Hola de nuevo amigos y seguidores de mi blog. Hoy es viernes 14 de julio de 2023 y me voy en solitario a subir el pico Musales (2.653 m) desde el embalse de La Sarra, que está próximo a la localidad de Sallent de Gállego (1.305 m). Esta excursión presenta además el aliciente de poder visitar un pequeño lago de origen glaciar o ibón, como los denominamos en Aragón, de nombre Ibonciecho (2.230 m), que significa «ibón pequeño».
Para realizar esta ruta iré atajando por senderos, para no tener que realizar el trayecto por la pista forestal en su totalidad, ya que de hacerlo así, la distancia a cubrir sería de 22,8 km.
Consejos previos sobre la excursión de hoy
He clasificado la actividad como moderada en cuanto al esfuerzo, no porque existan pasos complicados o especialmente peligrosos, sino más bien por el desnivel a salvar, tanto positivo como negativo (1.250 m). Aconsejo madrugar, para evitar las peores horas del sol en la subida. El camino hasta el chalet del ingeniero es siempre en ascenso, pero no presenta dificultades salvo orientarse bien con los cruces de pista y con los atajos.
Desde la Majada Sancha de Collons hasta Ibonciecho, ya no se cogen atajos, es todo por sendero bien marcado con hitos y señales, y desde el ibón hasta el collado de Musales, quizás sea la parte más dura del recorrido, se atraviesa algún canchal y el camino dibuja un buen número de zetas.

La subida desde el collado al pico Musales no es difícil, no hay pasos técnicos, pero sí exige cierto grado de atención para escoger la mejor senda de ascenso por la cara este y no desviarse en exceso. También hay que tener en cuenta que en este tramo hay que caminar en algún momento por encima de las rocas de la cresta, sin llegar a tener que apoyar las manos, pero al ser una divisoria a dos aguas, hay zonas algo expuestas, pero nada complicado si se va con atención. En resumen, fácil de hacer si estás habituado a la montaña, tienes una forma física adecuada y no sufres de vértigo.
Cómo llegar al Embalse de La Sarra
Dependiendo de la ciudad desde donde se salga, la ruta puede variar, pero deberemos llegar a la localidad de Sabiñánigo, en Huesca. Desde allí, dirigirnos a Biescas, y por la carretera que discurre por el Valle de Tena y que nos conduciría hasta el `Portalet, en la frontera francesa, desviarnos antes a Sallent.
Entramos en el pueblo y tomamos a nuestra izquierda el desvío hacia la antigua carretera de Francia. Hay que prestar atención, para no equivocarse. Os voy dejando fotos del trayecto para que os sirva de ayuda, pero podéis verlo también en el Google earth.


Circulamos por esta carretera, hasta que se llega a una pronunciada curva hacia la izquierda. Atentos aquí porque no hay que continuar por la misma, sino que hay que tomar un desvío a la derecha que nos llevará directamente al embalse de La Sarra, donde se encuentra una central hidroeléctrica. De todas formas, hay un letrero -un poco escondido- al inicio de este desvío que lo indica, y algunas otras señales.

Tras unos 4,5 km, se llega a la zona del embalse. Tomando el vial que va más abajo, se debe girar a la derecha y cruzar por encima de la represa y de nuevo girar a la izquierda, hacia la central hidroeléctrica. Seguidamente tras recorrer unos 200 m ya podremos estacionar el coche a un lado de la carretera, en algún espacio disponible.
No obstante, al final del embalse, pasada la central, hay bastante espacio para aparcar así que de no poder hacerlo en otro lugar, siempre está esta opción, pero nos alejaría bastante de la pista que debemos tomar hacia Ibonciecho.


Inicio de la excursión: hacia la Majada Sancha de Collons
Una vez he aparcado,-hay huecos de sobra- me dispongo a prepararme para iniciar la caminata. En un coche que tengo justo al lado hay una persona durmiendo. Está tumbada en el asiento del conductor y una manta le tapa la cabeza. El vehículo lleva matrícula francesa. Al oírme se destapa y aparece una chica que, entre adormilada y sorprendida, me mira. La he despertado. Tras unos instantes, ella sigue a lo suyo y yo a lo mío.
Pienso que en algunos de los coches que están ahora aquí estacionados quizás haya más gente durmiendo. Son las 7 de la mañana, y con las primeras luces del día, comienzo la excursión.

Animado y con ganas de pasar un buen día me dirijo de nuevo, esta vez caminando, hacia la represa. La temperatura es agradable. Hay algunas nubes en el cielo, ya veremos si desaparecen o se mantienen a lo largo de la mañana. La «meteo» anunciaba para hoy cielos despejados, y sin posibilidad precipitaciones ni tormentas vespertinas.

Todo está en calma. El único sonido que destaca sobre el resto es un zumbido sordo y constante que proviene de la central hidroeléctrica.

Ya estoy llegando a la represa, y a la izquierda de la misma, parte la pista que tendré que tomar y que sube hacia la Majada Sancha de Collons e Ibonciecho.

Una vez en el inicio de la pista, esperaba ver algún poste indicador de dirección, quizás en su momento lo hubo, pero hoy no hay ninguno. Una cadena impide el paso a los vehículos no autorizados.

La pista, ya desde el inicio, presenta una ligera pendiente. El trazado coincidirá durante unos cientos de metros con el del GR-11 o sendero de gran recorrido pirenaico. Al poco tiempo, aparece un desvío que baja hacia la derecha. Este sí está bien indicado con un poste de dirección, pero lo ignoro pues me llevaría de nuevo a Sallent de Gállego en una hora. Continúo en sentido ascendente.



Primera bifurcación
Unos pocos metros y unos minutos más tarde, me encuentro con el primer desvío de la mañana que me llevará hacia la Majada Sancha de Collons ,mi primer objetivo del día. Paso junto a un cercado para el ganado que dejo a mi izquierda y enseguida veo al fondo una bifurcación y un poste indicativo.

Llego a la altura del desvío. Llevaré unos diez minutos de caminata, no más. De momento no me he cruzado con nadie. Continúo por la pista, siempre en sentido ascendente, igual que antes. Es agradable percibir el olor del bosque. La calma es total. Todo está en silencio, salvo por el trinar de algún pájaro.

Pero de nuevo, ausencia total de indicaciones hacia Ibonciecho. Es más, si había alguna en este poste, aparece como si hubiera sido borrada, no sé si por el paso del tiempo, o a posta.
Sin embargo si que se ve claramente la dirección hacia Sallent por el GR-11, que abandono definitivamente en este punto. No se aprecia muy bien, pero han pintado en el poste las marcas verdes y blancas indicativas de que por ahí discurre un sendero local .

Sin más, continúo por la pista que, paulatinamente y de forma constante, va dejando cada vez más abajo la zona del embalse de La Sarra.

Primera senda, primer atajo
Sigo caminando y a la izquierda de la pista se encuentra el primer atajo. Lo distingo porque hay un montón de piedras apiladas formando un hito y además porque el terreno está muy pisado y se puede apreciar la senda marcada. Seguir todos los atajos me supondrá acortar el recorrido total en unos 7 km. Además atravesar el bosque en vez de caminar por la pista es un recorrido mucho más bonito, ameno y fresco, sobre todo en verano.


Al poco rato de transitar por este atajo, la senda parece que continúa por la derecha, pero hay que continuar por la izquierda, tal y como os señalo en la foto, y siempre por el camino más pisado.

En general, el camino en este tramo es cómodo y al estar tan marcado es difícil equivocarse.

Primer cruce de pista
Llevaré como unos quince minutos de recorrido, y ya aparece ante mí de nuevo la pista forestal. La senda la irá cruzando en lo sucesivo por varios de sus puntos, ahorrándome al final un buen puñado de kilómetros de marcha.

Ahora me toca recorrer un tramo de pista, pero voy siempre muy atento para no saltarme el siguiente desvío. Para vuestra tranquilidad, deciros que si se os pasara algún atajo, tampoco ocurriría nada, pues la pista os llevaría igual al destino, pero el trayecto se os hará eterno.

Segundo desvío y atajo
Tras unos veinte minutos de caminata, encuentro a mi izquierda el segundo desvío. Hay varios hitos de piedras muy visibles, y también una marca de sendero local con los colores blanco y verde pintada en un árbol. La senda sigue siendo muy clara de seguir.

Sigue sin dar todavía el sol en esta cara de la montaña, la oeste. La temperatura es agradable.

Huele muy bien aquí, el bosque desprende a estas horas un aroma fresco a madera y al resto de vegetación que por aquí crece. Contemplo además prados alpinos, matorrales y un sin fin de flores, que poco a poco comienzan a abrirse a la luz del día.
También veo abundante boj (Buxus sempervirens), una de mis plantas preferidas y que me recuerda siempre por su olor al Pirineo, pero sobre todo, en esta altitud en que me encuentro, por encima de los 1.400 metros, veo abetos, pinos silvestres, pinos negros, helechos, matorrales como el coscojar, arbustos leñosos, zarzales, rosales silvestres, arañones y bujedos.

Segundo cruce de la pista y tercer atajo
Llevo caminando como unos veinticinco minutos y ya me aproximo otra vez a la pista. Un maltrecho resto de un cercado de madera, a la salida del atajo, a mi izquierda, me servirá de referencia para la vuelta. Es importante fijarse ahora en estos detalles porque después hay que volver.

Una vez en la pista, no hay que recorrerla ni siquiera unos metros. Justo en frente la senda continúa y penetra en el bosque. Hay un hito de piedras que nos lo indica y de nuevo las marchas blancas y verdes de los senderos locales.


Tercer cruce de pista y cuarto atajo
De nuevo aparece un hito al lado del camino, a mi izquierda, aviso de que la pista está de nuevo a la vista. Estas señales a la izquierda me servirán luego de referencia para la vuelta.

Tercer cruce de pisto y de nuevo frente a mí, continúa el atajo. Esta vez no veo hitos ni marcas que me lo indiquen, pero es tan aparente el camino, que casi es innecesario.

Sigo caminando por este precioso bosque. De momento no me he cruzado con nadie. Voy totalmente solo. La senda coge algo de pendiente aunque lo hace de forma paulatina y es muy llevadera.

Los árboles van adquiriendo un porte cada vez mayor. Hace algo de viento, ligero, pero lo suficiente como para de vez en cuando mecer algún pino desde la copa al tronco. El cielo está un poco cubierto, anunciaban sol. Espero que el día se mantenga bueno, aunque en la montaña nunca se sabe.
En la mochila, a pesar de que pese algo más, llevo el chubasquero, algo de ropa de abrigo, botiquín, mapa, brújula…y por supuesto comida y agua. Me llama la atención que tengo durante todo el trayecto cobertura móvil. No quiero hacer publicidad de la operadora, pero es de las de «toda la vida».
Cuarto «cruce» de pista y quinto atajo (atención aquí)
Casi tres cuartos de hora desde que he comenzado, cruzo por cuarta vez la pista, aunque en realidad decirlo así no es del todo exacto, porque no atravesaré la pista en este punto como anteriormente -que enlazaba con otro sendero justo en frente-, sino que tendré que recorrerla unos cuantos metros hasta localizar de nuevo la salida al quinto atajo.
Ojo con este momento porque pudiera parecer que justo en frente hubiera senda, por lo aparentemente pisada que está la ladera, pero no. Hay que girar a la derecha por la pista y seguirla en sentido ascendente.

Continúo caminando y mirando atentamente a los lados por si veo el atajo. No veo señal alguna. Tendré que observar si de la pista sale alguna senda. Fijándome en el terreno, y a la izquierda de una curva, se puede apreciar terreno pisado. Está flanqueado por arbolado y una gran roca que se aprecia al fondo y que he rodeado con un círculo amarillo.

Me interno por esta senda y al poco rato veo que voy por el buen camino porque en un árbol aparecen de nuevo las marcas blancas y verdes de sendero local.




Son casi las 8 de la mañana cuando la senda sale del bosque hacia una zona de prados más despejada de arbolado.

Tras de mí, aparece majestuosa la Peña Foratata, de 2.321 metros, Aprovecho para hacerme una foto con este pico que domina el horizonte sobre Sallent de Gállego y el pantano de Lanuza.

Quinto cruce de pista y sexto atajo
De nuevo salgo a la pista. La atravieso y continúo justo hacia el frente por un sendero que esta vez si que está señalizado con un par de hitos a ambos lados y con una marca de sendero local en una piedra.

Este tramo es relativamente corto, enseguida volveré a salir a la pista de nuevo, para seguir atajando.
Sexta salida a pista y séptimo atajo
Tras una pendiente pronunciada del camino me acerco a una zona plana que resulta ser la pista. Desde hace un rato, una nube de moscas pulula alrededor de mi cabeza y me siguen allá por donde voy. Espero que se cansen de mí y se vayan con viento fresco a otra parte, porque resultan francamente molestas.

En este punto, como la vez anterior, hay que caminar unos pocos metros por la pista, siempre hacia la derecha, pero de nuevo hay que estar muy atento para no despistarse y saltarse el siguiente atajo.

En breve, aparece por la derecha un sendero que sube por una pequeña ladera y que se convierte en el siguiente atajo. Parecería por un momento que nos desviásemos de la ruta, pues la pista sigue hacía la izquierda, y el sendero parece que se dirige claramente hacia la derecha, pero es la dirección correcta.

La pista ahora quedará a la izquierda, en un nivel inferior del terreno. Comienzo a ver hitos indicativos en este primer tramo.

Mientras camino veo la pista al fondo. La he marcado de amarillo en la foto. Se ve claramente que va ascendiendo por la ladera de la montaña, atravesando un canchal.

Continúo por por esta zona con la senda claramente marcada y enseguida veo de nuevo próxima la pista. El sol aún no ilumina con sus rayos esta zona de la montaña, pero poco le faltará ya.

La montaña que aparece ahora ante mí me llama poderosamente la atención. Se aprecian los estratos de roca, retorcidos como si fueran de plástico por la acción de las colosales fuerzas de empuje que los plegaron cuando se formó la cordillera. Veo varios anticlinales (con forma de A, lo opuesto a los sinclinales, que tienen forma de V) algunos casi en forma de rodilla, como el que se puede ver el la foto.

Y lo que no siguen faltando por estos parajes son los lirios, alguno incluso de color blanco.

Séptimo cruce de pista y octavo atajo
Tras una hora y cuarto de recorrido más o menos, me dispongo a cruzar por séptima vez la pista y a tomar el octavo atajo. Un poste marca la salida de la senda, pero sin señal alguna clavada en él. Justo en frente, e indicado por un hito a la izquierda, y una marca de sendero local, continúa el camino.


Desde aquí puedo ver las formaciones rojizas de los materiales del permotriásico en los picos cercanos al vértice del Anayet. También se ven las estaciones de esquí próximas a Formigal y las inmensas laderas que se cubrirán de nieve en invierno.


De vez en cuando, aparece otro hito. Aquí el sendero está un poco menos marcado pero no desaparece del todo, basta con ir un poco más atento.

Paso junto a unos rosales de montaña, en este caso un rosal de pastor (rosa arvensis), arbusto caducifolio de tallos arqueados y no muy espinosos y de bonitas rosas blancas.

Octava salida a pista y fin de los atajos (de momento)
De nuevo el sendero me lleva a la pista, pero esta vez ya me incorporaré a ella y no la abandonaré durante un buen trecho. Ya no hay ningún atajo cercano.

De hecho, veo un par de piedras a un lado de la pista que tienen pintados los colores del sendero local pero formando una X, y no en paralelo, eso significa que se han terminado los atajos de momento y que no hay que seguir por ahí y sí por la pista.

Y para que no queden dudas, han pintado de nuevo las marcas de sendero local sobre una piedra, que es ahora la propia pista, que me llevará a las proximidades del chalet del ingeniero y a la Majada de Sancha de Collons.


A un lado veo lo que parecen unas palomillas alpinas (linaria alpina) de tonos violáceos y rosas con manchas naranjas en el centro. Vive en roquedos y canchales alpinos.

Y a mi izquierda, abajo, la pista dibujando sus eses mientras progresa lentamente por la falda de la montaña. Al frente, ya totalmente iluminada, Peña Foratata.


Veo abajo la pista y distingo el atajo por el que he venido, el número siete, y que quedaba un poco por encima de la misma, tal y como os contaba antes.

También desde aquí se contempla el pico Pacino (1.965 m) , un mirador de 360 º sobre el valle de Tena que he subido y que os recomiendo por lo bonito de sus vistas. (tenéis una entrada en mi blog en el que os explico esa excursión)



Hacia el chalet del ingeniero y el panel repetidor de señal
Llevaré una hora y media de caminata cuando tras una curva de la pista diviso en lo alto un gran panel blanco que sirve de repetidor y a su lado una edificación, el llamado chalet del ingeniero, y sobre ambos, más arriba todavía, el pico Musales, mi objetivo del día.


A medida que voy avanzando y a mi izquierda, veo una curiosa construcción de hormigón que me recuerda a una especie de pequeño acueducto (parece un sistema de contención de avalanchas). Hay que estar atentos porque en breve, y a la derecha de la pista en una curva, partirá el sendero que me permitirá acceder al chalet del ingeniero atajando de nuevo.


Sigo caminando y veo un torrente que proviene seguramente del desagüe del ibón de Ibonciecho. Han construido una canalización artificial para salvar la pista. Mientras se desliza montaña abajo forma una pequeña cascada que veo abajo a mi izquierda.


Noveno atajo
Vuelvo a salir de la pista y a tomar un atajo para llegar hasta el chalet del ingeniero, y de ahí a la Majada de Sancha Collons.

La senda por aquí no está muy marcada aunque hay huellas de pisada lo suficientemente evidentes para no perderse.

De nuevo observo otra canalización artificial que permite que el torrente pase por debajo de la pista, así que vuelvo a salir a ella .

Décimo cruce de pista; décimo atajo y …¡último!
Cuando pensaba que ya no tendría que cruzar más la pista, ni tomar ningún nuevo atajo, aún me quedaba el último.

En esta agradable mañana de senderismo no me he encontrado todavía con nadie. Estoy disfrutando del camino a mi marcha, sin prisas, observándolo todo y empapándome de las sensaciones que me transmite la montaña. Tengo a la vista el Musales.

El sendero me lleva otra vez a cruzar el torrente, pero esta vez campo a través. Me encuentro con dos perros que están refrescándose en sus aguas. Parecen amistosos, van a lo suyo y yo a lo mío.


Aprovecho para refrescarme un poco, me mojo la gorra y la cara, no es que haga mucho calor pero sienta bien. Luego ya no tendré oportunidad, salvo que baje hasta el ibón.

En un rellano rocoso veo la flor siempreviva de montaña (sempervivum montanum), con sus características hojas basales en roseta.

Última salida a pista
Y ya por fin, salgo de nuevo a la pista, en lo que creo será la última vez también antes de llegar al chalet del ingeniero. Desde aquí tengo una buena visión del entorno. Al fondo, la Sierra de Partacua, en sombra por la capa de nubes que tiene encima, más cercano, el pico Pacino, y en el valle, el pantano de Lanuza y el pueblo de Sallent de Gállego. Veo la estructura de hormigón que ha quedado ya muy por debajo de mi posición.

El chalet del ingeniero y el repetidor de tv (2.040 metros)
Tengo ya muy cerca el repetidor de televisión y el chalet del ingeniero. Tan solo tengo que continuar por la pista unos metros más. Tras una curva a la derecha me topo de frente con ambos.

Veo que la fachada está pintada de forma irregular (ahora os explico por qué), hay una caravana junto a la casa y unos plásticos de color amarillo…¿un posible huerto? ¿estará esto habitado?. No me acerco a curiosear, no sea que los perros que he visto sean de alguien que esté por aquí y no se tomen a bien mi visita. Además no quiero perder tiempo pues quiero subir al pico cuanto antes.


Pero este llamado chalet del ingeniero tiene su historia. Era utilizado por el conocido artista zaragozano Miguel Ángel Arrudi, al que le gustaba refugiarse en esta casa y que utilizaba para crear y desconectar durante una buena parte del año. De ahí las curiosas pinturas en la fachada. Como curiosidad decir que fue el creador de las 610 ranas de bronce instaladas en la ribera del Ebro para la Expo que se celebró en Zaragoza en el año 2008. Arrudi falleció el 11 de enero de 2023 a los 72 años, sólo 6 meses antes de pasar yo por aquí.

Me despido ya del repetidor y del chalet del ingeniero para dirigirme a un punto importante de la ruta, la Majada de Sancha Collons, desde donde subiré hasta el ibón de Ibonciecho. Habré superado ya unos 650 m de desnivel, pero hasta los 1.250 m aún me quedan otros 600 m, justo la mitad.

Por esta zona hay un montón de plantas de la traicionera digital purpúrea, llena de sus vistosas flores rosáceas en forma de dedal. Esta planta es muy tóxica y si se ingiere es mortal. Puede alcanzar hasta los 2 m de altura.

La Majada Sancha de Collons
Llevo unas dos horas de caminata cuando llego a la Majada de Sancha Collons. A partir de aquí tomaré el camino que me llevará hasta el ibón y desde él al collado de Musales para desde allí atacar el pico.
La pista hace una curva y continúa hacia una estructura alejada de la que parten unas tuberías (lo marco con un círculo). En la foto también os indico con un aspa por donde no hay que seguir. Desde la propia curva -flecha amarilla- se sube una ladera que nos lleva a un prado. Una vez en él se ve claramente que parte un sendero que es el que hay que tomar.


En la propia ladera hay un hito y una marca de sendero local que te ayuda a coger el camino correcto. No hay pérdida.


Camino de Ibonciecho (2.230 m)
Este sendero me va haciendo ganar poco a poco altura. Voy siguiendo amplias zetas. Es cómodo aunque siempre en ligera pendiente. Echo la vista atrás y veo la curva y el punto de la pista desde donde he cogido el camino.


A un lado, me topo con una típula gigante (típula máxima) un díptero de patas muy largas, que impresiona, parecido a un mosquito, pero totalmente inofensivo, no me va a picar.

El sendero es muy claro y sigo encontrando marcas cada cierto tiempo, no hay confusión posible.

Está resultando una caminata muy gratificante. ¡Qué paz! .Los únicos sonidos; mis pasos, y algún que otro pajarillo que parece saludarme con su alegre canto a medida que avanzo. Le hago alguna foto. Es una collalba gris, (ohenante-ohenante). Es un pájaro típico de los prados altimontanos y alpinos, entre matorrales y roquedos. Tiene siempre una pose erguida.

Continúo progresando por las zetas del sendero y veo a mi izquierda el pico Peña Foratata (2.321 m) que me ha acompañado desde el principio. Me da la impresión como si el pico quedara ya muy por debajo de mi altitud actual. No sé si será una ilusión óptica, pero hay que tener en cuenta que no me debe faltar mucho para el ibón que está a 2.230 m.

Pero como siempre ocurre cuando vas disfrutando del camino, (no sólo se trata de lograr el objetivo, sino de fijarte en todo lo que te rodea aunque se hagan algunas paradas), en unas rocas lejanas diviso lo que parece un buitre. Con el zoom le hago una foto. Al rato emprende el vuelo y lo inmortalizo de nuevo. Es un buitre leonado.


Pero no sólo los buitres son los dueños de estos cielos. De repente, otra rapaz aparece sobre mí. Es un ejemplar joven de águila real, con las típicas manchas blancas en el plumaje de las alas y la rabadilla, que perderá cuando se haga adulto. Es el águila más grande, de unos 225 cm de envergadura. Caza presas grandes, como liebres, marmotas e incluso crías de sarrios. Gran voladora, cría en riscos y recorre crestas y prados. Una suerte haberla visto.

También desde aquí, y con mucho zoom, fotografío el pantano de Lanuza y la localidad de Sallent de Gállego. Llevo una cámara compacta, una canon, es pequeña, pesa poco, y lo mejor, tiene un potente zoom, nada que ver con los teléfonos móviles, es mi fiel compañera de caminatas y es ideal para las excursiones.

Llegada a las proximidades de Ibonciecho (2.230 m)
Llevaré unas dos horas y media de subida constante, cuando el sendero parece que se aproxima a una zona que podría albergar la cubeta de un ibón.

Y efectivamente, así es. Superado el repecho, aparece a mi derecha y abajo, un bonito y cuco ibón (lago de origen glaciar) de montaña al que todavía no le da totalmente el sol pero que poco le faltará para que lo ilumine del todo. Al fondo, en la foto, en un tenue y nebuloso color azulado los picos de los Infiernos, Garmo Negro y Algas.
Es ibonciecho, «ibón pequeño» en lengua aragonesa, y que al quedar unos cuantos metros por debajo de mi posición, de momento no visitaré. Lo dejo para la vuelta, pero eso sí, una foto desde aquí me voy a hacer de recuerdo.

La senda continúa ahora unos metros por un canchal. Intuyo que me queda la parte más dura del recorrido hasta llegar al collado de Musales. Veo una roca puntiaguda al lado del camino. Quizás sea un buen punto para colocar la cámara y hacerme la foto.

Para cuando me hago la foto el sol ya ilumina entero el ibón y el agua refleja ese color turquesa tan bonito. Yo os recomiendo que salvo que vuestro destino final sea el ibón, continuéis camino, ya que luego a la vuelta siempre se puede seguir el sendero que partiendo del que me encuentro ahora te lleva hasta allí.

Hacia el collado de Musales
Sigo la marcha y después del canchal veo una franja verde de terreno. Por ahí subirá el sendero haciendo un montón de zetas. Esta zona está muy despejada y no hay torrentes ni nada parecido donde refrescarse, es mejor madrugar y ascender cuando todavía el sol no castiga demasiado.

A medida que subo y subo, el ibón se va viendo más y más pequeño. En la foto se adivinan las innumerables zetas en la zona herbosa.

Ya tengo a la vista el collado de Musales (2.569 m), y el pico también, pero aún me queda un buen trecho para llegar hasta allí. El collado es el punto más bajo de una línea de cumbres comprendido entre dos elevaciones. Por este motivo, son usados para atravesar los cordales montañosos.

Pero el Pirineo es geología, y nunca dejan de sorprenderme las formas que adquieren los estratos rocosos. Como os contaba antes, ante mí veo otra vez un precioso anticlinal. Los materiales más antiguos están en el núcleo, al revés que ocurre en los sinclinales.

Echo la vista atrás y ya el ibón queda fuera de mi campo de visión. La senda sigue siendo muy evidente.

Y mirando hacia el frente, se ven perfectamente las zetas del sendero que sube por la ladera hacia el collado. Sigo caminando en solitario. ¿Dónde está la gente? ¿seré el único que asciende hoy al Musales?

Llevaré como 3’15 horas subiendo cuando ya vislumbro el collado. Me he tomado mi tiempo para llegar hasta aquí, haciendo pequeñas paradas para hacer fotos y demás, para mí la montaña es también eso, y lo disfruto muchísimo. Bajo estas líneas, el Musales, la antecima y la cima.

El collado de Musales (2.569 m)
Ya he llegado al collado. Curiosamente me encuentro con un par de estructuras de hormigón, paralelas, como si hubieran sido la base de algún tipo de construcción. Y es que hasta principios del siglo XIX esta ruta se utilizaba para conectar Sallent de Gallego con el circo de Piedrafita y de ahí los restos. Este podría ser un buen lugar para comer algo, pero de momento voy bien de fuerzas y prefiero subir al pico primero.

Ya veo que voy a subir solo a la cima porque sigo de momento sin ver a nadie. Bueno, tendré el pico para mí solo, lo que tampoco está nada mal. Coloco el trípode en el collado, que para eso lo he acarreado todo el camino, y me hago una foto.
Desde aquí se ve, abajo, parte del embalse de Respomuso, construido en los años 50, recreciendo el ibón de Respomuso, para aprovechamiento hidroeléctrico mediante una conducción de carga que atraviesa la montaña y alimenta la central hidroeléctrica de La Sarra desde donde he salido esta mañana.
También se ve, comenzando por la izquierda en la foto, el pico Frondiellas (3.071 m) , Balaitus (3.144 m) y las Crestas o cuernos del Diablo (2.889 m).

Camino del Musales (2.653 m)
Ahora ya sólo me queda superar los menos de 100 m de desnivel y la cresta que tengo por delante para llegar a la cima. Desde el collado parte como un senderillo que se supone que si lo sigo me llevará hasta el pico. La visión puede en un principio impresionar algo, pero os prometo que es fácil de subir, no presenta ninguna dificultad técnica ni paso comprometido.

A medida que subo, veo como aparece de nuevo Peña Foratata, de un tono grisáceo claro. Ahora sí que estoy más alto que ella.

Sigo avanzando a ver si acierto con el sendero porque la verdad es que a ratos se difumina un poco, en realidad habría varios caminos donde elegir, o al menos eso es lo que a mí me parece, así que opto por continuar por el mas evidente, que en la montaña se traduce por el más pisado.

Hacia el norte las vistas son sencillamente espectaculares, mucho mejor que desde el collado, y eso que todavía no he llegado arriba del todo. Veo el ibón de Respomuso, el ib´´on de Campo Plano, el de Las Ranas, el pico de Cristal, el pico de Llena Cantal entre otros.


Hay que tener en cuenta que voy por una cresta, y como toda cresta que se precie, divide las dos caras de la montaña. La divisoria no es especialmente expuesta por su lado este, aunque sí más por el oeste.

Hay altura, pero no son paredes verticales ni nada de esto por el lado que voy. A mí particularmente no me crea problema, pero entiendo que a personas poco acostumbradas a subir picos, o que tengan algo de vértigo, les puede impresionar. De todas formas estoy en alta montaña y siempre hay que que ir con cuidado y precaución y nunca relajarse .
Desde aquí veo perfectamente Ibonciecho, que ahora sí que parece realmente pequeño. Luego iré a visitarlo y comeré algo allí y tal vez me remoje los pies.

El sendero que utilizo para subir a la cima alterna zonas de hierba con otras de roca, a veces descompuesta y algo en punta. El camino en alguna ocasión sigue sin estar muy claro e incluso desaparece del todo y en algunos tramos hay que guiarse por la intuición. Pero insisto, siempre se sube por el lado este, más fácil que el oeste, aunque la cima está más hacia el noroeste.

En mi afán por recorrer la ladera este, me desvié demasiado. De pronto me vi en una ladera herbosa, y me di cuenta de que me resultaba difícil progresar porque me resbalaban las botas sobre la hierba a pesar de llevar los bastones. También es verdad que me confundió la variedad de marcas de sendas, o que sin serlo realmente, me lo parecían. Y escogí una que me llevó al lugar equivocado. pero como rectificar es de sabios, retrocedí sobre mis pasos y solucionado.

Una vez volví al punto inicial, retomé un caminillo que ascendía sobre la zona rocosa, más cerca de la divisoria, hacia la derecha. Os lo cuento para que no os pase a vosotros lo mismo que a mí, intentad subir por la ladera este, pero sin bajar demasiado, como ya os digo, id más próximos a las rocas, o por encima de ellas, siguiendo los senderos que por ahí se ven.

Al ir en solitario fui muy tranquilo, a mi marcha, pero al no tener ningún montañero subiendo por delante mío, no podía fijarme en su ruta, así que tuve que ir improvisando todo el rato como mejor supe y pude y tratando de seguir los senderos.

Mirando hacia abajo, hacia el este, distingo el collado de Musales (flecha amarilla), de donde vengo. Sobre él, el pico Sanchacollons (2.707 m) y pico de La Forqueta (2.723 m).

Poco a poco fui ascendiendo y primero llegué a la antecima y luego ya a la cima del Musales. Desde que dejé el collado y mientras iba cresteando, soplaba un viento fuerte y frío, algo desagradable, y que a veces amenazaba con desestabilizar mi caminar, todo lo contrario que en el collado, que estaba en absoluta calma. Cosas de la montaña.

Como se suele decir, «perder para aprender» así que os pongo algunas fotos en las que podéis ver el recorrido aproximado en amarillo, por las rocas, que utilicé después de retroceder desde la zona herbosa . Es el mío, lo que no significa que tenga que ser el único, ahí cada uno escoge lo que mejor le parezca.


Luchando contra el viento (literalmente), voy ascendiendo y casi sin darme cuenta diviso lo que parece el tramo final hasta la cima.

Un par de hitos me esperan. Es como si tuviera que pasar entre ellos, como si de una meta se tratara.

La cima del Musales (2.653 m)
Y por fin llego a la cima en un tiempo aproximado de 3 horas y 45 minutos con diversas paradas y retrocediendo un poco el camino al final como os he contado. Estoy a 2.653 m, no es un tresmil pero poco le falta. He superado 1.250 m de desnivel que luego tendré que bajar otra vez. En las salidas hay que tener en cuenta, y mucho, lo que nos costará volver, ya que sigue siendo excursión, no lo olvidéis.
Una vez arriba, me encuentro con un montón de piedras apiladas como suele ser habitual en las cimas indicándome que he llegado a la máxima cota. El espacio en la cima no es muy amplio, pero lo suficiente para hacerse fotos en varias direcciones.
¿Fotos he dicho?. El viento ha arreciado aún mas en la cima, y no hay nadie por aquí, no puedo recurrir a ningún montañero para que me las haga, así que despliego el trípode, pero por desgracia el viento lo tira, no se sostiene. Temo por la integridad de la cámara si la coloco en él. O busco una solución, o no podré inmortalizar el momento.
Al final se me ocurre colocar unas piedras en la zona del trípode que une las patas, con lo que gracias al peso consigo estabilizarlo. Problema solucionado. ¡Puedo hacerme las fotos! me pongo a ello.

Las vistas desde aquí siguen siendo alucinantes. Una panorámica total de 360º ya que me encuentro en un punto en el que puedo ver el valle de Tena al sur por un lado, y el circo de Piedrafita y el embalse de Respomuso al norte, por el otro.


Y es que estoy en el punto culminante del extremo noroccidental de la divisoria de los Musales. Dicha divisoria, separa el circo de Piedrafita del embalse de La Sarra y Sallent de Gallego. Dos valles más o menos en forma de U que tal vez se formarían durante las diferentes glaciaciones del Pleistoceno (período de 2,5 millones de años que abarca las últimas eras frías) cuando los dos glaciares que por aquí discurrían, erosionaron en paralelo.
Cuando termino de hacerme las fotos y recojo el trípode, escucho voces. Una pareja de montañeros sube hacia donde yo estoy. ¡Hay gente! ¡no me lo creo! Un chico y una chica, él le anima a ella…¡vamos campeona que lo vas a conseguir! le va diciendo. Nos saludamos. La chica me pide que les haga alguna foto con el móvil. Luego ellos me hacen una foto a mí en pose triunfal. Si hubieran llegado 10 minutos antes, me ahorro toda la parafernalia del trípode. ¡A buenas horas mangas verdes!.

El regreso
Ahora toca ya bajar. Tal y como os pongo en la foto de debajo, mejor por la crestería de la divisoria, evitando la hierba.


Mientras desciendo me topo con un grupo de cuatro montañeros que suben. Dos chicas y dos chicos. Son vascos. Cuando llego al collado puedo verlos. Les hago fotos desde aquí con el zoom porque pienso que os pueden servir para haceros una idea de como se sube al Musales. He marcado con círculos su posición para que podáis observarlos bien. Os dejo la secuencia completa.






Mientas sigo descendiendo hacia Ibonciecho ,veo en la lejanía el pico Collarada (2.886 m).

Con el zoom ya no sólo veo el pantano de Lanuza, sino el propio pantano de Búbal. Desde luego las vistas desde aquí siguen siendo extraordinarias, aunque sí que es verdad que hoy no está del todo clara la atmosfera, hay como bruma y el cielo entre nubes y claros.

De nuevo tengo Ibonciecho a la vista. Ahora con detalle, pues le da de pleno la luz del sol y el agua es tan clara que desde aquí arriba veo perfectamente las rocas del fondo.



Visita a Ibonciecho (2.230 m)
Apartándome de la senda principal, y a su altura, desciendo por un sendero que me lleva directamente al ibón. Una vez allí compruebo que no es tan pequeño como parece. Creo que por fin es hora de reponer fuerzas y de comer algo.


Una vez he comido y descansado un poco, decido que voy a circunvalar el ibón por la orilla y que me acercaré al desagüe. Una gran brecha en la roca me indica por dónde sale el agua. Hoy es un pequeño riachuelo, pero hace miles de años quizás fuera algo más imponerte, dadas las dimensiones del cortado que veo.



Hacia el pantano de La Sarra y el coche
Ahora ya sólo me queda ir deshaciendo el camino de antes. La luz es distinta, los colores también. Según la hora del día todo cambia. Es lo bueno que tiene el Pirineo, nunca te aburres. Tendré que ir atento a las entradas de los los atajos (los diez) que hice por la mañana, y acordarme de las señales e hitos correctos.
Por eso os los he descrito con todo lujo de detalles a la ida, para que os sirvan de fiel guía, y que vayáis con total tranquilidad y seguridad. En un momento determinado, veo en la lejanía abajo, el pantano de La Sarra, donde tengo aparcado mi coche. Aún me queda un buen trecho para llegar.



Llegada y fin de la caminata
Pues bien, todo lo bueno se acaba y ha llegado el momento de volver a la rutina de la ciudad. Ha sido una estupenda jornada de montaña he hecho ejercicio, he respirado sano, y me lo he pasado francamente bien, que era de lo que se trababa.

Ya en Sallent, hago una foto del pico donde he subido para que os hagáis una idea desde esta perspectiva.

En resumen, un pico fácil con las consideraciones que ya os he dicho, sin dificultad técnica alguna, salvo el prestar atención, ir con cuidado y orientarse bien con los senderillos para escoger el mejor, incluso cuando parezca que no existe ninguno, ya que siempre hay alguna marca de senda y por supuesto, tener una condición física adecuada al esfuerzo a realizar que en este caso considero moderado por la distancia y el desnivel a superar.
Es pero que os haya gustado la entrada y que os animéis a repetir mi excursión. Muchas gracias por seguirme y que os vaya muy bien. ¡Nos vemos de nuevo en momentum.photo.blog!
Mapa de la ruta

