Hola estimados lectores y seguidores de mi blog. Hoy os relataré una salida que he hecho al Valle de Bujaruelo, un precioso lugar del pirineo aragonés en el entorno de la localidad de Torla y del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Hoy es martes, 28 de julio de 2020. Ya estuve por aquí varias veces hace años, de vez en cuando iré poniendo fotos antiguas para comparar lugares y sitios. Las más viejas que tengo son del 2001, en diciembre, alguna os enseñaré.
Me encuentro en la Comarca del Sobrarbe. Para llegar hasta allí y al pueblo de Torla, solamente tenéis que seguir las indicaciones que en otras entradas del blog sobre la zona hay descritas. Por eso ahora no me voy a extender.
Únicamente, eso sí, deciros que hay que pasar Torla y después debemos continuar por la carretera A-135 en dirección a Ordesa. Es la misma carretera que sigue el autobús y que nos llevaría al valle de Ordesa, pero a unos 3 km de Torla y a la altura del Puente de los Navarros tomamos la pista, a veces asfaltada y a veces no, que parte a nuestra izquierda y que en unos 6 km, por el fondo del valle de Bujaruelo, nos conducirá hasta San Nicolás de Bujaruelo, punto en el que finaliza la pista transitable para vehículos.
El valle de Bujaruelo y el río Ara son vecinos del valle de Ordesa. Sus ríos, el Ara y el Arazas, se unen bajo el puente de los Navarros. Desde aquí surcarán el valle del río Ara, que llega hasta la localidad de Aínsa.
Esta pista se puede hacer andando, pero mejor recorrerla en coche, porque ganaréis tiempo para desde San Nicolás de Bujaruelo iniciar cualquier excursión temprano. El firme es bueno, yo llevo un coche que no es precisamente alto y no tuve problemas, no hay baches grandes ni piedras que puedan dañarte los bajos.
Cualquier turismo puede ir. Eso sí, sobra decir que no vayáis como Fernando Alonso. Es tan temprano que las nubes todavía están pegadas a la pista y a la montaña.
Después de la pista para vehículos llegas a San Nicolás de Bujaruelo. El nombre de Bujaruelo significa «lugar de bojes». Tal como pude comprobar, el boj es un arbusto muy abundante en esta zona. Esta zona ha sido desde siempre una ruta transfronteriza.
Allí hay una gran explanada, una pradera, que en su mayor parte está ocupada por un camping, ahí no se puede aparcar, es sólo para los usuarios. Pero fuera de este espacio hay huecos suficientes en los alrededores para estacionar.
Junto al camping están los restos de la ermita como os he explicado, y el edificio del Refugio de Bujaruelo, un establecimiento que no es un hotel pero en el que te puedes alojar y también sirven comidas.
El antiguo paso permitía la comunicación entre San Nicolás de Bujaruelo y San Juan de Gavarnie en Francia.En la Edad Media ya era un paso muy frecuentado, tal como lo atestigua la iglesia románica que os comento, la de San Nicolás del siglo XIII, ahora en ruinas de la que queda apenas unos muros y el ábside, que fue levantada junto a un hospital en el que pernoctaban peregrinos, pastores y viajeros.
Una vez que he aparcado el coche, procurando que quede en zona seca- la noche anterior ha llovido bastante y está todo lleno de charcos- comienzo la marcha. Son las 8:30 horas.
San Nicolás de Bujaruelo
Estamos a 1.340 m de altura. Desde San Nicolás de Bujaruelo para la ruta que quiero hacer hoy tengo dos opciones. O remontar el río Ara por la orilla derecha siguiendo el GR-11 o por la pista de la izquierda.
Yo opto por ir por la pista, pues es temprano y no hace calor, y cuando ya pegue el sol, volver por la otra orilla, por el GR-11, mucho más bonita y fresca.Pero eso vosotros veréis. Si queréis ir por el GR-11 primero, tendréis que cruzar el río Ara por el puente de piedra del siglo XV. La pista es la que usan los ganaderos de la zona y que sale al lado de los restos de la ermita.
Al remontar la pista, os encontraréis una barrera para impedir que los vehículos no autorizados la utilicen, también un aviso de que los perros deben llevarse atados y a mano izquierda un poste con varias señales. Yo me voy a dirigir al Puente de Oncins y a Ordiso.
Echo la vista atrás y ahí está el puente de piedra sobre el río Ara, la pista está mojada. Todavía la montaña se está despertando.
El sol intenta despuntar por encima de los picos próximos, pero el cielo,aún medio cubierto, no le deja iluminar con sus rayos el fondo del valle, eso hace que la neblina y las nubes bajas se resistan a desaparecer. La pista va paralela al río Ara que queda a mi derecha.
A partir de aquí la ruta no tiene pérdida, ya que la idea es remontar el río aguas arriba hasta alcanzar el siguiente puente, el de Oncins, al que llegaremos de todos modos yendo por una margen del río o por la otra.
En algún poste veo un letrero haciendo referencia a una ruta ornitológica. Pero lo que llama mi atención son las rocas que veo en el río y que muestran las características vetas de la meteorización del granito. No serán las últimas que me encuentre.
Cuando lleves poco más de un kilómetro andado verás un camino que sale a tu izquierda y que sube ladera arriba. Este camino se dirige al valle de Otal, pero no se os ocurra ir por ahí ni aunque queráis ver ese valle. Se va por la pista y en la segunda curva si queréis acortar hay una senda, entonces sí, ya os lo contaré con detalle en la entrada del blog sobre el Valle de Otal.
La Fuente de la Femalla
Cuando llevo caminado unos 2 km, llego a un lugar llamado Fuente de la Femalla, precisamente porque allí te encuentras con eso, una fuente. Cerca hay un poste con varios carteles. Uno te da la opción de subir al Valle de Otal por la pista forestal.
Aquí sí vais a ver el cartel que indica la pista a Otal y el que voy a seguir yo hoy que es hacia el puente de Oncins. No tiene pérdida.
El valle de Otal es un valle perpendicular a aquel por el que yo voy subiendo, que está más alto que el de Bujaruelo, pero porque hace miles de años era un valle glaciar «colgado», es decir, un afluente del principal que era mucho más potente, y cuya lengua glaciar profundizó unos cuantos cientos de metros más. Otro día iré.
El cielo está a ratos cubierto y a ratos no, pero he consultado AEMET y al final dan sol. Confiaré en ellos, nunca me han fallado. Aunque en la montaña nunca se sabe. Continúo por la pista según me indican las señales.
El Puente de Oncins
Enseguida, continuando por la pista, ésta gira hacia el río y llegas a un puente, el de Oncins.Es un puente de hormigón de lo más simple, no tiene ningún valor artístico. Lo bonito está en el entorno del puente, donde el río Ara queda encajonado entre dos paredes verticales de roca formando unas pozas de aguas cristalinas si miras al norte desde el mismo puente.
Y si miras al sur, junto al puente, hay un árbol muerto, cuyo tronco y en la zona que mira al norte, está lleno de musgo. El cielo está plomizo, y aún hay nubes bajas. Todo ello le da un cierto aire misterioso al lugar.
Aunque sea repetir la toma, me hago una foto de recuerdo a cada lado del puente no vaya a ser que me tenga que dar media vuelta, al menos que se vea que he estado.
Y es que ahora el cielo sí que está cubierto. Tengo serias dudas de si al final lloverá. Todavía hay nubes que están pegadas a la falda de la montaña. Y es cuando sin saber muy bien por qué surgen esas cosas en las excursiones que te ayudan a decidir qué hacer.
Todo este rato he ido solo. Ni un alma. Pero de pronto aparecen tres personas. Dos mujeres que van camino de Panticosa, siguiendo la GR-11 y un chaval joven que va solo, como yo. Entablamos conversación, guardando la distancia de seguridad, por supuesto, y les pregunto que opinan, si creen que lloverá.
Me dicen que ya ha llovido todo lo que tenía que llover la noche anterior y que ahora ya no lo va a hacer. Su determinación y el hecho de que yo consulté la predicción de AEMET y daba bueno, me hacen continuar, pero he estado a un tris de darme la vuelta.
En cuanto al chaval, es estadounidense, según me dice, y va algo perdido, mirando un mapa. En inglés y a 5 metros de él , intento explicarle, espero no haberle mandado a la otra punta.
A partir de aquí hay que remontar el curso del río por la orilla que queda a nuestra derecha, que es la única por la que hay camino. En un minuto llegas a otro poste con indicaciones. Hay que continuar por la pista de la izquierda, que va subiendo la ladera de la montaña siguiendo el GR-11. No hacia la derecha, pues volveréis a Bujaruelo.
Pista de ascensión al Valle de Ordiso
La pista entra en una zona de bosque muy frondosa,entre pinos y abetos.En algún momento se abre al paisaje y puedo contemplar el horizonte. Veo el parcialmente el Valle de Otal y la cascada del río del mismo nombre. Voy ganando altura progresivamente.
También si miro al sur, veo abajo la intersección de donde vengo, La Fuente de la Femalla, el Valle de Bujaruelo, y al fondo la pared norte de Mondarruego.
Sigo subiendo. El río se encajona por un desfiladero, y las paredes del valle empiezan a hacerse más verticales. En un tramo la pista ya no puede continuar sino haciéndose hueco en la propia roca, a veces da la impresión de que vas por un túnel al que le faltase la otra mitad.
Al girar una curva de la pista, me encuentro con un monolito sobre el que han dejado un montón de piedras. Está erigido en memoria de Víctor Martín Rebollo, miembro de la UME, que cayó por un barranco, de unos 40 metros, en la zona de San Nicolás de Bujaruelo, el 29 de abril de 2016, sobre las tres de la tarde,cuando participaba en la búsqueda de un montañero desaparecido en la zona, José María García.
Era un zaragozano de 32 años, que estaba casado y era miembro del IV BIEM (Batallón de Intervención en Emergencias) de la UME, con base en la capital aragonesa.
El bosque tiene un color muy especial, es un verde claro muy relajante, y huele a vegetación y a montaña. El aire es muy puro aquí.
El Puente Colgante del Burguil
Apenas transcurrida una hora de excursión, a 1,5 km desde el puente de Oncins y a los casi 4 km desde que salí de Bujaruelo, y a medida que voy ascendiendo la pista, veo a mi izquierda dos «cairns» o mojones a base de piedras. Estad atentos u os los pasaréis.Os pongo la foto debajo.
Si te metes por ahí, verás que parte una pequeña senda que baja hacia el río. Todo está lleno de hojas secas a modo de alfombra y además como ha llovido bastante la noche anterior, todo está húmedo. La tenue luz que entra entre las copas de los árboles le dan a este tramo de bosque un encanto especial.
En menos de 5 minutos desde la pista principal, la senda me ha llevado hasta el puente Colgante de Burguil. Este puente cruza el río Ara a bastante altura sobre la lámina de agua.Por supuesto voy a verlo. Dos grandes cables de acero sujetan la estructura. El suelo es de tablillas de madera.
Entro en el puente. Nada más poner un pie noto como se mueve a un lado y a otro, parece firme, pero no es muy estable. Se balancea a cada paso que doy a derecha y a izquierda. Es casi como estar flotando sobre el río que queda muy abajo. No es un lugar para personas con vértigo.
Todo el sonido que percibo ahora son las cascadas que rugen bajo mis pies. Me sujeto fuerte a los cables, no estoy mucho rato ahí. Vuelvo sobre mis pasos y coloco el trípode y entro otra vez en el puente. Me hago una foto. Después vuelvo a por la cámara, camino de nuevo por el puente me sujeto fuerte a una de las sirgas y saco un par de fotos, una hacia el norte, que es la que os pongo inmediatamente debajo de estas líneas y otra hacia el sur.
Cuando he terminado, subo por otra senda que parte a la izquierda del comienzo del puente y que desemboca en la pista que abandoné antes, junto a una gran roca. Sigo mi camino.
El Salto del Pich
La pista sigue subiendo entre paisajes preciosos, bosques tupidos de abetos y hayas, y paredes de roca por la que a veces resbalan láminas de agua. Además hay zonas en las que apenas entra la luz por lo espeso del arbolado. Tras aproximadamente 4 km de ruta, me encuentro a mano derecha, en un claro, una cascada. Es el Salto del Pich, que cae entre las rocas de la pared que se encuentran a un lado de la pista por la que voy ascendiendo. Es bonita de ver, y tiene bastante altura, aunque el caudal es modesto.
Como a la vuelta tengo que pasar por ahí de nuevo, si puedo, subiré un poco la ladera para verla más de cerca. De momento me hago una foto con el salto de fondo y continúo. Os la pongo debajo, si os fijáis se me ve pequeño abajo a la izquierda.
Encuentro con una marmota
Sigo caminando y de pronto entre unas rocas, a mi izquierda, algo asoma. La cabeza y medio cuerpo. Es una marmota. Y es grande. Nada que ver con esa que a todos nos suena, la marmota Phil de Punxsutawney, en el Estado de Pensilvania,y que el día de la marmota predice el tiempo que va a hacer y si va a acabar el invierno. Esa al lado de la que yo veo es un gatito.
La marmota alpina (Marmota marmota) es un roedor esciuromorfo familiar cercano de las ardillas. Puede alcanzar los 75 cm de largo (cola incluida) y los 8 kg de peso, lo que le convierte en uno de los roedores europeos de mayor tamaño tras el castor y el puercoespín. En realidad se extinguió en los Pirineos hace 15.000 años, pero fue nuevamente introducida en el Pirineo francés a mediados del siglo XX desde donde se extendió por toda la cordillera. Os pongo debajo una foto sacada de internet.
El color de la que veo es marrón, más bien claro.Lo cual significa que es un adulto, pues los ejemplares más jóvenes tienen el pelaje grisáceo.Nos quedamos mirándonos unos segundos el uno al otro. Cuando intento sacar la cámara para ver si le puedo hacer una foto, desaparece entre las rocas de donde salió. Lástima. Pero ha sido genial poder ver una tan de cerca.
Entre paredes de roca
Continúo subiendo y la pista va encajonada entre las altas paredes de roca, con el río Ara a mi izquierda, abajo, formando cada cierto tiempo pequeñas cascadas.
Después la pista se mete otra vez en una zona más abierta rodeada de bosque. Tengo que cruzar alguna barrera metálica donde un cartel sigue recordando que es obligatorio llevar a los perros atados.
El Valle de Ordiso
En aproximadamente 1 hora y media de tiempo de caminata y unos 5,5 km, alcanzo el pequeño refugio de pastores del Vado, o refugio de Ordiso. Es una construcción que tiene adosado un muro de piedra que entiendo sirve para guardar las vacas u otro tipo de ganado.
Aquí hay dos opciones, pues camino se bifurca. A la izquierda bajas hacia el pequeño puente sobre el río Ara al comienzo del Valle de Ordiso. Hacia la derecha continúas por el GR-11 hacia Gavarnie y los Baños de Panticosa.
Yo opto primero por dejar el GR-11 y bajar por el pequeño sendero que desciende hasta el pequeño Puente de Ordiso. Aquí el valle se abre completamente y empieza a ofrecer las mejores vistas del Viñamala, también llamado Comachibosa en aragonés, o Vignemale en francés.
Se trata de una magnífica montaña piramidal que hace de límite fronterizo entre España y Francia, y en la que todavía son visibles los escasos restos que perduran de algunos de los últimos glaciares pirenaicos. Le hago una foto con el zoom.El agua de deshielo de su cara sur forma el río Ara que estoy remontando.
En la foto que os pongo debajo se ve el sendero que baja hasta el río y el puentecillo que sirve para cruzarlo.
Ya veo el puente. No parece gran cosa, pero para lo que hay que cruzar es suficiente.
Sobre él me hago dos fotos, una mirando hacia el macizo del Vignemale (debajo), y otra hacia el Valle de Bujaruelo, el que acabo de subir por la pista.
Junto al puente veo un gran pedrusco, con la señal inequívoca de la meteorización del granito. Estas rocas con los nervios marcados en forma de estrella siempre me han fascinado. Se trata de un proceso físico-químico en el granito que hace que los feldespatos se transformen en arcillas produciéndose como una arenización del granito, lo que se conoce como granito podrido. Sin embargo a veces se crean formas singulares, con vetas más resistentes que frecuentemente adquieren formas estrelladas como puedo ver ahora.
Tras cruzar el puente de Ordiso enfilo una senda que sube por la ladera.Mi intención es ver las cascadas que vienen del Valle de Ordiso y que forma el río del mismo nombre antes de desembocar en el río Ara.
Pero subo y subo y no tengo claro hasta donde me va a llevar esto. Hoy no quiero adentrarme en este valle. Tampoco veo cascada ninguna. Así que vuelvo sobre mis pasos y desciendo casi hasta el puentecillo, donde tomo un camino poco marcado a la izquierda que me lleva, se supone, a la zona de las primeras cascadas.
Estoy un rato junto al río pues no me ha dejado el camino donde yo pensaba, sólo junto a los primeros torrentes, no cascadas,y me vuelvo otra vez hacia el puente.Desde allí subiré otra vez hasta el Refugio de Ordiso.
Me llama la atención algo en este puentecillo. Le falta un buen trozo. seguro que alguna gran riada lo arrancó de cuajo. De hecho, veo partes del mismo junto con otras rocas en uno de los costados del río.Esto me demuestra la gran fuerza ejercida por el agua que arrastró todo lo que encontró a su paso.
En la foto que pongo debajo,si os fijáis, hay trozos rectangulares de hormigón sobre la roca, a la izquierda del puente.
Mientras subo otra vez por la senda, puedo ver más arriba las primeras cascadas a las que no he llegado hoy. Lo dejo para cuando realice una excursión a lo más profundo del Valle de Ordiso.
Mire donde mire, sigo viendo bloques enormes de granito meteorizado. Es sorprendente el tamaño que alcanzan algunos.
La GR-11 más allá de Ordiso
Cuando vuelvo al refugio del Vado o de Ordiso, sigo un poco más por la GR-11 para tener una perspectiva del lugar donde he estado y si puedo del resto del recorrido aguas arriba del Ara.
Un letrero recuerda que en Francia, ni los perros atados se pueden llevar, así que el que vaya con animal de compañía, ya sabe que no podrá pasar la frontera.
Continúo subiendo y efectivamente logro una visión amplia del río y de la zona que acabo de visitar.Al rato me doy media vuelta pues no quiero que se me haga muy tarde para el regreso ya que el tiempo se puede complicar en cualquier momento y de repente, sobre todo a primera hora de la tarde,como suele suceder en verano en los valles pirenaicos.
Frente a mí, en pared de roca que hay a la derecha del comienzo del Valle de Ordiso, veo unos grandes «agujeros». Son realmente grandes. Parecen cuevas. Posiblemente sean surgencias de antiguos torrentes que socavaron la roca calcárea hace miles de años.
Voy descendiendo y tengo a la vista el Refugio de Ordiso. Ahora solo hay que volver tranquilamente Por donde vine.
Puedo ver entre las hierbas las escasas carlinas o cardabelles, unas curiosas plantas con forma de cardo aplanado, que los naturales del Pirineo cortaban y clavaban en las puertas de sus casas para ahuyentar a las brujas.
Regreso a Bujaruelo por la GR-11
La verdad es que al final el día se ha quedado muy bueno, no hace excesivo calor y el sol brilla en el cielo. Mientras bajo, varios torrentes que resbalan por la pared de roca me permiten mojar la gorra y refrescarme.
El regreso lo haré por el mismo recorrido de la ida, pero con una variante. Antes del puente de Oncins, en vez de cruzarlo, y pasar a la pista que recorrí a primera hora, tomaré una senda que se corresponde con el GR-11 y que queda a la izquierda del río según estamos volviendo.
Voy por la zona de bosque y tengo que ver como hace muchos años -1.981- alguien dejó su marca en un pobre árbol. Menos mal que ahora este tipo de conductas ya no se dan.
Pero antes de llegar allí, tengo que desandar lo andado. Veo en las rocas la famosa corona de rey, una planta endémica del Pirineo calcáreo, a donde llegó durante las primeras glaciaciones hace un millón de años.
Vuelvo a pasar por el salto del Pich. Da el sol, y la cascada tiene otra pinta, mucho más vistosa. Además hay una loma de hierba que se si la subes, te puedes aproximar a la base de la cascada. Así que voy.
Me pongo justo debajo del salto de agua y hago algunas fotos. Si tuviera más caudal, hasta me caería el agua a modo de ducha, lo que hubiera sido de lo más refrescante. Continúo la ruta.
En el entorno de la cascada una lagartija me observa atentamente y una especie de insecto parecido a un vistoso moscardón se está dando un festín con unas flores.
A medida que voy bajando, me topo con una gran roca a mi derecha. Es la salida de la senda que viene del puente colgante de Burguil. Os pongo la foto por si os sirve de referencia.


A
Ya veo abajo, a la derecha, en el valle, la pradera que está al lado de la fuente de la Femalla.
Cuando llego a la bifurcación, cerca del Puente de de Oncins, hay unas señales en un poste que te indican claramente la dirección a seguir si quieres hacerlo por la margen izquierda del Ara siguiendo la GR-11. Hay que tomar la senda que está a la derecha en la foto. La pista más ancha es por la que acabo de bajar.
Las Praderas de Laña Larga
Este sendero que he cogido desemboca en unas preciosas praderas. El paisaje es de postal. El río, la hierba, los árboles y los picos que rodean todo, crean un conjunto inigualable. Es un paisaje perfecto. Se trata una zona de praderías de piso montano, también llamadas fenales en Aragón, que cuentan con rodales de tejos, serbales y pinos silvestres.
Es una buena zona para observar pájaros de montaña, y lo puedo asegurar, pues más de uno se cruzó en mi camino. Veo el río Ara con el pico Escuzaneta en primer plano y la cara sur de Mondarruego al fondo y también los Gabietos.
La proximidad del río, las verdes praderas y los picos del entorno le dan al paisaje un aspecto de cuento, aquí todo está en armonía y se respira una paz y una tranquilidad inigualables. Al fondo el Pico de Ordiso.
El río Ara aquí se desparrama por la llanura y crea una lámina de agua bastante ancha, en comparación con los estrechos cortados que ha atravesado anteriormente.Disfruto un montón adentrándome en su cauce y refrescándome con su pura y cristalina agua.
Este valle hace honor a su nombre, porque donde no hay árboles o pradera, todo está lleno de boj, con ese olor característico que tanto me gusta.
Pasarela de Sandaruelo
Pasadas las primeras praderas voy bordeando el río y cruzo por encima de una pasarela , la de Sandaruelo, que salva un torrente que baja por la izquierda de la montaña.
Aquí también hay rocas meteorizadas. Todo el valle está lleno de ellas. Una vez que la he cruzado, la senda se interna en un precioso bosque de boj, hasta que vuelve a salir otra vez a otra zona de praderas.
El Fenal
Estas últimas praderas se llaman El Fenal. Es una zona más abierta, pero enseguida la senda vuelve a entrar en un espacio de arbustos y árboles, no sin antes sorprenderme con un hallazgo de lo más pintoresco, que de no fijarte bien, pasaría totalmente desapercibido, un búnker.
El Búnker
Aquí existen restos de lo que se llamó la Línea P (Línea Pirineos). Durante la posguerra el gobierno de Franco, consideró primordial organizar lo que se llamó un plan de defensa en la cordillera pirenaica con el objeto de impermeabilizar la frontera y frenar una hipotética penetración de fuerzas armadas por nuestros valles.
A partir de 1.944 se comenzaron a construir miles de búnkeres o asentamientos fortificados a lo largo de todo el Pirineo dando lugar a la llamada Línea P . A la izquierda de la senda, si te fijas bien, hay una especie de tronera, y al otro lado una entrada. Todo cubierto por una bóveda que ahora está tapada por la hierba, con lo que si pasas al lado sin fijarte prácticamente ni la ves. Tenía que ser claustrofóbico estár ahí metido.
El Puente de Bujaruelo
Tras unas plantas de boj, de pronto aparece la silueta del Puente de Bujaruelo. He llegado. Hay muchos más coches que esta mañana y gente bañándose en el río o comiendo en sus márgenes. Todos con mascarilla, o la mayoría. Eso es bueno. La cosa no está para descuidos. Yo procuro mantenerme alejado de todos ellos. Incluso para hacerme una foto con el puente de fondo, me meto en una zona poco profunda del río, sobre unas piedras.
Paso al otro lado, cruzando el antiguo puente, y me hago alguna foto sobre él y en la otra orilla.
Mientras cruzaba, no he podido dejar de hacer una de las fotos más conocidas y populares en esta zona, la del río Ara desde el puente, mirando hacia el norte. Como podéis ver, hay gente bañándose.
Cuando ya me voy hacia el coche, delante mío, algo se mueve. Mejor dicho, repta. Es una serpiente de color marrón con manchas negras. Apenas se ve, pero es bien larga. Va entre las hierbas, pero me da tiempo a hacerle una foto aunque no puedo sacar la cabeza claramente, pero me alegro de no haberla pisado.
Dejo atrás los restos de la ermita, que ahora sí, con la luz de la tarde, se ve en todo su esplendor.
Finalmente llego a la zona de aparcamiento que está a rebosar. Me han encajonado algo el coche pero al menos podré salir aunque atravesando el gran charco que tengo al lado.
Una vez me he cambiado el calzado y pongo el motor en marcha,doy por concluida la excursión, que me ha gustado bastante, los paisajes, el entorno y todo lo que he visto me ha encantado. Recomiendo venir por aquí y ampliar los recorridos pues es un lugar muy bonito y agradable para pasar el día o quedarse unos cuantos seguidos.
Espero os haya gustado la entrada a pesar de lo extenso de la misma. Os dejo a continuación el perfil de la excursión y la ruta seguida.Gracias por leerme, y espero también que la información os haya sido de utilidad. Nos vemos en otra entrada de momentum. photo.blog. ¡Hasta pronto!.

























































































































































