Hola de nuevo amigos y seguidores de mi blog. Hoy es 10 de agosto de 2021 y me voy a visitar con mi amigo Ángel una zona realmente espectacular del Pirineo aragonés. Escuaín y la garganta que forma el río Yaga, con su famosa cascada, y después iremos hasta Revilla donde haremos la ruta de los miradores para regresar otra vez a Escuaín y hacer el recorrido de las Proas de O Castiello. Comenzamos.

Para llegar a Escuain hay que pasar por Ainsa y llegar al pueblo de Escalona, desde allí, en una rotonda coger el desvío hacia Añisclo, pero casi nada más salir de la rotonda y a la derecha veréis un cartel que indica Garganta de Escuaín. Hay que ir por ahí. Desde aquí, por una carretera típica de montaña se llega a la localidad de Puértolas y desde aquí a Escuaín. He recogido a mi amigo Ángel con el coche en su casa a las 6 de la mañana, y desde Zaragoza nos ha costado unas dos horas y media largas llegar hasta aquí, tras recorrer 194 km.

Llegada a Escuaín (1.209 m)
Una vez en Escuaín, como unos 200 m antes de entrar propiamente en el núcleo urbano, existe una zona a la izquierda de la carretera donde se puede aparcar. Dejamos el coche ahí, bajo un árbol y al lado de un campo y nos disponemos comenzar la excursión.


Enfrente del aparcamiento, al otro lado de la carretera, hay una serie de paneles informativos.Cruzamos a verlos. Nos indican la ruta del GR 15 por esta zona, además de información sobre las aves del entorno, entre otras cosas. Sobre nosotros, en el horizonte cercano, la mole del Castillo Mayor, con sus 2.020 m de altura, dominando el paisaje.




Antes de iniciar la ruta propiamente dicha, nos queremos pasar por un punto de información que hay en Escuaín para preguntar por las diversas opciones que tenemos en mente para la salida de hoy y escoger la que mejor nos parezca. Así que caminamos por la carretera ciento cincuenta metros hasta allí.
Lo primero que se ve al llegar es la iglesia de San Pedro, a la izquierda, del siglo XVI, y al frente, una placeta con una fuente que también sirve de lavadero. Hay unos cuantos gatos campando a sus anchas por esta aldea.

El pueblo de Escuaín está casi deshabitado, con solo una vivienda recuperada y el centro de visitantes o punto de información que os he comentado. El censo actual: 3 personas. Pero es visitado porque desde aquí se puede acceder a la Garganta de Escuaín, uno de los cuatro senderos oficiales del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Las casas ahora deshabitadas son de piedra y tienen tejados de losa, y según dicen, algunas de ellas conservan todavía los hornos de pan. Las chimeneas son grandes cilindros de piedra.

Punto de información del Parque Nacional de Ordesa
Este punto de información del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido se encuentra en las antiguas escuelas del pueblo de Escuaín. Hacia allí vamos. No sabemos si estará abierto a estas horas, pero enseguida salimos de dudas. Una mujer, con el uniforme granate y marrón típico de los empleados del Parque Nacional, se dirige cuesta arriba hacia una casa que parece el punto de información. La seguimos.


El punto de información cuenta con una sala donde además de un mostrador para atender las cuestiones de los visitantes, se muestra una colección de fotografías de quebrantahuesos que permite apreciar el diferente colorido del plumaje de esta ave según su edad, y una reproducción a tamaño natural en vuelo de este ave, catalogada como en peligro de extinción. Ahora por el tema de la COVID-19 todo está precintado y con recipientes gel hidroalcohólico por todos lados. Hay carteles de prohibido perros -para zonas dentro del Parque Nacional- y de no volar drones.
Nos atiende Cristina, que es la encargada del lugar, con mascarilla, nosotros también la llevamos, y que muy amablemente ante nuestra consulta nos explica la ruta a seguir y nos da unas cuantas recomendaciones además de unos mapas y folletos indicativos de la zona.


A nuestra pregunta de si iríamos a ver la Surgencia del Yaga, también conocida como la Fuente de Escuaín,-donde las aguas procedentes del Circo de Gurrundue brotan a la superficie de forma enérgica creando una gran cascada de agua-, o por el contrario ir a ver la Cascada de la Garganta de Escuaín, nos dice que son dos lugares diferentes, sin decantarse por ninguno de ellos.
Pero nos advierte: para ir a la primera, ahora ya no se puede hacer por la antigua ruta más accesible, sino que al entrar esta última dentro de la catalogación de zona restringida por el Parque Nacional de Ordesa, se ha prohibido todo acceso por allí a los senderistas, y que ahora hay que ir por otro camino, más complicado y expuesto.
Nos dice que el nuevo camino no está exento de riesgo, que trepar la pared de la zona de la Surgencia es relativamente asequible, aunque hay que hacer uso de manos y pies, pero que bajar es especialmente peligroso, con una gran pendiente y muy expuesto. Ante tal panorama, preferimos ir a visitar la Cascada de la Garganta de Escuaín, un lugar también fascinante y que veníamos con intención de ver ya de antemano.
Nos despedimos agradeciendo los consejos y marchamos otra vez hacia el coche pues desde allí tendremos que recorrer un tramo de carretera hasta alcanzar el inicio de la ruta que desciende hacia el fondo del lecho del río Yaga. A la derecha dejamos un cartel que indica el inicio de la ruta a las Proas de O Castiello, que haremos a la vuelta de Revilla.

Como a unos 800 m de Escuaín, por la carretera, pasamos por un puente que permite atravesar el Barranco de la Fuente. Si vais con coche, ojo con las ruedas, hay una estructura metálica que sobresale y si vais muy deprisa os puede dar un disgusto.



Inicio de senda hacia el río Yaga por el GR 15
A 150 metros del puente del Barranco de la Fuente, y a la izquierda de la carretera en sentido descendente, está el inicio de senda. Está muy bien indicado, no hay dificultad en localizarlo.


Bajaremos unos 250 metros de desnivel en apenas 1 km de distancia que nos llevará hasta el lecho del río Yaga, en unos 30 minutos según el cartel indicador y por el GR 15. Desde aquí a Revilla, donde también queremos ir, nos marca 2,5 horas -siempre añadid una media hora más a todo lo que marcan, no tienen en cuenta paradas-.
El sendero desciende con buena pendiente aunque contenida y constante, rodeado de una abundante vegetación recubierta de líquenes y musgo por todos lados. Es un recorrido muy agradable, y siempre presentes las marcas rojiblancas de la GR 15.




Primera bifurcación
A medida que desciendes hacia el río Yaga, se nota cada vez más la humedad en el ambiente. En un determinado momento hay que elegir senda. Pero tranquilos. Un poste indicativo nos saca de dudas. Continuamos.



Se nota, por el tipo de vegetación que se ve, el fenómeno de la inversión térmica, es el mundo al revés. En el interior del cañón, la inversión térmica propicia una frondosa selva compuesta por arces, fresnos, abedules, o tilos entre otras especies. En las laderas, más soleadas y cálidas, encontramos especies que acostumbran a vivir en latitudes más bajas, como pueden ser la carrasca, el roble o el pino negro. A media altura, dividiendo los dos ambientes, aparecen magníficos hayedos con sus lechos de hojarasca.

¿Siguiendo los carteles… a Revilla?
Casi ya hemos llegado al lecho del río Yaga, cuando nos encontramos con otro cartel que nos indica la dirección para ir a Revilla. En principio es nuestro destino, así que lo seguimos. Pero esta decisión nos llevará a un callejón sin salida que además nos hará perder bastante tiempo. Ahora os voy explicando.

Seguimos según indicaciones y acabamos en un lugar lleno de gente, junto a una bonita poza de agua cristalina y una pequeña cascada. Es el río Yaga. Todos y todas van vestidos con traje de neopreno y casco. Son franceses (es evidente, al oírlos hablar). Ninguno lleva la mascarilla puesta a pesar de que no guardan para nada la distancia de seguridad. Con cierta aprensión y muy rápido, pasamos entre ellos, pues es de suponer que el camino a Revilla sigue hacia la derecha, tal y como uno de ellos nos confirma al preguntarle de pasada.



Seguimos avanzando, y unos pocos metros más adelante, hay que cruzar el río. El lecho del río es relativamente profundo, y las rocas no nos dan mucha seguridad a la hora de saltar sobre ellas para pasar al otro lado, pues la senda sigue por ahí. Están algo mojadas por los barranquistas, lo que seguro las hará más resbaladizas.
El paso que nos da cierto reparo es el que hay que hacer desde una gran roca a otra que acaba en punta. Exige saltar literalmente sobre la otra porque no se llega a cubrir el espacio que las separa alargando la pierna y que si así fuera, nos evitaría tener que saltar. No nos convence nada. Con las mochilas a cuestas, un mal paso, un resbalón o perder el equilibrio y el disgusto puede ser monumental.
Visto lo visto, tanteamos otros posibles cruces del río, por piedras diferentes, pero todo es un callejón sin salida. ¿Habrá acabado aquí nuestra excursión?. Yo por si acaso, ya me he puesto el móvil, llaves del coche y demás en los bolsillos superiores del chaleco, al menos si me caigo al agua, no perderé el móvil, pues si se moja, es en la mayoría de los casos, irrecuperable.

Desistimos de cruzar definitivamente por aquí el río y buscamos otras vías alternativas. Retrocedemos y volvemos otra vez a ver a los franceses, que en realidad sólo estaban a unos pocos metros de nosotros. Están tirándose desde la parte alta de la pared que da a la poza. Y por ahí parece que va una senda. Seguramente la que lleva a Revilla. Han cruzado por el río para llegar hasta ese lugar, pero claro, metiéndose en él. Van preparados. Nosotros no.


Pero parece que pronto nuestra suerte va a cambiar. Por la senda que discurre por la pared desde donde están tirándose los barranquistas, caminan dos senderistas españoles que nos hemos cruzado en el camino de bajada desde Escuaín. Les preguntamos cómo han llegado hasta ahí, y nos dicen que bajando por el sendero que hay a la izquierda del cartel que indica como ir hacia Revilla, en la bifurcación anterior, por este pequeño sendero se llega al río y se cruza también sobre piedras, pero que está mejor, que ellos lo han hecho.

Pues bien, en la foto de debajo os pongo unas flechas amarillas. Hay que ir por ahí. Y bajar al lecho del Yaga. No hacer caso del cartel que indica Revilla en este punto, pues os encontraréis con el problema de cómo pasar el río. Al final del día, a la vuelta, se lo comentamos a Cristina, del punto de información de Escuaín y a otro compañero suyo, y nos reconocen que esa parte del recorrido está muy mal y que llevan solicitando un puente metálico para hacerla más accesible desde hace mucho tiempo. A ver si les hacen caso y lo ponen.

Por el barranco de Concusa, cruzando el río Yaga
Siguiendo el consejo de los dos senderistas comenzamos a descender hacia el río. Hemos perdido bastante tiempo localizando un camino alternativo y previamente haciendo probatinas por la parte muy complicada de cruzar, pero ahora ya estamos encaminados.





La cascada de la Garganta de Escuaín (975 m)
Nada más cruzar el río Yaga y desde aquí, hay un sendero que nos permitirá llegar a la famosa cascada de la Garganta de Escuaín. Es, por lo que nos han contado, un lugar que merece la pena visitar. De una gran belleza paisajística y muy salvaje. A ver si nos da esa impresión también a nosotros. Hemos descendido cerca de 250 m de desnivel desde que tomamos la senda cerca de Escuaín.

Comenzamos a avanzar por lo que es un lecho de roca pulida por el agua durante miles de años. Hay zonas secas, así que no es posible resbalar si te mantienes caminando por ellas.

Pero al girar siguiendo la pared de roca y tener una visón de la cascada de frente…¡vaya! más gente. Son también franceses, ahora van todos uniformados con un casco naranja, ¿es que no vamos a tener tranquilidad?. De acuerdo, la montaña es de todos, pero en según que sitios, si hay pocas personas, mejor.



Enseguida, y progresando por una superficie rocosa algo inclinada hacia el río, nos ponemos a la altura de una gran y profunda poza cristalina que tiene el agua de un bonito color esmerada y totalmente translúcida, donde hay semisumergido un gran árbol caído. Está ahí, como si de un animal de las profundidades se tratase, sacando sus tentáculos fuera del agua.
Es una visión muy chula, pero hay que tener cuidado. Un resbalón y te vas directamente a hacer compañía al tronco hundido, y el fondo, parece estar muy abajo.


Y por fin, aunque estamos rodeados de gente, logro hacerme con un hueco cercano a la cascada donde nos haremos algunas fotos. La cascada es preciosa, y el entorno parece un mundo perdido.



Al rato los de los cascos naranjas se van, y la zona queda más despejada aún, lo que nos permite hacernos alguna foto abarcando un encuadre mayor. Pero pronto aparecerá más gente. Una chica, ni corta ni perezosa, se dispone a bañarse en la poza. Supongo que el agua estará bastante fría, así que… ¡suerte!.


El lugar es tan chulo que os dejo unas cuantas fotos más a continuación para que las disfrutéis viéndolas.






De nuevo hacia Revilla
Ya visto el lugar, retomamos la senda por la que hemos llegado hasta la cascada, y luego cogemos una que va de subida, porque tendremos que pasar por donde vimos antes a los senderistas esta mañana, es decir, por la pared desde donde se tiraban los franceses a la otra poza.
Una vez allí se nos presenta un paso un tanto delicado, hay que ir atentos si no queremos imitar a los barranquistas y caer al río, pero tranquilos, han puesto unas sirgas a modo de pasamanos que te ayudan a superarlo fácilmente. No obstante, no perdáis la concentración en este tramo.





Una vez superada la zona de la sirga, un cartel nos indica la dirección que hay que seguir hacia Revilla. La senda se interna en un bosque de ladera, y pasa junto a una vieja construcción de piedra casi derruida. Es un viejo molino.




Seguimos hasta que llegamos a una zona más abierta para contemplar una enorme pared rocosa por la que parece que en algún momento ha tenido que bajar un torrente de agua. Ahora está seco. En su base hay algo de agua estancada, cruzamos por ahí y enlazamos otra vez con la senda que vuelve a subir la ladera.


El camino cada vez va más pegado a la pared de roca y la caída hacia la derecha es importante. Por aquí hay que ir con precaución. Han colocado en algún tramo sirgas de seguridad.


El Barranco de Buchervala
Después del tramo con sirgas se sigue avanzando y se cruza un pequeño torrente comenzando a subir por un lateral del barranco de Buchervala. La ladera es un bosque sombrío lleno otra vez de líquenes y musgo por doquier.






Tras una media hora subiendo, el camino llega a una zona más despejada desde donde se puede contemplar colgado en la ladera de la montaña de enfrente, y por encima de nosotros, el pueblo de Revilla. Hasta allí hay que llegar.

Hacia la carretera que lleva a Revilla
Ahora nuestro próximo objetivo es llegar hasta la carretera que lleva a Revilla y de ahí al pueblo, pero para eso aún tendremos que recorrer un buen trecho y subir en altura, pues la población sigue estando muy por encima de donde nos encontramos nosotros.


De pronto, una mariposa Negra Mayor-Satyrus ferula-se posa tranquilamente en mi muñeca y no parece quererse marchar. No sé que le gustará de mi reloj, igual lo considera atractivo por algo, aprovecho para hacerle una foto antes de que eche el vuelo de nuevo.


Poco a poco la senda discurre por una zona más despejada de vegetación y hacen su aparición algunos pinos. Atrás hemos dejado el musgo y los líquenes del fondo del barranco. El suelo parece formado por finas lascas de pizarra.










El secreto de la Carlina
De camino, mi amigo Ángel descubre una Carlina -Carlina acaulis-.El cardo de puerto o la carlina es una planta cuya flor tiene forma de pequeño disco solar que decora los prados de montaña desde julio cuando florece hasta el otoño cuando las flores son desprendidas por el viento. Se cría en los pastos de la cordillera pirenaica, así como en las montañas de gran parte de Europa, especialmente en praderas secas y taludes rocosos, desde los 1000 a los 2000 metros.
Pues bien, mi amigo me dice…¿quieres ver algo muy curioso?. Coge una botella de agua y comienza a echar el líquido elemento encima de la planta. Inmediatamente, la Carlina comienza a cerrarse sobre sí misma. ¡Estoy asombrado!. En cuestión de tres escasos minutos se ha cerrado totalmente. Según mi amigo, esta planta cuando nota agua encima, esto es cuando llueve, cierra su flor para protegerse y luego la vuelve a abrir pasado el chaparrón. La naturaleza no deja continuamente de sorprenderme. Otra cosa que he aprendido hoy.


Una loma muy pelada
Parece que por ahora se han acabado los bosques y vamos por un camino muy despejado. Hace bastante calor y no hace ni una pizca de aire. Esto se hace un poco más duro de llevar, pero se supone que estará ya más cerca nuestro objetivo, la carretera.





Llegada a la carretera que lleva a Revilla
De repente, la senda llega a una planicie. Una furgoneta blanca nos recibe. Por fin hemos llegado a la carretera.

Y allí encontramos un par de carteles indicadores de nuevo. Escuaín (2 horas). Cuesta un poco más, salvo que vayas con el turbo y sin hacer fotos ni nada.

Y de nuevo el Quebrantahuesos
Debo estar de suerte, porque hace dos días, en la subida a los Ibones Azules desde el Balneario de Panticosa, pude fotografiar el Quebrantahuesos y ahora sobre mi cabeza tengo otro. Aprovecho para hacer alguna foto de este bonito buitre antes de que se me escape.


Marchando por la carretera hacia Revilla
Y ahora toca asfalto. Es lo que hay. Y bastante calor también. Y lo que tiene el alquitrán recalentado es que nos rebota el calor que ha absorbido previamente. Este tramo se hace bastante pesado, pero al menos podemos ver algunas clases de flores en los arcenes, lo que nos ameniza un poco la marcha. De aquí a Revilla tendremos un par de kilómetros aproximadamente subiendo por la carretera.







Un poco antes de llegar a Revilla, a la derecha de la carretera, se ve una caseta, donde parece ser, hay un transformador de energía eléctrica. Sobre el muro que lo cobija, han colocado un cartel explicando la historia de la electrificación de este pueblo.
Una noticia aparecida en la prensa el 14 de agosto, esto es, hace dos días, dice así : «La electricidad ha llegado al núcleo de Revilla, perteneciente al municipio de Tella-Sin, en el Pirineo oscense, que llevaba décadas despoblado, pero donde este verano se ha instalado una familia.»


Poco rato después comienzan a aparecer coches aparcados a un lado de la carretera. Esto nos indica que ya falta muy poco para nuestro destino, los miradores. Y también nos obsequia con un poco más de calor que sale de los bajos de los vehículos, combinado con un muy urbano olor a goma recalentada.

Llegada al inicio de la ruta de los miradores
Después del caluroso tramo de carretera y 1,5 km más tarde, llegamos al inicio de la ruta de los miradores. Se nos plantea el dilema de si continuar la visita a los mismos, o acercarnos al pueblo primero a ver si encontramos una fuente de agua fresca y comemos, y ya de paso, descansamos algo. Optamos por esta última opción.



Llegada a Revilla
Medio kilómetro más carretera arriba y estamos en Revilla. Ahora buscaremos un lugar donde descansar y refrescarnos un poco, que nos lo hemos ganado.

Ya a la entrada del pueblo, el cartel típico de carretera indicando el nombre. Pero parece que no se ponen del todo de acuerdo en como llamar al pueblo, si con «V» o con «B», así que han optado por la solución salomónica, usar las dos. Creo que la versión con «B» es en fabla (lengua) aragonesa.


Una vez entramos en la aldea, un señor muy amable – que casualmente es primo hermano de la encargada del punto de información de Escuaín- casualidades de la vida, nos indica donde está la fuente y donde podemos comer.


Al lado de una casa y en una pequeña pradera, hay una fuente lavadero. Nos disponemos a beber con ansia agua fresca del Pirineo, pero…nuestro gozo en un pozo, viene calentorra, así que pasamos. Ni aún dejándola correr un buen rato, sale fresca. Bebemos de la que llevamos cada uno en las mochilas.


Ya más tranquilos, comemos, y tas un breve descanso, retomamos la marcha.
De vuelta al inicio de la ruta por los miradores
Ahora sí que iniciamos el recorrido de más o menos una hora de duración. El inicio está como habéis podido ver antes, en una curva muy pronunciada de la carretera de Revilla -unos 300 m antes de llegar a Revilla- y a 1.204m.
Miramos algunos paneles que hay colocados allí y nos disponemos a internarnos en el sendero que nos llevará a los miradores. Es un sendero sin ninguna dificultad y muy bien indicado. Son unos 4 km aproximadamente con unos 200 m de desnivel acumulado. Este camino nos guiará hacia el Mirador de Angonés, perfecto para contemplar la profunda Garganta de Escuaín.



Seguimos avanzando por la senda hacia los miradores de Revilla y vamos tomando dirección norte hacia la Ermita de San Lorenzo, una ermita rupestre y en ruinas.


Continuamos siguiendo las indicaciones a lo largo del sendero. Va por la ladera de la montaña, es estrecho y muy agradable de recorrer. Después desciende algo y se dirige hacia el barranco Consusa. Para pasarlo sin dificultad, han colocado un puente metálico. Bien vendría otro igual en aquel tramo que nos hizo perder tanto tiempo en el río Yaga.


Tras cruzar el puente torcemos a la izquierda, y pasamos entre Peña Faja, tomando ahora dirección Norte que nos llevará en poco tiempo al desvío que nos acercará a la ermita de San Lorién.
Este sendero de los miradores de Revilla se encuentra en la vertiente meridional de la sierra de Las Zucas, que -junto con las propias Gargantas de Escuaín- está integrada en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.

Vamos a situarnos. Esta Sierra, que se encuentra por encima de la población de Revilla, y junto a la que nos encontramos, tiene como principales cumbres las llamadas Tres Marías, con los picos Zuca Punchuda (2781 m), Zuca Roncha (2757 m) y Zuca Plana (2702 m). La Sierra se separa del macizo de Monte Perdido en su extremo oeste por el Collado de Añisclo. Por su cara norte se desploma más de 1.000 metros casi verticales hasta el fondo del Valle de Pineta, apenas cubierta por vegetación, y es cortada por los circos glaciares de Gurrundúe y Angonés que descienden hasta la Garganta de Escuaín.
Continuamos y después de pasar el desvío a la ermita -que obviamos tomar, ya que vamos un poco justos de tiempo-, optamos por seguir adelante.

También durante el itinerario, nos encontramos varios paneles interpretativos sobre el quebrantahuesos.De hecho, esta zona está considerada una de las mejores de toda Europa para la observación de esta especie en su hábitat natural. Yo ya he podido fotografiar hoy uno como habéis visto.

El primer mirador
Continuamos unos metros más allá, y encontramos el primer mirador, un espectacular balcón hacia la Garganta de Escuaín. Pero,¿cómo se originó? pues es una consecuencia del fenómeno de la erosión kárstica.
Desde su nacimiento, en el circo glaciar de Gurrundué, el río Yaga ha excavado una profunda cicatriz en el terreno aprovechando una diaclasa (fractura de la roca) en la que se ha ido encajando con el paso del tiempo. El río recoge además las aguas de los barrancos Forcallo, Angonés y Consusa, más las aguas de una de las mayores cuevas exploradas del mundo: el Sistema de las Fuentes de Escuaín, que supone el principal aporte hídrico del río.

Una vez allí disfrutamos de las vista que son espectaculares. Unas cuantas fotos y continuamos hacia el segundo mirador, el de Angonés.



Mientras seguimos por la senda, enfrente vemos el pueblo de Escuaín y los miradores de ese lado llamados las Proas de O Castiello y que queremos recorrer cuando volvamos a Escuaín.

Y es que Escuaín y Revilla están uno enfrente del otro en el borde de los acantilados del barranco del río Yaga, y en el tramo más intacto y salvaje, que es la Garganta de Escuaín. Comentamos Ángel y yo que si se construyera un puente sobre el abismo que uniera las dos aldeas se llegaría allí en un santiamén, pero ahora mismo estamos a dos horas y media largas de Escuaín, si vamos por el mismo camino que hemos recorrido antes.

Posible desvío a Revilla
Seguimos nuestra ruta por esta fascinante senda, disfrutando de las vistas que nos ofrece, y llegamos a un cruce de caminos. Hacia la derecha, la senda nos llevaría de vuelta a Revilla, completando de esta forma una ruta circular. Nosotros seguimos a la izquierda, hacia los miradores de Angonés.

Nos llama la atención que advierten expresamente que está terminantemente prohibido el uso de drones. No me puedo ni imaginar el desastre que sería un dron chocando con un quebrantahuesos por ejemplo, no me extraña que los prohíban.

El Mirador de Angonés
Pues bien, obviando el ramal que va hacia Revilla de nuevo, tomamos el desvío hacia la izquierda que nos lleva al poco rato a atravesar un bonito y denso bosque de pinos. Cruzamos el bosquecillo, y en un lateral de la senda ya aparece un cartel recordándonos que estamos en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.
Descendiendo un poco y al fondo hacia la derecha, nos encontramos con el primero de los dos miradores que hay en la zona; el Mirador de Angonés. Se llama así porque está en la confluencia de la garganta con el barranco de Angonés, que baja desde el circo de la Sarra.





Desde este mirador las vistas son más espectaculares que desde el primero. Llegar hasta aquí ha merecido la pena, sin lugar a dudas. Hay que hacer unas cuantas fotos y disfrutar de esta inmensidad. Creo que mejor que explicarlo yo, os pongo las fotos. No hacen falta palabras.



Se aprecia también desde aquí, muy abajo, la Surgencia o Fuente de Escuaín. Le hago fotos con el zoom.


Nos hacemos alguna foto más aquí y marchamos hacia el segundo mirador de Angonés, que en realidad es un mirador doble.


El Buitre Leonado
Pero, antes de marchar, desde el Mirador de Angonés tengo la suerte de poder divisar algunos buitres que están surcando la garganta de Escuaín.
Y lo mejor de todo es que están a mi misma altura, e incluso un poco más bajos, con lo que puedo realizar unas estupendas fotografías desde otro ángulo diferente al que los suelo sacar, siempre desde abajo. Estoy encantado con las fotos que hago. Os dejo unas cuantas para que los veáis. Incluso se distingue la cabeza, el ojo, y el pico de alguno de ellos.






El segundo Mirador de Angonés
Tras contemplar estas increíbles vistas, retrocedemos hasta el pinar, y enseguida torcemos a la derecha para ir a visitar el segundo y último de los miradores. Ambos miradores ofrecen vistas similares, pero este segundo tiene unas vistas magníficas sobre el pueblo de Escuaín.


Os digo lo mismo que antes, mejor os dejo las imágenes. Sobran las explicaciones.







Regreso a Escuaín
Una vez disfrutado de todo esto, toca volver. El camino, el mismo. Sin paradas. Aún queremos ver las Proas de O Castiello. Sólo os pongo algunas fotos. El día está cundiendo, pero aún hay que desandar lo andado.




Llegada a Escuaín: Las Proas de O Castiello
Y finalmente, unas cuantas horas después de haber partido, hemos llegado a Escuaín y ahora nos vamos a ver las Proas de O Castiello, antes de volver a Zaragoza.


Junto al punto de información del Parque Nacional, comienza el sendero de las Proas de O Castiello. Lo iniciamos y lo primero que nos vamos encontrando son los restos de las casas que ahora deshabitadas formaban el pueblo de Escuaín. Bueno, para ser sinceros, también nos encontramos, como no, el bar.
Estas casonas de piedra se conservan tal cual, aunque acusan el paso del tiempo. Son casas típicas de estilo montañés pirenaico.




A la derecha de la senda nos sorprende este precioso caserón montañés deshabitado y medio en ruinas que sin duda tuvo tiempos mejores.








Abandonamos este primer tramo entre las antiguas casas del pueblo de Escuaín y la senda ya nos va llevando hacia los cortados.

Al cabo de un rato, este circuito se completa en unos 30 minutos, con lo cual las distancias no son muy largas, nos encontramos con unos carteles indicadores del primer mirador o proa, y otro, que nos indica como continuar hacia el resto.

Aquí las vistas son espectaculares. Lo bueno es que estamos observando los Miradores de Revilla justo enfrente igual que antes desde aquéllos veíamos las Proas de O Castiello de Escuaín donde ahora estamos.

Hay un panel explicativo muy explicito con la frase: «vivir al borde del precipicio». Y así es, para todas las aves y plantas que por aquí se pueden ver.

Igual que antes, mejor os dejo imágenes en vez de palabras. Que disfrutéis de las vistas desde las proas.


Visto este, retrocedemos hacia el cartel indicativo que nos guiará para continuar por el circuito de estas Proas de O Castiello.

Llegamos al segundo mirador y nos encontramos a gente haciendo fotos a las aves y mirando también con telescopios terrestres.

Y curiosamente, también se ve el primer mirador de Revilla desde aquí. Hoy disfrutamos los dos puntos de vista.



Seguimos completando algún mirador más y deleitándonos con las vistas tan espectaculares de todo el entorno.



A veces la senda pasa entre unos bloques de piedras desgastadas por los cientos de años de lluvias y erosión.




El regreso
Bueno, pues una vez completada la ruta de las Proas de O Castiello, ya nos vamos hacia el coche para iniciar la vuelta.

El recorrido es circular y acaba junto a la casa del punto de información, pero al otro lado, muy cerca de donde comenzó. Después, recargamos agua en la fuente de Escuaín, que esta vez, sí que baja bien fresca.




Una vez fuera del pueblo llegamos al aparcamiento que gracias al abundante arbolado existente y a la sombra que dan, me han mantenido el coche a una temperatura muy agradable.

Espero que os haya gustado esta entrada, tal vez un poco extensa, pero creo que merecía la pena contaros la experiencia de visitar estos lugares, porque la verdad, son espectaculares. Gracias por seguirme y no olvidéis que hay mucho Pirineo aragonés para disfrutar. Animaros a venir por aquí. Nos vemos en momentum. photo.blog. ¡Saludos a todos!.
Ruta y perfil de elevación
Os pongo aquí como siempre la ruta y el perfil de elevación por si os es de utilidad.



