Hola amigos y seguidores de mi blog. Hoy es 24 de julio de 2021 y voy a realizar una excursión que supone una etapa más que complementa la que hice en el verano de 2019 cuando estuve en la zona del Cañón de Añisclo y que podéis ver en la entrada del blog titulada » El impresionante Cañón de Añisclo. Visita a la Ermita de San Úrbez. Los pueblos de Vió y Buerba».
No os cuento como llegar a esta zona del Pirineo aragonés pues está sobradamente explicado en cualquiera de las entradas referidas a la Comarca del Sobrarbe. Sólo deciros que hay que llegar a Boltaña, de ahí a Aínsa y de esta última localidad dirigirse a Escalona donde podemos tomar un desvío hacia el Cañón de Añisclo, y recorerlo hasta el aparcamiento de la Ereta de Biés, o de Úrbez, como también lo llaman.

Hoy marcharé desde el aparcamiento de la Ereta de Biés, descenderé hasta el puente de San Úrbez, suspendido 30 metros en un estrecho sobre las aguas del río Bellós y que está junto al bonito puente medieval. Cerca está también la ermita dedicada a San Úrbez, un Santo y pastor que vivió en una cueva donde está situada la ermita en el siglo VIII.
A partir de aquí seguiré por la pista forestal que discurre a lo lo largo del río Bellós y en el puente de Sangons cambiaré de vertiente – a la margen orográfica derecha-. Después iré subiendo por la senda hasta pasar el desvío hacia el pueblo deshabitado de Sercué que queda a mi izquierda.

Seguiré avanzando en altura, y mucho más adelante, el sendero llegará a la Ripareta, en la confluencia del Barranco de la Pardina con el río Bellós, y es aquí donde el camino se pone a la altura del río. Aquí se da la vuelta y se regresa por el mismo recorrido. De todas formas aún se puede seguir más allá. Este cañón tiene 21 km de largo hasta su final, un trabajo concienzudo de excavación del río Bellós en las calizas del período Cretácico. Comenzamos.
Comienzo de ruta: Ereta de Biés
Salgo de Zaragoza a las 6:43 horas, y tras 202.6 km a las 9:24 horas, llego al aparcamiento de la Ereta de Biés. Como os cuento en la entrada del blog que he nombrado antes, la carretera de único sentido que va desde Puyarruego a la Ereta ya es de por sí un espectáculo. Si queréis verlo, ojead la entrada anterior.
Ese aparcamiento de la Ereta de Biés es muy pequeño, casi minúsculo, así que lo normal es que la fila de coches aparquen en un lateral de la propia carretera conforme van llegando, que es lo que hago yo, eso sí, aprovechando una zona de sombra que me da la vegetación, así el coche estará menos castigado por el sol, a además, si podéis, dejad un pelín la ventanilla bajada, lo justo para que circule el aire dentro del vehículo y escape el calor.








Una vez que llegamos a la zona del aparcamiento oficial, justo al lado, hay una señal de prohibido estacionar junto con otras explicativas. De ahí parte un sendero que desciende montaña abajo y en su primer tramo está protegido por unas barandillas metálicas. Hay que ir por ahí.


Este pequeño tramo, que discurre entre tupida vegetación y troncos llenos de musgo nos llevará directamente a una explanada junto al puente de San Úrbez. Como os decía antes, la vista desde este puente es sobrecogedora, pues está a 30 m por encima de un estrecho cortado por el que circula el agua del río Bellós. Es típico hacerse una foto sobre el puente viejo, te la tienen que sacar desde de nuevo. Yo tengo una hecha, de la otra vez que estuve por aquí.


Una vez allí, ya podemos ver una serie de señales que nos indican el lugar hacia el que debemos dirigirnos según hagamos una excursión u otra y los tiempos que tardaremos en llegar. Se cruza por el puente nuevo, apto para vehículos.



Tomo la pista tras cruzar el puente de San Úrbez
Junto a este cartel explicativo, y por una ancha y cómoda pista, se comienza a caminar justo después de cruzar el puente nuevo sobre el río Bellós. Cada uno se dirige al objetivo que se haya marcado, pues para iniciar todas las rutas, hay que cruzar sí o sí y seguir por aquí.

Enseguida otro poste con señales aparece a nuestra derecha, te marca las direcciones para ir al pueblo de Vió y Buerba, a Sercué y Nerín, a Bestué y los Sestrales…pero la que a nosotros nos interesa es la que pone San Úrbez de Añisclo. La pista continúa siendo muy ancha y está protegida por un murete de piedra para que nadie se pueda caer al abismo.


Continuando por esta pista se deja a la derecha la ermita de San Úrbez. Como todo esto ya lo explico en la otra entrada del blog sobre la zona, si tenéis curiosidad, allí podéis ver fotos de la ermita y sus alrededores.

Primera bifurcación: recto hacia Cumaz
Continuamos caminando y nos encontramos con una fuente a mano derecha. Es la fuente de San Úrbez. Enseguida, a nuestra izquierda, un poste con señales varias nos indica por donde hay que ir para hacer el circuito de San Úrbez, señalando un sendero que baja hacia el río. Este circuito lo hice la otra vez que estuve por aquí, así que en la otra entrada lo tenéis todo. En esta ocasión, como mi objetivo es la Ripareta, previo paso por Cumaz y la Selva Plana, debo seguir todo recto por la pista.



Ya voy marchando por la pista y el paisaje que tengo a mi alrededor se va transformando. Altas paredes de roca se alzan sobre mi cabeza. Hay árboles enormes que crecen en lugares inverosímiles, suspendidos sobre el abismo y bien agarrados a la pared con sus raíces. En algunas rocas se ven profundos agujeros en la superficie. Parecen cuevas enormes.




La senda es ancha y está rodeada de vegetación, lo que le da frescor. A estas horas de la mañana el sol todavía no pega por aquí abajo y el paseo se hace muy agradable.

Sigo escuchando en todo momento el agua del río Bellós que discurre más abajo a mi izquierda. En un momento determinado veo una especie de pilastra, a un lado del cauce. Debió ser parte de algún puente muy antiguo que se llevaría por delante alguna crecida del río y que ya no se volvió a reconstruir.

El camino continúa adentrándose en el cañón de Añisclo. Por ahora es una senda muy cómoda y fácil de recorrer. Voy continuamente con la pared de roca a mi derecha y el cauce del río a mi izquierda. De vez en cuando, aparecen las marcas del GR.15 pintadas sobre alguna piedra.



Poco a poco, el camino y yo nos vamos acercando a la altura del río Bellós. Es notorio que estoy descendiendo casi a nivel del cauce.

Veo sobre la roca abundantes plantas denominadas corona de rey, ó Saxifraga longifolia. Es una especie de planta fanerógama perteneciente a la familia Saxifragaceae autóctona del Pirineo y Prepirineo calcáreo, a donde llegó durante las primeras glaciaciones hace un millón de años. Observo también algunas paredes erosionadas por el río, formando salientes en la roca, e incluso algunas cuevas. La senda sigue avanzando y ahora se estrecha un poco, cada vez más.





Por aquí abundan las campanillas, y los insectos que aprovechan su preciado néctar. Es la Campanula glomerata, hierba perenne de largos tallos, de unos 40 cm de altura, y que están coronados con flores. Suele crecer en prados y pastos de naturaleza calcárea.

Por aquí la mayoría de las rocas que veo a los lados del camino están llenas de musgo y líquenes. El aire es muy puro. La presencia de estas plantas es un indicativo de ello.

La cascada del Cortado
A mi izquierda, y conforme voy avanzando puedo observar las primeras cascadas que forma el río Bellós al recorrer el cauce. Veo la cascada del Cortado. A estas horas de la mañana ya se puede apreciar el azul intenso del agua. Son un deleite para la vista y para el oído, con ese rugiente sonido tan relajante.

Sobre este cañón de Añisclo hay que decir que no existe nada igual en los Pirineos y hay muy pocos cañones en los Alpes que tengan esta extensión (21 km).En Añisclo podemos contemplar todo tipo de vegetación, desde la mediterránea hasta la alpina, además de muchísima fauna propia de estos ecosistemas.

Aquí, como ya os expliqué en la otra entrada del blog, se da el fenómeno de la inversión térmica, en el fondo del cañón, ambiente muy húmedo, veremos hayas, arces y avellanos; mientras carrascas y otras especies propias de zonas secas y calurosas ocupan las soleadas alturas. En las fisuras de las rocas crecen la madreselva pirenaica, la corona de rey, el boj e incluso enebros y el rosal silvestre.

El… ¿cocodrilo? de Añisclo.
Os cuento una curiosidad mientras voy recorriendo esta pista: ¿sabíais que muy cerca de aquí, hace 50 millones de años, existía un mar tropical poco profundo en vez de los Pirineos y que se encontró hace unos veinte años un fósil de un cráneo de cocodrilo marino en la Faja la Pardina -Añisclo, a más de 2.000 metros de altura?.


Estaba atrapado en rocas del período Eoceno, cuando la temperatura media del planeta era 13 grados mayor, no había hielo en los polos y las selvas cubrían un mundo tropical en el que los ancestros de los mamíferos modernos ocupaban el hueco dejado por los “recién” extintos dinosaurios.
El puente de Sangons
Bueno pues seguimos la marcha. Llego hasta el puente de Sangons -no me preguntéis de dónde ha salido este nombre tan pintoresco que me suena más a algún lugar del sureste asiático que otra cosa- y cruzo el río Bellós situándome en su margen derecha desde el punto de vista orográfico.




Cuando ya he cruzado el puente prosigo por una senda muy bien pavimentada y me encuentro con un cartel que indica que no se puede uno bañar en el cauce, advirtiendo de que el río no es una piscina y que no se perturbe la vida en el medio acuático.


Continúo por el sendero y otro cartel a parte de indicar los diferentes destinos ,advierte de que no se salga del camino por problemas de erosión.


Pronto desaparece el pavimento con aspecto de antigua calzada romana para convertirse en una senda sin más por la que poco a poco voy ganando altura.

Después, el sendero se transforma en un camino de piedras de pequeño tamaño dejando a la izquierda un gran canchal o glera que se descuelga de la ladera de la montaña.

El desvío del GR.15 al despoblado de Sercué
Pasado el pequeño trozo de camino que cruza el canchal, y un poco más adelante, me encuentro con un desvío a la izquierda que está bien indicado. Y aquí es donde dejo el GR.15.Es la ruta para acceder al pueblo deshabitado de Sercué y a Fanlo por el Paso del Portiello. Se aprecia como sube el sendero por la ladera del monte. Yo seguiré recto, hacia Cumaz. No hay pérdida posible.

Es aquí donde me encuentro con un par de mariposas de la clase Ninfa boscana o Limenitis camilla, propia de estas latitudes de bosques caducifolios. Una de ellas está bastante maltrecha, parece que ha sufrido una rotura de parte de sus alas.



Puente y fuente de la Escabiella
Al rato llego a otra fuente, la de la Escabiella, y a un puente metálico que hay que cruzar. Supera el pequeño barranco del mismo nombre. Hasta ahora la caminata está resultando agradable, fácil, sin mucho esfuerzo, aunque siempre subiendo paulatinamente. Aprovecho la fuente para mojarme un poco la cabeza y refrescarme la cara.

Desde aquí, mirando hacia el valle de Añisclo, ya podemos ver algunos riscos en la pared de enfrente. El perfil es en forma de V ahora, por la incisión en las calizas que ha ido haciendo el río durante miles de años, muy diferente se verá más adelante, cuando el valle vaya mostrando un perfil en U, típico de la erosión glaciar.


Entre la maleza, a ratos, se puede volver a ver el curso del río y los pequeños saltos de agua entre las rocas.

Aunque la pendiente no es muy pronunciada de momento, el firme a veces se vuelve algo más incómodo por la presencia de grandes piedras por eso mejor si lleváis bastones, son muy útiles en estos casos, evitaréis un mal paso.

Poco a poco me voy internando cada vez más en un nutrido bosque de todo tipo de árboles caducifolios, y algunos otros de hoja perenne. Se agradece la sombra que me proporciona toda esta vegetación aunque lo que sí se nota es bastante humedad, supongo que por la presencia del río. No hay más que ver los abundantes líquenes de la familia Dicranum scoparium que pueblan troncos y piedras por aquí.



Sigo subiendo. De vez en cuando observo pequeñas cascadas y pozas de increíble agua azulada. La senda va un poco expuesta en algunos tramos, hay que tener precaución y asomarse con mucho cuidado .



Camino ahora entre Hayas, abetos, y vegetación varia. El sendero sigue siendo muy sombreado. Para los días de calor es un recorrido muy agradable aunque como os he dicho antes ,algo húmedo.

A veces la vegetación se abre un poco más y me permite ver los picos que tengo a mi derecha. A estas horas matutinas el sol todavía no ha salido tras las montañas, aunque ya apunta maneras. Bajo estas líneas se ve la silueta del Pico Sestrales Alto (2.101 m) y tras él la luz que está a punto de salir en esta parte del valle.

Hay zonas en la que la vegetación es tan densa que parece que entras en un oscuro túnel verde. Se pueden observar algunos helechos arqueados sobre las rocas, como el Asplenium viridis, cuyos tallos suelen alcanzar los 20 cm.


Los árboles de hoja perenne aparecen en mayor número ahora, abetos en su mayoría, que crecen junto con los de hoja caduca, principalmente hayas.

Y siempre que se deja ver, el río Bellós nos sigue mostrando esos tonos verde azulados tan bonitos cuando remansa el agua.

La Gorga (poza) de Castiello
En la foto que os pongo debajo, hay un pequeño sendero casi inapreciable, a la derecha, que permite acceder a una cascada, y a una poza, la Gorga Castiello. Merece la pena dedicarle unos minutos, hay gente que se la pasa porque no se da cuenta del pequeño desvío, estad atentos.




La senda hacia Cumaz
Una vez he visto la poza sigo caminando y me dirijo hacia el paraje de Cumaz, mi siguiente objetivo. El camino se empina cada vez más y el firme en algunas zonas sigue siendo un poco antipático de pisar por los pedruscos, pero con buen calzado y los bastones para apoyar, no hay problema. Me sigue rodeando ahora de nuevo todo tipo de vegetación, hayedos, pinares, carrascales, masas de abetos, tejos, arces… y plantas que viven en la roca, como la grasilla, que se alimenta de insectos y que luego veré en abundancia.

Sigo viendo entre los árboles el río que forma pequeñas cascadas así como misteriosas cuevas en la roca por las que penetra el agua.


Llegada a Cumaz (1.060m)
Cumaz es un lugar donde el valle se abre y se pueden contemplar los picos de alrededor. El cauce se aplana y el agua del río Bellós cae por una zona de rocas formando una serie de cascadas. Se tarda una hora aproximadamente en llegar hasta aquí .

Pero no sólo hay agua en el suelo, sino mucha vida en las alturas. Varios buitres leonados otean el paraje, tal vez en busca de algún animal muerto con el que alimentarse. A ratos descansan en la roca, en unos salientes a modo de cornisas.



El buitre leonado es un carroñero de gran envergadura. Pueden llegar a medir con las alas extendidas más de 2,5 metros de envergadura y un peso de 6-9 kilos, este carroñero es una de las aves más voluminosas de Europa y también una de las más longevas.


El lugar es acogedor. Un remanso de paz diría yo. Unos senderistas me comentan que han visto en otra época del año la cascada con mucha más agua, pero no obstante, sigue siendo un lugar bonito de contemplar.

Un par de piedras gigantescas están encajadas en el cauce aparentemente en precario equilibrio.




Cuando he descansado algo y contemplado este lugar, continúo hacia la Selva Plana. Justo al lado del sendero que hay que coger están los letreros indicativos, no se puede uno desorientar.




Hacia la Selva Plana
A partir de aquí el camino se vuelve todavía más salvaje y el entorno también. Desde Cumaz el sendero va siempre de subida y yo ceo que es la parte más dura del recorrido. Algunas personas sencillamente se dan la vuelta hacia San Úrbez. Yo continúo.

El camino eso sí, va continuamente entre sol y sombra, más bien lo último, gracias a la abundante vegetación que lo rodea.

La fuente de Cumaz
Al poco rato, llego a otra fuente, la de Cumaz. Hago lo mismo. Me refresco la cabeza y mojo la gorra, es como si fuera aire acondicionado instantáneo. Viene bien, pues el esfuerzo de ir subiendo y la humedad persistente te hacen sudar. En cuanto al firme del camino, ya lo veis, sigue pedregoso y algo incómodo de recorrer.


En algún tramo, las piedras del camino disminuyen en tamaño, transformándose en grava gruesa, lo que hace algo más llevadera la subida.


El barranco Pinchau
En un momento determinado la senda debe pasar por una roca que se ve pulida a conciencia por el agua. La ha limado durante años y años el torrente que en épocas de lluvia baja por el barranco Pinchau. Para evitar caídas han colocado unas sirgas metálicas y unos barrotes como los que se usan en la construcción a modo de protección.



En el suelo, veo unas mariposas que están tranquilamente batiendo las alas al sol y revoloteando sin parar. Son dos especies. Una de color naranja muy vistoso y motas negras, la Plateada común o Argynnis paphia, que vive en bosques con sotobosques ricos en frambuesas y zarzas. Y también la azulada Niña turquesa ó Polyomatus dorylas, localizada en lugares herbosos, con flores y sobre terreno calcáreo.



El sendero va cada vez ganando más y más altura sobre el cañón. La vegetación ahora me permite ver claramente los picos de enfrente.



Pero ahora la vegetación menos tupida a los lados del camino toca a su fin y pronto compruebo que vuelvo a introducirme en lo más espeso del bosque. Algún haya bastante grande veo por este tramo.



El puente de La Mirona
Llego al segundo puente metálico de la jornada, el de La Mirona, se llama así por el barranco que cruza. Aquí las hayas son de un porte impresionante. Más grande aún de lo que he visto hasta ahora. También hay algunos abetos enormes.





En esta zona, bastante sombría, sigue habiendo mucha humedad. Veo helechos y musgo creciendo en los troncos de los árboles, y las piedras también están recubiertas de líquenes y musgo.





Veo también flores vistosas, como este ejemplar de Áster alpino que como su nombre indica crece en prados pedregosos alpinos, prefiriendo los terrenos calcáreos. Sobre ella, libando el néctar, un Sírfido o mosca de las flores. Estos insectos quieren aparentar ser abejas pero en realidad son moscas. Es un sistema de camuflaje de cara a los depredadores.

Sigo viendo el rio y alguna pequeña cascada a medida que voy avanzando en continua subida por la montaña.

Entre las ramas de un haya veo un sinfín de hilos de tela de araña. Y en el centro, el arácnido, esperando a su presa. No puedo identificar de que tipo es a esta distancia.


Entre los árboles sigo observando algunas cascadas, algunas se deslizan un buen trecho por la roca. El rugido del río Bellós al precipitarse entre ellas lo envuelve todo.



La senda cada vez es más empinada y el firme más rocoso. Esta subida ya comienza a ser más exigente que lo que llevo recorrido hasta ahora.

Y cada vez también los árboles son más grandes si cabe. Veo un abeto digno de un mástil de cualquier antiguo navío de vela, y un haya que por su tamaño seguro que es centenaria.


Pero algo me llama la atención. Un pobre árbol tiene todo el tronco lleno como de una especie de hongos rojizos, podría ser del tipo de especies que crecen en los troncos de hayas y robles. Unos viven a costa de otros.


Gorga (poza) y cascada del Esquiruelo
Llego a la zona de la cascada del Esquiruelo. Ahora ya sí que la senda sube de golpe y es bastante exigente. Aquí comienzo el trayecto más duro de toda la ruta, como 1,5 km de recorrido.

En este tramo, una palabra me viene a la mente: salvaje. Varias piedras enormes se han acoplado unas encima de otras, y los huecos que quedan entre ellas parecen sombrías cuevas. Seguro que son refugio de a saber que tipo de fauna.



La senda sigue ascendiendo. El firme; variable. Lo común, -salvo algún pequeño trozo más cómodo tapizado de hojarasca-, son las piedras de múltiples tamaños.




Después el camino se abre al paisaje y discurre pegado a la roca. Es aquí donde puedo observar la grasilla, ó Pinguicula longifolia, planta carnívora que atrapa moscas y demás insectos. Es endémica del Pirineo Central, y muy común donde estamos, en el parque nacional de Ordesa y Monte Perdido. A la vuelta me pararé a contemplarlas más tranquilamente y les haré algunas fotos.



El puente de Espluquetas
Aquí ocurre algo asombroso. El sonido que producía el río desaparece por completo. De repente me encuentro en el más absoluto silencio. Es casi sobrecogedor. Sobra decir que el puente se llama así por el barranco que cruza.





Tras pasar el puente de Espluquetas, y después de un rato de ascender por la senda, ésta se abre de nuevo al paisaje y nos deja ver con detalle los picos que cierran por arriba esta parte del cañón como el Tozal de la Fueva.


Me cruzo con otro haya de gran porte a un lado del camino. Aquí piso gravilla, lo que se agradece de veras.

Al final la senda abandona la fuerte pendiente y parece que comienza a llanear por fin. Puede ser un aviso de que estoy llegando a la Selva Plana.
La Selva Plana (1.413 m)
Y efectivamente así es. Estoy en la Selva Plana, llamada así porque es una selva llena de vegetación y está en terreno más o menos plano. De todas formas hay un cartel que lo indica. Curiosamente estoy 13 m por encima de mi destino final, la Ripareta.

Justo al lado del cartel, un poco antes, hay un hueco entre la maleza. Se puede avanzar por ahí y con extremo cuidado asomarte y contemplar el paisaje y los picos de los Sestrales.





Sigo avanzando ya con el Tozal de la Fueva (1.885 m) al frente y con dirección a la Ripareta. Ya queda menos.


Aquí huele a pinar. Es un terreno muy diferente al anterior y hasta la vegetación me parece otra. En general se agradece el terreno casi plano, aunque pronto comenzará el camino a descender algo.

El mirador de Selva Plana y la cascada del Barranco del Mallo Sasé
Después llego a un mirador que está acondicionado con un murete de piedra, y desde el que se puede contemplar una cascada, la del barranco del Mallo Sasé. Queda un poco por debajo de la senda, a la derecha.

Desde aquí contemplo la cascada del Mallo Sasé, una cascada alargada, con bastante recorrido de caída de agua que seguro que con más caudal es espectacular, pero ahora lleva muy poca.


Por aquí ya es un terreno más lineal, no tiene nada que ver con todo lo hecho anteriormente. Sigo observando de nuevo algunas flores como la campanilla.



Otra vez aparecen los hongos en los troncos de los árboles. Esta vez con una apariencia muy distinta, de un rojo brillante sobre marrón claro.



La Ripareta (1.405 m)
Bueno pues al final llego a mi destino. Tras unos árboles, la senda te lleva a una zona donde se abre el valle otra vez formando una gran planicie y el río Bellós se precipita en una serie de cascadas que estoy seguro pueden llevar también mucha más agua que ahora. Os pongo unas cuantas fotos para que veáis como es el lugar.






















El regreso
Después de comer algo y hacer algunas fotos, ya es hora de volver pues me quedan tres horas de bajada y no quiero que se me haga muy tarde.

Volviendo me encuentro una seta grande, ya veis que pongo el bastón en la foto para comparar tamaños. Parece que es la Lactario húmedo -lactarius salmonicolor- vive en abetales y bosques caducifolios y puede llegar a los 15 cm. Algún animal le ha dado un par de mordiscos.


Otra vez paso por la Selva Plana, pero ahora los picos están mejor iluminados por el sol de la tarde, no puedo dejar de hacerles alguna foto. Bajo estas líneas se ve muy bien el pequeño sendero a la derecha del cartel del que os hablaba antes y que lleva directamente al cortado y desde donde se pueden ver los picos perfectamente.





Ahora llego a la zona donde vi antes las grasillas. La roca está llena. Puedo acercarme a alguna de ellas y contemplar la matanza. Moscas, mosquitos, pequeños insectos…la planta se va a dar un festín con ellos.







El susto…
Merece la pena contaros una anécdota. Bajando, de repente, oigo un chasquido fuerte y algo que va descendiendo la ladera a toda pastilla por encima de mi cabeza, moviendo plantas a su paso y directo hacia mí. La verdad es que me he sobresaltado, pensaba que se venía media montaña encima mío, tal era el estruendo.
Mi reacción inicial: apartarme rápidamente de la trayectoria de lo que sea que estaba cayendo. Al final, sobre la senda, aparece un pedazo de tronco con un ruido tremendo y se queda ahí. Os pongo la foto debajo. Si me llega a dar en cabeza, mal plan, afortunadamente sólo se quedó en un susto.

En descenso hacia Cumaz
Otra vez los mismos paisajes pero desde otra perspectiva, justo al revés, menos luz pero otros tonos…os dejo fotos para que apreciéis la diferencia respecto a la mañana.








Sigo viendo plantas y flores. Aquí, bajo estas líneas, el Bocado del Diablo -Succisa pratensis-. La raíz parece mordida, de ahí su nombre.

De nuevo en Cumaz
Ya he llegado a Cumaz y sigo bajando, sin pararme. No hay nadie. Hace fresco, se ha levantado aire, ha bajado la temperatura. Continúo.


Volviendo hacia el puente de Sangons
Volviendo ya no me paro, pero alguna foto voy haciendo de camino. Y es que aunque son los mismos lugares la luz hace que parezcan diferentes.




En la foto que os pongo debajo se puede ver ya la pista de San Úrbez y el murete de piedra que lo protege de posibles caídas al cañón. Tengo que estar muy cerca del puente de Sangons.

Bajo estas líneas os enseño una pequeña cascada que se puede observar justo antes de llegar al puente de Sangons y que esta mañana no vi. Se accede bajando por la senda, a mano izquierda, pasados los carteles.

Cruzando el puente Sangons hacia San Úrbez
Ahora ya he llegado otra vez a Sangons. Estoy ya muy cerca de acabar la excursión.

Volviendo no me canso de hacer fotos a las cascadas y pozas del río Bellós. Aunque sean repetidas de esta mañana o muy parecidas, me parece un paisaje tan chulo que decido volver a sacarlo.



Y también sigo observando flora. En este caso parece una petrocoptis pirenaica, que tiene las flores blanquecinas en la parte alta y rosáceas en las partes más bajas.


Otra planta con flor que me encuentro por el camino es la Digital amarilla, digitalis lutea. Planta altiva, frecuente en umbrales de bosques y herbazales montanos, como es el caso, esta planta es muy tóxica.

Llegada al Puente de San Úrbez
Ahora que no pega tanto la luz del sol, puedo apreciar mucho mejor que antes el tremendo y estrecho cortado sobre el río Bellós que cruza el Puente de San Úrbez, literalmente una vista de vértigo y la caída también.


Llegada al aparcamiento
Finalmente ya veo las escaleras que me llevarán por un pequeño sendero que ya recorrí esta mañana al aparcamiento y de ahí a la zona de la carretera donde dejé el coche. Han sido unas seis horas de agradable excursión, aunque como os he dicho antes, se podría calificar de moderada en esfuerzo por la extensión y sobre todo por el repecho de subida desde Cumaz.


Espero que os haya gustado la entrada y que os animéis a hacer la ruta porque no os defraudará este maravilloso entorno del fondo del Cañón de Añisclo. Os dejo el recorrido y el perfil de elevación. Nos vemos de nuevo en momentum.photo.blog. Gracias por seguirme y hasta la próxima.¡ Buen verano a todos!.


