Saludos cordiales a todos los seguidores de mi blog. En esta entrada nos vamos al Vedado de Peñaflor. En realidad he estado siete veces allí, pero en este post trataré de resumir y sintetizar todas las salidas que he realizado a este lugar en tres entradas.Lo hago así porque me da la impresión de que si las hago muy extensas igual a la hora de cargar la entrada va muy lento. En estos post os indicaré las zonas que se pueden visitar y por supuesto, para recorrer, siempre a pie.
CONSEJO IMPORTANTE: cada una de las caminatas supone un plus de recorrido respecto a la otra. Os recomiendo que lo leáis por orden y desde el principio, pues todas siguen una sucesión temporal y lo que explico en la anterior ya no lo hago en la siguiente. Si queréis tener una visión de conjunto, es la mejor manera de hacerlo.
Estoy muy cerca de mi ciudad natal, Zaragoza, y en la comarca de su nombre.Antes de comenzar con los relatos os cuento un poco qué es el Vedado de Peñaflor y cómo llegar hasta allí.
¿Qué es y dónde está el Vedado de Peñaflor?
El Vedado de Peñaflor se encuentra, como su nombre indica, al lado del barrio rural de Peñaflor. Es un barrio de Zaragoza, así que os podéis imaginar que muy lejos de la ciudad, no está. Tan sólo a 15 km de las afueras,hacia el noreste.Es un lugar cercano y lleno de vegetación, con un ecosistema y microclima propios, nada que ver con el terreno semiárido y de cultivos cerealistas que lo rodean.
Como podéis ver en la foto de satélite que he obtenido del Google Earth, se aprecian los corredores verdes de la huerta zaragozana, que coinciden con las áreas de influencia de los ríos. Aquí se ve la influencia del Ebro, y otra mancha alargada y verde hacia el norte, en la zona de influencia del río Gállego (nace en el Pirineo, en lo que eran las tierras de los galos, y ahora el Valle de Tena, de ahí su nombre). Peñaflor está en la ribera de este río.
Como también podéis apreciar, se ven unas manchas verdes rodeadas de marrón y que he señalado como Vedado. Ahí está. Una isla en medio de las estepas y llanuras semiáridas del entorno, propio de la zona central de la depresión del Ebro,que es donde nos encontramos. En la entrada del blog «Caminata por la estepa zaragozana» os explico por qué de este clima tan seco. Tiene que ver con el implacable efecto Foenh.
El vedado es un bosque natural de unas 600 hectáreas de extensión. Está muy bien conservado. Es de tipo mediterráneo. Los vecinos de Peñaflor, las autoridades municipales y asociaciones naturalistas van ampliando su perímetro con sucesivas repoblaciones y continúan haciéndolo.
Es un lugar con una gran biodiversidad. Muchas de las especies vegetales que se encuentran aquí son autóctonas. El propio vedado, tiene su propio clima. La presencia de esta capa vegetal y la topografía crean un microclima más fresco y húmedo que el de su entorno semiárido.Los árboles, durante el día, impiden que penetre totalmente la radiación solar, y por la noche tiende a reducir el enfriamiento del aire. También la luz disminuye de arriba a abajo, al igual que la temperatura. El agua de lluvia también es retenida por la vegetación, impidiendo que se pierda.
La vegetación (árboles, sotobosque, arbustos).
Os voy a poner las especies más destacables en cuanto a la riqueza vegetal de este lugar. Hay más de 250 especies vegetales clasificadas. Lo voy a acompañar con una foto para que si alguna vez lo visitáis podáis identificar fácilmente la planta o el árbol en cuestión. Con la fauna haré lo mismo.
El rey del vedado es el pino carrasco (Pinus halepensis). Es muy resistente al calor y a la sequía. Es capaz de colonizar suelos muy pobres, esqueléticos, pedregosos o con costras calcáreas, incluso yesíferos y con gran contenido en sales. La madera de este pino no servía para la construcción, pero sí se quemaba para carbón de pino y sus ramas y resina se cocían en hornos para fabricar pez.
Otro árbol que se encuentra en esta zona es la sabina albar (Juniperus thurifera), la sabina negral (Juniperus phoenicea), la coscoja (Quercus coccifera) y el enebro(Juniperus oxycedrus), y alguna encina o carrasca chaparra(Quercusilex).
Os pongo la foto de la coscoja con su fruto porque estoy seguro que más de una vez habéis visto esta especie de frutos que parecen bellotas de encina, y eso es lo que son.Es una bellota, de una sola semilla, separable en dos mitades (cotiledones) longitudinalmente.
La diferenciamos de las encinas, no sólo por las espinas de las hojas, sino porque el envés es de color verde, mientras que en la encina es de color gris debido a la vellosidad que cubre esta parte de la hoja. Además las bellotas también tienen una cúpula con escamas espinosas que no está presente en la de la encina.
Este fruto se utilizaba principalmente para alimentar al ganado porcino. La madera sólo se usaba como leña para quemar y para la obtención de carbón menudo (cisco) que es de muy buena calidad.
Y una última cosa que os cuento sobre la coscoja y que se remonta a los tiempos de los romanos:antiguamente tuvo importancia el uso de las agallas -es esa protuberancia que se ve roja en la foto- provocadas en las hojas por el hemíptero Coccus ilicis (un tipo de cochinilla), obteniendo un colorante rojo, de él deriva el color carmesí que servía para teñir la púrpura más exquisita, que usaban los miembros del Senado.
También existe un rico sotobosque con especies como la efedra (Ephedra sp.), el espino negro (Rhamnus lycioides), las olivillas(Phillyrea angustifolia) el lentisco (Pistacealentiscus),la gayuba (Arctostaphylos uva-ursi) y las sosas salobres (Atriplexhalimus).
Además, en determinados enclaves la humedad y la salinidad permiten que existan zonas con tamarizales (Tamarix sp.) y carrizales (Phragmites australis).También vemos otro tipo de plantas muy conocidas como la salvia, tomillo, romero o espliego.
La fauna (insectos, mamíferos, aves).
Hay gran variedad de especies animales desde insectos hasta mamíferos y por supuesto aves. Los anfibios son escasos, debido a que no hay apenas humedales, aunque se puede ver algún sapo corredor (Epidalea calamita). En cuanto a los arácnidos hay escorpiones (Buthus occitanus) y tarántulas (Lycosa tarántula) y arañas. Es complicado verlos de día, son de hábitos nocturnos.
Los ataques por fauna salvaje son extremadamente raros en nuestro país, pero conviene no descuidarse. El peligro de los escorpiones es que por el día tienden a esconderse buscando la sombra, así que si mueves una piedra, o la levantas, y están ahí, se sienten atacados y te pueden picar. Si esto ocurriera, mantén en alto la picadura para ralentizar la extensión del veneno y ve al médico.
También hay reptiles, como el lagarto común (Timon lepidus) (este sí que lo ví, y bien grande y de un vistoso color verde lastima no pude sacarle foto), lagartijas (Podarcis hispanicus),así como la culebra de escalera (Rhinechis scalaris) y la peligrosa culebra bastarda (Malpolon monspessulanus).
Hay que saber que ninguna serpiente autóctona española tiene una mordedura letal para el ser humano, pero si es venenosa,(5 de las 13 especies que existen lo son) y la culebra bastardada lo es, requiere antídoto y tratamiento.
Si te topas con una, lo mejor es dejarla en paz, porque se suelen alimentar de ratones, aves, insectos y reptiles, y no tienen ningún interés en cruzarse con las personas.Si no les molestamos, ellas nos tienen más miedo que otra cosa, y se van.
En cuanto a los mamíferos hay abundantes conejos (Oryctolagus cuniculus), liebres (Lepus europaeus), zorros (Vulpes vulpes), ratones de campo (Apodemus sylvaticus), topillos (Microtus arvalis), lirones caretos (Eliomys quercinus), comadrejas (Mustela nivalis) musarañas(Crocidura russula)ratón leonado (Apodemus flavicollis).
Y en cuanto a las aves tenemos rapaces nocturnas, como los búhos chicos (Asio otus), los mochuelos (Athene noctua), los autillos(Otus scops).
También se ven rapaces diurnas como los cernícalos (Falco tinnunculus), los milanos negros (Milvus migrans), los milanos reales (Milvus milvus), ratoneros(Buteo buteo) águilas calzadas(Hieraaetus pennatus), y águilas culebreras (Circaetus gallicus).
Tampoco faltan palomas torcaces (Columba palumbus), tórtolas (Streptopelia turtur), críalos (Clamator glandarius), cucos (Cuculus canorus), abubillas (Upupa epops), cuervos y cornejas (Corvus corax-corone).
Además de un sinfín de pajarillos, como las calandrias (Mimus saturninus), terreras (Calandrella brachydactyla), pardillos (Linaria cannabina), jilgueros (Carduelos carduelis), currucas (Sylvia curruca) y alcaudones (Laniidae). Como veis, el vedado es un refugio para un montón de especies tanto animales como vegetales.
– LAS SEIS CAMINATAS POR LA ZONA –
(Rutas I y II en este post)
Ruta I: Aproximación a la zona del Vedado.
Ida y vuelta: 9 km.
La primera excursión a la zona la hice un 24 de julio de 2017, un jueves por la tarde. Ésta fue la primera toma de contacto con este sorprendente lugar. Me fui sólo. Había oído hablar de este paraje, pero poco más, así que decidí que visitar lugares más lejanos está muy bien -sobre todo en el Pirineo- pero que también hay que conocer lo más cercano a tu propia casa, aunque «a priori» pudiera resultar menos atractivo.
He consultado el tiempo en AEMET, como hago siempre antes de salir, se esperaba hoy temperatura elevada,35 Cº de máxima, pero voy preparado, con gorra, agua de sobras para estar bien hidratado y llevo todo lo básico para cualquier eventualidad que pueda surgir, además voy de tarde.
Lo primero de todo es contestar a la pregunta que todos tenéis en mente; ¿Cómo se llega hasta allí?. Existen varias opciones. Una, evidentemente, es con el coche particular, hasta el propio Peñaflor, pero los que ya me conocéis sabréis que esa no va a ser la escogida por mí.
Para trayectos tan cortos, mi elección es el transporte público siempre que esté disponible.Serán como las 16:30 horas de la tarde cuando desde mi casa cojo el tranvía que me lleva a la Plaza de España de mi ciudad, donde me bajo. Después tengo que montarme en el autobús urbano. Peñaflor es un barrio rural, así que por tanto los autobuses son los de la ciudad.
La línea que debo tomar es la 28. Se coge en el Coso nº 66. No tengo que volver a pagar el autobús. Con el billete que saqué para el tranvía con mi tarjeta de bus hago un transbordo, siempre que sea antes de una hora. Coste total del viaje de ida: 0,75 céntimos. La línea es la que va a Peñaflor- Montañana. La frecuencia es cada 30 minutos, que és lo que se tarda en llegar allí aproximadamente.
Si tu elección es el coche, para llegar a Peñaflor, hay que seguir el mismo trayecto que el bus, ir por la Avenida de Cataluña, cruzar el Gállego por el antiguo puente de hierro y después hay que desviarse a la izquierda, hacia Montañana.
Pasamos al lado de la fábrica de electrodomésticos BALAY, que queda a la izquierda, para siguiendo recto, circular por encima del puente sobre la autopista AP-2 y continuar hacia Montañana y Peñaflor. Antes de llegar a Peñaflor se ve la Cartuja del Aula Dei a un lado de la carretera, a la izquierda.
Son las 16:45 horas de este caluroso jueves del mes de agosto, y ya estoy montado en el bus .Sobre las 17 horas estoy cruzando el puente sobre el río Gállego. Os voy a hablar brevemente de este puente.
El puente de Santa Isabel sobre el Gállego se convirtió en 1.844, en el tercer puente colgante de cables de acero de España y en uno de los de mayor luz -distancia entre los apoyos- con 163 m y 7,62 m de anchura.
Pero la desgracia se cebó con él. Una gran riada lo destruyó sólo 5 años después de su construcción. Se reparó y levantó otro segundo puente, -bajo estas líneas pongo fotos antiguas del mismo- tambíen de hierro y colgante, en el segundo cuarto del siglo XIX. Pero tampoco duró demasiado en servicio pues daba problemas y tuvo que ser reparado varias veces.
Finalmente, ante esta situación, en el año 1915 del siglo pasado, se construyó otro puente que, tras varias fases, se abrió finalmente en 1930. Tiene una longitud de algo más de 147 metros y salva el cauce del río Gállego gracias a tres vanos – luz- sobre los que apoya el tablero y una estructura portante de hierro. La anchura es de 11 metros.
Convivieron un tiempo ambos, pero una vez inaugurado el más moderno, se derribó el anterior. Bajo estas líneas, en las fotos antiguas, se ven los dos puentes juntos,antes del derribo del primero.
Un minuto después de cruzar el puente, el autobús ya está girando a la izquierda y dirigiéndose hacia Montañana, veo a mi izquierda, como antes os decía, el edificio de la fábrica de Balay. El autobús luego pasa por el puente que cruza la AP.2.
Después, un cartel bien grande a la derecha, y antes de entrar en una rotonda, nos indica que debemos continuar hacia Montañana-Peñaflor.
Son las 17:05 y entro en Montañana. Es un barrio rural de la capital, al igual que Peñaflor.Enfilando la Avenida Montañana, voy atravesando el barrio, estos lugares, a pesar de estar aún muy próximos al núcleo urbano de Zaragoza, son muy tranquilos.
La calle central,que a la vez es la carretera, está rodeada por edificios, son construcciones funcionales, sin apenas atractivo arquitectónico.
Poco a poco ya noto que estoy adentrándome de lleno en la zona rural. Los campos y las huertas comienzan a aparecer a ambos lados de las ventanas del bus.Salgo de Montañana y continúo hacia mi destino. Son las 17:11 horas.
A veces vamos más despacio, el autobús se ve obligado a frenar, el motivo son unos badenes colocados a idea para que los vehículos tengan que reducir la velocidad al atravesar la población. De momento no he dejado de ver casas y campos a ambos lados de la carretera.
Pasado un rato, ya las casas desaparecen y son todo campos. Me acerco a una zona que se llama el Campus del Aula Dei. Poco después, a mi izquierda aparece la Cartuja del Aula Dei, un maravilloso lugar que visité y que también podéis conocer en la entrada del blog titulada: «Visita a la Cartuja del Aula Dei, pinturas de Goya, el eremitorio».
Ahora ya la visión es de horizontes abiertos y campos, muchos de ellos de maíz. A lo lejos veo la torre de una iglesia, tiene que ser la del barrio de Peñaflor. A las 17:18 horas el autobús entra en él y ya se ven las primeras casas.
Al bajar finalmente del autobús, en la parada terminal, me invade de golpe una sensación muy placentera.Todo es paz y ausencia de ruidos, yo diría que incluso de sonidos, salvo el de los pajarillos y el del viento. Me viene también un olor a campo, a huerta, a alfalfa. Estoy en otro mundo. A tan sólo poco más de 15 kilómetros de mi casa.
Como no conozco nada de este lugar, voy un poco a la aventura. Tendré que fijarme en algún cartel que me indique por dónde se va al Vedado. Lo encuentro.Hay que retroceder un poco desde que te bajas del bus, y llegar hasta una calle anterior a la parada. Es la calle San Cristóbal.
Un poco antes de llegar a esta calle, en la acera de enfrente, hay un bar. Es el típico bar que da a la carretera, de hecho se llama » Restaurante La Carretera-Bar».
Pero antes, me gustaría darme una vuelta por las calles del barrio. No hay nadie. Todo está en silencio. Es realmente agradable cuando lo que vienes buscando es eso. Aquí parece como si el tiempo se hubiera congelado. Me adentro en sus calles. Son las típicas casas de un pueblo reconvertido en barrio rural , o un barrio que parece un pueblo, porque quizás siempre lo fue.
En una de las calles me llama la atención un antiguo supermercado: SPAR. Me viene a la memoria una especie de álbumes que tuvo mi madre por casa, que había que rellenar pegando unos pequeños sellos -y no eran pocos- y que una vez completado, te daba derecho a regalos.
Sigo callejeando y llego a una pequeña fuente, en lo que parece una plaza. Las calles, una tras otra, siguen vacías. Finalmente llego hasta la zona de la iglesia,que luce su torre, de estilo mudéjar. La iglesia es la de Nuestra Señora de los Ángeles. El conjunto formado por el templo y la torre es producto de tres etapas constructivas en ladrillo que abarcan desde el siglo XIV hasta el XX.
Me doy cuenta que voy caminando por la Calle de Paso. Lo que está claro es que lleva hacia el consultorio médico y a la iglesia, como indican las señales. Sigo echando un vistazo por los alrededores.
Al poco llego a otra especie de placeta dónde un edificio de color anaranjado anuncia en su fachada el siguiente mensaje: «tortas de Peñaflor». Está cerrado, pero¿qué pueblo o barrio rural que se precie, no hace unas buenas tortas o un buen pan?. Seguro que están muy ricas, aunque confieso que no soy muy dado a comerlas.
Son ya las 17:50 horas, debería marchar a ver por dónde se llega al vedado. ¿No he venido para eso?. Me dirijo a la calle de San Cristóbal.No hay nadie, salvo un gato al que he despertado de su sueño bajo la sombra de un coche y que me mira como diciendo…¿qué hace este humano por aquí?.
Voy avanzando y la calzada cruza una acequia, que queda a mano derecha, en el sentido de la marcha. Sigo saliendo del pueblo. Dejo también atrás algunas antiguas edificaciones, que parecen más bien lugares para guardar el ganado, tienen aspecto de ser muy antiguas. Veo a los lados del camino campos, algunos en barbecho, y otros de maíz, con sus pinochas aún sin cosechar.
Si seguimos avanzando llegamos a un grupo de casas. Junto a una, en el lado izquierdo según marchamos, se eleva una cruz de hierro de forja. Una señal indica por donde se va al vedado. Pasadas las edificaciones, seguimos por una carretera asfaltada. A lo lejos se ven unas naves con las paredes pintadas en color granate.
Son casi las 18 horas cuando llego a la altura del campo de fútbol y las piscinas del barrio. Una advertencia pintada en el muro anuncia que está «prohibido saltar la tapia para jugar en el campo». Este complejo queda a mano izquierda. Hay que seguir recto.
Continúo y el camino asfaltado se va estrechando paulatinamente. A la izquierda, hay unas casas bajas con jardín y tras una valla metálica, unos cuantos perros que no paran de ladrar y gruñir mientras voy pasando por su lado, menos mal que la valla me protege, porque si no, seguro que se abalanzarían sin dudarlo contra mí. Desde luego, si su función es disuadir y proteger el terreno que guardan, lo hacen con creces.
Al final de este pequeño trayecto, el camino se ensancha y se vuelve de tierra. Habré recorrido 1,40 km desde la parada. Veo una señal que te indica que si quieres ir al vedado, hay que seguir todo recto, y si quieres ir a la ermita, hay que ir hacia la derecha.
También hay un cartel que te indica como ir a la barbacoa número uno, circulando por unas pistas de tierra a mano derecha, que se internan en un frondoso pinar. Yo continúo caminando todo recto por una pista que tiene pinos a ambos lados.
Por echar un vistazo a ver que hay más allá, me salgo un poco del camino y subo una pequeña loma, para comprobar que frente a mí se extiende un bosquecillo bastante tupido de pino carrasco La sensación de ausencia de sonidos que noté al bajar del autobús, aquí aún es mayor.
Vuelvo a retomar la pista, y a un lado, me encuentro con un poste en el que han clavado una placa metálica de color rojizo que indica que voy por el CR-31, esto es, por los caminos rurales de Zaragoza, en este caso el que corresponde al monte de Peñaflor. Hay que seguir esta ruta.
Tras un rato avanzando entre pinos, la vegetación cambia. Es sorprendente verme rodeado por carrascas, olivillas, enebros, algún espino negro y alguna coscoja además de otras plantas arbustivas varias. Se nota que aquí se disfruta de un clima diferente al del entorno. Hasta hace menos calor.
Sobre una loma que queda a mano derecha, veo una torre de alta tensión. Tomo nota. Una referencia más para la vuelta. Yo siempre voy atento a estas cosas, por si necesito orientarme más tarde. Una señal a la izquierda del camino, me indica que estoy a 700 m de la barbacoa número dos.
Son las 18:30 horas y la pista se bifurca. Un viejo árbol se alza justo donde los caminos se dividen. Recto, siguiendo la CR-31, se va al vedado. A la izquierda, no lo sé. Continúo.
Frente a mí, por encima de la bifurcación,un montículo pelado.¿Y si lo subo y así tendré una visión más amplia del terreno? Total, hoy he venido a inspeccionar, nada más. Allá voy. En una foto que pongo debajo os marco el camino que tomé.
Mientras subo la loma,vuelvo a encontrarme con el matorral propio de la zona esteparia, con abundante tomillo, que conozco bien. Sin embargo, el objetivo de otear el horizonte y ver si tengo al alcance el vedado, da sus frutos. Me doy cuenta de que todavía no he llegado ni a lo que se considera propiamente la zona boscosa, aunque sí que veo extensas masas de pinar junto a los «vales».
Los «vales» son valles de fondo plano y laderas escarpadas generados por el relleno de un antiguo barranco en V, sin drenaje superficial, y que suelen estar cultivados de cereal y separados por retazos de glacis que son superficies planas y suavemente inclinadas que unen las laderas de las colinas.Desde aquí arriba puedo también contemplar el camino por el que he venido
También puedo observar la sierra de Alcubierre a lo lejos, al noreste.En un segundo horizonte, aunque brumoso, se puede ver la Muela, al suroeste, la Plana de Zaragoza al sur, y los montes de Zuera al oeste.
Mucho más cerca, se ve una torre verdosa, metálica, de vigilancia forestal. Es la torre del Campillo. Realmente a partir de ahí es donde comienza el verdadero vedado de Peñaflor y sus más de 600 hectáreas de extensión. Hoy no lo veré, pero ya lo tengo localizado para otra salida.
El montículo por el que voy, sube y baja como una montaña rusa, pero me permite contemplar a derecha e izquierda de forma panorámica el paisaje. Me doy cuenta de que tengo todavía mucho terreno por descubrir y que la vuelta por estos parajes es obligada.
Finalmente, la loma se acaba y decido descender y dirigirme al camino principal, pues quiero acercarme a un grupo de pinos que he visto desde arriba.Algunos de ellos me han parecido de gran porte. Una vez abajo descubro que efectivamente los ejemplares más grandes deben tener por lo menos, si no me engaña el ojo, cerca de los 100 años.
Continuando por la pista que ví desde arriba, llego a una zona de esparcimiento según se indica en un cartel. Se llama Agua Salada. Voy a echar un vistazo por la zona.Estoy retrocediendo hacia Peñaflor pero por el CR-31.
Un gran tronco está tendido en el suelo. Algún ejemplar que enfermó y lo han talado. Me entretengo en contar los anillos. Cada uno equivale aproximadamente a un año. Cuando llevo contados cien, paro. No me ha engañado el ojo antes.Aún me quedan anillos por contar. Verdaderamente era un pino centenario.
Sigo visitando este lugar. Se supone que aquí está la barbacoa número dos, pero no hay nada. Está desmantelada. Sólo un suelo pavimentado de cemento con algo de pintura semi borrada recuerda que ahí hubo algo. Normal. Mejor evitar posibles incendios en una zona que hay que conservar. Para ello, ya tienen la barbacoa nº1, mucho más alejada de aquí, junto a la ermita.
Para que os hagáis una idea, de lo que me quedaba todavía por recorrer para llegar al verdadero vedado os pongo un mapa debajo. Yo me quedé en la barbacoa nº2, el recorrido de esta primera excursión va por la línea amarilla. El vedado lo marco en rojo.
En mi recorrido no he visto flores apenas. Si acaso , ya medio marchita, la de algún cardo entre la hierba seca. Toca regresar. No quiero perder el autobús. Por el camino me llama la atención un racimo de piñas naciendo de un mismo punto.
Ahora que estoy volviendo os puedo decir que no he visto a nadie. Son las 19:35 horas. Una vez llego al desvío hacia la ermita continúo recto hacia Peñaflor. Veo a lo lejos la torre de la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles. Dejo atrás el campo de fútbol. A mi izquierda unas casas agrícolas.Más simples no pueden ser, el color de las paredes y el tejado parecen una prolongación del propio suelo.
Paso la acequia, que esta vez queda a mi izquierda. El olor de los campos es claramente a alfalfa cortada. Siempre me ha gustado ese olor, no sé por qué. Encuentro todo muy relajante. Era lo que iba buscando, paz y tranquilidad.
Después una casa y a su lado un inmenso campo de maíz. Las pinochas aún están por recoger. A continuación una huerta, donde tienen unos estupendos tomates que seguro saben muy bien.
A las 19:55 horas ya estoy en la parada esperando el autobús. Sale a las 20 horas. Hay junto a la parada una caseta prefabricada que sirve para alivio de los conductores. Descubro un avispero en una de sus paredes. Cuando llega el autobús se lo comento al chófer, que da el aviso.
El autobús sale puntual. El recorrido el mismo pero a la inversa. Me siento bien. He conocido un lugar nuevo aunque todavía me quedan muchas rutas que hacer por aquí. Me he quedado a las puertas.
El sol ya se está poniendo en esta tarde de verano. El recorrido, por la misma carretera, en sentido contrario.Lo único diferente, el puente sobre el Gállego. Es uno más moderno junto al de hierro.
Son las 20:33. El autobús circula ya por Zaragoza, por encima de uno de los puentes que cruza el Ebro, y a través de la ventana del autocar puedo ver el sol poniéndose y reflejando su luz en las aguas del río, mientras el perfil de la Basílica del Pilar se recorta a un lado. Una bella estampa para despedir el día.
Son las 20:37 cuando me he bajado en la parada de la línea 28 al final de la calle San Vicente de Paúl y me dirijo a la Plaza de España para coger de nuevo el tranvía. Han sido unas pocas horas, pero he estado en otro mundo, más tranquilo, más amable.
Ahora ya me topo con la gente que va caminando por las calles, en medio del bullicio de la gran ciudad. En el cielo ya aparece la luna nueva, el día se ha acabado definitivamente y la caminata me ha sentado de maravilla.
Bajo estas líneas os dejo el recorrido y el perfil de la excursión de hoy. Lo pongo en color amarillo. Soy consciente de que mis andanzas por la zona no han terminado aún.Esto no ha hecho más que empezar. Vamos con la ruta número dos.
Ruta II: Hasta la torre-vigía forestal del Campillo.
Comienza el auténtico vedado.
Ida y vuelta: 15,34 km
Tras esta primera excursión de «avanzadilla» que os acabo de relatar, regeresé tres días después, también solo, el domingo 27, para adentrarme más profundamente en este paraje. Voy a dar un paso más, retomarlo donde lo dejé y llegar hasta una torre de vigilancia forestal que ví a lo lejos. Se llama la torre del Campillo. Vamos allá.
El desplazamiento es idéntico al que os acabo de contar en la primera salida del 24 de julio. El tranvía, la línea 28, llegar a Peñaflor…por tanto toda esta parte ya la doy por explicada.
A las 13:55 ya estaba en Peñaflor. Me diréis que es un poco tarde iniciar una excursión a esa hora. Tal vez sí, pero no dispuse de otro momento. Vosotros podéis ir más pronto. Una vez me bajé del bus, el recorrido es similar al que ya os he contado en la salida anterior.
Hay que ir por la calle San Cristóbal, todo recto hasta llegar a la zona de la ermita y dejarla a la derecha.
Veo otras edificaciones, y hasta un cactus que me enseña sus flores amarillentas. Los tractores y los campos no pueden faltar por estas zonas rurales. El silencio y la paz son los mismos que hace tres días.
Voy recorriendo la pista hasta que llego a la zona de la barbacoa nº2. A partir de aquí todo será nuevo. La diferencia es que en vez de caminar por los cerros voy por el camino desde el principio. No me entretengo en ver lo ya conocido. Sigo adelante.
Ya empiezo a observar los primeros pinos carrascos de buen tamaño. Lo que sí comienzo a apreciar es que el cielo cada vez se esta enturbiando más. Igual llueve. AEMET ha anunciado posibilidad de que ocurra esto hacia la última hora de la tarde. Pero para entonces yo ya confío en estar de vuelta.
Voy avanzando y veo el montículo que superé por la parte alta y el camino que me permitió bajar (en la foto lo indico con flechas). También veo que de vez en cuando un pilote de madera me indica que voy por el CR-31, el camino rural de Zaragoza, correspondiente al monte de Peñaflor.
Continuando con la marcha, y rodeado de todo tipo de vegetación, a mano derecha podréis ver una especie de caseta – os la pongo en la foto- que desconozco cuál será su verdadera función, pero que espero os sirva de punto de referencia, aunque con seguir el camino todo recto basta. Tras los campos de cultivo veo una buena masa de árboles.
Me llama la atención, a mi izquierda y en altura, un pino solitario. Es un buen ejemplar. Tal vez un indultado de otras épocas en las que el monte seguro que se extendía mucho más, y que terminó siendo eliminado por la tala masiva y la presión humana. Afortunadamente, hoy en día se trata de conservar todo esto y si es posible aumentarlo a base de repoblaciones.
Sigo mi camino y veo algún que otro árbol aislado -seguro que en tiempos tuvo que haber muchos más-y desde aquí otra vez aprecio un tupido bosque de pinos hasta el límite de los campos, muchos de ellos ahora en barbecho o con la cosecha, posiblemente de cereal, recién recogida. Terreno ganado en épocas pasadas al bosque. Qué pena.
Tras un rato caminando,son las 14:52 horas, cuando a mi derecha veo un viejo árbol que está seco pero que tiene un agujero en su tronco. ¿Qué pájaro lo haría? ¿A cuántas especies habrá servido de nido?. ¿Llegarían a existir en este bosque hace muchos años pájaros carpinteros y esto es un recuerdo de otros tiempos?. No lo sé, pero el perfecto agujero sobrevive el tronco, a saber desde cuando.
Sigo marchando por la pista que está rodeada de campos,pero a cada lado de la misma hay una hilera de pinos. El tamaño me indica que tienen ya unos cuantos años. Seguro que los días de sol protegen al caminante de los rigores del astro rey. Ahora está nublado, lo que supone un alivio para mí. La temperatura es agradable a pesar del calor de julio.
Paso al lado de un poste de madera con un par de indicaciones para ir al camino de Perdiguera y al camino de Valcarbonera, no hago caso y sigo recto. Al fondo, en el horizonte, adivino lo que parece la silueta de torre de vigilancia forestal. No he estado nunca por aquí, pero ese es mi objetivo, así que camino sin perderlo de vista.
También pasado el poste de señales veo una especie de balsa artificial, a mano derecha, que imagino servirá para que beba el ganado. Esta zona tengo entendido era una antigua dehesa. En esta zona la hilera de árboles se interrumpe en parte, pero enseguida vuelve a reiniciarse. A lo lejos veo caminos bien definidos, como imitando una culebra blanquecina. A saber dónde llevarán.
Cuanto más me adentraba en este paraje, absolutamente sin nadie, me daba cuenta de que quizás era el único ser humano en kilómetros a la redonda. A veces, en algunas personas, el verte tan solo, puede generar cierta sensación de inseguridad, incluso miedo o desamparo, por lo que pudiera suceder.
Si a tí te ocurre esto, ven por aquí con algún acompañante, porque te lo aseguro, no hay nadie, pero en serio, n-a-d-i-e.
Peñaflor ya queda lejos. No hay núcleos urbanos cercanos. No se oye nada. Te quedas parado y es ausencia total de sonidos. Esto aún acrecienta más la sensación de soledad. A mí, sin embargo,no me da reparo, al contrario, para mí estos momentos no tienen precio, me siento realmente unido a la naturaleza. Ya veo la torre más cerca. Los pinos a veces, crean la sensación óptica de un túnel verde en la lejanía.
A las 15:16 horas, la pista llega hasta las proximidades de una edificación de paredes blancas, que queda a la izquierda. Me acerco a ver qué es. La puerta está cerrada. Sólo una salamandra corretea por la zona, pero enseguida vuelve a su escondite bajo las tejas.
Aquí el camino se bifurca de nuevo. Yo voy hacia la derecha, al fin y al cabo es el que me permite seguir teniendo la torre de vigilancia forestal a la vista. Así que voy por ahí.
Mientras voy marchando, veo que de un gran pino, algunas de cuyas ramas tocan el suelo, cuelga una «casita nido» para pájaros. Alguien se preocupa por ellos. Está bien. Hay que proteger las especies autóctonas y facilitar su asentamiento.
Ciertamente por aquí ya se empieza a ver un bosque más tupido, pero no creo que haya llegado todavía al verdadero vedado. De momento en esta segunda salida por estos parajes me he marcado el objetivo de alcanzar la torre de vigilancia.
Por la pista que ahora voy, como he dicho, me permite ver la torre todo el rato, pero la dejo a mano izquierda, la sobrepaso. Pienso que tal vez el camino rodee la loma sobre la que está y se suba por detrás, porque ascenso directo no se ve, ni pista que lleve hasta allí.
La pista sigue el perímetro de la colina, a mi izquierda,que está llena de árboles, sigo pensando que en algún momento la tendrá que rodear, supongo,para que pueda subirla. A mi derecha, observo algún árbol solitario, pero mayormente lo que veo son campos en barbecho.
Al final me doy cuenta de que el camino sigue y sigue, pero cada vez se aleja más de la colina donde está la torre. Creo que por aquí no voy bien. Ahora salgo a una zona sin árboles. El bosquecillo ha quedado atrás. Llego hasta un poste con un una señal, que indica, si no recuerdo mal, una dirección para volver hacia Peñaflor, y otra, hacia el paraje de Valcarbonera.
Llevo 7,41 km desde que salí de Peñaflor. Son las 15:27 horas. Como no es por aquí vuelvo por donde he venido, así que retrocedo.Una vez que llego a la altura visual con la torre, me planteo qué hacer. Si vuelvo a la caseta donde ví la salamandra, no voy a poder subir. Como no sé por dónde ir, decido que lo más práctico es tirar todo recto campo a través hacia la estructura. Y así lo hago.
Lo primero que tengo que cruzar es un campo que es todo tierra roturada. Nada más poner el pie, me hundo unos cuantos centímetros. Me cubre totalmente el calzado hasta el tobillo.Decido ir caminando por un lateral. Pasado este trozo, entro en un bosquecillo. No hay camino ni senda. Tengo que ir sorteando maleza, arbustos, y algún tronco que otro, pero sigo recto, ascendiendo.
A pesar de lo salvaje del camino, y de la pendiente, estoy a punto de lograr mi objetivo, la torre está cada vez más cerca. La estructura metálica se recorta contra el cielo plomizo que amenaza lluvia de forma inminente. Al final llego arriba. Hay una explanada y otra caseta, a la izquierda, que tiene delante unos bancos de madera y unas mesas . A su lado, otra pista, que parece conducir en bajada a saber hacia donde. A mi derecha, la torreta.
Pero lo impresionante, el premio de llegar hasta aquí, no es el lugar por sí mismo, sino las vistas, porque hacia el norte es cuando realmente veo el núcleo del vedado de Peñaflor. Un inmenso bosque natural se extiende hacia donde me llega la vista. Ahora entiendo por qué a partir de este punto se considera que comienza el vedado.Todo eso lo tengo que recorrer, pero hoy no.
Ahora le toca a la torreta de vigilancia forestal. Sería genial poder subir hasta allí arriba. Las vistas serían magníficas. Pero mi gozo en un pozo. Hay una verja que impide el acceso. Será por seguridad. Tampoco creo que venga mucha gente por aquí, pero seguro que si se pudiera, algún gamberro dejaría su pintada a modo de firma arriba. Mejor así.
Es un simple cubículo pintado de verde, con ventanales hacia todos los ángulos. Está erizado de pararrayos. Si ha de caer alguno, que lo haga sobre la torre, no sobre un árbol, así se evita un incendio.
He recorrido 8,21 km hasta aquí. Son las 15:47 horas. Seguro que hay un camino para llegar a la torre incluso con vehículos. Ya lo averiguaré.Ahora toca volver. Pero ¿por dónde?. Veo que de un lateral de la caseta que hay en la explanada parte una senda que va monte abajo. Pues creo que me voy a ir por ahí. Antes echo un último vistazo al paisaje que me rodea.
Desde aquí puedo observar en el horizonte la hilera de pinos que marcan perfectamente el trazado de la pista por la que vine antes. Ahora de nuevo tendré que volver por ahí. Pero no hay problema. Mientras tenga referencias visuales, puedo cruzar el monte y el campo a través.
A medida que me voy alejando la torre queda más y más lejos. Al fondo, en el horizonte, una mancha verde, casi inapreciable, me indica la localización de una urbanización de chalets que se llama Las Lomas del Gállego.
A las 16:03 ya he llegado a los campos de abajo después de cruzar el bosquecillo y enfilo el camino de hace un rato para volver.
Ahora ya sí comienzo a notar las primeras gotas de agua. Está empezando a llover. Pero poca cosa. Espero que se quede en eso y no vaya a más. Llevo chubasquero, pero no creo que tenga que utilizarlo de momento.
Son las 16: 28 horas y llevo 10,5 km. Llego otra vez a la poza para el ganado. Ha dejado de lloviznear. Mejor. Lo bueno es que al estar nublado en ningún momento he tenido calor.
Ahora ya recorro el camino que hice hace unas pocas horas, pero lo voy desandando. A mi derecha, al fondo, veo los montículos por cuya parte alta caminé el primer día. Ahora vuelve a llover con un poco más intensidad que antes.
Llego a la atura de la primera caseta, una pequeña, y justo al lado puedo ver otro pilote indicativo del CR-31. Ya me queda menos hasta Peñaflor. Por la colina que os marco con flechas amarillas caminé el primer dia.
Paso al lado de Agua Salada, dónde la barbacoa inutilizada número dos. Camino entre la vegetación.
Llevo ya 14 Km recorridos y estoy llegando a la zona donde se puede uno desviar hacia la ermita.Veo a lo lejos la torre de la iglesia de Peñaflor.
Unas viñas, la casa gris, el tractor, unas cigüeñas en la torre… ya estoy en Peñaflor.
A las 17:37 he llegado a la parada del bus. Han sido 15,34 km de distancia en total y tres horas y media de caminata, con sus correspondientes paradas. Ahora sé que tengo que volver para descubrir todavía más rutas por aquí.
Mientras regreso, ya montado en el autobús, ha salido el sol. Puedo ver la Cartuja del Aula Dei perfectamente, con un campo inmaculadamente verde delante del emblemático edificio.
Os dejo debajo la ruta seguida dibujada en amarillo, y el perfil de elevación de la excursión. Han sido dos excursiones que me han servido de toma de contacto con este lugar, pero lo mejor está por llegar. Os invito a leer las entradas sobre el vedado que publicaré como parte dos y tres, aún queda mucho por descubrir, y lo mejor, a un paso de casa. Hasta la parte dos, ¡nos vemos en el vedado de Peñaflor!.











































































































































































































































































