Caminata por la estepa zaragozana. El castillo y ermita de Alfajarín; el Toro de Osborne (decapitado).Desolación total: el Casino Montesblancos. Nuez de Ebro. Recorrido total: 15 km.

Hola amigos seguidores de mi blog. Esta es la típica excursión que seguro tu familia no quiere que hagas. Te dirán ¿pero dónde vas por esos andurriales? ¿Y si te sale alguien con malas intenciones? ¿Y si aparece un perro rabioso? ¿Y si te da un golpe de calor? Y si, y si…pero ya te adelanto. Si realmente te dan miedo los lugares solitarios y no te atreves a adentrarte en el «desierto», no vayas. Si por el contrario te gusta la aventura, lo nuevo, lo desconocido…¡adelante! esta es tu caminata.

Sobra decir que me fui solo, y es que este lugar al que me dirijo es un territorio muy duro. Mucho calor en verano, mucho frío en invierno, y una flora y fauna adaptada a los rigores ambientales. Si te decides a venir por aquí, no esperes prados y bosques Pirenaicos, ni cascadas de agua cristalina, pero te aseguro que el encanto de esta tierra áspera no te defraudará y en cierto modo te cautivará.

Pues bien, la excursión la hice un 15 de julio de 2018. Domingo. Y me diréis ¿Y por qué la pone ahora en en el blog, ya que ha pasado tanto tiempo? (estoy en febrero de 2020 escribiendo esto). Pues muy sencillo. No tenía blog por entonces – ni sabía que lo iba a tener- y cuando me he aventurado en este mundo de las redes sociales, me he dedicado a subir otras caminatas posteriores, pero ésta la tenía en la mente, más que nada porque creo que merece la pena mostraros algo diferente y a la vez un tanto desconocido.El que quiera completar la zona lo puede hacer consultando la entrada del blog «Villafranca de Ebro y más» que realicé unos días después, el 28 de julio.Comenzamos.

Este día AEMET (Agencia Estatal de Meteorología) anuncia una temperatura máxima de 37,6 grados centígrados en la zona. No me preocupa, pues he tomado medidas. Llevo agua de sobras, voy bien embadurnado de crema solar, llevo una gorra tipo «legionario francés», con cubrenuca, los bastones…si vas bien preparado y con precaución, no tiene por qué surgir ningún problema.

Esta vez el medio de transporte elegido para desplazarme a la zona de la excursión es el autobús. Tengo que llegar hasta Alfajarín, a unos 29 km de Zaragoza capital por carretera, y lo haré utilizando la línea regular 211 perteneciente al CTAZ, (Consorcio de Transportes del Área de Zaragoza).

Una de las paradas está situada en el Paseo Echegaray y Caballero, al lado del Ebro, tras el Pilar. Hasta allí me desplazo en una bicicleta del servicio «Bizi»,al que estoy abonado. Llego a las 8:30 de la mañana, pero no voy a poder viajar desde allí pues me encuentro con un cartel pegado en el poste que avisa de que por celebrarse un triatlón en Zaragoza justo en esta mañana, dicha parada queda suprimida.¡Vaya!, no me había enterado de esto, así que tendré que buscar otra.

La siguiente parada de este autobús de línea está en la Avenida de Cataluña, justo enfrente del almacén de una cadena de supermercados. Previamente he tenido que cruzar el Ebro por el puente del Pilar o de Hierro. A las 9 horas ya estoy en la margen izquierda del Ebro y dejo atrás la Casa Solans, en la Avenida de Cataluña 60, un bonito edificio modernista de 1.921.

A las 9:20 horas llego a la parada que me permitirá coger el autobús, en la Avenida de Cataluña, frente a los almacenes de unos conocidos supermercados y a las 9:40 ya estoy subido en él. El viaje a Alfajarín cuesta 1,60 euros. Estoy montado en el bus una hora más tarde de lo previsto, pero también me he dado un buen paseo adicional. Siempre que no tengáis que ir muy lejos, seáis poca gente, y no exista ningún inconveniente que os lo impida, utilizad el transporte público. El planeta os lo agradecerá. Es la suma de pequeños gestos lo que marca la diferencia.

A las 9:51 horas, el autobús ya está cruzando la Puebla de Alfindén, a unos 18 km de Zaragoza un pueblo por el que se pasa antes de llegar a Alfajarín, mi destino. Por la ventana, veo algunas de sus extrañas casas, me recuerdan bastante a las que salían en los dibujos animados de los hermanos Picapiedra que veía de pequeño en la tele.

Me hago algún selfie en el bus (mas que nada por recordar después los tiempos del trayecto al mirar la hora a la que hice las fotos) y a las 10:02 de la mañana ya estoy en Alfajarín, a 195 m sobre el nivel del mar. Bajo del autobús y lo primero que hago es colocarme la gorra «legionario francés tipo beau geste, o soldado japonés II G.M» porque el calor que hace es considerable.

Lo siguiente que observo en lo alto del monte es el toro de Osborne, por supuesto, sin cabeza, y también uno de los torreones del castillo de Alfajarín.Os recuerdo que una tormenta bestial, de viento huracanado, aire y granizo, allá por el 11 de julio de 2018, lo decapitó, tras más de 55 años indemne, cebándose con esta icónica valla publicitaria. Sólo habían pasado 4 días desde que había ocurrido el fatal evento,cuando hice esta excursión que ahora os estoy relatando.

El recorrido que quiero hacer implica atravesar el pueblo y llegar hasta las afueras del mismo para pasar por debajo del viaducto de la autopista AP-2 y acceder a la zona esteparia.Aunque ha pasado tiempo desde que estuve allí, me acuerdo de todo con sumo detalle, como si fuera ayer. El cerebro humano es curioso, desecha lo que no nos importa y almacena lo que nos interesa, sobre todo si va ligado a una respuesta emocional, como puede ser experimentar la aventura de lo nuevo, un viaje o una excursión.

Respecto al pueblo de Alfajarín, aunque se ha localizado un asentamiento íbero y otro romano en su término municipal, es una población de origen árabe, cuyo topónimo significa los alfareros. Se incorporó al Reino de Aragón en el año 1.118, cuando Alfonso I el Batallador -debajo de estas lineas pongo la foto de una gran estatua que hay de él en el Parque Grande de Zaragoza- reconquista Zaragoza a los musulmanes. ¿Encontraré alguna antigua vasija de barro por los montes?.

Cuando me dispongo a atravesar «el túnel» que forma el viaducto de la autopista, me llaman la atención las pintadas que han hecho,en las paredes de hormigón que hay a los lados. Alguien ha escrito una frase que dice así :» ¡Por qué callar si nací gritando!. También hay otras un poco más artísticas, como un astronauta o un amenazador pez abisal de dientes afilados.

Una vez que lo he cruzado por debajo, me encuentro de golpe con la estepa y con una mezcla de olores propios de la vegetación que crece por aquí, a la vez que con una bocanada de calor que parece salir de un horno. ¡Qué distinto es este paisaje de los verdes senderos, valles y bosques del Pirineo que he recorrido en tantas ocasiones!.

Lo primero que observo es una señal que me indica el camino a Nuez de Ebro por las Portilladas. En principio, lo sigo, pues entra dentro de mis planes llegar hasta allí.Son las 10:15 horas. Paso al lado de un panel explicativo que habla de las trincheras de la Guerra Civil y de la flora y fauna de la zona. Está en bastante mal estado de conservación, todo agrietado. No quiero ni pensar lo duro que sería estar aquí, atrincherado, con todo el calor en pleno verano, y con los inviernos nebulosos y fríos, a parte de los peligros de una guerra.

Sigo andando, y si las Portilladas son los las zonas bajas de los montes que veo al frente, más bien parecen la boca del averno, la verdad es que no me apetece demasiado el aventurarme por ahí, ya que supone alejarse de los puntos de referencia, como puede ser la AP-2, y adentrarme por los vales esteparios. Con este calor prefiero las zonas altas, donde tengo buenas referencias y además sopla algo de viento. De momento continúo, pero ya veré que hago al final.

Al poco de dejar el panel explicativo, en un lateral del camino, veo un poste en el que hay clavada una señal que me indica que puedo ir a ver la cueva de la Grallera. Son las 10:37 horas.Se trata de una cueva situada bajo el castillo de Alfajarín. Dicen que es una gruta enorme, tanto, que dentro puede dar la vuelta un camión trailer, casi nada. Me acerco y veo una valla metálica a modo de puerta, que sirve para evitar la entrada a la cueva. Hago una foto de lo que puedo ver hasta donde llega la luz. El aspecto es un tanto inquietante, y noto una sensación de frescor en la cara que proviene del interior, como el que sale de las casas de pueblo en verano.

Está claro que estoy en tierras de yeso y de salitre, en el dominio de un antiguo mar interior poco profundo.El suelo rezuma calor. Esta zona es severa, extrema.Si quieres conocerla de verdad, hay que venir en época estival. Animales, aves y plantas se han tenido que adaptar a las duras condiciones climáticas. También el hombre lo ha tenido que hacer, qué remedio le ha quedado, pero no hay que olvidar que precisamente los humanos han contribuído a crear este ecosistema, ya que durante siglos han practicado la tala masiva de pinos y carrascas, principalmente, para obtener carbón vegetal. Pero, a pesar de todo, y de tanta desolación, la estepa tiene algo que te cautiva, que te atrapa y te atrae.

Pero para entender bien el terreno que piso en esta excursión, hay que viajar muy hacia atrás en el tiempo, ¿queréis saber la historia?. Los que seguís mi blog, sabéis que me gusta comentar los aspectos geológicos de la zona que visito.

Por otra parte siempre os digo que el que no quiera leerlo, puede saltarse esta parte, e ir directamente al relato de la excursión, (el atajo: justo donde pongo una foto de un insecto y de una inquietante cruz),pero si sois de los que os gustan estos temas y tenéis curiosidad como yo, unos cuantos párrafos que pongo a continuación os sacarán de dudas. Acompañaré además la explicación de unos dibujos que he encontrado en internet.Pues allá vamos.

Todo comienza nada menos que hace 70 millones de años, hacia el final del Cretácico. En este momento, la placa africana estaba empujando a la Península Ibérica, comprimiéndola (las placas se deslizan por encima de la corteza terrestre y chocan entre ellas). Este empuje hizo que las zonas que estaban por debajo del nivel del mar que aquí existía en este momento, se elevaran.

El mar, a consecuencia de esto, se retiró hasta la zona donde ahora se sitúa la actual ciudad de Jaca, ocupando lo que después serían los pirineos. Este mar estaba comunicado con el Atlántico. La depresión del Ebro en este período era tierra firme. Debajo de estas líneas pongo un dibujo donde se aprecia el mar interior. Coincide con el momento en el que un gran meteoro cae en la Península del Yucatán y origina el fin de los dinosaurios.

El siguiente evento geológico interesante ocurrió hace unos 60 millones de años, en el Paleoceno. La cordillera Ibérica se eleva, se crea un área de sedimentación a los pies de estas montañas y los ríos desembocan en el llano, formando pequeños lagos. Sigue existiendo comunicación con el Atlántico.

Vámonos  ahora 15 millones de años atrás en el tiempo, al  Eoceno, hace unos 45 millones de años. En este momento, la presión de la placa africana es muy intensa. El Pirineo surge, y el mar se retira de esta zona. La cordillera Ibérica se levanta aún más. Se crea claramente una depresión entre ambas cordilleras.

Ahora debemos retroceder otros 10 millones de años y situarnos en el Oligoceno, hace unos aproximadamente 37-35 millones de años. La depresión estaba comunicada con el mar Atlántico, aunque esta comunicación no era permanente. A veces, el mar penetraba en la zona, en realidad todo esto era una cuenca marina, aunque cuando no lo hacía, estaba ocupada por grandes lagos continentales.

Al final, el imparable empuje de la placa africana, hace que surja la Cordillera Vasco-Cantábrica, con lo que el relieve que existe ya, (Pirineos, Sistema Ibérico, Costero Catalana) más esta nueva cordillera, cierran el paso e impiden definitivamente la comunicación con el mar atlántico. el resultado es que se crea una cuenca continental endorreica, un mar interior.Los ríos de las cordilleras van a desaguar aquí y formarán lagos enormes. El clima en esta época es bastante árido. La depresión del Ebro se convierte en una enorme cubeta de evaporación, donde se van depositando calizas, yesos, halitas (sal) y arcillas.

En el Mioceno (Terciario), hace unos 20 millones de años, la depresión del Ebro era una hondonada cerrada, sin salida al mar, cubierta por un lago de enorme extensión, poco profundo, y que además de vez en cuando se secaba.

No obstante, se sabe que, a pesar de tener todas las posibles vías de escape cerradas, de vez en cuando se producían invasiones del mar Mediterráneo, tal vez en períodos en los que subía el nivel del mar de forma considerable y que hacía que penetrara cientos de kilómetros tierra adentro, aportando gran cantidad de agua y sales a esta cuenca interior, que se precipitaron al fondo.

Este «lago Ebro», por llamarlo de alguna manera, se extendía por lo que hoy es la ciudad de Zaragoza, las Bárdenas Reales (Navarra) y las actuales Logroño (La Rioja) y Fraga (Huesca). Era poco profundo y además muy volátil, porque aparecía y desaparecía en distintos lugares a causa de la evaporación y de las tormentas.

En la Muela, cerca de Zaragoza, se precipitaron carbonatos (calizas),en la zona de Alfajarín donde estoy ahora, y en Zaragoza, yesos, y en Remolinos (a 34 km al oeste de Zaragoza), halitas (sal). Por eso hay allí unas importantes minas, actualmente en explotación, de ese mineral sedimentario.

¿Pero cuál fue el acontecimiento definitivo que hace que se modele el paisaje tal y como lo conocemos? Pues que hace unos 5 millones de años, hacia el final del Mioceno, lo que había sido millones de años una cuenca cerrada, un lago enorme, se desborda y consigue una salida al mar Mediterráneo. Esta situación viene favorecida por movimientos tectónicos locales. La consecuencia es que toda el agua que viene de los ríos de los Pirineos y del Sistema Ibérico no se quede estancada, sino que fluya al mar. Nace la cuenca del Ebro.

Esta cuenca primero fue un altiplano, (entre 500 y 700 metros de altitud) y con el tiempo evolucionó hasta la altura actual.En su salida hacia el mar, el Ebro fue erosionando la cuenca y rellenando 30.000 kilómetros cuadrados de lo que hoy es su delta. Pero la mayoría del delta lo ha hecho el hombre. La erosión que ha generado el hombre con sus cultivos y sus técnicas agrícolas han dejado más expuesto el suelo, ha acelerado la erosión y han acelerado la formación del delta, que de otra forma sería mucho más pequeño, y según estudios recientes, casi inexistente en época de los romanos.

Finalmente, hace unos 2,5 millones de años, en el Cenozoico (Cuaternario) el Ebro crea una llanura aluvial en la zona en la que me encuentro, Alfajarín, que se sitúa entre la zona esteparia de los Montes de Alfajarín y la vega y riberas del río Ebro. La zona central y septentrional del municipio, al norte de la autopista AP-2, está compuesta por materiales yesíferos como he explicado, depositados en el Mioceno. Al sur, está la vega del río Ebro.

Lo realmente sorprendente de esta zona es que, actualmente,en pocos metros, podemos encontrar dos paisajes muy diferentes. Por una parte, el fondo del valle del Ebro ofrece una llanura de inundación amplia en la que el subsuelo contiene agua en abundancia lo que posibilita la existencia de bosques de ribera (sotos) y el cultivo de la tierra (huertas de regadío).

Pero de golpe, cuando se acaba la influencia del Ebro, surgen los escarpes. Es otro mundo. Es la estepa. Son todo rocas sedimentarias, especialmente yesos, margas, calizas y arcillas. Estos escarpes los creó el río, en su constante fluir fué excavando el terreno y profundizando cada vez más hasta dejar los murallones yesíferos en resalte.

Es en la estepa donde se «sufre» con intensidad el clima propio de estas zonas semidesérticas que a más de uno lo deja pasmado.Lo que origina este clima tan particular que tenemos en esta parte de Zaragoza es la propia orografía de la depresión del Ebro. Ya lo dice la palabra, el terreno está hundido.

Pero, como todo en la vida, la mayor parte de las veces no es un único factor, sino varios lo que origina un fenómeno. El valle del Ebro está rodeado de cadenas montañosas por todos lados. Esto genera un clima continental, más bien árido. ¿Pero por qué?. La culpa de esto la tiene el efecto Foehn. Seguro que habéis oído hablar de él.

Cuando una masa de aire cálido y húmedo se encuentra con la ladera de una montaña se ve obligada a subirla para salvar el obstáculo. Como la temperatura disminuye con la altura, el vapor que contiene al enfriarse a medida que asciende se transforma en nubes que pueden precipitar en forma de lluvia. Es entonces cuando el viento, ya en la cima, casi sin vapor de agua, se convierte en un viento seco, e inicia el descenso por la otra ladera provocando el fenómeno inverso. Debido al gran contraste climático, las nubes comienzan a deshacerse, el tiempo se despeja, el aire se calienta, la humedad es escasa y la temperatura va aumentando.

Por este efecto, todas los frentes que vienen del Atlántico o del Mediterráneo descargan la lluvia en estas montañas de alrededor que hacen de barreras frente al valle, es decir, se produce un efecto de sombra pluviométrica. Para cuando llegan los frentes lluviosos a la depresión del Ebro lo hacen muy debilitados.

Además el hecho de que el aire que llega con los frentes tenga que descender la hondonada que forma la depresión favorece la ruptura de los frentes y la disolución de los sistemas nubosos. Por eso la precipitación anual en esta zona del valle es escasa. Digamos que llueve unos 104 días al año, pero de forma abundante sólo 65. No encontraremos por aquí verdes praderas pirenaicas.

También tenemos en esta zona el factor viento. Es famoso en Zaragoza el cierzo. El aire, proceda de donde proceda, se encaja en el corredor del Ebro. Ya decían los romanos que el aire de por aquí era capaz de volcar una carreta con sus bueyes y todo. El cierzo es de componente norte, es frío y seco, viene del noroeste. Nos hace compañía unos 170 días al año. Puede alcanzar rachas de más de 80 km/h.

En este mapa que pongo debajo, cortesía de AEMET, se puede ver como el cierzo queda encajonado entre las cadenas montañosas que lo rodean y sale por el delta. Tiene la capacidad de resecarlo todo, aunque al menos tiene algo positivo, se lleva toda la polución de la ciudad de Zaragoza cuando sopla.

También «disfrutamos» aquí del bochorno, que procede del sudeste y suele venir del mar Mediterráneo e incluso del desierto sahariano. Es cálido y húmedo y es más frecuente en los meses de verano. Así que o nos quedamos helados o nos asamos de calor. Esta zona es de contrastes muy marcados, calor y frío incluso en un mismo día.

Pero aún hay más. No nos olvidemos de la niebla. Se suele dar entre los meses de noviembre a enero; cuando tenemos encima un anticiclón (altas presiones) se produce un fenómeno de inversión térmica, siendo la temperatura en el fondo del valle de unos 4 ºC mientras que en las zonas colindantes algo más elevadas luce el sol y las temperaturas superan ampliamente los 10 ºC.

Yo recuerdo algunos años que hemos tenido niebla en Zaragoza más de un mes seguido, y tantos días sin ver el sol ha hecho que bajasen un montón las temperaturas. Era como estar días y días en un congelador. Sin embargo, en cuanto salías de la depresión del Ebro, en los altos de la Muela por ejemplo, bien cerca de Zaragoza, lucía un sol espléndido.

Bajo estas líneas dejo una de mis innumerables fotos que he hecho con la niebla como motivo a lo largo de todos estos años, esta es del 26 de marzo de 2011, en el Parque José Antonio Labordeta, o «Parque Grande» como se lo conoce coloquialmente, sacada cuando un abuelo trajeado con sombrero y con su bastón y todo, iba caminando por el Paseo de los Bearneses hacia la espesa niebla, en ese momento me di la vuelta e inmortalicé el instante para siempre.

Si me pongo a mirar a mi alrededor, por la zona en la que estoy, veo algunas dolinas, quebradas y depósitos de derrubios, que han ido rellenando los barrancos o vales hasta la llanura aluvial del Ebro, proceso que continúa en la actualidad. Toda esta zona forma un talud, una especie de acantilados que están elevados unos 50 o 60 metros sobre la llanura.Bajo estas líneas pongo una foto que hago desde la altura donde se aprecia el tamaño de los escarpes en comparación con un pequeño polígono industrial que hay en su base.

Lo que ha ocurrido aquí también es que el agua en superficie ha penetrado hacia los yesos con bastante facilidad, que se han ido disolviendo por sus zonas más débiles hasta crear cavernas, simas y galerías como puede ser la que acabo de ver de la Grallera.

Pero también se produce otro fenómeno. El agua subterránea que circula por los conductos que se crean en el interior del yeso (conductos kársticos) los va aumentando en extensión hasta que se colapsan y hunden de forma súbita, formando una dolina, (foto bajo estas líneas). El yeso es casi mil veces más soluble que la caliza y si el agua contiene cloruros es cuatro veces más eficiente en su labor erosiva, con lo que estos eventos son muy rápidos en el tiempo.

En cuanto a los cultivos que se dan por aquí, sobre todo a orillas del Ebro, son de huerta y forrajeras con importantes sotos asociados al cauce del río, un ecosistema bien diferente al de la estepa próxima.

La zona esteparia se encuentra dentro del ámbito de los planes de protección y recuperación del cernícalo primilla (foto de la izquierda bajo estas líneas) y del águila azor perdicera (derecha) además de otras especies incluidas en el Catálogo de Especies Amenazadas de Aragón, como ganga ortega (Pterocles alchata), ganga ibérica (Pterocles orientalis), catalogadas como «vulnerable»; alimoche (Neophron percnopterus), «sensible a la alteración del hábitat» y avutarda (Otis tarda), catalogada «en peligro de extinción».

El otro ecosistema, la zona de la ribera, próxima al cauce se encuadra dentro de la Reserva Natural Dirigida de los Sotos y Galachos del Ebro. El cauce del río es ámbito del Plan de recuperación de la Margaritifera auricularia, y sus sotos albergan especies de avifauna como garza imperial (Ardea purpurea), cigüeña (Ciconia ciconia) o avetorillo (Ixobrychus minutus).

Pues bien, continúo con el relato de la excursión,(espero que a los que habéis leído los párrafos anteriores os haya gustado todo lo que he puesto). Sigo caminando y me encuentro con algo un tanto tenebroso.

A un lado del camino,una cruz indica que un niño de 12 años parece que falleció allí en 1.969. La cruz está oxidada.¿Qué le pasaría?. Tiene una foto y todo. Su visión, allí en medio de la nada, entre la vegetación de la estepa, me crea cierto desasosiego.

Sigo avanzando, subiendo la cuesta. Veo un insecto sobre unas flores blancas. Parece una hormiga con alas, pero en realidad es una avispa. Es posiblemente de la familia de las Vespidae y quizás de la subfamilia Euparagiinae. Viven en regiones desérticas o esteparias. Esta tiene el abdomen de color anaranjado.

Al rato alcanzo la cima de un montículo yesífero y llego a las ruinas del Castillo de Alfajarín por la parte trasera, esto es, en vez de alcanzarlo de frente, he hecho un rodeo por la loma siguiendo la senda que me ha llevado hasta allí. Son casi las 11 de la mañana.

Desde arriba, y en el horizonte, se puede ver perfectamente la ciudad de Zaragoza. Y por supuesto el pueblo de Alfajarín. Este castillo no será muy visitado, pero visto desde la autopista AP-2, seguro que lo es mucho. Siempre te llama la atención el conjunto formado por el castillo, la ermita y el toro de Osborne en la lejanía, sobre los montes pelados.

¿Cuál es la historia de este castillo?. El castillo de Alfajarín fue construido por los musulmanes en el año 864, siglo IX, por Ibn Alfaje, de la dinastía de los Banu Hud de Zaragoza, para la vigilancia de la ribera del Ebro y para la protección de la capital. El reino visigodo que había en la península ibérica cayó conquistado por el Califato Omeya del 711 al 726 así que este castillo se erigió cuando ya habían pasado unos 150 años desde entonces.

Alfajarín y su castillo se rindieron ante el avance cristiano en el 1.119, siglo XI, tras la reconquista de Zaragoza por Alfonso I el Batallador en 1.118, pero poco después volvió a manos musulmanas y en 1.131 tuvo que volver a tomarlo el rey Alfonso. Tras la muerte de Alfonso I Batallador, a consecuencia de las heridas sufridas en la batalla de Fraga en 1134, volvió a poder de los almorávides, no siendo reconquistado definitivamente hasta 1.141, durante el gobierno de Ramón Berenguer IV.

Desde final del siglo XIII y hasta finales del siglo XIV perteneció a la baronía de los Cornel,como consecuencia de la donación hecha por Jaime II de Aragón en 1293. Tras extinguirse esta baronía fue comprado por diferentes personajes. Entre ellos destaca Ramón de Espés y la familia de los Alagón. Con posterioridad el castillo quedó abandonado y comenzó un proceso de ruina.​

El castillo Alfajarín, se encuentra, como he dicho, sobre una cumbre de los llamados Montes Blancos (por el color blanquecino que le da el material de yeso),junto a la ermita de la Virgen de la Peña.Debió de tener grandes dimensiones, aunque en la actualidad se conservan solo parte de las murallas y dos torres. Una de ellas, de 14 por 10 metros de planta, puede ser la del homenaje (bajo estas líneas); la otra torre es menor, pero está mejor conservada.

Así que pueden parecer un montón de piedras, pero lo cierto es que tienen 1.154 años de historia, que ahora mismo estoy pisando tranquilamente con mis pies ajeno a todo lo que aquí aconteció y que pertenece a la memoria de los tiempos. Si las piedras hablaran a saber lo que contarían.

Desde aquí, veo también en la lejanía los cortados o escarpes, como si fueran unos acantilados sin mar. En su base, un polígono industrial y la autopista AP-2. En lo alto de uno de ellos, en la lejanía se se ve el antiguo cartel que anuncia el Casino. Un casino que ahora es un lugar fantasmal. Pero todavía tengo que llegar hasta allí para visitarlo. También veo el pueblo de Alfajarín, con su iglesia, y a lo lejos el Galacho de la Alfranca.

Tras de mí, sigo viendo el toro de Osborne decapitado por la reciente tormenta, luego me acercaré a verlo más de cerca. Tengo curiosidad por ver en qué estado lo dejó la tormenta, y hacerle unas fotos que sin duda serán irrepetibles, al menos, en otros cincuenta años, espero.

Aunque el día está algo brumoso, normal en verano, hay buena visibilidad y puedo distinguirlo todo en el horizonte con el zoom de la cámara. Puerto Venecia, el Pirulí de Vía Hispanidad y Aragonia. Zaragoza está a 15 km al oeste de mi posición. Todo parece, con la perspectiva de la lejanía, mucho más cercano, ya que los sucesivos planos visuales tienden a apiñarse unos sobre otros, pero aún así, se distinguen perfectamente algunas zonas de la ciudad.

En un plano más cercano también veo las torres del Convento de San Vicente de Paúl y el Palacio de los Marqueses de Ayerbe donde se refugió el general Palafox en la Guerra de la Independencia contra el invasor francés, allá por 1.808 y que recibe el nombre de Casa de Palafox., al lado del galacho de la Alfranca, Y al frente, abajo,el pueblo de Alfajarín. Y como no, Zaragoza en el horizonte. Estoy a 18 km al este de la capital.

Continúo avanzando y voy dejando atrás las ruinas del castillo. Tras lo que parece una antigua entrada en forma de arco vislumbro la Ermita de la Virgen de la Peña. Tendré que acercarme a verla, lo que no sé si primero ir al toro, y luego, a la vuelta, pasarme por la ermita. Creo que lo haré así.

Esta ermita es de estilo gótico tardío, y se construyó en el siglo XVI. Tiene una curiosa historia. En ella vivía lógicamente el correspondiente ermitaño. Entre sus funciones estaba la de hacer replicar las campanas cuando veía a lo lejos que se acercaban las nubes de lluvia y las tormentas. Con los años, se adoptó la costumbre de que todos los días de mayo, a las seis de la mañana, las campanas tocasen.

Esto se veía normal hasta que en 1.984, esta costumbre se eliminó, posiblemente porque la gente del pueblo protestó por lo intempestivo de la hora. Así que la ermita se abandonó. En 1.985 se decidió restaurarla y ahora puede visitarse, los sábados y domingos de 16:00 a 19:00 horas y en verano desde las 17:00 hasta las 20:00 horas. En el mes de mayo todos los días de 17 a 20 horas. También se hacen misas todos los primeros martes de mes. En su interior se puede leer…»Vox Domini super aquas benedicite fulgura, nubes domino».

Continúo caminando y atravieso el arco en lo que queda de esta parte de la muralla del castillo y salgo directamente a un puente de madera que permite salvar parte del foso defensivo que aquí existía. Cruzo el foso, veo las ruinas del castillo desde otra perspectiva y decido ir hasta el toro de Osborne.

La Ermita de la Virgen de la Peña, que está junto al castillo, la visitaré a la vuelta. Me apetece ir hasta el toro como os he dicho porque llevo toda la vida viendo esa icónica antigua figura publicitaria de Osborne desde la autopista A-P 2, siempre que tocaba viajar a la playa, hacia la Costa Dorada catalana, y ahora, en el momento de hacer esta caminata, está decapitada por culpa de la tormenta. Para vuestra información, el 30 de agosto de ese mismo año, ya se la colocaron de nuevo.Son las 11:15 horas.

Ahora voy a descender hacia la zona de la ermita. Un resto de la antigua muralla, que parece un dedo apuntando al cielo, queda a mi derecha, testigo mudo del poderío que en su día tuvo este castillo y de sus magníficas dimensiones, hoy en su mayor parte desaparecido.

A medida que bajo, echo la vista atrás y aprecio en su conjunto los restos de la muralla y las dos torres que aún se conservan. Mas abajo veo una especie de mirador y un panel explicativo. Justo al lado han colocado un par de bancos. Voy hacia allí a ver que me cuenta ese panel.

Es el mirador de Doña Nicolasa Bernal. Desde allí se puede ver perfectamente el pueblo y en el panel te explican algunos de sus monumentos e iglesias que se alcanzan a ver a simple vista. Me entretengo un rato leyendo y localizando algunos de ellos.

Las vistas desde aquí, del pueblo de Alfajarín, como digo, son magníficas. Destaca entre las casas, su iglesia, la de San Miguel Arcángel, construida durante 300 años, y que mezcla tres estilos distintos, el mudéjar, el gótico y el renacentista.

Ahora ya decido definitivamente que quiero ir a ver el toro de Osborne. De todas formas para ir al Casino y a Nuez de Ebro tendré que volver a pasar por aquí. Será en ese momento cuando visitaré la ermita.Dejo la visión de la ermita y voy caminando otra vez hacia la estepa inhóspita y dura. El toro lo tengo a la vista, así que no tengo más que enfilar hacia él, por los caminos que surcan los montes pelados.

Estos montes la verdad es que son un auténtico desierto.¿Qué iba a crecer encima del yeso y el salitre que dejó en forma de sedimentos el antiguo gran «lago-mar» interior? Todo lo que aquí habita, plantas y animales son auténticos supervivientes. Voy avanzando y cada vez veo el toro más de cerca. Con el zoom adivino una figura junto al toro. Estupendo. En la foto puedo darle una dimensión humana.

Igual me doy un poco de prisa en llegar porque no llevo el trípode y si hay gente allí cuando alcance el toro quizás les pida que me saquen alguna foto. Tras un recorrido de un poco más de un kilómetro desde la ermita, llego a las proximidades. Ahora veo perfectamente los efectos de la tormenta. Tuvieron que ser rachas de viento muy fuertes para destrozar la estructura de esta valla publicitaria. Los hierros están retorcidos hacia un lado y los paneles doblados.

Cuando alcanzo las cercanías del toro veo más gente. Serán sobre las 11:45 horas. Son unos ciclistas. También se están haciendo fotos. Normal.Me tomo mi tiempo en contemplarlo. Les pido que me saquen una fotografía.

Ellos han venido por el puente del Bicentenario, cruzando el Ebro y han pasado cerca de una granja en la que hay un montón de toros de lidia. Me dicen que no vuelven por ahí, que lo han pasado muy mal pues las vallas protectoras no existían, las tumbó el temporal y entre ellos y los animales no había protección. Les digo que yo también pasé por allí en una excursión anterior y que me ocurrió lo mismo. Ya lo contaré en el blog en otra entrada, pero les entiendo perfectamente, daba miedo.

Una vez allí, me hago unas cuantas fotos como no podía ser menos. La verdad es que la tormenta se cebó con el pobre toro. En ese momento espero que lo reconstruyan, como así sucedió. Una vez ya doy una vuelta por allí, vuelvo al castillo y ahora sí, me acercaré a ver la ermita.

Ahora tengo que hacer de nuevo el camino de vuelta. Desde aquí veo la torre del homenaje del castillo, parcialmente derruida, es una perspectiva diferente. Más tarde ya estoy justo al lado de las murallas, este castillo tuvo que ser imponente en su día.

Al poco rato ya he llegado a la rampa que me permite alcanzar la zona de la ermita. Rodeo otra de las torres, la que se conserva en mejor estado, y accedo al espacio con los bancos y el panel informativo que visité anteriormente. El cielo está salpicado de pequeños cirros. Un poste con una señal indica la dirección a tomar para llegar al toro.

Desde aquí se ve también la iglesia de San Miguel Arcángel, del siglo XV, allá abajo en el pueblo de Alfajarín y los tejados de las casas, que parecen agolpados como en gran una piña.

Enseguida llego a la ermita. La ermita de San Juan de la Peña es otro icono que se ve desde la AP-2. Los tres, el toro, el castillo y la ermita, son una estampa que se aprecia perfectamente cuando regresas a Zaragoza por la autopista y que ya te indican que estás cerca de casa. La ermita es de estilo gótico tardío, y es del siglo XVI. (1.776).

Una vez que veo el exterior -el templo está cerrado- desciendo por una pista de hormigón que va zigzagueando por la loma del monte, hasta que llego a unas escaleras que me parecen inmensas por su longitud y que me permitirán llegar a la zona del viaducto, bajo la autopista. Los escarpes y cabezos pelados, contemplan, como si fueran gigantes dormidos, los vehículos que circulan por la AP-2.

En el cielo hay abundantes cirros, esas nubes que están a gran altura, entre 6.000 y 13.000 metros, con el único límite de la troposfera, y que están compuestas en su mayoría por cristales de hielo. Curiosamente una de ellas parece un ala de un pájaro o incluso me recuerda a la forma en la que se representa la de un ángel.¡Qué curioso! le hago una foto, como no podía ser menos. También veo altocúmulus, entre los 2.000 y 6.000 metros de altura. Todo un espectáculo visual.

Estas escaleras, pienso, deben desanimar a más de uno, sobre todo si las coge de subida y si no está muy acostumbrado a hacer ejercicio. En mi caso sólo me tengo que dejar caer tranquilamente, aunque si las tuviera que subir, para mí no sería ningún problema,estoy acostumbrado a grandes marchas y a superar fuertes desniveles en las caminatas.

He descendido por fin las interminables escaleras y paso otra vez por debajo de la autopista AP-2. Ahora me adentro en el pueblo de Alfajarín. Paseo por sus calles. Tengo a la vista la iglesia desde otra perspectiva.

Finalmente salgo del pueblo y me dirijo a la zona de las huertas, en las afueras, pues mi intención es evitar en la medida de lo posible los caminos esteparios bajo los cortados y escarpes, y recorrer esa distancia por la llanura, para luego cruzar por algún puente la autopista AP-2 y dirigirme hacia el Casino Montesblancos.

Al cabo de un rato, ya estoy recorriendo una pista agrícola y veo una granja a lo lejos, que está a un lado del camino. Pequeñas figuras parecen estar rodeando el edificio. ¿Qué son?. Cuando llego allí, voy caminando tranquilamente y veo un montón de perros que comienzan a ladrar de forma muy agresiva. No hay vallas. Están todos sueltos. Incluso tres o cuatro vienen al trote hacia mí. Serán unos siete u ocho en total.¿De dónde han salido tantos perros? ¿Dónde está su dueño? ¿Cómo es que están así?.

No me queda otra que seguir caminando y no mostrar miedo. Parece que mi actitud tiene su efecto, y se paran en seco, eso sí, a unos pocos metros de mí. No los miro. Tampoco me paro, pero no corro ni muestro ningún signo de debilidad. Cuando me alejo, reconozco que he pasado un mal rato pero afortunadamente todo se ha quedado en un susto.

Después, llego a la altura de un puente que me permite cruzar la AP-2, pues tengo que volver a la zona de la estepa. Me he ahorrado un buen trecho por la zona seca. En la lejanía veo el toro, el castillo de Alfajarín, la ermita…vengo de allí. Ya he cubierto una distancia considerable.

Al cruzar la autopista, acabo en un polígono industrial. Hoy sin ninguna actividad, es domingo. Lo recorro hacia la zona donde ví el rótulo que indica Casino, allá en lo alto. Voy paralelo a los acantilados de material yesífero, el calor aprieta, pero voy bien hidratado y protegido contra el sol. Son las 14 horas.

En un momento determinado veo un cartel que indica «trincheras». Son los vestigios que quedan en esta zona de la Guerra Civil. Continúo. Estoy muy cerca del escarpe sobre el que se deteriora lentamente el cartel que en su día anunciaba el Hotel-Casino Montesblancos. De la palabra «hotel» sólo sobreviven la «o», la «e» y la «l».

De pronto veo una carretera asfaltada. LLeva al Casino Montesblancos. Hay un montón de tierra a modo de talud que impide el paso de vehículos. Yo lo supero sin dificultad. Voy subiendo a buen paso hacia mi objetivo.

El aspecto de esta antigua carretera es lamentable. Agrietada, con los arcenes llenos de vegetación, se han llevado los quitamiedos. Plantas varias crecen en las grietas del asfalto. Farolas que ya no iluminan a nadie, señales que ya no avisan a ningún conductor. La decadencia es total. Es una carretera fantasma. Una progresiva sensación de desazón me invade. No hay nadie. ¿Quién va a haber?. Son las 14:25 horas. Más abajo, en el valle, veo el pueblo de Nuez de Ebro. Estará a unos 5 km de Alfajarín. Destaca la torre de su iglesia y el gran edificio del ayuntamiento.

En medio de la desolación del paisaje estepario que me rodea, una isla de vegetación surge ante mí. Lo repobló el hombre, y cuando se abandonó el Casino, y todas esas plantas quedaron descuidadas, no murieron, sino que han progresado. La naturaleza se esfuerza por sobrevivir. ¿Y si se repoblaran con pinos estas duras tierras? Tal vez lograrían salir adelante. En la foto que pongo debajo, si os fijáis en la línea del horizonte, tras las huertas, se sigue viendo Zaragoza y las torres de la Basílica del Pilar.

En el centro de la carretera crece la vegetación. Aquí también se han llevado todas las protecciones. Si sois miedosos, no os gustará venir por aquí. Yo voy solo. No pasa nada, pero si vais a pasar un mal rato, ya os lo enseño yo en este relato y os ahorro la visita.

El paisaje aquí es brutal, no hay aparentemente vida. Los montes que tengo delante están pelados, únicamente salpicado con la pobre y escasa vegetación que lucha por sobrevivir en este ambiente. Alguna raya blanca se ve sobre las lomas, son los caminos que forman las trialeras – rutas que siguen las motos de trial-.

Al fin llego al Casino Montesblancos, no es un blanco de nieve, sino de yeso y salitre. Son las 14:25 horas. Una estructura cuadrada, de techo plano, es lo primero que veo. No tiene ventanas. Parece un helipuerto, o tal vez sea un depósito subterráneo de agua, no sé. El caso es que una pintada en el muro dice «D.G.A. culpable».Sigo avanzando y pronto aparecen las primeras explanadas con las antiguas plazas de aparcamiento bajo los pinos y los edificios que formaban el complejo.

El lugar es una auténtica ruina. Digno de un plató postnuclear de Hollywood, de una película de Mad Max, o de una de guerra en Irak, este lugar asombra por como ha quedado reducido a la nada después de su espléndido pasado.

Yo estuve aquí, cuando era un populoso lugar de encuentro, y hervía de vida. Fue en el invierno de 1.987, cuando celebré en este lugar, con mis compañeros de promoción, el paso de ecuador de la carrera universitaria de Derecho.

Recuerdo que acudí allí conduciendo mi Rover 216 SE, de color rojo de 1986, llevaba a varios compañeros.Era una tarde de niebla infernal. Hice fotos, como es costumbre en mí, pero se las dejé a una compañera de clase que nunca me las devolvió. Bueno, le dejé los negativos, para que se hiciera copias y nunca volvieron. Nunca dejéis según que cosas, sobre todo si os importan, se corre el riesgo de perderlas para siempre, yo ya aprendí la lección.Como suele decirse «perder para aprender».

Una de las cosas que más me han impresionado es que los pinos que en su día plantaron aquí sobreviven. Y también vegetación variada. Parece mentira. Tal vez hay que darle una oportunidad a la naturaleza y ver que es capaz de sobrevivir aún en un ambiente tan hostil.

Una vez en este punto, empiezo a sentir un poco de inquietud. Quiero avanzar hacia los restos del casino, pero estoy totalmente solo. Algo de «cosa» da.Después de lo ocurrido con los perros, pienso si podría haber alguna alimaña escondida por ahí. Por otro lado, ya que he llegado hasta aquí, no me voy a quedar sin verlo.

Aparto de mi cabeza pensamientos de temor y sigo para adelante. No soy miedoso, avanzo con la seguridad de que nada malo me voy a encontrar. El lugar lo han «saqueado» literalmente. Está todo lleno de pintadas y los edificios están destrozados.

De nuevo me invade una sensación de desazón. Esto es un lugar fantasmal. Puedo imaginarme la gente entrando y saliendo de los edificios, en los mejores tiempos del complejo y ahora no hay nada.

Hasta los techos se han desprendido. Son estructuras vacías en progresiva descomposición.Entro a echar un vistazo. Aún quedan restos de lo que parece un guardarropas. Está claro que no sólo el tiempo, sino el vandalismo, han contribuido a degradar los edificios.

Voy recorriendo todas las estancias. Todo, absolutamente todo, está prácticamente destruído. Yo recuerdo como era vagamente, pero es que ahora es una ruina total. Da pena verlo así.

El Casino Montesblancos tiene una historia peculiar que además está salpicada con la huella del crimen. Construido en 1978, fue un próspero negocio y un centro de actividad de postín. Pero en los años 90 cayó en picado y la empresa propietaria se declaró en quiebra. La suspensión de pagos fue investigada y le costó la vida a quien fue designado como administrador judicial, que tenía 42 años por aquel entonces.

Fue asesinado en noviembre de 1997, poco después de haber concluido un informe que desvelaba graves irregularidades en la gestión del Casino.Le dieron muerte a puñaladas en el garaje de su casa, en el zaragozano barrio del Actur. Todo apuntó a un crimen por encargo, se investigó a dos sospechosos, pero no hubo pruebas, y el asesinato quedó sin resolver. Hasta la historia de este vil asesinato parece planear en medio de esta desolación.

Avanzo hasta el final de la calle fantasma y entro en un edificio grande que hay a mi izquierda. Bajo por unas escaleras, creo que es el Hotel. Al girar en una especie de rellano al aire libre accedo a un salón inmenso. Era la zona de las mesas de juego. Todo está lleno de escombros por el suelo. No avanzo más. Me voy.

Retrocedo hacia la calle principal y me hago algún selfie de recuerdo, al menos para dejar constancia de que he estado por aquí. No he visto nada ni a nadie. Sólo una salamandra despistada aparece en un hueco que hay en el suelo. Se camufla tan bien que casi no la he visto. Le hago una foto.

Pues nada, después de recorrer estas ruinas y con el estómago algo encogido por la visión de todo lo que he contemplado, me dispongo a volver. Me voy al pueblo de Nuez de Ebro. Allí cogeré el autobús a Zaragoza, pero antes me daré una vuelta para ver la localidad.

Ya otra vez en la malograda carretera,descubro un montón de parabrisas de coche rotos que están tirados en el suelo. Desde aquí,veo perfectamente el cartel anunciador del Casino, pero de costado. Son las 14:55 horas. He estado en este lugar de desolación media hora, pero me han parecido tres.

Voy descendiendo. El pueblo de Nuez de Ebro aún se ve pequeño abajo. Con el zoom, a lo lejos, puedo sacar una foto al toro, el castillo, y la ermita de Alfajarín, todo en el mismo plano. Allí estuve esta mañana.

Al rato entro en el pueblo de Nuez de Ebro. Una torre, que parece una especie de depósito, me da la bienvenida. Y una enorme cosechadora articulada de un chillón color amarillo también.

No hay mucha gente a estas horas. Veo varios edificios y accedo a una zona de ejercicios para mayores donde hay una fuente. Me refresco el gaznate y también la cabeza. El agua con este calor es una bendición.

El pueblo está vacío. Puedo ver sus calles, y casas. Todo está muy limpio. El aspecto es muy cuidado.

Llego a la iglesia. El cielo está lleno de cirros. Son nubes llenas de hielo, están a muchísima altura. Anuncian un cambio de tiempo. Se nota que en esa zona soplan fuertes vientos.

Una pintada en un muro aboga por la igualdad en la educación. Me parece muy bien. Así debe ser.

Un bar, en una casa baja, llamado «bhayven», una torre transformadora de electricidad pintada en color mostaza claro, alguna zona verde para el juego de los niños, alguna ventana decorada con flores, todo pasa delante de mis ojos, pero no veo a persona alguna.

En cada calle hay unas baldosas con los «Cantos de la Aurora». Las auroras o despertadores son cantos que se entonan al amanecer por las calles del pueblo para convocar a los fieles al rosario de la aurora.

En otra casa, hay una placa hecha a base de baldosas. Dice que allí nació una jotera insigne, Pascuala Peiré Gracia.

Al rato de deambular por el pueblo, llego a la Plaza del Ayuntamiento, donde también hay un bar y una terraza. El entorno es muy bonito, y hay abundante sombra. Descanso un rato y me refresco bajo los árboles.

Ahora ya es hora de volver. He cumplido de sobras mis objetivos de hoy. Cogeré el autobús de vuelta, el CAZ (Consorcio de transportes del área de Zaragoza), en Nuez de Ebro, la línea 211. Son las 16:40 horas.

Ha sido una entrada en el blog un tanto peculiar, pero pensé que os podría interesar conocer esta zona cercana a Zaragoza capital y sobre todo el casino. He hecho en total aproximadamente 21 km, pero por la zona unos 15 km. El resto, 6 km, corresponden a la caminata por Zaragoza hasta llegar al autobús.Os dejo debajo un mapa con la ruta que he seguido que siempre dibujo ayudándome del Google Maps.

En este que os pongo debajo, he marcado con flechas los dos ecosistemas claramente diferenciados. El trazado de la autopista casi sirve como demarcación entre uno y otro. Con flechas amarillas indico toda la masa yesífera sedimentaria del Mioceno (Terciario) con sus típicos montículos y sus vales rellenos de derrubios fruto de la erosión de los cabezos y escarpes colindantes durante miles de años, y con verdes, la llanura aluvial del Cenozoico (Cuaternario) creada por el río el Ebro.

Podéis hacer la excursión tranquilamente, no pasa nada. Sólo que llevaros agua abundante si la hacéis en verano. Con posterioridad a esta, hice otra por la zona, el día 28 de julio de este mismo año, en la entrada del blog titulada «Excursión: Villafranca de Ebro y más», el pueblo que continúa después de Nuez de Ebro, es interesante, y creo que os puede complementar ésta si os apetece patearos la zona. Gracias por seguirme y hasta la próxima. Ya sabéis, si queréis comentar algo de esta, o poner un like etc, en la entrada «Mi blog y yo» os explico como hacerlo. Saludos y nos vemos en momentum.photo.blog, sed todo lo felices que podáis, que son cuatro días.

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