Caminata por Anento (Zaragoza) y su entorno. Un pueblo que figura en la lista de uno de los más bonitos de España. El paraje del Aguallueve. El Torreón Celtíbero. El Castillo de Anento (siglo XII).

Hoy es 17 de julio de 2019, miércoles, tengo fiesta, y en vez de quedarme en casa, me voy a ir a ver el pueblo de Anento, que no está muy lejos de Zaragoza y aparece en la lista de los más bonitos de España. Mucha gente habla de él, así que he decidido ir por mi cuenta a ver que encuentro.

Anento es un pueblo de la Comarca de Daroca, en la zona de Campo Romanos,provincia de Zaragoza. Está a 82 km de distancia por la A-23 o autovía mudéjar. Estoy en pleno verano, así que hay muchas horas de luz en el día, con lo que tampoco hay que madrugar excesivamente como cuando hago una salida al Pirineo.

Son las 8.30 horas, ya he desayunado lo que tengo por costumbre, me he dado la crema solar, llevo todo lo necesario y estoy arrancando mi coche para salir. Tomo la autovía Mudéjar hacia la localidad de Cariñena. La temperatura es de 25 Cº. Luce el sol. Es una apacible y calurosa mañana de verano. Tras casi media hora, paso de largo la salida 232 de la autovía que lleva a Cariñena, y sigo recto. A las 9:07 horas ya estoy circulando por el nuevo viaducto de Paniza, que salva el tramo de carretera que iba por el antiguo puerto.

A las 9:18 horas veo un cartel que anuncia la salida 206, que es la que tendré que coger, dirección Lechón y Anento. No os la paséis.

Ya una vez fuera de la autovía, una serie de señales nos indican varias opciones, la de Lechón y Anento se ven perfectamente. No tiene pérdida. Una recta nos lleva hasta el pueblo de Lechón que se cruza, dejando su iglesia a mano izquierda, tras una curva, continuamos por la carretera todo recto. El paisaje es el típico de esta zona. Hay campos de cereales en las inmensas planicies, alteradas únicamente por la sierra que se vislumbra en el horizonte lejano y algunos montes de alrededor.

Sigo por una carretera que está completamente vacía de tráfico, como suele ser habitual en las zonas rurales. Algún coche se cruza conmigo, pero de forma esporádica. Voy prácticamente solo. Noto en los oídos que he subido en altura, es por la presión, cuanto más alto estoy, menos aire tengo encima de mi cabeza y menos pesa. Anento está a 929 m sobre el nivel del mar. No es una altura nada despreciable teniendo en cuenta que, por ejemplo, Biescas, en el Pirineo, está a 825 m.

A las 9:25 horas, voy por un tramo de la carretera que baja algo de cota, y tras una curva, se puede ver ya a lo lejos el pueblo. La tierra es rojiza, con un color muy característico propio de la arcilla. Se ve también un estrato más claro, posiblemente de arenisca y sobre ambos la roca caliza, que les da cierta protección frente a la erosión.

Lo primero que veo al llegar, a mi derecha, es el cartel que anuncia que Anento es uno de los pueblos más bonitos de España. Vamos a ver que me encuentro.

Una vez que llegas a las afueras del pueblo, a la derecha, hay un parking señalizado, al que se puede entrar y que tiene su correspondiente barrera automática, que se abre rápidamente en cuanto acercas el coche. No hay caseta, ni vigilante, ni hay que coger ningún ticket. Pasada la barrera, accedes a una explanada con bastante espacio para estacionar.

Yo lo hago junto a una hilera de vegetación, por si me proporciona algo de sombra al coche mientras estoy fuera. Junto a la barrera, un folio plastificado informa de que hay que salir usando una ficha que cuesta 2 euros y que se recoge en una máquina junto a la Oficina de Turismo. No os olvidéis de cogerla o no podréis salir.

Lo siguiente es quitarme el calzado de conducir y ponerme las botas de las caminatas. No hay nadie. Supongo que influye que es entre semana. Un cartel anuncia que estoy en Anento y describe alguno de los lugares del propio pueblo y de los alrededores que se pueden visitar.

Pero, antes de seguir, unas nubes en el cielo llaman mi atención. Por la forma parecen unos cirros uncinus. Los cirros son nubes que aparecen a una gran altitud entre los 5 y los 18 km de altura, en los niveles altos de la troposfera.No son nubes de lluvia.

Están compuestas de millones de cristales de hielo que surgen como consecuencia del aumento del contenido de humedad y se encuentran a una temperatura de entre -40 a -50 °C. Estas nubes están generalmente separadas en el cielo y suelen ser delgadas, como las que puedo fotografiar, presentando además en alguna de sus partes una forma ganchuda muy característica, esto nos indica que hay fuertes vientos, corrientes tipo chorro, en la zona donde aparecen.

En verano, si se ven, y lleva tiempo sin llover, pueden ser indicativo de que se acerca un sistema frontal o incluso una tormenta. Su nombre -uncinus-deriva del latín y significa «hebras de cabello rizadas». Son las 9:32 horas.

Pues bien, una vez que he aparcado, mi intención es ir primero a dar una vuelta por el pueblo, aunque brevemente, pues quiero acercarme a visitar un paraje que le llaman el Aguallueve, llegar hasta un Torreón Celtíbero y subir hasta el Castillo de Anento, y a la vuelta terminar de ver el pueblo tranquilamente. Ese es el plan.

Para entrar en el casco urbano hay que cruzar la carretera. Puede hacerse por varios lugares. Yo lo hago por lo que me parece la parte central, cerca de una confluencia de calles y junto a un bar. No hay nadie a estas horas de la mañana, salvo alguna persona sentada en las mesas.Nada más.

Veo las primeras casas. La impresión es buena. Todo está limpio y muy cuidado. El color de las fachadas es similar al de la tierra que ví al llegar por la carretera. Así como las construcciones de los pueblos del Pirineo son de piedra, aquí parece que las han hecho también acordes con el entorno.

Veo una gran torre cuadrada en, aparentemente, la parte más elevada del pueblo. Me voy a dirigir hacia allí pues imagino que es donde estará situada la iglesia, pero las calles por las que camino me llevan un poco más alto y a un sitio muy diferente. Llego a la plaza del pueblo. La iglesia queda más abajo. No lo he hecho a posta, pero es igual, luego iré a visitarla.

Al llegar a la zona de la plaza del pueblo, un corazón colocado en una escalinata me espera. Es como un pórtico invitándome a cruzar hacia el interior. A la derecha, una maqueta blanca de un edificio imitando como podrían ser los de Belén en la época de Cristo. Dentro hay una figurilla de la Virgen María. No os lo vais a creer, pero es muy parecido a uno que me fabriqué yo, a menor escala, y que coloco en mi nacimiento por Navidad.

Cuando subo las escaleras, accedo a la plaza y en el centro hay una estructura de planta irregular, a modo de gran jardinera, con unas arcos de piedra que parecen unas «patas» de un insecto, y que salen del centro, donde han colocado una estructura metálica por la que sube la vegetación. Cada pata termina en una zona del parterre en forma de punta, con lo que el conjunto dibuja una estrella.

A un lado, hay unos gruesos arcos de piedra, en cuya parte superior, y a modo de jardinera, crecen plantas colgantes que van cayendo y cubriendo poco a poco con su verde manto la estructura. Hacia el oeste, la plaza queda en alto, delimitada por unas almenas, y en el suelo se puede ver escrito en piedra la frase «ANENTO gustará».

Y mirando al norte, por encima de todo, un monte, cuya parte alta está llena de pinos. La tierra que los sostiene, desnuda y rojiza, es del mismo color que las casas que están más abajo, hogar de numerosas plantas y flores a las que dan cobijo y que a su vez les sirven de adorno para sus fachadas.

Hacia el sur, la torre de la iglesia, y más allá, la carretera serpenteante y el horizonte con los montes llenos de árboles. Estoy en el Mirador de Santa Bárbara. Pegados a las puertas de las casas y a las ventanas, las parras, los arbustos y las flores, le dan a todo el conjunto el aspecto de un bonito jardín. Junto a unos bancos, unos gatos toman plácidamente el sol.

Todo este lugar parece destilar un aire onírico, es un tanto surrealista, como de cuento. No sé dónde clasificarlo arquitectónicamente hablando. Me recuerda a una mezcla entre un pueblo mediterráneo recreado en Port Aventura y un decorado para una película de Hollywood. Y no lo digo con acritud, pienso que les ha quedado muy chulo.

Pero una duda me asalta el pensamiento ¿antiguamente los pueblos de esta zona eran así?. No lo tengo muy claro, pero, sea como fuere, hay que reconocer que da gusto verlo. También casi toda la ciudad de Viena se la inventaron en el siglo XIX y nadie dice nada. Al revés. Así que, «chapeau» – me quito el sombrero-por los de Anento. El caso es que la concienzuda labor de restauración por parte de los vecinos durante los últimos 30 años, les mereció que en el año 2015, fuera incluído en la lista de los pueblos más bonitos de España.

Pero por supuesto, queda mucho más pueblo que ver. Lo bueno que tiene Anento es que no es plano. Sus estrechas calles suben y bajan, trazan cuestas y crean atractivos rincones con los que recrear la vista. Entiendo que todo el pueblo esté lleno de carteles que anuncian la ruta de los «Rincones con encanto».

Voy subiendo por sus calles. Casi todas las casas están pintadas de un mismo color. Un marrón que va variando de tonos, a veces hacia el mostaza, otras hacia el rojo, otras hacia el color madera. Pero todas guardan una uniformidad, lo que te transmite la impresión de conjunto.

Además, algunas jambas o marcos de mampostería de las ventanas y puertas, están pintadas en un bonito color azul cielo, y perfiladas a su vez de blanco, lo que les añade un toque de color muy original y que les queda francamente bien.

La mayoría de las calles son peatonales. No hay nadie en este lugar. Puedo verlo todo tranquilamente. No hay un sólo papel en el suelo y aparentemente, tampoco veo papeleras. No se oye nada. Si no supiera que se trata de un pueblo de verdad, pensaría que se trata de un decorado. ¡Qué paz!.Algunas estrechas callejas las forman largas escalinatas con vegetación a los lados. Una casa totalmente de piedra parece un castillo, con almenas y todo.

Las calles suben y bajan, formando en ocasiones espacios singulares a los lados, que los dueños han aprovechado para construirse amplias y soleadas terrazas. No cuesta mucho imaginarse una barbacoa y una gran mesa familiar en la que organizar una agradable comida de domingo.

Todo este pueblo transmite una sensación de infinito cuidado por parte de sus habitantes de que todo esté en perfecto estado y sobre todo, muy limpio. Da gusto. En mi deambular por las calles, contemplando los encantadores rincones, llego a una zona en la que una parra crea un techo verde que en los días de verano como hoy, proporcionan un agradable espacio de sombra. De sus ramas, cuelgan los racimos de uva, aún sin madurar.

Pequeños callejones están plagados de plantas y macetas por doquier. Cada rincón parece un mundo aparte, compitiendo entre ellos por parecer el más acogedor y agradable.

Sólo tengo que ponerle un «pero» a este pueblo. Quedaría todo mucho mejor sin los numerosos cables eléctricos que cruzan las calles y que afean un poco el conjunto. Si dieran con la solución, o con el dinero más bien, para eliminarlos, sería fantástico,

Los faroles de todas las calles están cubiertos por unas telas rojas, lo que les da un toque de color muy vivo, e imagino que, por la noche, darán una luz colorada muy llamativa, tal vez los habrán puesto así porque están en fiestas. La hiedra se va adueñando poco a poco de algunas fachadas dándoles un toque de color y frescor muy bonito y agradable para la vista.

Que el pueblo está vivo, y sigue ampliándose, se nota, porque hay algunos solares sobre los que se está construyendo. Eso sí, no han dejado ningún tipo de material ni contenedor de escombros a la vista. Todo está cuidado hasta el último detalle.

Pero antes quise ir a ver la iglesia, y después de recorrer todos estos rincones, ahora sí que voy directo a localizarla, al fin y al cabo, es sencillo. Basta con ir hacia la torre que destaca en el horizonte. Voy bajando por las calles para llegar hasta allí.

En una zona próxima a la iglesia, un poco antes de llegar, me encuentro con un habitante inesperado. Un perro tipo husky, está descansando apoyado en una pared. Ni se inmuta con mi presencia. Parece bastante bonachón. Me acerco a hacerle unas carentoñas. Vaya perro majo. Aquí todo parece en armonía.

Ya una vez en la zona de la iglesia, ésta me sorprende por su sobriedad. Es la iglesia de San Blas que es una construcción románica del siglo XIII. En el siglo XIV se le añadió el pórtico del lado sur, en el que aparece la primitiva puerta de entrada a la nave, es un arco de medio punto con dos arquivoltas decoradas con dientes de sierra y con rosetas.

El pórtico se cubre, en sus cuatro tramos, con bóveda de crucería. Me sorprendió ver un búho de plástico que tienen colocado para ahuyentar tal vez a las palomas o incluso a las golondrinas. Yo tengo uno igual en mi balcón. Pero las palomas lo ignoran. Espero que aquí tengan más suerte.

Un poco antes de mediados del siglo XIV se colocó un gran retablo pintado, obra del maestro Blasco de Grañén, dedicado a San Blas, Santo Tomás de Becket y la Virgen de la Misericordia. Es uno de los retablos góticos de mayores dimensiones e importancia de todo Aragón. Yo no lo podré ver, pues se me pasó la hora de visita, que era hasta las 12 del mediodía, habrá que dejarlo para otra ocasión.

Bajo estas líneas os dejo unas cuantas fotos más que hice para que os hagáis una idea de como es el pórtico por dentro y el exterior de la iglesia de San Blas.

Me llamó la atención que en las claves que se se unen en el techo del pórtico,han colocado un botón con las barras de Aragón. Esta iglesia es claramente una mezcla entre la factura inicial románica y el posterior gótico.

Una vez visitada la zona de la iglesia, voy a continuar recorriendo parte del pueblo, pero tampoco quiero entretenerme demasiado pues mi idea es llegar a la zona que llaman el Aguallueve y después ir al Torreón Celtíbero y al Castillo. En la pared de una casa, veo un escudo muy chulo y bien conservado que según pone, pertenece a la familia de los Guallart. En otra casa, junto a la entrada, un par de manos sujetan lo que parece un gran cenicero.

En otra calle hay una casa rural, que tiene un pequeño león de piedra que sujeta un escudo con una pata,junto a la entrada. El estilo de la fachada es en madera, más parece una casa del Tirol que otra cosa. Puede que desentone algo con el resto del pueblo, pero está bien.

A medida que me distancio de la iglesia, la torre se ve cada vez más y más lejos y de nuevo completamente. También veo claramente el monte de color rojizo y marrón. Da la impresión de ser un rectángulo perfecto, cual bloque de mantequilla cortado a cuchillo, marcado de rayas y agujeros. En una casa, una hornacina cerrada con un ventanuco, contiene una imagen de la Virgen tras un cristal casi opaco.

A mi izquierda observo una calle por la que no he pasado anteriormente. Los recovecos en este pueblo son numerosos, pero me he propuesto verlo entero. Una casa tiene encima de la puerta una pequeña campana a modo de timbre. Ahora sólo tiene una argolla, le falta la cuerda a la que estaría sujeta en tiempos. Resulta que no es una casa, sino una ermita. La de Santa Bárbara.

Sigo viendo algunos edificios con escudos familiares dibujados sobre baldosas de cerámica colocados en la fachada y a modo de acceso a las viviendas, pequeños pasillos empedrados a cuyos lados hay jardineras repletas de flores.

Todas las casas, casi sin excepción, tienen macetas con plantas floreadas a la entrada. En algunas zonas forman un auténtico vergel. Más arriba, unas chimeneas, como de hadas, apuntan al cielo. Son los respiraderos de las casas cueva de Anento.

Me hago un par de selfies con los maceteros repletos de flores. Es una explosión de color y de verde mires donde mires. Todo está muy cuidado y se ve que quieren proyectar una imagen acorde con el galardón que ostenta el pueblo, ser uno de los más bonitos de España.

Como quiero ir ya al paraje del Aguallueve, desciendo hacia donde está la Oficina de Turismo, junto a una explanada. Es un edificio cubierto de hiedra. Mirando hacia la iglesia, a mi izquierda, una especie de árbol pétreo sin hojas parece esperar el atardecer. Aunque a mí, desde esta posición, y con algo de imaginación, más me recuerda a un camello sobre una base elevada, que otra cosa.

A medida que voy saliendo del pueblo para dirigirme a las afueras, veo algunos huertos con su correspondiente puerta de acceso, también diseñada con mucho estilo. Un antiguo arado, de los que eran tirado por mulas, convive en el mismo espacio con un antiguo tractor. Los más modernos, además de costar un pastón, ahora llevan GPS, aire acondiconado y si te descuidas, hasta van totalmente automatizados.

En la zona más baja, saliendo por el camino que deja a un lado las huertas, un cartel dice así: » No pedimos que limpies nuestro pueblo, sólo que no lo ensucies, gracias», lo que me recuerda el sabio refrán que dice «no es más limpio el que más limpia, sino el que menos ensucia.» Parece que aquí la limpieza se la toman muy en serio, y válgame Dios que puedo aseverar que es así pues está todo impoluto.

Ahora ya sí que sí me voy hacia el Aguallueve. Si algo me ha quedado por ver del pueblo -cosa prácticamente improbable- lo acabaré a la vuelta. Para ir al Aguallueve hay que dirigirse a la parte baja del pueblo y localizar este cartel que os pongo bajo estas líneas. Sólo queda seguir la dirección que marca. Enseguida entramos en un camino rodeado de vegetación, con las huertas a la derecha y el monte a la izquierda.

El camino está bien marcado. Es agradable, sobre todo en verano, pues en algunos momentos la vegetación incluso forma un muro vegetal a cada lado, proporcionando sombra y unas bonitas estampas campestres.

El camino no presenta ninguna dificultad. Es plano y relativamente ancho. A veces, un muro a mano izquierda lo delimita, a la derecha, tras la vegetación, árboles y campos. Al cabo de un rato, como unos 250 m desde que abandonamos el pueblo, a mano izquierda, aparecen unas escaleras que suben por la ladera. También hay un poste con carteles. Te da la opción de subir al Castillo de Anento o de seguir recto hacia el Aguallueve. Nosotros escogeremos esta última opción.

Pasadas las escaleras que suben al Castillo, y al cabo de un rato de caminar, se llega a una zona donde hay una fuente y unos bancos de piedra que permiten sentarse si lo deseas, a unas mesas de color rojo. Es una especie de merendero. Continuamos.

Al rato, el camino parece bifurcarse. No os confundais, hay que ir de momento a la izquierda, siguiendo la zona más próxima al monte. Enseguida pasaremos junto a unos salientes de rocas calizas y estratos arcillosos. Un tablón con la palabra «Aguallueve» que está sujeto a una roca, nos indica la dirección a seguir y ayuda a no perderse.

Esta zona, por la parte alta, es esteparia. Sin embargo, la hondonada que estoy viendo más abajo parece un oasis verde de vegetación. Es como un recuenco que tuviera su propio microclima. Y realmente es así.

Me llaman la atención los estratos de calizas combinados con zonas arcillosas y de areniscas perfectamente delimitados. Da la impresión de que han sufrido miles de años de erosión, lo que les ha dado esas formas redondeadas y aparentemente suaves.

Como un kilómetro aproximadamente después de salir del pueblo, veo al fondo que se alza una pared rocosa a modo de cierre del vallecillo. El camino se bifurca. Hay un poste indicativo. Hacia la izquierda, se va al Torreón Celtíbero. A la derecha, se baja hacia el Aguallueve. Uno de los cartelones está en el suelo, pero al menos está orientado indicando la dirección correcta.

El camino comienza a descender bruscamente y deja ver enseguida entre la vegetación un lago con el agua de un bonito color turquesa.También se aprecia una especie de presilla o muro de contención en un lateral. Este pequeño embalse es artificial, y se construyó para represar el agua y luego utilizarla para el riego.

He llegado al paraje conocido como Aguallueve. El camino va bordeando el estaque hasta que alcanza el fondo de la pared donde se pueden entonces ver las surgencias que han dado nombre a este lugar.

El paraje conocido como Aguallueve es un conjunto de manantiales que surgen desde unos escarpes calizos que hay más arriba , y que al resbalar por ellos, forman una lámina de lluvia, de ahí toma el nombre.

Con el paso de los años ha creado una serie de travertinos o tobas. Esto me recuerda, aunque aquí a una escala mucho menor, a la cascada de travertinos de Santa Elena, en el Valle de Tena (ver la entrada de Hoz de Jaca en el blog) donde explico cómo se forman y el origen de este tipo de fenómeno.

No estamos en el Pirineo, y cada pueblo resalta lo suyo. Por eso no voy a hacer comparaciones porque un lugar no tiene nada que ver con el otro. Cada sitio tiene su encanto, en su contexto. El paraje se halla al este del pueblo, a un kilómetro aproximadamente, al fondo de un estrecho valle cubierto de árboles que generan permanentemente una sensación de oasis, de lugar protegido de los vientos y del calor excesivo del verano.

Voy rodeando el Aguallueve. Estoy convencido de que en otro momento la lámina de agua es mucho más vistosa, pero la falta de grandes precipitaciones recientes, no ha favorecido las filtraciones y evita que se vea en su total plenitud. De todas formas el paraje, con el lago, la vegetación y la zona de las tobas y cuevas tiene su cierto encanto.

Ahora ya me voy hacia el Torreón Celtíbero. Para ello debo abandonar el paraje de Aguallueve, retroceder por donde he venido y tomar el camino que al principio indicaba el madero con forma de flecha que estaba caído en el suelo. La senda sube por la ladera de forma pronunciada, pero el camino está muy marcado. No te puedes equivocar.

Voy ganando altura y ello me permite ver con claridad el lugar donde acabo de estar, y el pueblo de Anento, a lo lejos en el horizonte.

Hacia el final del trayecto, han construido unas escaleras para superar el último repecho de pared caliza, que es totalmente vertical. De esta forma llegar a la parte de arriba es muy fácil. Mientras subo, sigo teniendo buenas vistas del recuenco,de la cabecera del Aguallueve y del propio pueblo de Anento y toda su zona colindante.

Como suele ser costumbre en mí, voy a explicar brevemente el origen geológico de la zona por la que me estoy moviendo sirviéndome de las fotos que voy haciendo mientras subo al Torreón Celtíbero pues tengo muy buena perspectiva de todo el conjunto.

Como ya sabréis, la corteza terrestre está constituida por dos grandes conjuntos de rocas, las ígneas, que provienen del interior de la Tierra, subdivididas, a su vez, en plutónicas y volcánicas, (ver la entrada del blog sobre los Ibones del Anayet) y las sedimentarias, que se han generado en la superficie.Las sedimentarias se disponen en capas (estratos) de espesor variable, separadas por superficies que corresponden a períodos más o menos prolongados en los que paró la sedimentación.

La zona de Campo Romanos donde me encuentro, es una planicie horizontal, situada a unos 1.000-1.050 m sobre el nivel del mar y constituída por una meseta de bordes dentados, que corresponde con el nivel de colmatación de una cuenca lacustre, esto es, el relleno total de un lago por los sedimentos.

¿Cómo ocurrió? En esta zona se originó una fractura tectónica que provocó la apertura de una fosa, la de Daroca, en la que había un gran lago, que fue rellenándose paulatinamente con los sedimentos procedentes de los relieves de alrededor originados en el Paleozoico. Hacia finales del Terciario, hace unos 5 millones de años, en el Plioceno, la cuenca lacustre de la zona de Romanos finalmente se colmató.

Los primeros sedimentos, en la parte inferior, son de tierra rojiza, y la componen conglomerados, limolitas y arcillas, y los que están en la mitad superior, son de color blanquecino, y están compuestos por calizas y margas, que morfológicamente destacan por su posición horizontal. Estos últimos materiales surgieron porque se produjo un cambio radical en el clima que generó este tipo de depósito carbonatado de tipo lacustre. Se formó en el Terciario.

Posteriormente, una serie de ramblas transversales inciden sobre las calizas terciarias y horizontales de la zona. Las ramblas eran, y siguen siendo, barrancos de fondo plano que nacen en las sierras cercanas al valle del Jiloca y que actúan de un modo esporádico y brutal, tras las tormentas, para permanecer secos la mayor parte del año. Se forman en una cuenca de recepción, tienen un canal de desagüe y un cono de deyección. Estas ramblas transversales dieron lugar a los paisajes que hoy veo aquí. El Aguallueve de Anento es una cabecera de una de estas ramblas.

Se puede observar claramente, en las zonas que no lo tapa la vegetación, cómo sobre un talud de color rojizo-amarillento, aparece un resalte calizo vertical, de color más blanquecino, el que veo rodeando el Aguallueve, de unos 10 ó 15 m de altura según los tramos, que, a modo de murallón, bordea todo el contorno.

¿Cuál es entonces el origen del agua que resbala sobre las rocas creando las tobas y travertinos?Pues todo tiene su explicación, nada sucede por qué sí. Cuando llueve, aunque sea poco, las calizas, que son rocas muy permeables, recogen el agua de lluvia que se filtra a través de ellas. Se produce entonces una escorrentía subterránea que encuentra un tope impermeable, las arcillas rojas que están más abajo. El agua, al no poderlas atravesar, sale al exterior. Es el Aguallueve.

En la zona de contacto entre las calizas arenosas (arriba) y los niveles de las calcilutitas y arcillas (de tonalidades aquí amarillentas, y a veces rojizas), aparecen las surgencias en forma de fuentes y manantiales, así sucede en el Aguallueve.

Bueno, pues una vez ya arriba, sigo caminando por una zona más seca y esteparia, pero siempre sin perder de vista la parte de abajo llena de vegetación, pues voy casi bordeando el murallón, y la visión del pueblo de Anento en la lejanía.

Enseguida diviso lo que, de lejos, parece un gran montón de piedras dispuestas en hileras. Da la impresión de que son de gran tamaño. Delante veo unos muros, también de piedra, son como restos de una antigua construcción. Se conserva el hueco para la puerta, no se ven ventanas, ni tampoco techumbre. No sé si forma parte del conjunto, o simplemente, es una edificación añadida de una época muy posterior. Imagino que será esto último.

Lo que está claro es que las grandes piedras tienen que ser el torreón.Del Torreón Celtíbero, o también conocido como de San Cristóbal, se conserva bien poco. Aunque teniendo en cuenta que lo datan aproximadamente sobre el 200 a.C. es comprensible. Ha pasado muchísimo tiempo. El tamaño megalítico de sus piedras da idea de que pudo ser una construcción de importancia en su tiempo. Lo que sí está claro es que lo erigieron los celtíberos que habitaban en esta zona.

Los Celtíberos vivían en distintos tipos de asentamientos,que las fuentes antiguas denominan poleis o urbes, civitates, vici y castella. Los vici y castella eran los asentamientos menores en los que la mayoría de la población vivía dispersa, en aldeas o poblados o entorno a torres de defensa. Anento pudo dar alojamiento a un asentamiento vici y castella, como demuestra este torreón.

Una vez visto el torreón, quiero visitar el Castillo de Anento. Tengo dos opciones. O volver por donde he venido, esto es, bajar al Aguallueve, retroceder y llegar hasta la zona de las escaleras que permitían la subida al castillo, o volver por otro lado.

Echando un vistazo rápido al paisaje, observo que si voy por la parte de arriba de los riscos, por la plana, puedo bordearlos y tener una buena perspectiva de conjunto de todo el paraje y llegar además a la zona del castillo. Así que decido tomar esa dirección. No hay camino. Voy a mi aire.

Si alguna vez venís por aquí, os recomiendo esta opción, porque las vistas del recuenco que forma el vallecillo del Aguallueve son estupendas. Además estoy justo en la que pudo haber sido la cabecera de la antigua rambla que erosionó de forma transversal los sedimentos que el antiguo lago dejó cuando se colmató.

A medida que voy avanzando por las cornisas – tranquilos, hay mucho espacio hasta el borde, no hay peligro de caerse- tengo una visión de la zona de donde vengo y de todo el murallón de enfrente. Puedo ver las escaleras y el torreón perfectamente. Incluso unos senderistas que se dirigen hacia la posición en la que estuve antes.

Con el zoom alcanzo a ver a un grupo de gente que se ha subido encima del torreón. Me vienen muy bien para que os hagáis una idea de las proporciones, tanto de los restos de la edificación, como del tamaño de las piedras que lo forman.

Mientras voy avanzando, de repente, sobre mi cabeza, escucho unos graznidos. Kiá, kiá, kiá…levanto la vista y veo como un montón de cuervos están haciendo círculos y van para aquí y para allá, sobrevolando la zona donde estoy. Es un espectáculo curioso, por la cantidad de ellos que hay juntos en el cielo.

Continuo con mi caminata y llega un momento en el que voy a unos metros de la carretera que recorrí anteriormente con el coche por la plana. Es más, veo una señal en un arcén de la misma que indica la dirección para acceder al Castillo de Anento. En un momento, me topo con una pista asfaltada. Viene desde la carretera.La tomo, ya que me llevará directamente al castillo, y si no, ya lo encontraré.

A los pocos metros de recorrer la pista, ésta se adentra en un pinar. No pasa mucho rato que ya diviso los restos del Castillo de Anento entre los árboles.

LLego hasta el final del camino y me encuentro de frente con la vieja construcción defensiva. Veo una muralla almenada, dos torreones y una puerta entre ambos, no muy grande. Tiene un foso y para cruzarlo han colocado un puente de madera con barandillas metálicas.

El castillo no es muy grande, pero el estado de conservación de lo que se puede ver, parece bueno. Se trata de un castillo roquero de pequeñas dimensiones, tendrá sólo unos 25 metros de largo, debido a que la superficie del cerro donde se ubica mide únicamente 40 metros de eje. Pero su tamaño no fue óbice para que tenga un lugar destacado en la historia de esta comarca, como luego os contaré.

La zona que hay justo delante de la puerta del castillo, como os decía, es un frondoso pinar que viene muy bien al caminante, sobre todo en época estival, pues la sombra que hay aquí es abundante. A la izquierda paso un poste con una indicación: Anento – Aguallueve. Si lo sigues te lleva a las escaleras que ví al principio cuando salí del pueblo y que te permitían subir al castillo.

También veo que han colocado en las cercanías unas mesas de madera a modo de merendero, donde te puedes sentar y reponer fuerzas, o beber agua, que es lo que yo hago. El lugar, sin ser nada extraordinario, es agradable para pasar un rato tranquilo.

Una vez aplacada mi sed y habiéndome refrescado algo, voy a visitar los restos del castillo. Cruzo el foso por el puente y paso la muralla. Al acceder al otro lado me doy cuenta de que faltan gran parte de los muros que cerrarían el conjunto, casi las tres cuartas partes. No se conserva mucho de esta edificación.La parte que está mejor es la que tiene delante el foso.

Observo desde aquí que hay unas escalinatas metálicas que te permiten subir a las almenas, así que para allá voy, pero antes os voy a contar algo sobre este lugar, que es desconocido para muchos. El Castillo de Anento fue protagonista en primera línea, en la llamada guerra de los dos Pedros.

Para ponernos en situación decir que esta guerra se dió entre los reinos de Aragón y de Castilla sobre 1.356 y hasta 1.369, y entre Pedro IV (el ceremonioso) de Aragón y Pedro I (el cruel) de Castilla, y terminó con la muerte de éste último en 1.369. El conflicto no fue continuo, sino, que, como era habitual en la Edad Media, estuvieron separados por varias treguas y negociaciones de paz, que fracasaron.

Al final perdió Pedro I de Castilla, y a su muerte, ocupó el trono Enrique de Trastámara, hermanastro de Pedro y que había combatido del lado de Aragón.

Esta guerra tuvo consecuencias históricas de gran importancia, pues se produjo la caída de la vieja dinastía castellana que se remontaba al siglo XI y a los descendientes de Sancho III “el Mayor” de Navarra, y la irrupción de una nueva casa, la de Trastámara, que apenas cincuenta años más tarde también irrumpirá en la Corona de Aragón. Esto facilitó a finales del siglo XV la unión dinástica entre Aragón y Castilla con los Reyes Católicos, que con el tiempo acabarían conformando las bases de lo que hoy es España. Casi nada, ¿no? .

En cuanto al papel que desempeñó el castillo de Anento en esta guerra, se sabe que en 1.358, la aldea de Anento fue asolada e incendiada por los castellanos, pero parte de sus habitantes y algunas tropas aragonesas se refugiaron en él y resistieron el asedio. El castillo nunca fue conquistado. Así que puedo imaginarme las flechas surcando el aire, los infantes llevando escaleras para intentar subir las murallas, y la batalla en todo su fragor.

Yo no tengo que usar medios violentos para subir a estas murallas hoy y lo hago cómodamente por las escaleras metálicas que han colocado para tal fin. Una vez arriba recorro lo que se conserva de la misma y miro a través de las almenas, que están rematadas con una terminación piramidal y también tienen perforados unos huecos verticales a modo de saeteras.

Una vez que ya he visto la zona decido inspeccionar los alrededores. Doy la vuelta a la muralla por la parte de abajo, y entro en el foso.

Después voy otra vez a la parte interior de la muralla, y desciendo unos metros por un camino que te lleva entre los pinos y las grandes rocas calizas. Pronto veo el pueblo abajo.Por aquí hay que ir con cuidado, pues no hay protecciones y una caída podría ser fatal. A la derecha del todo veo una especie de panel explicativo. Me dirijo hacia allí.

Creo que por donde me he metido es un sendero «no oficial» pues la zona por donde discurre no es muy cómoda. En algún momento tengo que agachar la cabeza para no golpearme con los salientes calizos. Al ir a pasar entre dos grandes rocas, me hago un arañazo profundo entre dos nudillos de la mano derecha. Empiezo a sangrar. Bueno, por fin voy a poder utilizar el botiquín que llevo encima en todas las excursiones. Me desinfecto, me limpio, y como nuevo.

Pronto llego a la senda algo más civilizada y a un cartel que advierte del peligro. No acercarse al cortado más allá del vallado. Y es que estoy encima del promontorio de arcilla roja que ví desde abajo cuando inicié la excursión.El estrato calizo, en esta parte, casi ha desaparecido. ¿Lo utilizarían en su día como material de construcción para el castillo?.

Estoy ahora acercándome a lo que se llama el Mirador del Castillo de Anento. Me fijo en el panel informativo donde hay colocada una foto de todo el horizonte visible y que te explica los detalles y nombres de todo lo que se puede observar desde aquí y que resulta más interesante. Ojo porque el vallado tampoco es gran cosa. Unos palos de hierro y un cable grueso que los une, nada más.

Según puedo leer, detrás de las montañas que se ven al fondo, está la población de Báguena, que es un pueblo de la la Comarca del Jiloca, en la provincia de Teruel. Probablemente, la carretera que «sesea» allá abajo, llevará o vendrá de allí, según se mire.

Desde aquí arriba, el pueblo me desvela todos sus secretos, puedo verlo entero, y situarme en las calles y lugares que he visitado, lo que antes me parecía un intrincado laberinto, ahora lo veo en su conjunto. Se divisa muy bien la iglesia de San Blas y el Mirador de Santa Bárbara, situado en la plaza que tiene la jardinera central con esa forma tan peculiar que me recuerda unas «patas de araña».

Una vez que he oteado un buen rato este magnífico horizonte, me dispongo a descender hacia Anento. El camino me lleva entre grandes rocas calizas, que da la impresión se hubieran desprendido por la erosión y por la gravedad de la parte superior del estrato sedimentario, y va bajando de cota progresivamente entre las arcillas rojizas y algunos pinos. La senda está bien, e incluso en algunos tramos la han pavimentado y construído un pequeño murete de protección.

Continúo bajando y ahora sí que voy claramente por la zona de las arcillas. La erosión, producida por el agua de las tormentas, ha esculpido formas curiosas en este material, cual gigantesco alfarero. A veces parece que estuvieras en un paraje imaginario.

El cielo, poco a poco, se va llenando de nubes de desarrollo vertical. Los cumulonimbos hacen su aparición. Algunos presentan forma de gran hongo, elevándose rápido hacia las capas altas de la atmósfera.Tal vez esta mañana, los cirros que ví a gran altura, anunciaban, como casi siempre que se ven, un cambio de tiempo, un frente que ya está aquí.

Pues bien, en todo este rato apenas he visto a nadie, salvo los excursionistas del Torreón Celtíbero, y desde la lejanía. Más tranquilo y a mis anchas, no he podido estar. No me importa hacer salidas solo, si no coincides con nadie que quiera o pueda acompañarte, no te quedes en casa. Tienes todo un mundo por descubrir ahí fuera.

Ahora, cuando ya casi estoy llegando al pueblo, veo a un matrimonio que,por sus caras, deben ser de algún país oriental, y que van subiendo por donde tengo yo que terminar de bajar, pero lo hacen pesadamente. Al poco rato, se dan la vuelta. Demasiada cuesta arriba para ellos. Una vez ya estoy en las primeras calles de Anento, me giro y hago una foto al promontorio rojizo de cuya parte alta vengo. Justo en la punta, se ve el panel informativo.

Son ya las 14:10 cuando me dirijo a la Oficina de Turismo a recoger la ficha que me permitirá salir del parking. Lo único que siento es no haber llegado a tiempo de ver el retablo gótico de la iglesia de San Blas, el más grande de todo Aragón, según dicen. Bueno, para otra ocasión, pero acordaros, por si lo queréis ver, hay una visita guiada a las 12 horas. La ficha se saca de una máquina que hay colocada en la pared de la Oficina de Turismo (no hay que entrar).

Diez minutos más tarde ya estoy en el coche y me dispongo a volver. Dejo caer la ficha en la máquina automática y vuelta a Zaragoza. Me despido de este pintoresco pueblo que está incluído en la lista de los más bonitos de España, y tengo que decir, que sí, que me ha gustado y que espero que lo sigan cuidando y mejorando para que siempre esté así de bonito.

Han sido más de 5 km de marcha entre ir y volver a los lugares que he visitado más todos los que quieras añadir de callejear por el pueblo. En tiempo, ya veis. Llegué a las 9:30 horas aproximadamente y me voy a las 14:30. Eso cada uno se lo marca libremente. En desnivel acumulado, poco, unos 60 metros máximo.

Espero que os haya gustado esta entrada del blog, y que os pueda servir de guía si os animáis a visitar el lugar. Si queréis dejar algún comentario o seguir el blog, en la entrada «Mi blog y yo» os explico como hacerlo. Debajo os dejo el recorrido y el perfil de la ruta. Gracias por leerme hasta aquí y saludos a todos. ¡Hasta pronto!

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