Hola de nuevo amigos y seguidores de mi blog. Estamos a 16 de marzo de 2024, acabando el período invernal, la primavera comenzará el 20 de marzo, aunque el tiempo que nos ha hecho hoy, casi parece de mayo.
Nos vamos a hacer mi amigo Ángel y yo una bonita ruta en la que visitaremos tres ermitas y recorreremos unos fantásticos parajes de la comarca de la Hoya de Huesca, y de las Sierras exteriores del Pirineo, como la Sierra de Loarre y la Sierra Caballera.

Salimos de Zaragoza, mi ciudad, a las 6 de la mañana aunque previamente nos tomamos un café en una conocida gasolinera a las afueras de la capital, ya en la autovía A-23 que nos llevará a Huesca, con lo que la salida efectiva la haremos un poco más tarde. Tras 100 km y una hora aproximadamente de trayecto llegaremos a las proximidades de la localidad de Bolea, inicio de la excursión.
Nos espera un recorrido por las laderas más meridionales de la sierra Caballera, prolongación de la sierra de Gratal, caminando por tramos de dos senderos de pequeño recorrido (PR) de la provincia de Huesca, el PR-HU 111 y el PR-HU 109, y también por otro de gran recorrido (GR), el GR-1 o Camino Natural de La Hoya de Huesca.
Cómo llegar a Bolea (Huesca)
Por la autovía A-23 llegamos a la altura de Huesca. Tras unos 74 km, dejamos la ciudad a mano derecha, y tomamos la salida 360 de la autovía para seguir por la A-132 dirección Pamplona y Ayerbe. Tras 19 km la abandonamos para coger la A-1206 y luego la HU-314 hasta la población de Bolea (645 m).










A la entrada de Bolea, hay que tomar la calle que rodea el pueblo y que va bordeándolo por la izquierda, al noroeste del casco urbano. Nada más comenzar tenéis unos paneles informativos a mano derecha. Nosotros hacemos un pequeño alto para consultarlos. A la izquierda, en el horizonte, se ve el impresionante Castillo de Loarre al que le hago alguna foto con el zoom.






Seguimos avanzando, y al final de la calle, donde ya no hay edificios, encontraremos unas señales de dirección. Se puede leer: Aniés, 5 km, entre otros. Las piscinas municipales habrán quedado a nuestra derecha.


En este punto, nos encontramos con un lugareño que va en su vehículo por el mismo camino que nosotros. Le preguntamos por la dirección hacia la ermita de Santa Quiteria, y nos dice que va también hacia allí, y que si queremos, le sigamos. Así que hacemos lo propio y vamos tras él. La calle se convierte ya en una pista de tierra en óptimas condiciones para cualquier tipo de vehículo.
De Bolea a la ermita de Santa Quiteria en coche (1,2 km)
Siguiendo el coche blanco que veis en las fotos, vamos avanzando, pero eso sí, voy tomando nota de las señales de dirección que nos vamos encontrando. Dejamos a la derecha otro poste en el que se puede leer; ermita de Santa Quiteria 1,2 km.


En realidad todo este trayecto se podría hacer caminando desde el pueblo de Bolea, pero como se puede dejar el coche directamente en la ermita de Santa Quiteria, nos ahorramos ese trayecto, más que por distancia, que es poca, por reducir el tiempo de la excursión.
Otros carteles de dirección similares nos vamos encontrando a ambos lados, incluidos postes del GR-1, sendero de gran recorrido del Camino Natural de la Hoya, con los característicos colores blanco y rojo.


Al rato, justo al pasar por un pequeño tramo de la pista que está pavimentado con hormigón, deberemos girar a la derecha siguiendo las indicaciones de otro poste que dice: ermita de San Cristóbal, por el PR-HU 111.

Si siguiéramos recto, iríamos al pueblo de Aniés. Este camino, lo haremos a la vuelta a pie en sentido inverso, llegando justo al punto donde nos encontramos ahora, y desde aquí, iremos hasta la ermita de Santa Quiteria donde habíamos dejado el coche.

Mientras vamos por aquí con el coche, en el horizonte vemos un curioso mallo (en aragonés; una formación geológica vertical que está o aparenta estar exenta) que destaca en la ladera de la montaña. Aparentemente, nos dirigimos hacia él.

Tras los 1,2 km de distancia desde la salida del pueblo, llegamos a la ermita de Santa Quiteria, que está rodeada de pinos y olivos, en la margen izquierda del río Sotón. Aparcamos el coche en sus proximidades y comenzamos la andada.

La ermita es una construcción alargada de piedra del siglo XVII, sin elementos arquitectónicos destacables, y se encuentra ahora cerrada. En dicho edificio están integradas la propia ermita, los comedores y las cocinas. A la vuelta le echaremos un vistazo más detenidamente. Ahora nos interesa comenzar la excursión sin más dilación. Son las 9: 10 horas de la mañana.

De la ermita de Santa Quiteria a la de San Cristóbal (4 km)
Comenzamos a caminar por la pista que va en dirección norte y arranca a la derecha de la ermita. Enseguida nos encontramos con la primera bifurcación. Basta con estar atentos pues está bien indicada. Un cartel nos marca la dirección a la ermita rupestre de San Cristóbal por el PR-HU 111, a una hora y veinte minutos.


Cuando no hay postes de dirección en este trayecto, hay mojones de piedra que los sustituyen situados en lugares estratégicos, basta con prestar atención. No tiene pérdida. Tras caminar unos 300 m llegamos a otro cruce de caminos bien indicado con un montón de piedras, seguimos entonces recto dejando el mojón a nuestra derecha. Estaremos a 720 m de altura y llevaremos unos quince minutos de caminata.

El horizonte sigue dominándolo el curioso mallo aislado. Mi amigo Ángel me dice: » oye Luis, ¿no te recuerda eso a las cabezas de la isla de Pascua?». Yo estaba pensando exactamente lo mismo. La verdad es que en la distancia y con algo de imaginación, tiene un cierto aire a Moai. ¿No os lo recuerda a vosotros?.


Seguimos caminando por una pista que ya se va transformando en sendero, ascendiendo paulatinamente. Estamos rodeados de bojes, romeros y tomillo y acompañados por las señales de dirección cada cierto tiempo, dejándonos bien clara la ruta a seguir. El día ha amanecido estupendo, no hace viento y la temperatura es muy agradable.

Ahora vemos más mallos aislados. Con el zoom los acerco y les hago una foto. Son los antiguos sedimentos que aquí se depositaron en el Mioceno (cuarta época geológica de la era Cenozoica que comenzó hace 23 millones de años y terminó hace 5 millones de años.).

Estos estratos horizontales que se ven, no son otra cosa que conglomerados. Marcan el límite entre el Pirineo plegado (sierras exteriores) y el valle del Ebro. La red fluvial trabajaba depositando estos paquetes de conglomerados, formados por grava arrastrada por los ríos y cementada con cal y arena. Ahora son el hogar de los buitres que por aquí habitan y que los usan como perfectas atalayas.


Al lado del camino, vemos una gran lombriz. Le hago una foto junto al bastón para que os hagáis una idea de su tamaño. Son muy necesarias para que la tierra mejore sus propiedades hídricas y al alimentarse de la materia orgánica la degradan y ayudan a su descomposición por parte de los microorganismos, lo que hace que los nutrientes sean más asimilables para las plantas.



La senda nos irá llevando hacia un barranco que ha formado el río Sotón durante miles de años. Tal y como os indico bajo estas líneas, tenemos que ir avanzando hacia el horizonte siempre con el río a la izquierda y unos metros por debajo de nuestra posición.

Ahora pasamos mucho más cerca de algunos mallos, y si te fijas con atención, podrás descubrir a los buitres en ellos.

Con el zoom, en una cornisa, se adivina una silueta. Es un buitre joven, seguramente una cría esperando ser alimentada por sus padres. En otro mallo, se ve un ejemplar adulto oteando el horizonte.



Ya hemos avanzado un buen trecho dejando a nuestra izquierda el barranco del río Sotón. La caminata está resultando muy agradable. Vamos progresando en altura pero apenas te das cuenta, pues el ascenso es gradual y muy suave. Echando la vista atrás se ve lo que llevamos recorrido y la Hoya de Huesca, con el pueblo de Bolea a la izquierda. Son las diez de la mañana.

A nuestra izquierda, y vertiendo en el barranco del río Sotón, vemos alguna pequeña cascada. Pueden apreciarse claramente los estratos horizontales del conglomerado que el río, al erosionarlos, dejó al descubierto.

Seguimos avanzando y ya no existen postes de dirección, pero sí la trazada de la senda – más o menos aparente- y sobre todo, los mojones de piedra que nos van guiando hacia nuestro destino.



Cada vez nos vamos internando más y más en el barranco. A veces la vegetación es densa, y cuesta vislumbrar la senda. El sendero se abre paso entre el matorral, donde abundan las coscojas. Tampoco faltan aliagas, bojes y plantas aromáticas típicas que recuerdan a los paisajes del entorno de la Sierra de Guara.

A nuestra izquierda, bajando por la ladera del monte, pequeños saltos de agua que van sorteando los estratos horizontales que se dejan ver sobre el terreno y que han formado una barranquera.


Seguimos caminando y a estas alturas de la marcha ya hemos sorteado tres pequeños arroyos que cruzaban la senda y que bajaban por nuestra derecha y que con los que apenas hemos mojado las suelas de nuestras botas. Ahora la vegetación es densa y espesa, pero el camino se ve bien.

Poco a poco el barranco se estrecha, el desnivel entre el río y el sendero se va acortando y va formando la típica gorga (desfiladero), son las 10:22 horas. Habremos caminado un par de kilómetros cuando de pronto aparecen a nuestra izquierda unos impresionantes paredones de estratos horizontales y tonos cobrizos.


En un momento determinado, la senda nos permite ver en toda su amplitud la pared que tenemos a nuestra izquierda. Si nos fijamos bien, a media altura, se halla incrustada la ermita rupestre de San Cristóbal, que se mimetiza perfectamente con el entorno.

Pero no sólo se ve eso. Existen también pequeñas cavidades que en algunos casos fueron tapiadas para utilizarse como celdas de ermitaños y que son ahora inaccesibles. En la foto de debajo, que saco con el zoom, se aprecia parte de la ermita y las escaleras de subida, apenas veinte peldaños, pero que están suspendidos sobre el vacío del barranco y sin ninguna barandilla de protección.

Tendremos que acceder a la ermita por ahí (tal vez estos escalones de piedra no sean aptos para personas con vértigo o miedo a las alturas, pero si no es tu caso, simplemente hay que subir con cuidado ya que salvo por lo dicho, no presentan dificultad alguna.





A medida que vamos avanzando por la senda, la perspectiva sobre la gran pared de conglomerado cambia, y en un momento determinado nos permite ver la ermita de San Cristóbal en toda su longitud, perfectamente alojada en la roca. La forman dos construcciones que descansan sobre una amplia repisa y que se apropian de la cavidad formada en la roca. Os lo marco con sendos círculos en la foto bajo estas líneas.


Inicio de la subida a la ermita de San Cristóbal
El camino va aproximándose al cauce del río Sotón (en estos momentos más bien un riachuelo con apenas caudal) hasta que llega a su altura. Frente a nosotros, una pared que forma un pequeño circo que hace de cierre del barranco y por el que ya no se puede seguir. Estamos a 885 m de altura.
Para tomar la senda que nos llevará hasta la ermita cruzamos el barranco. Una vez hecho, nos internamos por un camino que sube con decisión hacia la ermita, muy tupido y lleno de arbustos que a veces hay que ir retirando a medida que se avanza.







Después de ascender durante apenas cinco minutos, el camino nos lleva a un punto en el que llegamos a tocar la pared de roca. En ella encontramos las marcas blancas y amarillas del PR-HU 111 por primera vez desde bastante rato, pues hasta aquí hemos llegado a base de observar los hitos de piedras estratégicamente colocados y de seguir el sendero.


Llegada al eremitorio de San Cristóbal (915 m)
Cuenta la leyenda Dorada que orgulloso de su fuerza, se puso al servicio de Dios el rey más poderoso de la tierra. No era ducho en la oración, así que el Señor le pidió que ayudara a vadear a las gentes un poderoso río. Tras cargar con un niño quedó exhausto exclamando: «es como si hubiera llevado sobre mis hombros al mundo entero», a lo que el pequeño replicó: «has portado al mundo y a su creador, yo soy Cristo, y como prueba, clava tu cayado en la tierra y mañana aparecerá verde y repleto de frutos» y así se hizo.

Así que se llamó Cristófono, que en griego significa el que lleva a Cristo, y de ahí el nombre de San Cristófono, -San Cristóbal-, por eso se le representa portando a un niño sobre sus hombros.
Son casi las once de la mañana cuando llegamos a la zona de las escaleras que dan acceso a la ermita. Están un tanto expuestas, pero si no tienes vértigo, como os he dicho antes, no supone ningún problema subirlas, eso sí, con cuidado. Pienso que no costaría nada colocar una barandilla que sirva de apoyo o una sirga sujeta a la pared para facilitar el acceso.


El origen de esta ermita data de finales del siglo XIII y principios del XIV, con una importante reforma en el siglo XVIII. Se sitúa en una cavidad de la pared de roca cerrada por un largo muro de mampostería. dividida en varios tramos, en el central de los cuales se sitúa la ermita, con celdas a derecha e izquierda.

A la derecha, nada más subir, parte del muro forma con la roca una pequeña estancia-por llamarla de alguna forma- y allí han colocado un belén y un pequeño letrero recordando que se está en un lugar sagrado y que se respete el entorno. Por desgracia no todo el mundo se comporta como debería, y la figura de San José ha sido decapitada.

A la izquierda, una puerta entreabierta, da acceso la la ermita en sí misma. No se escucha ningún sonido salvo el de la propia naturaleza que nos rodea. La sensación es de un lugar apartado del mundo. Se entiende que fuera escogido por los ermitaños.

Una vez en el interior, la sensación es de recogimiento y respeto. El techo es la roca de conglomerado. Hay marcas de hollín de antiguas hogueras en él. El suelo es como de arenilla, y las paredes están estucadas con una capa de lo que parece yeso. Tal vez lo hicieron en la reforma del siglo XVIII.

El estado de conservación es pésimo. Por desgracia debido al aislamiento la ermita está en un proceso de deterioro muy acelerado, sólo quedan ruinas. Sería necesaria una pronta actuación para consolidarlas y salvarla de su total desaparición.
Entre las pinturas murales que se pueden observar destaca la figura de un ángel delineado con gruesas líneas negras sobre fondo verdeazulado, portando un libro en la mano derecha y elevando la otra en señal de paz. Pudo formar parte de una Anunciación desaparecida más tarde, esta figura fue resaltada enmarcándola con posterioridad entre dos columnitas de escayola.

Los muros de la ermita están además casi totalmente recubiertos de firmas y grafitos, datados en su mayoría en los siglos XVIII y XIX, aunque hay alguno anterior.

Hay también detalles pictóricos en el interior de la ermita: una cruz, motivos geométricos frente al primitivo altar y estrellas y motivos lineales en el arco de la antigua puerta. Las pinturas se extienden asimismo a la sacristía, profusamente decorada: arco pintado rematado por cúpula con cruz, motivos vegetales y figuras geométricas.

Del eremitorio poco queda, excepto un altar ruinoso con piedras agolpadas a su alrededor y una pintura mural.



Tras el malogrado altar, una puerta en forma de arco da paso a las antiguas celdas de los anacoretas. Las paredes de escayola presentan dibujos, y en el centro de una de ellas han abierto una ventana.


Al fondo de la celda, otra puerta más estrecha y baja, invita a atravesarla y a salir a contemplar el exterior.

Tras atravesar la puerta (es tan baja que hay que pasar totalmente agachado, en cuclillas) se accede a la parte exterior de la ermita rupestre. El panorama que se contempla es el del barranco del río Sotón y todo el entorno que lo rodea.




De San Cristóbal a la ermita de La Virgen de la Peña (2,8 km)
Una vez hemos visitado la ermita volvemos sobre nuestros pasos y bajamos de nuevo las escaleras hasta el sendero. Descendemos un poco, pasada la marca del PR-HU 111 y prestando mucha atención tomamos un camino que sale hacia arriba por la izquierda tal y como os muestro en la foto de debajo.

El sendero a duras penas se ve, hay mucha vegetación. Parece que hay una piedra al inicio (círculo amarillo) marcando el punto de partida. Si levantamos la vista la pared de roca que sale en forma de morrón está casi sobre nuestras cabezas.

Estamos envueltos por la vegetación, quejigos, bojes y todo tipo de arbustos. A veces hay que ir retirándolos con las manos pues nos bloquean el camino.

Abajo, en el barranco, se oyen voces. Cada vez más cercanas. Son tres vecinos de Bolea. Hasta ahora no habíamos visto a nadie. Una madre con su hija y un enorme y precioso perro blanco suben por la senda hacia San Cristóbal. Al encontrarlos les preguntamos si vamos bien hacia la ermita de La Virgen de la Peña, y nos dicen que sí. De paso hacemos unas carantoñas al perro, un Mastín del Pirineo.

Ahora estamos subiendo hacia lo alto del circo que veíamos antes desde el barranco. Unas marcas blancas, alargadas y paralelas, aparecen sobre una piedra. Son los primeros indicios que vemos que nos indican que vamos por un camino señalizado.

La pendiente es considerable en este tramo, y el firme muy irregular. Eso hay que unirlo a que la vegetación es abundante y a veces nos impide progresar cómodamente. En algún punto hay que ayudarse con las manos aunque no existe peligro alguno.




Superado este tramo de no muy largo recorrido, la vegetación que nos envolvía desaparece y llegamos a la parte superior del circo. Mojones de piedras y alguna marca siguen apareciendo, indicándonos por donde continuar.

Ahora ya vamos caminando por terreno rocoso y el sedero va ascendiendo dibujando amplios zigzags sobre las repisas del circo. Algún que otro hito de piedra nos va indicando el camino a seguir.



Ya arriba del todo, las vistas del barranco del río Sotón, de la pared de conglomerado donde está ubicada la ermita de San Cristóbal ,y de la Hoya de Huesca en el horizonte, son espectaculares.


Justo en la parte final de una de las cornisas se adivina algún que otro barranco. Y efectivamente, echando con cuidado un vistazo, vemos que otro abismo se abre ante nosotros. Va paralelo al del río Sotón. El modelado fluvial deja poco a la improvisación, siempre va buscando el camino más fácil y que opone menos resistencia.


Poco a poco la senda nos va sacando de la parte alta del circo. Donde no hay camino visible porque el suelo es roca viva, unos hitos de piedra nos van guiando. No hay mas que hacerles caso y seguirlos. Debajo os dejo algunas fotos para que os sirvan de orientación.




Continuamos subiendo y podemos observar que frente a la pared donde se encuentra el eremitorio, aparecen dos curiosas formaciones de roca, se las conoce como «Las Criadas» o «Los Gemelos».

Dejamos ya el suelo rocoso y ahora caminamos por lo que parece el final de las terrazas, sobre tierra. A la derecha vemos una pequeña construcción que parece un antiguo corral y unos campos. Junto a la rudimentaria puerta de madera, un cartel advierte de la presencia de abejas.



Seguimos subiendo un poco más, pero la sensación es que estamos llegando al final de este tramo de ascensión al circo del barranco. Vemos una última señal con las barras blancas paralelas sobre una roca y un hito de piedras.

Desde aquí, las vistas del la Hoya de Huesca son de nuevo espectaculares. Con el zoom puedo distinguir en la lejanía el pueblo de Bolea, y en primer plano, sobre la ladera de la montaña, nuestra roca que parecía un mohai. En esta época la llanura se ve muy bonita, con todos los campos verdes.

Entre romeros y todo tipo de vegetación arbustiva, seguimos avanzando, cuando de pronto, divisamos entre los quejigos un poste con varios carteles indicativos.


Pero como siempre digo, no sólo existe lo que se ve en la tierra. También hay cielo. Un buitre evoluciona majestuoso sobre nuestras cabezas. Y junto a él, pero mucho más arriba, la creación del hombre, que no hizo sino imitar lo que la naturaleza ya había resuelto millones de años antes. Dos modernos reactores surcan el cielo miles de metros por encima del leonado.


El poste con las señales está justo en la salida de la senda a una pista forestal. En ellos hay una inscripción que dice: «Ermita de la Virgen de la Peña, 2,1 km». Tomamos dicha pista hacia la izquierda (oeste). Ahora ya no subimos ni bajamos. La pista llanea y es apta para vehículos. Son las 12,30 horas.


La pista nos va llevando por las faldas de la Sierra Caballera, junto al cercado de una finca trufera. Abundan las encinas, idóneas para la producción de la misma.
Un gran estanque artificial que sirve para nutrir el sistema de regadío de dicha finca queda a nuestra izquierda. Al fondo, también a la izquierda, el Castillo de Loarre, y a la derecha, la mayor cumbre de la Sierra, el pico Pusilibro con 1.595 metros de altitud. También podemos disfrutar de amplias vistas de la Hoya de Huesca desde aquí.

Después de caminar por la pista un buen rato, y tras una curva, contemplamos ya las paredes de roca de la Sierra Caballera y encastrados en ellas, los edificios que forman la ermita de La Virgen de la Peña, la propia ermita y a su lado, la Casa del Santero. La visión es fantástica, parecen colgar sobre el vacío.



El último tramo de pista discurre entre un bosque de pinos y abetos. Ya queda poco para llegar a nuestra segunda ermita de hoy.




Y de nuevo, el buitre, abundante en esta zona. Se deja fotografiar, así que no pierdo la oportunidad e inmortalizo su elegante vuelo.


Las vistas de la Hoya de Huesca siguen siendo magníficas. Ahora vemos abajo el pueblo de Aniés, al que deberemos llegar para desde allí dirigirnos de nuevo a la ermita de Santa Quiteria y al coche, ya que la andada de hoy es una circular, y también vemos perfectamente el impresionante Castillo de Loarre.


Sobre las 13 horas, llegamos a un desvío junto a la pista. Es el arranque del sendero que nos llevará hasta la ermita. Un poste con carteles al pie del mismo nos lo indica.


Como toda ermita que se precie, esta tiene también su leyenda. En el siglo X, allá por el año 903, un caballero del castillo de Loarre salió a cazar por la sierra con su halcón. Al ver una perdiz soltó la rapaz, que inició la persecución. La perdiz se arrojó por un barranco y el halcón la siguió. Viendo que el halcón tardaba mucho en regresar, el caballero se acercó al barranco, y como no pudo bajar, mandó hacerlo a un criado atado de una soga. Cuando éste se descolgó por el barranco, se encontró con una imagen de la virgen sobre una zarza, y a su lado la perdiz y el halcón juntos, tan amigos.

Ante tal visión mágica decidieron bajar la imagen a la antigua iglesia de San Pedro, que estaba en la base del peñasco y que ya no existe, para que la adoraran los vecinos de Aniés. Por lo visto la imagen desapareció varias veces de la iglesia y fue encontrada siempre en su lugar de origen, en el rincón del barranco, por lo que dedujeron que la virgen no quería estar abajo y decidieron erigir allí mismo una ermita.
Pues bien, continuamos subiendo y tomamos el sendero que viene indicado como PR-HU 110 hacia la ermita de La Virgen de la Peña.



Al poco rato de iniciar este camino nos encontramos con una zona donde han habilitado dos mesas y bancos de madera junto a una fuente. Las vistas de la Hoya de Huesca desde aquí, para los que decidan comer o descansar en ellos, son inmejorables.

El camino está claro y está en muy buen estado. Se nota que hay gran afluencia de gente para visitar esta ermita. Todo está muy bien acondicionado y señalizado. Nada que ver con el aspecto «salvaje» de la ermita de San Cristóbal que acabamos de visitar.

Vemos a los lados del camino el eléboro fétido. Es una planta perenne herbácea que alcanza 80 cm de altura y 100 cm de ancho, con tallo grueso suculento, hojas brillantes perennes. Las flores en forma de taza, lacias de color verde amarillento, a menudo con los bordes púrpura en los cinco pétalos como sépalos en tallos erectos.


La senda va dibujando amplias eses en la ladera de la montaña. Levantando la vista podemos ver por encima de nosotros y sobre la roca, la ermita.

Tras subir unos cuantos metros más, la senda se transforma en unas cómodas escaleras que facilitan superar los tramos con mayor pendiente del recorrido.




A medida que subimos, las vistas de esta parte de la Hoya y del pueblo de Aniés siguen siendo más espectaculares aún.

Cuando nos vamos acercando a la parte alta de la pared de roca, próximos ya a la ermita, la senda se torna más pedregosa, aunque en todo momento bien acondicionada, con alguna escalera más y vallas de madera que sirven de protección.



Son las 13:20 horas cuando llegamos a un pequeño mirador donde encontramos un panel en el que han colocado una foto del horizonte explicando todo lo que se puede ver desde este punto.


El acceso a la ermita está por debajo de la senda. Descendiendo un pequeño tramo de escaleras que se desvía a la izquierda del camino, se accede a un murete de piedra con una puerta de madera que encontramos cerrada. Un cartel dice que el horario de Semana Santa (2023) es de las 11 a las 13:30 horas para visitarla, y el precio es de 2,50 euros.



Dejamos a un lado el acceso al camino que lleva a la ermita y continuamos ascendiendo hacia la zona llamada «la roca de la bailadora», porque hasta allí sube una romería que viene desde el pueblo de Aniés por la pista que luego tomaremos y donde se toca y baila folclore de la zona en esas fechas, de ahí el nombre.

La ermita, emplazada en la cara sur de la Sierra Caballera, colgada sobre el vacío y con increíbles vistas panorámicas sobre toda la comarca de la Hoya de Huesca, se comenzó a construir en el siglo XIII, y ha sufrido varias remodelaciones, la última en el siglo XIX.
En su interior, a pesar de su austeridad externa, se pueden visitar valiosos retablos barrocos y otras obras de arte. El conjunto lo forman dos construcciones enfrentadas, una es la ermita en sí, y la otra la casa del Santero, de cinco plantas, en la que hay varias estancias en las que han habilitado mesas para comer y una especie de pequeño museo con elementos de la vida rural.


Ya en la parte alta, en la llamada roca de la bailadora, vemos en la pared unas curiosas cuevas, o más bien una cueva grande que parece separada por una columna natural a a la entrada de la misma. En ella parece que han colocado unos bancos de madera o troncos para sentarse.


Desde aquí la ermita queda por debajo de nosotros tal y como se puede ver en la foto.

Desde la roca de la bailadora, parte una pista apta para vehículos todo terreno. Es la que sirve para ir al pueblo de Aniés desde este punto y también al Castillo de Loarre, que está a unos cinco kilómetros de distancia circulando por la misma.

Nosotros decidimos seguirla durante un trecho antes de salirnos de la misma hasta unas rocas próximas al cortado sobre la Hoya. Es un lugar tranquilo para descansar un rato y comer algo, así que ahí nos quedamos. Desde aquí se sigue viendo en la lejanía el Castillo de Loarre.

Las vistas desde aquí siguen siendo espectaculares. Veo una roca desde donde se contempla toda la llanura y me voy hasta allá para que Ángel con el zoom me haga una foto, pues me parece un paraje muy chulo.

Son las 14:24 horas cuando decidimos desandar lo andado y dirigirnos hacia el pueblo de Aniés. Hemos estado casi una hora por aquí arriba disfrutando de las vistas y del recorrido y ha pasado aproximadamente hora y media desde que iniciamos la subida de la senda a la ermita. Es el momento de ir regresando.



De La Virgen de la Peña al pueblo de Aniés (3 km)
Ya abajo, retomamos la pista que nos llevará hasta el pueblo de Aniés. Nos quedan por delante unos tres kilómetros si utilizamos algunos atajos o trochas para acortar el recorrido.



Hemos seguido la pista recorriendo unos cuantos cientos de metros pero vamos a acortar atrochando por unos senderillos que nos van a evitar trazar las amplias «eses» que va describiendo la pista para hacerla transitable a los vehículos, así que nos internamos en el bosque por el camino que desciende a nuestra izquierda. Son las tres menos cinco de la tarde.


El sendero siempre en bajada, aunque no muy pronunciada, se interna en el bosque. Os recomiendo que lo toméis, porque os evitaréis la pesadez de las inmensas rectas y curvas de la pista.

Apenas diez minutos después, llegamos al final del sendero y enlazamos de nuevo con la pista que va hacia Aniés. Un cartel de dirección así nos lo indica (PH-HU 109).Giramos a la izquierda en sentido descendente.




A medida que descendemos por la pista, echamos una vista atrás y `podemos ver el lugar donde hemos estado, la ermita y la casa del Santero (ambas en el círculo), colgada allá arriba en la pared de roca de la Sierra Caballera.

Son las tres y veinte y llegamos a la entrada del pueblo de Aniés. Allí hay un panel informativo al que le echamos un vistazo.

Ahora deberemos recorrer sus calles tal y como os muestro en la serie de fotos que os voy poniendo a continuación para que os hagáis una idea.









De Aniés a Santa Quiteria (5 km)
Seguimos atravesando el pueblo hasta llegar a la carretera HU-313 que une Aniés con la A-1206 que llega a Bolea.



Después de caminar unos cuantos metros por la carretera, llegamos junto a la última construcción del pueblo, a nuestra izquierda. Allí hay situado un letrero indicando la posibilidad de tomar el Camino Natural de La Hoya de Huesca, que coincide con el GR-1 (sendero de gran recorrido) y que nos llevaría a Bolea tras 5,5 km de marcha. Son las 15:35 horas.


Primero caminamos unos 600 m por una pista hasta llegar a un sendero donde abunda la vegetación.






Esta parte del recorrido por el sendero transcurre entre campos de cultivo con abundantes almendros y olivos.

El sendero GR-1 vuelve a salir a la carretera. Un cartel advierte que deberemos compartir este espacio con los coches al menos durante 150 m. Estas carreteras no tienen apenas tráfico, pero aún con todo hay que ir con precaución y siempre por la izquierda para ser vistos.


La carretera cruza por un puente un pequeño barranco y describe una curva a la derecha, debemos seguir de momento por la misma.


Ahora hay que estar atentos porque a la izquierda hay un desvío, donde abandonaremos definitivamente la carretera que lleva hasta Bolea.

A nuestra izquierda aparece una ancha pista de tierra y a cada lado postes de dirección, debemos continuar por ahí.



Ahora hay que ir de nuevo muy atentos porque nos movemos por pistas de acceso a campos de cultivo y podemos despistarnos. En las fotos que pongo debajo os enseño por donde hay que ir, siempre fijándonos en las posibles indicaciones que aparecen a lo largo del camino.


De pronto, a un lado de la pista, veo una curiosa seta. Le hago una foto junto al bastón para que os hagáis una idea de su tamaño. Parece una matamoscas, (amanita muscaria) seta alucinógena, aunque de gran parecido con la oronja, que es comestible. No soy experto en setas, así que poco más os puedo decir.

De nuevo nos encontramos con desvíos y anchas pistas agrícolas. En estos casos lo mejor es ir pendientes de las indicaciones y no improvisar.





En un momento determinado dejamos la pista y nos internamos en un bosquecillo por un agradable y bonito sendero.



Seguimos por el GR-1 dirección Bolea, ahora de nuevo por una ancha pista, aunque nuestro destino es la ermita de Santa Quiteria, donde tenemos el coche.




Tras haber caminado durante más o menos 3 km por el GR-1 llegamos a otra intersección por la que ya hemos pasado esta mañana, pero en el coche. Hacemos un giro hacia la izquierda y tomamos el PR-HU 111. Después tendremos que recorrer aproximadamente unos 700 metros para llegar de nuevo a la ermita de Santa Quiteria.



Pasan siete minutos de las cuatro y media de la tarde cuando ya tenemos la ermita a la vista, y nuestro coche. Antes de irnos, vamos a dar una vuelta por los alrededores para ver el edificio.



Visitado el entorno de la ermita, nos montamos en el coche y decidimos que ya que estamos próximos nos vamos ahora hacia la localidad de Bolea para visitar su iglesia. Son las cinco de la tarde. Llevamos 8 horas de excursión, con las paradas.
Ha sido una caminata larga pero muy interesante en una zona que sin ser el pirineo axial al que casi siempre vamos, ni tampoco las sierras interiores, también es muy agradable de visitar y muy espectacular, como son estas sierras exteriores de la cordillera pirenaica con sus paisajes singulares y su abundante patrimonio cultural.
Espero que os haya gustado la entrada y os animéis algún día a hacerla. Al final os dejo el mapa de la excursión, el perfil de elevación y el MIDE. Nos vemos de nuevo en momentum.photo.blog. ¡Hasta pronto!

Visita a la Colegiata de Bolea
Aunque no es ya la excursión propiamente dicha, os dejo unas fotos de la Colegiata de Bolea y del entorno. Es un buen complemento a la caminata si os queda algo de tiempo disponible. La colegiata de Santa María la Mayor es una iglesia gótica del siglo XVI. Cuando llegamos estaba cerrada, pero al menos contemplamos el edificio de cerca y sus alrededores. Os dejo unas fotos para que lo veáis.







Recorrido, MIDE, y perfil de elevación
Os pongo el trayecto, el MIDE y el perfil de elevación de la caminata. No tiene ninguna dificultad técnica, salvo algún punto en el que si se tiene vértigo habrá que ir con cuidado. El esfuerzo físico tal vez lo califique de moderado por la distancia a recorrer.





