Hola amigos seguidores de mi blog. Hoy os voy a relatar una excursión que hice este verano de 2019. Más concretamente el sábado 10 de agosto.La realicé en solitario. Si los amigos no pueden, no me voy a quedar en casa por eso. Es más, de vez en cuando, salir solo también es muy recomendable y gratificante.Me hacía mucha ilusión volver a ver y caminar por la zona de los Ibones del Anayet, porque aunque ya los conocía, regresar a sitios así siempre gusta, y más si hace años que no lo visitas como es mi caso.
Esta vez voy a comenzar la excursión desde el aparcamiento del Anayet, o el Corral de las Mulas, como también se lo conoce, siguiendo la GR 11, senda de gran recorrido pirenaico que cruza toda la cordillera de oeste a este.
Este lugar es una maravilla desde el punto de vista geológico. Se trata de una zona en la que hace millones de años existían varios volcanes activos. El Midi D´Ossau y el Anayet. Ambos entraron en erupción a finales del plegamiento herciniano, hace más de 200 millones de años. Además también se puede ver una artesa glaciar, la Canal Roya, a los pies del Anayet, y por supuesto, muchas otras cosas más. Comenzamos.
Son las 7 de la mañana y salgo con mi coche hacia el Valle de Tena. Os he contado muchas veces como llegar hasta allí. (ver otras entradas del blog). De Zaragoza a Huesca, de ahí a Sabiñánigo previo paso del Monrepós y luego hacia Biescas y Sallent de Gállego. Ya cruzando el Monrepós veo nubes bajas. Son las típicas que se forman en los valles de montaña muy de mañana.Circularé bajo ellas más tarde. No me preocupa, AEMET (Agencia Estatal de Meteorología) anuncia buen tiempo.
Desde Sallent, nos dirigiremos a Formigal. por la nacional A-136,no entramos en este lugar por un acceso a la derecha, sino que seguimos recto, dirección El Portalet, donde está la frontera con Francia. Casi a la altura de la población,siempre a la izquierda de la carretera, se pasa una gasolinera que se llama Asmasacuas, es una construcción con tejado de pizarra.
Después, a la izquierda, se ve una gran explanada, es la zona de Formigal-Panticosa Sextas. Enseguida llegamos a una rotonda, donde también se puede girar a la derecha y subir hacia Formigal. Seguimos todo recto. Es aquí donde me he encontrado con un control de la Guardia CIvil con algunos de sus 4×4 estratégicamente colocados a ambos lados de la carretera. ¿Qué pasará? Aminoro, me echan un vistazo rápido y me dicen que siga. Miran tanto a los que vienen de la frontera como a los que van hacia Francia.
Continuamos recto. Veremos que en un extremo de la explanada hay varias construcciones y en la propia carretera una señal que indica Aparcamiento Sextas. Es la zona de los telesillas. Pasamos todo eso y seguimos.
Ahora ya muy atentos porque en el próximo aparcamiento es donde hay que parar. No os lo paséis u os iréis al siguiente, que es el del Portalet. Un cartel justo donde hay que estacionar, indica «Parkings anayet«. Este lugar también es conocido como el Corral de las Mulas (1.626 m), porque justo al lado hay una construcción con un cercado, donde suele haber ganado. No tiene pérdida.
Llego al aparcamiento del anayet sobre las 8:59 horas. Perfecto, justo cuando quiero empezar la caminata. No hay coches apenas. Una valla metálica cierra el acceso a una pista asfaltada. Antes de salir del coche y prepararme voy a enviar los correspondientes whatsapp a la familia para decir que he llegado bien, sobre todo en esta ocasión, en la que voy solo, pero…¡no hay cobertura!. ¡Qué raro! estoy al lado de unas pistas de esquí. No puede ser. ¿Será mi móvil?.
Pues nada, vuelvo a arrancar y voy a bajar por la carretera, hacia Sallent, a ver si hay cobertura. ¡Nada! esto es muy raro. Llevo Movistar, y siempre ha tenido fama de tener buena cobertura, sobre todo a los lados de las carreteras. Paro en la gasolinera que ví antes.Hay dos Guardias Civiles, con sendas metralletas, son de los de los controles.Les pregunto. No saben que puede ocurrir. Al final tengo que bajar ¡hasta el propio Sallent de Gállego!.
Aunque suponga perder tiempo, no puedo dejar de comunicarme con la familia pues seguro que si no tienen noticias, pueden pensar que me ha ocurrido algo. Aparco a la entrada del pueblo. Veo un Hotel. Igual alguien me puede dejar llamar.
Entro y me encuentro con una chica joven, es una empleada del Hotel. Le pregunto, y por fin tengo una respuesta. No es mi móvil. Me dice que hay un fallo general de cobertura en la zona por parte de Movistar, que ya ha pasado otras veces y que la última vez duró horas hasta que se resolvió. Al verme preocupado y decirle que estoy intentando comunicarme, me presta su móvil, que lleva cobertura Orange, y al final puedo hablar. Solucionado. Agradecido, le devuelvo el móvil, y otra vez al coche. Voy al Corral de las Mulas de nuevo.
Ya no están los controles. Llego a mi destino a las ¡9:52 horas!. Bueno, he «perdido» una hora, pero los míos saben que estoy bien, y eso es lo más importante. Ahora todo está a rebosar de coches.
Aparco junto al cartel que anuncia «Parking anayet» y me pongo las botas de montaña, cojo la mochila y todo lo demás. Hay allí un cartel que indica la distancia y el tiempo (efectivo de marcha, sin paradas) a los Ibones del Anayet. Son 5,5 km y 2 horas y 15 minutos. El trayecto supondrá un ascenso continuado.
Lo primero es recorrer una pista asfaltada, para acceder a la zona de los Sarrios, el complejo de las pistas de esquí, y que está cerrado en época estival. Nada más empezar me topo con una gran valla metálica que impide pasar a los coches, pero tranquilos, en un lateral, a la derecha, hay una portezuela que permite pasar a las personas. Por ahí voy.
Hay más gente de la que desearía. ¡Con lo que me gustan a mí las excursiones tranquilas!. Bueno, es inevitable. Agosto. Vacaciones. Y una de las rutas más conocidas. Es normal que tenga abundante compañía. Además, voy con una hora de retraso sobre el horario que me había planificado. Precisamente quería evitar esto. ¡Qué le vamos a hacer!.
Voy cargado con el trípode, de los dos que tengo es el más pesado pero también el más estable. Arriba no habrá donde apoyar la cámara y quiero hacer buenas fotos. LLevo por esto carga extra. Da igual. La afición es la afición. Acelero el paso por la pista, voy a buen ritmo. Esto me permite adelantar a algunas personas que van por delante. Menos gente me encontraré en los ibones si llego antes. Empiezo a sudar y a notar el esfuerzo.
A medida que voy avanzando voy fijándome en los picos de alrededor y haciendo alguna foto. También me giro y hago fotos hacia atrás para ver la distancia que llevo recorrida. Son ya las 10 horas y veo la pista y el aparcamiento de donde vengo.
En el horizonte, se alza la Peña Foratata con su 2.341 m de altitud, modesta montaña, en comparación con otras cimas, pero muy fotografiada por su bonita estampa sobre Sallent y el Pantano de Lanuza. Más al fondo, Los Infiernos, tres picos que sobrepasan los 3.000 metros y donde esta situada la famosa marmolera. No se ven muy bien con detalle, pues el sol de la mañana los ilumina por detrás, pero sí puedo ver sus siluetas.
Por delante mío, puedo ver parcialmente la estación de esquí, y sobre ella, el Pico Royo (2.429 m) Pico Culivillas (2.523 m) y el Pico Arroyetas (2.567 m), todos con ese característico color rojizo que tienen sus rocas. Este color se corresponde con materiales permotriásicos, (tanto del Pérmico como del Triásico). Lo califican así porque no tienen claro en que época concreta de las dos corresponden en realidad estos materiales, aunque se piensa que son más bien del Pérmico.
A mi izquierda quedan las laderas del Pico Campo de Troya, y a mi derecha, cuando una curva de la pista me permite ver, aparece el Pico Punta de la Garganta (2.145 m). Son cimas modestas, en comparación con los tresmiles del Pirineo Axial, pero no por eso dejan de ser objetivo de los montañeros y senderistas que quieren subirlas por sus fenomenales vistas.
Son las 10:10 horas y ya observo a lo lejos, mirando hacia atrás, el Corral de las Mulas a 1.626 metros de altitud, de donde vengo. Peña Foratata se ve mucho más pequeña y veo también el Pico de Baldetosas (2.238 m). Esta montaña, vista desde donde estoy, parece que se hubiera desparramado entera ladera abajo.
El día se ha quedado perfecto climatológicamente hablando, de las nubes que he visto a primera hora, ni rastro. Las vacas pastan apaciblemente en los prados y voy animado hacia mi destino. Bien embadurnado con crema solar, con agua suficiente y a buen paso, voy cubriendo terreno y aunque la mochila me pesa, sobre todo por el trípode, de momento se me hace llevadera.
La pista asfaltada no es el camino más deseable para una caminata, pero es un tramo que hay que recorrer sí o sí. No queda otra.Tengo que hacer exactamente 2,29 km desde el aparcamiento hasta la estación de esquí. Miro hacia el parking y apunto con el zoom de la cámara. Más gente. Casi es como una procesión.
A un lado de la pista, han colocado una señal que anuncia peligro de desprendimientos. Camino bajo un paso elevado y llego a las proximidades de la estación de esquí, son las 10:20 horas.
En una explanada elevada, junto a un lateral de la carretera, veo unas palas, son las que se colocan en el frontal de las máquinas quitanieves.Están ahí, «aparcadas» esperando a que llegue el invierno. Para eso aún faltan unos meses. Al fondo, erguido sobre el horizonte, está la silueta del Pico Campo de Troya (2.218 m). No sé quién le habrá puesto ese nombre tan curioso.Dicen que aquí hubo hace años antiguas explotaciones mineras. Puede que tenga relación con eso.
Llego al área de la estación de esquí o de Los Sarrios, como también se denomina, a 1.740 m de altitud sobre el nivel del mar. He superado ya un desnivel de más de 100 metros. El complejo está solitario, no hay nadie. Es verano y está todo cerrado. ¡Qué diferente del invierno, cuando está todo lleno de gente y bullicioso!.Unas banderas ondean al viento, sujetas de unos mástiles, como las que se ponen en los concesionarios.
A mi izquierda se ve el edificio principal de la estación, con un gran tejado de pizarra a dos aguas y una esbelta chimenea tradicional. Bajo él, la zona de las taquillas. Está también vacío y cerrado, esperando a los esquiadores del próximo invierno. Las mesas y sillas de la cafetería están apiladas frente a los grandes ventanales. El nombre de Anayet, recortado a modo de cartel, se observa bien grande en la parte frontal de la fachada.
Por fin, a las 10:27 horas, veo un poste con las señales inconfundibles rojiblancas de la GR 11. El camino está muy bien indicado y presenta una marca clara en el suelo, aunque discurre por una zona muy ancha. No se puede uno confundir.
Enseguida, se abandona la zona más amplia, y el camino discurre paralelo al barranco de Culivillas, por donde desciende un torrente. Al fondo, se ve el pico Culivillas (2.523 m),que le da nombre. También puede verse, junto a él, El Pico Royo (2.429 m), que en fabla aragonesa, significa rojo, aludiendo claramente a su color predominante.Noto que voy subiendo de cota progresivamente.
Algunos pequeños saltos de agua se ven abajo. Aprovecho para acercarme a uno de ellos y remojarme un poco el pañuelo del cuello. El agua es clara y limpia.Lo escurro bien y luego me lo vuelvo a poner. La sensación de frescor es inmediata. Este es un «truco» que me contó mi amigo Ángel. Viene de maravilla.
Sigo subiendo a buen ritmo. Me fijo en unas rocas que presentan un aspecto característico. Son redondeadas y suaves, como si las hubieran pulido a conciencia. Se les llama rocas aborregadas, y pienso que seguramente son el testigo mudo dejado por una pequeña lengua glaciar que pudo bajar por aquí hace miles de años.
Quizás no tenía gran potencia, y no pudo profundizar tanto como en otros lugares, pero sí la suficiente para dejar su huella. Tal vez lo que es ahora un torrente, en su día era un pequeño río bajo la lengua glaciar que se alimentaba de las aguas de fusión del propio hielo.Quién sabe. Pero las rocas, con su aspecto, si lo sabes ver, te están contando su historia.
Sigo caminando por la senda, que está muy bien indicada con las señales de la GR 11. Como podéis ver en las fotos que pongo debajo de estas líneas, en cuanto hay una roca que sea idónea para pintarlas y que esté en un lugar bien visible, han dejado las inconfundibles marcas rojiblancas de orientación. Llevo 3,28 km. Son las 10:48 horas.
Me doy la vuelta, como me gusta hacer a veces, y contemplo el paisaje que dejo atrás. Veo a lo lejos el Pico Campo de Troya, por la cara oeste, ahora en sombra, y el barranco de Culivillas. En un rellano del terreno, unos cuantos senderistas han parado a descansar. La subida se hace algo dura ya a estas alturas del recorrido, pero como os digo siempre, con una forma física normal, puede realizarse sin problemas.
Pero todo no van a ser grandes paisajes y horizontes. También a nivel del suelo hay vida y belleza.Puedo ver y fotografiar unas bonitas flores amarillas que pueden observarse en el Pirineo en época estival. Son las Hypericum richeri. Suelen crecer en prados de montaña y en roquedos.
Son las 10:56 horas y paso junto a una roca que está en pie, como si de un gran y pesado monolito se tratara. A saber cómo habrá llegado hasta ahí. Me giro hacia atrás y la fotografío. Las marcas de la GR 11 se pueden ver pintadas en una piedra, en la parte inferior izquierda de la foto que pongo debajo.
Paulatinamente voy subiendo más y más. Miro a los lados y todo es roca y prados. Ni un sólo árbol. La altitud no los deja crecer por aquí. Por eso hay que ir bien protegido con gorra y con crema solar, sobre todo en verano.
Un monte, allá arriba, llama mi atención. Parece, al menos desde aquí, que le hayan pegado un tajo enorme y lo hayan partido en dos. La naturaleza, o mejor dicho, la erosión, es caprichosa.
Sigo avanzando y me topo con más gente (las he marcado con círculos rojos) por delante de mí. Tengo que rodear un pequeño montículo que acaba en un pitón para seguir. A estas alturas de la excursión, la subida se hace notar y el cansancio empieza a hacer su presencia. A ratos me paro un poco para recuperar fuerzas. Son las 11 de la mañana.
Cuando supero la zona del montículo tengo a la vista, en la lejanía el Pico Espelunciecha 2.399 m. Más allá me encontraré con los llanos de los ibones. Como acelero y subo el ritmo, llego a alcanzar a las personas que antes ví a lo lejos. Mi intención es pasarlas para llegar cuanto antes a la zona de los lagos.
Ya puedo divisar la parte final de la ascensión. Un collado, más arriba, es el que, una vez superado, me permitirá acceder a la planicie que alberga los lagos de origen glaciar. Mirando hacia atrás puedo apreciar el terreno que he ido subiendo y las pistas que se perfilan por la cara oeste del Pico Campo de Troya, algunas, tal vez, se usaron para acceder a la antigua explotación minera.
No todo es horizonte.Entre unas rocas veo unas flores rosáceas, son campanillas de montaña. Es la Digitalis purpurea, también conocida por dedalera, es una planta herbácea de la familia de las plantagináceas. Le hago unas cuantas fotos pues me parece una planta con unas flores muy vistosas.
Son las 11:39 horas cuando en lo alto de lo que parece ser una planicie, diviso una figura humana. Lleva camiseta blanca. Estará sobre los llanos, seguro. Pero para llegar hasta allí aún tengo que hacer un último esfuerzo. He de decir que la trepada se me está haciendo un tanto costosa, el calor, el peso, y la pendiente pronunciada me van haciendo mella, pero ver el objetivo relativamente cerca, me insufla renovadas energías.
Por detrás, la Punta de la Garganta, con sus 2.145 m queda a mi izquierda. Al fondo Los Infiernos. A la derecha, el omnipresente Campo de Troya.
Un senderista, que parece joven, pero que claramente tiene sobrepeso, va subiendo tras de mí a duras penas. Va también solo.Es angustioso verlo. Le va a dar algo.Y además lleva una mochila grande.Pronto lo dejo atrás. Me fijo en él y va parándose cada dos por tres. Pobre. La cara de sufrimiento que pone lo dice todo. Para eso, mejor no venir. Hay que medir siempre bien tus fuerzas y estudiar antes el recorrido para que no verte en estas circunstancias.
Pero precisamente es más allá, en la lejanía, donde con el zoom de la cámara puedo fotografiar algunos tresmiles del Pirineo Axial que se recortan contra el horizonte matutino. Por ejemplo puedo ver, tal y como os pongo en la foto de debajo, el Balaitus, la Brecha Latour, Frondellas y a su derecha la Cresta del Diablo. Son cimas lejanas, pero que por su envergadura se dejan fotografiar bien.
A su lado, también en el horizonte, y vista desde el sudoeste, la famosa marmolera de Los Infiernos. Siempre es muy identificable, pero mucho más en verano, cuando el resto del monte no está cubierto de nieve porque presenta ese característico color de mármol blanquecino que se puede ver desde mucha distancia.
Estas marmoleras, geológicamente hablando, son consecuencia de la metamorfización – o cambio de estado- de un afloramiento calizo, por contacto con el batolito (masa de rocas magmáticas, de grandes dimensiones, consolidada en la corteza terrestre a gran profundidad) granítico de Panticosa.
Pero a parte de las cimas lejanas, también veo un montón de humanos que se van aproximando tras de mí. En la foto de debajo, los marco con flechas amarillas, sólo por que os hagáis una idea. Y esto sin contar con los que están por delante y los que aún tendrán que llegar. A este paso, los ibones van a estar más saturados de gente que un mercadillo por la mañana en pleno domingo.
A las 12:04 horas y tras 5,83 km llego a los llanos de los ibones, a 2.224 metros sobre el nivel del mar. La visión es magnífica, con el Pico del Anayet (2.574 m) justo delante de mí. Voy a sacar mi trípode, ahora que puedo, para hacerme una buena foto con est monte de fondo.
Pero no me hace falta. Una pareja de avanzada edad me ve y me dicen muy amablemente que me hacen ellos la foto. Son muy agradables. Entablamos una pequeña conversación y resulta que él tiene 77 años, y ella, algo más joven, 69.
Han subido hasta aquí los dos, igual que yo, ¡qué mérito! les digo que ahora mismo firmaba por estar como ellos a esa edad. A él lo recuerdo muy delgado y fibroso. Ella con más peso, pero fuerte. Me comentan que en su día hacían senderismo. Que lo dejaron porque la vida no les permitió continuar practicando su hobby, los hijos, las responsabilidades, el trabajo…pero que ahora lo han vuelto a retomar.Todo un ejemplo de superación.
En esta zona también está muy bien señalizado el GR 11. Un montón de piedras apiladas formando una pirámide y unas marcas rojiblancas en una piedra indican el camino. De todas formas, con seguir hacia la montaña de enfrente, el Anayet, llegas seguro a los ibones. Esta ruta la hace tanta gente, que han dejado la senda perfectamente marcada en el suelo de tanto pasar.
Esta montaña, el Anayet, al igual que el Pico Midi D`Ossau, son dos antiguos volcanes que entraron en erupción a finales del plegamiento herciniano, hace más de 200 millones de años y que han quedado en resalte por su gran resistencia frente a la erosión.
Toda esta zona era una antigua caldera volcánica. De ella, hoy sólo queda el Anayet, un gran pitón volcánico, del que además se desprendió media parte, quedando la chimenea, un lacolito y un sill. Un lacolito es una zona en la que el magma que proviene de las profundidades de la tierra, aparece en una zona cercana a la superficie.
Un sill se genera cuando el magma se introduce entre capas sedimentarias a escasa profundidad, igual que los lacolitos, pero a diferencia de éstos, el magma que los genera es más viscoso,por lo que forma una masa lenticular que deforma los estratos superiores.
El lacolito hoy en día se puede ver pegado a dicho pitón, al suroeste, y es conocido como Punta de las Negras (2.489 m) o falso Anayet; y el sill, que se sitúa al este del pico Anayet, donde se asientan precisamente los Ibones del Anayet. Debajo de estas líneas pongo una panorámica que saqué de la zona, aunque no se llega a ver la Punta de las Negras que queda oculta desde aquí.
El volcán se originó en el Pérmico, el último periodo del Paleozoico más cercano a nosotros, y la andesita es la roca más abundante. Debajo pongo una foto sacada de internet, en la que se ve el Anayet por detrás y al fondo el Midi D´Ossau, fotografiados desde el lacolito que hoy es la Punta de las Negras.
En esta foto se ve muy bien el color rojizo de los materiales permotriásicos que abundan en la zona como ya comenté. Se llaman así porque son formaciones sedimentarias depositadas entre el Pérmico y el Triásico, con límite impreciso y contenido fósil ambiguo, más bien inexistente, que impide su atribución a un período concreto de los dos.
Lo que le ocurrió al Anayet, es que conforme se fue erosionando la montaña, la roca que ocupaba la chimenea, más resistente, permaneció en pie mucho tiempo después de que desapareciera el cono que la contenía, dejando a la vista el puntiagudo pitón o cuello volcánico. Este cuello se compone de un conjunto de bloques angulares, que se solidificaron en la chimenea del volcán hace millones de años.
Una vez que me he hecho las primeras fotos, voy progresando por la pradera hasta llegar a las proximidades del primer ibón, el más grande, o ibón superior. He recorrido desde que dejé el coche 5,68 km, todos en continua subida. He salvado 598 metros de desnivel positivo.
Son las 12:10 horas. El paraje es inmenso, precioso, con el Anayet en un lado, erguido y majestuoso, y con el Midi D´Ossau en el otro, al fondo, con su perfil característico, los dos mirándose en la lejanía, haciéndose compañía, como viejos volcanes extintos que son. Y entre ambos, el agua clara del ibón. Es un lugar extraordinario y grandioso.
El ganado caballar abunda por estos prados, lo que le da a todo un aspecto bucólico y de postal. Es un lugar mágico. El color rojizo de las montañas circundantes, los estratos arrugados y plegados hace mucho tiempo, todo nos habla de las fuerzas tectónicas de la naturaleza.
Sigo viendo mucha gente, pero bueno, si lo piensas con lógica, tienen el mismo derecho a estar aquí que yo, aunque para ser sincero, preferiría un poco más de tranquilidad.
De pronto, mirando hacia el Anayet, más concretamente hacia su cima, veo como se mueven unas personas. Son fáciles de detectar, algunas van vestidas con camisetas de color naranja chillón. Me vienen fenomenal en el encuadre fotográfico para darle perspectiva y escala a la montaña que desde aquí ahora me parece enorme. Pienso que desde allí arriba, las vistas deben ser impresionantes. Les hago unas fotos con el zoom. Son las 12:26 horas.
Fijándome detenidamente en esta montaña que es el Anayet, se pueden observar los gigantescos bloques de material que quedaron en resalte, con sus formas irregulares y aparentemente desordenadas, compuestos principalmente de la andesita que quedó solidificada dentro de la chimenea del volcán y que la erosión, incapaz de eliminarla por su resistencia, ha dejado a la vista.
Desde donde vengo, y por donde ahora voy caminando, todo es una planicie verde. Es la zona del sill, donde se sitúan los ibones. Hay que tener en cuenta que en el Cuaternario, cuando los volcanes eran ya sólo un lejanísimo recuerdo, aquí hubo una gran lengua glaciar, de hecho, los mismos ibones son lagos de origen glaciar, restos seguramente de uno mucho más grande, aunque no muy profundo, que se colmató y que se extendía por lo que ahora ocupan los verdes llanos.
Así las cosas, toda esta zona fue erosionada a conciencia por el río de hielo, que colgaba desde aquí y que excavó la trinchera que es hoy la Canal Roya, profundizando hasta lo que ahora es la Rinconada de la Canal Roya, a 1.926 m de altitud, esto es, 298 metros más abajo.
No me canso de pasear por aquí y de fotografiar la colosal mole del Midi D´Ossau, con su característico perfil de cima doble, tras las aguas del ibón, y tampoco podía faltar el hacerme una foto con el Anayet de fondo.
Ahora, tranquilamente, voy a seguir disfrutando del entorno y voy a hacer unas cuantas fotos, que para eso he cargado con mi pesado, pero estable, trípode.
Después, recorreré todo el contorno del ibón superior, y me acercaré hasta el borde de la planicie, justo donde comenzó a profundizar el antiguo glaciar. Quiero ver la Canal Roya desde arriba. De internet he tomado prestada una foto hecha desde la cima del Anayet que me parece muy chula. Esto es lo que verán los montañeros de la camiseta naranja. Las flechas amarillas explican de donde vengo y hasta donde he llegado, para que os hagáis una idea.
A medida que voy aproximándome al mirador de la Canal Roya, me vuelvo a encontrar con claros ejemplos de pulimento glaciar, las ya conocidas por mí y que os contaba antes, rocas aborregadas.
Serán las 12:30 horas cuando me acerco al borde de los llanos donde están anclados los ibones. Sobre La Rinconada de la Canal Roya. Hay zonas en las que si te asomas, la roca está cortada a plomo. Otras, una pequeña ladera, es la antesala del precipicio. Sobra decir que hay que ir con sumo cuidado. Las vistas de la Canal y del Midi D´Ossau en esta parte del recorrido son impresionantes.
Da igual donde enfoques la cámara. Este lugar es un espectáculo. Un monte entero presenta el color rojizo de los materiales permotriásicos, a base de areniscas, conglomerados y lutitas, desde la cima hasta la base.
Las lutitas, que se depositan en ambientes ricos en oxígeno, a menudo contienen pequeñas partículas de óxido de hierro. El contacto del hierro de los sedimentos con la atmósfera, produjo su oxidación generalizada y de ahí su color rojizo. Yo me llevé un trozo de lutita a casa de recuerdo. Os lo enseño en un par de fotos.
Los estratos sedimentarios rojizos que veo están perfectamente definidos, en armoniosos pliegues. Se formaron hace casi 300 millones de años, durante el Pérmico y proceden del desmantelamiento de la inmensa cordillera varisca.
Estos materiales se formaron en un ambiente hostil. En el Pérmico estas montañas estaban cerca del ecuador, formaban parte de Pangea, el supercontinente. Soportaron períodos de grandes sequías combinadas con lluvias torrenciales, erupciones volcánicas y la peor de las cinco grandes extinciones masivas que ha sufrido la Tierra. Prácticamente el 95% de la vida marina y casi el 80% de la terrestre desaparecieron. No se ha encontrado un solo fósil entre estas rocas rojas.Muy significativo.
No hace apenas viento, pero aunque lo hiciera, me da igual, pues he traído mi trípode Velbon de 1.987, ¡sí, tiene más de 30 años y me funciona como cuando lo compré! -se ve que a éste no le ha afectado la obsolescencia programada- fue el primero que tuve y aunque es algo pesado, es muy estable. Lo llevo colgando de la mochila, dentro de una caja de cartón alargada y a su vez enfundado en un plástico. Aquí no hay lugares donde apoyar la cámara, así que me viene de perlas.
Entretanto, en la parte francesa, un mar de nubes parece querer devorar las montañas. Le hago una foto. Esto ocurre porque el aire frío de las cimas, más pesado, baja hasta el valle y condensa la humedad. El aire frío pesa más porque está más comprimido, es más denso.
Pero, normalmente, la superficie terrestre está más caliente que el aire que tiene encima. Cuando por irradiación, la columna de aire se calienta, sus moléculas se agitan y se separan, con lo que es menos denso y menos pesado con lo que tiende a subir. Al ascender arrastra vapor de agua que se enfría al subir, se condensa, y forma las nubes.
Sigo mirándolo todo con detalle y La Canal Roya me parece espectacular. Estoy contemplando una artesa glaciar formada en el Cuaternario con al menos 30.000 años a sus espaldas, situada entre dos volcanes que entraron en erupción hace 200 millones de años. Pensándolo así es alucinante.
Mientras estoy pensando sobre el origen geológico de lo que me rodea llega una pareja de senderistas a la zona donde me encuentro. Tengo el trípode, pero me piden unas fotos y aprovecho para que me hagan otra también a mí con el Anayet de fondo.
Pero hay una toma en concreto que yo no puedo sacar si quiero aparecer en ella. A lo lejos hay un saliente de roca que se adentra en el vacío, sobre la Rinconada.Les propongo irme allí y que me saquen desde donde estamos. Con ellos hago lo propio. En la foto de debajo me he rodeado con un círculo rojo para que se vea donde estoy. Tranquilos, voy con cuidado.Son las 12:53 horas.
En el cielo, unas nubes se han dispersado como si un gigante estuviera soplando sobre ellas. A la derecha arriba, veo una que forma un pequeño círculo. Las nubes que se formaron en el valle, van desapareciendo.
Pasa el rato y como ya he recorrido parte del ibón superior, ahora quiero ver el inferior. Desde aquí me cuesta encontrarlo. Está escondido tras una loma. Cuando llego, compruebo que es el típico lago glaciar rodeado de montículos que le hacen de vaso. Es mucho más pequeño. Pero según como lo miras, parece que esté como colgado, más cerca del límite de los llanos.
Hago unas cuantas fotos con el Anayet y el ibón, pero , sobre todo, con el Midi D´Ossau de fondo que queda fantástico. Además con el trípode puedo incluirme yo. Ha sido buena idea traerlo.
Voy recorriendo su perímetro y trepo un poco por uno de los montículos que lo rodean ganando algo de altura. El agua es de un azul intenso, como no podía ser menos al ser tan pura y limpia.
El ibón inferior tiene una profundidad máxima de 5 metros. No es mucho. El fondo es lodoso. Apenas hay vegetación. La fauna consiste en truchas, renacuajos, ranas y caracoles.
Otra vez mis ojos se giran hacia el Anayet. Algo en la cima vuelve a llamar mi atención. Más escaladores. Son cuatro. Los distingo perfectamente.Pero hay algo más. Dos personas suben por la izquierda. Los he marcado con flechas en un lateral de la montaña. Yo no lo haría ni aunque me pagaran, soy senderista mayormente, no hago escalada.
Dejo el ibón inferior y dirijo mis pasos otra vez hacia el superior. Quiero terminar de verlo y pasear por la orilla norte. En mi camino me topo con más y más rocas pulidas por el antiguo glaciar.
Pero también con más flores. Como este ejemplar de Campanula scheuchzeri o campanilla de los Pirineos. Crece en prados alpinos pedregosos, a menudo sometidos a crioturbación y preferentemente sobre suelos ácidos o descarbonatados. Es de la familia de las Campanulaceae.
Los ibones del Anayet son poco profundos como decía. El superior, donde ahora estoy, puede llegar a los 8 metros de profundidad máximo. Hay vegetación del tipo Potamogeton alpinus, o espiga de agua, sumergida, que está seriamente amenazada. Y ranúnculos acuáticos. En las orillas, que es básicamente una turbera silícea, hay diferentes tipos de plantas como la Cárice negra.
En mi paseo voy fijándome también en lo que se ve debajo del agua. Veo algo que me parece extraño. Acercándome más, resulta que descubro ¡una pezuña entera de caballo! es como si la hubiera perdido allí mismo. Pero hay otra cosa más que se mueve veloz por las limpias aguas y el rojizo fondo. Parece una serpiente, pero no, es...¡una sanguijuela!. En el ibón superior hay infinidad de sanguijuelas, renacuajos, y caracoles. Así que si no quieres acabar con una pegada a la piel, mejor que no te bañes aquí. Son las 14:32 horas.
Sigo el recorrido y me alejo de la orilla avanzando hacia el prado que rodea el ibón superior con intención de ir volviendo tranquilamente. Me topo con un poste indicador de varias rutas posibles. Desde aquí se puede ir a Formigal y Sallent de Gállego y también hay ruta hacia la Canal Roya -La Rinconada-e incluso se podría ir hasta Candanchú.
Cruzo los llanos, entre los caballos y no puedo dejar de maravillarme con los paisajes que tengo delante.Me encanta. Ahora ya no hay tanta gente como antes. Un caballo de repente levanta la cabeza, deja de comer hierba y empieza a dirigirse hacia mí. Bueno, no sé. Supongo que será normal. No tengo experiencia con caballos. Pero el caso es que vaya donde vaya me sigue. Parece que tenga fijación con mi persona. No me hace mucha gracia, así que acelero el paso y me alejo.
En el cielo un buitre pasa sobre mi cabeza. Debe ser joven, por el plumaje. Lo veo alejarse hacia la lejanía, con el Midi D´Ossau de fondo.
Antes de marchar se me pasa por la cabeza si podría subir hasta el Pico Espelunciecha (2.399m), total está muy cerca de los ibones, y la trepada parece fácil. Pero se está haciendo tarde. Mejor lo dejo para otra ocasión. Voy saliendo de la zona de los llanos y a la vez que lo hago tomo altura. Un último vistazo al Anayet y a su entorno.
A medida que avanzo se me ponen los dos volcanes a tiro en el mismo plano fotográfico. Hago una panorámica con la cámara.
Pienso que me gustaría regresar por donde he venido, pero en el lado del Anayet hay unas lomas que forman una ladera. Igual alargo un poco por ahí y veo lo que hay. Cuando supero una de las lomas, resulta que me encuentro con un escenario inesperado.
Escondido, fuera de las «rutas» habituales, hay una enorme turbera por la que circula zigzagueante un pequeño riachuelo. Tuvo que ser sin duda un ibón, que tras cientos o quizás miles de años se ha colmatado, esto es, se ha llenado de sedimentos. Estoy seguro de que es eso. El lugar es tan solitario, que por primera vez en la excursión tengo esa sensación de paz absoluta que únicamente experimentas cuando realmente no hay nadie.
El fondo del riachuelo está lleno de una especie de lascas o piedras perfectamente ordenadas de color marronáceo.El agua es clara como el cristal. El contraste con el verde de las orillas le da un aspecto curioso.
Ahora sí que me voy. Son las 15:09. Un último vistazo, esta vez al Midi D´Ossau con el zoom. Se le ve majestuoso y enorme. La luz de la tarde ilumina sus volcánicas paredes. En el ibón hay unas personas remojando los pies. ¡Espero que no se les pegue ninguna sanguijuela!
Bueno, se acabó. Adiós a los ibones. Hay que empezar el descenso. Ladera abajo divisio el poste indicativo de la GR 11. En las fotos de debajo os lo indico con flechas y rayas el camino a seguir. Son las 15:15 horas.
Pronto empiezan a aparecer en el horizonte cimas que me son conocidas, y que desde los ibones me estaban vetadas, pero que con la luz de la tarde adquieren un aspecto distinto.
Con el zoom alcanzo el característico y siempre reconocible macizo de los Picos de los Infiernos, o como también se le llama, la Quijada de Pondiellos. Son tres picos en realidad. El Infierno Oriental, el Central, y el Occidental, todas son tresmiles.
Pero desde donde estoy no sólo se ven los Picos del Infierno o Quijada de Pondiellos, sino un montón de cimas más que os pongo en la foto de debajo, incluída la población de Formigal,que también se aprecia claramente.
A medida que voy descendiendo, veo más flores. Esta vez una Crocus nudiflorus, que es como una especie de azafrán de monte, de la familia de las Iridáceas.
Las nubes van haciendo su aparición en el cielo y creando juegos de luces y sombras. De pronto, Peña Foratata, resalta, pétrea, contra el fondo oscuro de las montañas que tiene detrás. Balaitus y Frondella también se ven diferentes. En la montaña, la luz lo cambia todo.
Sigo descendiendo. Os marco el camino en la foto de debajo. Y de paso, los picos más sobresalientes del horizonte. Son las 15:32 horas.
A las 16:01 llego a una parte del sendero que ya crucé por la mañana, pero que me resultó curiosa porque aprovecha una hendidura natural en la roca a modo de camino. Hay una pintada del GR 11 justo donde comienza. No resulta muy cómodo, pero bueno, es eso, o ir por el riachuelo que queda abajo a la derecha.
A las 16:09 empiezan a asomar unas nubes por el valle de al lado.Vienen de la parte francesa. No me parecen amenazantes pero en la montaña nunca se sabe. Pasadas las cuatro o las cinco de la tarde siempre es mejor empezar a volver.
La senda sigue y sigue y yo por ella. A las 16:19 horas ya tengo a la vista la zona de Los Sarrios, en la estación de esquí. Pero aún me quedarán los más de dos kilómetros de pista asfaltada para llegar al coche.
Mientras voy avanzando aprovecho la luz vespertina para sacar fotos de los montes a los que esta mañana el sol les daba por el otro lado. Ahora se ven con detalle hasta la última de sus aristas y pedruscos.
Ya he comenzado a caminar por la pista asfaltada y veo a lo lejos el coche y el aparcamiento, aún repleto para la hora que es. Las marmoleras de los Infiernos siempre en el horizonte omnipresentes.
La pista es aburrida, y más después de llevar toda la caminata del día a mis espaldas, pero la ventaja es que ahora puedo ver perfectamente el Pico Baldetosas con sus modestos 2.238 metros ya que está perfectamente iluminado por el sol. Pero algo en sus proximidades me llama la atención. Resulta que se ve perfectamente un anticlinal que está retorcido junto a la cumbre. ¡Cómo me gusta darme cuenta de estas cosas!.
Se trata de un anticlinal recostado, en los que los estratos de sedimentos se han doblado de forma que el plano axial, o eje central, está casi perpendicular con respecto a la vertical.
Casi cuando estoy llegando, curiosidades del paisaje, vuelve a aparecer , por mi izquierda, un trozo del Midi D´Ossau junto con una nube que empieza a asomarse también. Es como si se resistiera a decirme adiós. Pero yo ya estoy en modo regreso y será la última foto que le saque al menos por un tiempo. Son las 16:43 horas.
Finalmente, casi a las 17 horas, llego al coche. Se ha quedado prácticamente en solitario. Parece ser que en este rato se han ido casi todos los que había aparcados por aquí. Y yo también me voy. Me lo he pasado genial. Excursión altamente recomendable si no lo habéis hecho nunca, y si ya habéis estado por aquí, no cansa repetir y venir de nuevo.
Espero que os haya gustado ,y si me habéis leído hasta el final, muchas gracias. También espero que os hayan sido útiles las indicaciones y explicaciones a lo largo de todo el trayecto.En la entrada de «mi blog y yo» os informo de como hacer si alguien quiere compartir mi blog, decir que le gusta o hacer algún comentario. Debajo os dejo el perfil de la ruta y algunas capturas de Google Earth con reseñas que he añadido yo para que os sirva de orientación. Saludos y ¡hasta la próxima!





































































































































































