino lleva a algún sitio. Decido echar un vistazo por los alrededores y vuelvo a localizar una pista semi-oculta que sale de la planicie. La sigo.

Ahora estamos descendiendo. Tiene su lógica, pues Pigalo está a 806 m de altitud y el Corral de Calvo a 945 m, luego hay que bajar. Continuamos un poco más a ver.

Son las 11:55 horas y de nuevo el camino desaparece. Ya no sé dónde estoy. Y me da respeto. No sea que nos perdamos o nos metamos en algún sitio del que luego sea complicado salir. El río Arba de Luesia tiene que estar por ahí abajo, y no sé si podremos cruzarlo. Me fastidia, pero opto por retroceder por donde hemos venido, más vale ser precavidos que aventurarnos por parajes que no conocemos.

Volvemos de nuevo hasta el poste de señales un poco más abajo del Corral de Calvo desde donde hemos salido por esta ruta alternativa. Son las 12: 15 horas.Hemos hecho 4.6 km en total entre ir y volver e invertido casi una hora. Si hubiéramos cogido la pista de la ida, estaríamos ya cerca de Pigalo. Por probar y aventurarnos por esta supuesta alternativa,nos encontramos aún en el Corral de Calvo. Pero ahora ya no hay remedio.

Mi consejo: si venís por aquí, y salvo que estéis muy seguros de caminos alternativos, la vuelta, por el mismo recorrido que la ida.

Regreso a Pigalo por el camino de la ida (pista)
Son las 12:20 horas. Tenemos intención de volver por la pista pero nos damos cuenta de que quizás no hace falta regresar exactamente por el Corral de Pistolas ni por el atajo. Otro ramal parece que desciende desde el Corral de Calvo y sospecho desembocará en la pista por la que caminamos hace unas horas. Lo tomamos y efectivamente, en esta ocasión hemos acertado, tras unos 600 metros, salimos a la pista. (en naranja en la foto de debajo).

Al final, con todas las variantes que hemos recorrido, acertadas o no,hemos incrementado en aproximadamente 5 km, los 12 km que cuesta ir y volver por la pista, con lo que serían 17 km totales, pero a la hora de relatar esta entrada del blog no lo voy a contabilizar como recorrido efectivo, puesto que en el caso de repetirla, ya no los incluiría.

Ahora ya es una repetición en sentido inverso de la ruta inicial. A las 13:10 horas estamos pasando otra vez por el hayedo. El cielo está cubierto, pero no llueve, con lo cual de momento estamos teniendo suerte.

El camino medieval
Son las 13:17 horas cuando llegamos a la altura de uno de los postes de dirección a un lado de la pista que indican «camino medieval». El sendero va claramente de bajada. Decidimos esta vez tomarlo a ver si realmente se acorta trayecto.

Es el típico camino de montaña que desciende de forma mucho más pronunciada que la pista, el firme es relativamente bueno, vamos bajando entre bojes y pinos.

Tras sólo diez minutos bajando salimos a la pista principal a la altura de uno de los postes de dirección que vimos al poco de iniciar la caminata de ida. Algo de pista nos habremos ahorrado, pero sinceramente no creo que mucho.

Llegada al Pozo de Pigalo (805 m)
Pues bien, son las 13:30 horas y llegamos a la zona del Pozo de Pigalo. Haremos una visita rápida puesto que la hora que perdimos en el «regreso frustrado» ahora nos penaliza y queremos ir a visitar el castillo de Sibirana y la ermita de Santa Quiteria. No hay de momento nadie por aquí. Es agosto, pero no es fin de semana. Quizás un martes como hoy no sea el día de mayor afluencia, además no hace sol, y eso tal vez también puede desanimar a la gente.

Aquí el río presenta mayor caudal, y se diría que el agua está aparentemente remansada si no fuera porque alguna pequeña cascada entre las rocas da prueba de lo contrario. Se ve el fondo, y en general presenta un tono verdoso.El río Arba de Luesia ha excavado los materiales más blandos (margas y arcillas) dejando al descubierto los estratos más duros de rocas areniscas, formando pozas de gran belleza como esta del Pozo de Pigalo.


De momento lo que estamos viendo podría ser un río más de montaña hasta que llegamos a la zona propiamente del Pozo de Pigalo donde ahora sí, una enorme poza natural de aguas cristalinas aparece entre grandes rocas. Reconozco que el paraje es muy bonito, el agua color verde esmeralda y toda la vegetación que lo rodea forman un enclave precioso, y entiendo también que la gente venga aquí a bañarse, aunque no sé si yo me lanzaría a este pozo.

Son las 13:40 horas. Hemos estado aquí diez minutos. Lo justo para ir viendo el paraje a medida que seguíamos el curso del río Arba de Luesia. Ahora vamos a coger el coche y nos vamos a visitar el castillo de Sibirana.

En coche hacia el castillo de Sibirana y la ermita de Santa Quiteria
Ahora vamos a visitar el castillo de Sibirana y la ermita que está junto a él, la de Santa Quiteria. Iremos en coche hasta las proximidades y luego andando subiremos hasta donde se localizan ambos. Para ello tenemos que desviarnos a la derecha, por una pista que parte un poco después de salir de la zona del Pozo de Pigalo, siguiendo las indicaciones. Son las 13:55 horas.

Nos esperan 2.9 km de distancia que recorreremos en escasos minutos, eso sí, despacio, porque el firme está en peor estado que la pista del Corral de Calvo que hicimos andando, y con un coche de suelo bajo como el mío, no aconsejo correr riesgos innecesarios. Con un 4×4 se puede circular sin preocupaciones.


El castillo de Sibirana (873 m)
Son las 14 horas cuando ya desde la pista vemos las magníficas torres del castillo de Sibirana. No hay nadie, y puedo parar tranquilamente a un lado para hacer un par de fotos. Me parecen impresionantes estas dos torres defensivas en lo alto de una gran roca.


A medida que nos vamos acercando la perspectiva cambia, ya no se ven tan juntas, ahora las torres se individualizan y se aprecia claramente el espacio que las separa y la longitud de la gran roca sobre la que se asientan.

A las 14:18 minutos ya he aparcado a un lado de la pista a los pies del castillo. Veo que desde aquí, y hacia la derecha,parte otro tramo de pista que seguramente nos permitiría llegar con el coche hasta las inmediaciones del propio castillo, pero como desconozco las condiciones en las que está, prefiero subir andando.

A medida que subimos me doy cuenta que sí que se hubiera podido llegar con el coche hasta arriba, pero tampoco hay gran distancia con lo que no merece la pena.

Tras unos 300 metros de pista, llegamos a las proximidades del castillo. Es sencillamente impresionante.Si por el otro lado te cautiva su visión, por este también es sorprendente. La mole rocosa que desde aquí se ve, ha servido de base para levantar ambas torres.

El castillo de Sibirana está en un despoblado a 12 km de Luesia por la pista forestal. Las torres sobre la espectacular roca de paredes casi verticales ocupan casi la totalidad de la cumbre que tiene forma ovalada, con unos 25 metros de longitud por 4 de anchura. Se trata de un castillo con dos torres de parecidas características y similar tamaño, asentado directamente en la roca. Es un castillo de finales del siglo XI.
Las dos torres son rectangulares, una en cada extremo del peñasco y unidas entre sí por dos muros paralelos levantados sobre los bordes de la roca, se construyeron en la misma época pero no son iguales. La orientada hacia el oeste es rectangular de unos 6 por 4 metros y está situada en un nivel más elevado. La puerta de ingreso está orientada hacia la otra torre y sobre ésta se abre una ventana con arco de medio punto y varias saeteras. La otra torre es algo más robusta y de planta trapezoidal. Su puerta se sitúa también el alto y mirando hacia la otra torre.
Una vez ya en la base de la enorme roca que sustenta las torres, mi amiga Mónica descubre un senderillo que internándose en la vegetación que rodea el conjunto, igual nos permite descubrir algo más. Nos adentramos por él.

Tras avanzar unos metros, el camino se despeja y vamos andando pegados a la gran roca podemos tocar con las manos.

Al final, el senderillo acaba en la punta de una de las rocas que sustenta la torre este. Desde allí hay unas magníficas vistas del horizonte cercano y de la pista por la que hemos venido con el coche.

También con el zoom puedo sacar desde este saliente de la roca la ermita de Santa Quiteria que iremos a ver en cuanto volvamos del castillo. Delante de la misma, un poco más abajo, hay una explanada en la que se levanta una construcción moderna, que aunque esta hecha en piedra, creo que rompe el equilibrio del conjunto y está un poco fuera de lugar. No sé qué función tiene pero está cerrada. Al ser el terreno privado, creo que sirve para dar cobijo a los cazadores.


Volvemos sobre nuestros pasos y mientras avanzo hago varias fotos de la torre oeste desde mi posición. Se levanta como un coloso ante mis ojos, clavada sobre la imponente roca calcárea. Se aprecia perfectamente como se ha aprovechado la parte rocosa para sustentarla.

Las torres no se encuentran mal estado, -y eso que tanto las torres como la ermita que iremos a ver luego son de propiedad privada-,seguramente debido a que el acceso a las mismas es imposible ya que antiguamente se hacía mediante una escala de madera que ha desaparecido y de la que sólo quedan las marcas en la gran roca donde se apoyaba. Os lo pongo debajo en la foto que hago en la base de la torre oeste.

La construcción que vemos se inicia en el siglo XI, en románico aragonés aunque ya se tienen noticias de que Sancho Garcés I -rey de Navarra- en el año 921 poseyó este asentamiento en la época en que gobernaba el condado de Aragón como tutor de su hijo García Sánchez I.

Una vez ya abajo, vamos a ver la ermita de Santa Quiteria. Son las 14: 18 minutos de esta intensa pero gratificante mañana. Continuamos.
La ermita de Santa Quiteria (Románico del S.XII)
El conjunto de la ermita y el castillo pertenecen al término municipal de Uncastillo, otra de las Cinco Villas zaragozanas, y no a Luesia, del que lo separan 9.5 km. Próxima al castillo, fue el corazón del poblado medieval que aquí había y centro de vida comunitaria. Como a unos cincuenta metros de éste y a diez metros de una construcción moderna, -que parece ser un lugar de reunión de cazadores- se encuentra la ermita de Santa Quiteria, dedicada a esta Santa que es protectora contra la rabia.

Para visitarla hay que tomar una pequeña senda que sale justo al lado de esta edificación contemporánea y asciende por la ladera entre la vegetación. Tras subir unos escasos metros llegamos la ermita. Es románica, de nave única, con ábside semicircular orientado al este. La portada, que se encuentra en el lado sur, tiene un arco de medio punto moldurado, con dos columnas a cada lado coronadas por capiteles con una sencilla decoración.En el tímpano se observa un crismón de carácter trinitario.


En un sillar de la portada, a la derecha de la parte superior de la columna que sustenta el capitel del lado este, puede verse una inscripción epigráfica que comienza con una referencia al «ANNO MCX» (año 1110) que parece ser el de construcción y que sigue con algo así como: «En el año…don Pedro Sonepa…San Martín y San Irineo, obispo…tres nonas de Diciembre». Podría tratarse de una copia del acta fundacional, que por la data habría sido entre 1112 y 1146.


En el interior, desaparecidas sus cubiertas abovedadas originales, el elemento más destacable que se conserva es una imposta decorada con ajedrezado jaqués que recorre los muros del ábside y el presbiterio a la altura del arranque de la antigua cubierta.




Es una lástima pero la ermita está en un estado lamentable, ruinoso, con grietas, derrumbes, sin techumbre y parece ser que ha sufrido también varios expolios, como el robo de la pila bautismal.
Tanto la ermita como el castillo de Sibirana son de propiedad privada, y parece ser que sus propietarios no pueden acometer su mantenimiento, lo cual, sumado al vandalismo y al paso del tiempo ha derivado en ese estado lamentable. ¿Deberían las autoridades hacer algo? Ahí dejo la pregunta.
Son las 14:51 horas cuando abandonamos el conjunto de la ermita y el castillo y nos dirigimos ya hacia el coche para volver a Luesia y si podemos, visitar la localidad antes del regreso definitivo.


Una vez en Luesia, caminamos por sus calles y descubrimos que tiene una iglesia interesante y…¡cómo no! también un castillo, pero esto ya es otra historia…

Espero que os haya gustado la entrada de hoy, reconozco que algo extensa pero creo que merecía la pena contaros la experiencia por estos encantadores parajes de la Sierra de Santo Domingo. Hemos estado por aquí unas siete horas y ahora contaremos con una más para volver a Zaragoza.No os pongo mapa de la ruta como suelo hacer porque los he ido incluyendo ya en los apartados correspondientes. Os deseo mucha salud, suerte y que nos veamos de nuevo en momentum.photo blog. ¡Hasta la próxima!
