Ascensión al Pico de Gratal (1.563 m) por la cara norte, desde la Hospedería de Arguís (970 m). En las Sierras Exteriores prepirenaicas (Huesca). Distancia: 14,38 km. Desnivel: 600 metros.

Hola a todos, amigos seguidores de mi blog, hoy me he marchado con mi amigo Ángel a subir Peña Gratal. Es 8 de diciembre de 2019, domingo, y AEMET anuncia buen tiempo, salvo hacia final del día que, parece ser, va a llover. No importa, hemos quedado a las 7 de la mañana y seguro que nos da tiempo a realizar la excursión sin mojarnos. Recogeré a mi amigo en el lugar de siempre, cerca de su casa, y nos iremos para allá. Yo ya he desayunado, lo de costumbre, como ya os he contado en otras entradas del blog, y voy bien preparado con todo lo que suelo acarrear -nunca mejor dicho- en mi mochila.

Es todavía de noche, y lo primero que veo al salir del garaje es una espesa niebla. Hace frío. Un whatsapp suena en mi móvil. Mi amigo me dice que si llego antes de las 7 que le avise, que baja. Somos los dos siempre muy puntuales, como dos relojes suizos. Le aviso, llego en 3 minutos. Antes incluso de la hora a la que habíamos quedado, ya estamos enfilando hacia la autovía A-23 y alejándonos de Zaragoza.

A petición de mi amigo, paramos en una gasolinera para que se tome un café rápido. Dicho y hecho. Entramos en el bar y lo encontramos lleno de cazadores. Van todos con ropa de camuflaje, igual que yo, así que no desentono lo más mínimo. Incluso pensarán que voy a hacer lo mismo que ellos. Un golpe seco se oye de repente. Alguien ha tirado un vaso por accidente y todo el contenido se ha derramado por la mesa y por su ropa. Hay mucho jaleo allí, demasiado, así que optamos por pagar y marchar para continuar con nuestro viaje.

La niebla continúa sin abandonarnos. Todavía no ha amanecido, la visibilidad en la autovía es escasa. Llevo las luces antiniebla encendidas para dejarme ver bien. No hay tráfico prácticamente. Incluso llegamos a dudar si en nuestro destino tendremos también niebla, pero ésta no es otra cosa que nubes de tipo estratiforme cuya base está en el suelo. Y el pico Gratal está a más de 1.500 metros de altitud. Tal vez tengamos suerte y desde arriba veamos las nubes por debajo nuestro. Sería un espectáculo muy chulo. Bueno, ya veremos que nos encontramos.

Peña Gratal, visto por su cara sur, es ese pico que siempre observamos todos los que hemos ido al Pirineo en coche, por la A-23, pasado Huesca, a la altura del embalse de Arguís, y de la localidad de Nueno, y un poco antes de comenzar el ascenso al puerto de Monrepós, pero que normalmente pasamos de largo porque nuestro destino final son otros lugares más al norte, en el corazón de la cadena pirenaica.

Es un pico que llama poderosamente la atención, porque vienes del llano y precisamente la Sierra de Gratal, donde está esta peña, es la primera cadena montañosa que te encuentras de golpe, dándote la sensación de que ya empezamos los pirineos. Y es que estamos frente a lo que se conoce como las Sierras Exteriores, que dan la impresión de un gran contrafuerte que destaca muy por encima de la Depresión del Ebro, a pesar de que sólo en la Sierra de Guara se sobrepasan los 2.000 metros.

Un viajero que no hubiera estado nunca por aquí, pensaría, basándose en la primera impresión, y con toda la razón, que hemos llegado a los pirineos, pero realmente estamos en el prepirineo. Aunque no es el pico más elevado de la Sierra de Gratal – el de más altura es el Pico de La Calma con 1.582 m de altitud- la Peña Gratal con sus 1.563 m, es, sin duda, la cumbre más interesante de este sector de la Sierra de Loarre ( la Sierra de Gratal sería un sector de la de Loarre).

A las ocho de la mañana, de repente, como por arte de magia,salimos de la niebla que nos ha acompañado durante toda la última hora y vislumbramos de sopetón la Sierra de Gratal y el pico del mismo nombre. ¿Observaremos el mar de nubes desde arriba? Tenemos serias dudas. Bajo estas líneas os pongo una foto curiosa que hice en diciembre de 2008, con toda la Sierra de Gratal nevada y donde se ve perfectamente el pico.

Tras diez minutos sin niebla, y después de 95 km de autovía, llegamos a la altura del nuevo edificio que sirve de centro de control de los túneles de Monrepós, y que cuenta con más de 80 cámaras para la supervisión de los mismos. Es un edificio diferente. Su diseño exterior está basado en las esculturas de Jorge Oteiza denominadas «cajas metafísicas» de ahí su original aspecto. Os dejo una foto debajo de estas líneas sacada de Google Earth para que veáis como es.

También hemos llegado junto al pantano de Arguís y su presa. Hay que estar atentos a un desvío a mano derecha que permite salir de la autovía y descender hacia el pantano y a la Hospedería de Arguís. No hay que pasar los primeros túneles, que quedan más adelante.

Por una rotonda se accede a la Hospedería. El edificio es muy bonito, tiene una techumbre de pizarra y un montón de buhardillas a dos aguas que sobresalen del tejado inclinado. Pero ahora allí no hay nadie. En el momento de escribir estas líneas, lleva ya doce años cerrado -más concretamente desde el año 2007-.Hoy ninguna persona para en este lugar, salvo los que aparcan en la explanada, junto al edificio, para hacer alguna ruta senderista por los alrededores o subir a algún pico cercano, entre los que hoy me incluyo.

¿Pero qué ocurrió entonces con este magnífico edificio?. Se construyó entre los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo para servir de Parador de la Organización Sindical de Educación y Descanso. En los años noventa se le realizó una profunda remodelación, que supuso una inversión de 332 millones de las antiguas pesetas, dos millones de euros de hoy, y se integró, desde el 1 de diciembre de 1.994, en la Red de Hospederías de Aragón.

Desde que cerró, es un edificio fantasma. Hubo un intento en el año 2008 de volverle a dar vida, casi después de su clausura, pero fracasó. Se pretendía hacer un hotel-escuela que iba a ser destinado a que los alumnos que terminaran los estudios de Turismo en los centros de la Comunidad completaran su formación realizando prácticas.La inversión prevista era de tres millones de euros. Tal vez la crisis económica de aquel momento acabó con el proyecto y ya no se ha vuelto a intentar retomarlo.

Entre las razones que se argumentan para justificar su cierre y el cese de la actividad hotelera es la proximidad a la autovía, porque dicen que hay ruido. También dicen que es un lugar de paso, que se va deprisa con el coche y que apenas se ve. Lo primero, sinceramente, no me parece una razón de peso, apenas se aprecia el ruido del tráfico como personalmente pude comprobar. Lo segundo, tal vez sí. Lo cierto es que o quieres ver la zona de propio, o no te paras, a pesar de que el pantano de Arguís y su entorno, es un lugar bonito que bien merece una visita. En fin, a veces, las cosas son así.

Pues bien, aparco en la antigua Hospedería. Lo hago junto a un árbol, me parece buen sitio.Tras enviar a la familia los correspondientes whatsapp para decir que hemos llegado bien (siempre lo hago) me cambio el calzado de conducir por el de montaña y nos preparamos las mochilas y los bastones para iniciar la excursión.

El pantano de Arguís está muy bonito a estas horas porque sobre el agua hay una neblina que le da a todo el paraje un aspecto de postal. Además, el pico Peiró (1.579 m), en la lejanía, recibe los primeros rayos del sol y la montaña adquiere ese tono anaranjado tan característico al amanecer.

Una gran nube parece estar pegada a la cumbre. Todo se refleja en el pantano. Mi amigo Ángel se emociona con la panorámica y sale raudo del coche a hacer la foto, no vaya a ser que la neblina desaparezca. Yo por mi parte también voy a coger un buen plano. Compartimos afición fotográfica y eso se nota.

Cuando ya hacemos las fotos y nos disponemos a continuar, pienso que podríamos sacarnos un selfie de recuerdo con el trípode que llevo en mi mochila. Pero..¿y mi mochila?. Está en el maletero del coche.Ya decía yo que me sentía muy ligero. Con el entusiasmo por hacer las fotos me la he dejado.Menos mal que estoy a 100 metros. Vuelvo y me la pongo.

De todas formas, me hubiera dado cuenta en cualquier momento, pero el despiste nos sirve para hacer unas risas y recordar otro que fue peor, cuando en Ordesa, por subir rápido al autobús que te llevaba a la pradera, me fui con el calzado que uso para conducir, uno de trekking para ir por pistas, en vez de con las botas de montaña.(se puede ver la historia completa en esa entrada del blog).

Una vez ya con todo el equipo, comenzamos a caminar. Lo primero que hay que hacer es dirigirse hacia la presa de Arguís, pues hay que pasar por encima. Se trata de seguir un letrero que indica el camino para hacer una ruta circular alrededor del pantano.

Hay también cerca un cartel explicativo sobre la presa que aún hoy sigue en funcionamiento desde nada menos que el año 1.704. Es la presa en uso más antigua de Aragón. Se encuentra encajada entre la Sierra de Gratal y la del Águila.

Aprovecha una foz, u hoz, que había en este lugar,para embalsar las aguas del río Isuela. El embalse se tuvo que recrecer en 1.929, pues estuvo a punto de cegarse y en consecuencia hubo que elevar el dique de contención 5 metros más, con lo que ahora alcanza los 27 metros de altura. Ocupa 18 hectáreas y tiene una capacidad de 3 hectómetros cúbicos.

No es mucho, si lo comparamos por ejemplo con la presa de Búbal (en la entrada del blog dedicada a la caminata de Hoz de Jaca a Santa Elena os lo describo con detalle). Este embalse es de riego, su agua no mueve ninguna turbina en una central hidroeléctrica. Abastece los campos de la Hoya de Huesca. También es lugar frecuentado por pescadores de truchas, carpas y barbos, principalmente.

Son las 8:49 horas y seguimos más o menos donde empezamos. Es por las fotos. Nos gusta mucho el efecto del sol anaranjado en las cumbres y la neblina sobre el pantano, nos despachamos a gusto con las fotografías. Para nosotros también es una forma de disfrutar. Otras personas no tienen por qué compartir nuestra afición. Afortunadamente Ángel y yo nos parecemos y no hacemos esperar a nadie.

Una vez que pasamos la presa, enfilamos una pista en ascenso bastante ancha que va paralela a la orilla del pantano. Todo está helado. Se ha formado bastante escarcha.

Pero, ¿qué es la escarcha? Cuando el sol se oculta por el horizonte, la tierra comienza a enfriarse mucho más rápido que el aire. El aire, cuando no hace viento, suele estar dividido por capas. El aire más frío pesa más, es más denso, y baja hasta el suelo, mientras que el más caliente se mantiene en cotas más altas.

El aire que respiramos posee humedad. Es decir, una cierta cantidad de vapor de agua en cada kilogramo de aire. Cuando la temperatura del aire es alta, hay más vapor de agua. Cuando la temperatura del aire desciende, hay menos vapor de agua. Pero hay menos, porque el aire lo expulsa, se desprende de él.

¿Y cómo se quita de encima el aire el vapor de agua? Pues lo condensa en gotas de agua o vaho sobre una superficie. Si la temperatura desciende por debajo de 0ºC, podrán formarse cristales de hielo, que es lo que ha ocurrido en este camino que vamos recorriendo.

A medida que vamos caminando, la Hospedería queda cada vez más lejos. Si echo la vista atrás la veo junto al pantano, despertando también entre brumas al nuevo día.

El sol todavía no ilumina el paisaje, al menos en la parte más cercana al embalse, pero poco a poco va descendiendo por la ladera de la montaña. Curiosamente, parece que aún se está creando más neblina encima del agua de la que existía cuando hemos llegado. Los campos próximos al pueblo de Arguís se ven todos blancos, por la escarcha.

Son casi las 9 de la mañana y la niebla sobre el pantano va en aumento, hasta el punto de que va cubriendo el pueblo de Arguís con su manto hasta casi ocultarlo a la vista.

¿Qué produce este fenómeno? Cuando el aire asciende en la atmósfera, disminuye su presión, cuanto más sube, más se enfría, porque a menos presión, menos temperatura. El aire que está cerca de la superficie del embalse está más caliente y cargado de vapor de agua.

Cuando el aire frío, más pesado, baja desde las montañas, entra en contacto con el más caliente y húmedo que está más abajo. El resultado es que el vapor de agua que contiene, se condensa en pequeñas gotitas de tamaño microscópico, lo que facilita que se mantengan en suspensión, es la niebla, y se suele producir con una humedad relativa superior al 80 por ciento.

Mientras seguimos avanzando por la pista sigue el espectáculo matutino. Una nube parece no querer despegarse de la falda de la montaña. Más abajo, en el valle, la neblina continúa cubriendo la zona mientras tímidamente los rayos del sol comienzan a iluminar la copa de un árbol.

En la lejanía se ven también las antenas de comunicaciones del Pico del Águila (1.623 m) medio cubiertas por nubes. Al final, los rayos del sol llegan hasta el pueblo de Arguís y la niebla desaparece como por arte de magia. Se ha calentado el aire más frío y ya no hay condensación.

En esta parte del trayecto la pista sigue un trazado casi rectilíneo y bastante ancho. A mí me recuerda, en algunos tramos, y salvando las distancias, por supuesto,a una antigua calzada romana, por la cantidad de piedras que hay en el suelo y la forma en la que están dispuestas. El pantano se ve a ratos, entre los huecos que deja un bonito bosque de pinos royos y abetos que queda a mano derecha.

Son las 9:33 horas cuando la pista llega a una bifurcación. Hemos recorrido 2,60 km.Un maltrecho cartel anuncia la dirección hacia los pozos de hielo de las Calmas. Esto son las neveras, tan típicas en Aragón, que servían par guardar la nieve y el hielo para el verano. Hay que ir hacia allí. Porque si seguimos la pista hacia la derecha, en descenso, vamos hacia el Pico Peiró, y nosotros nos dirigimos al Pico Gratal.

Junto a esta señal hay también un panel explicativo. En la foto de debajo indico con flechas el camino a seguir.

El camino continúa y el firme es bueno y plano, a base de gravilla. Se nota que por aquí pasan vehículos. Esto es una pista forestal claramente.

A los lados del camino se pueden ver rosales silvestres, y algunos tipos de musgo, tanto en el suelo, como creciendo en los huecos que contienen algo de suelo fértil en el fondo de las grietas que presentan las rocas.

La pista va adquiriendo altura. El bosque que teníamos a un lado desaparece y se ve el valle y el pueblo de Arguís mucho más abajo. El Pico Peiró, a nuestra derecha se ve claramente contra un cielo totalmente azul.

Por aquí el paisaje es bastante monótono, sin nada destacable. La pista no deja de ser sólo eso y continuamos caminando hacia nuestro objetivo de hoy, el Pico Gratal. En un momento determinado la pista llega a un punto donde hay dos puntos de referencia importantes.

El primero, cuando llevamos recorridos 3,24 km, un cartel que se ve bastante mal y que es del año por lo menos de la famosa María Castaña, aquella mujer gallega del siglo XIV,a la que todos mencionamos en el dicho cuando algo parece muy antiguo o viejo, y otro, la red de pilotes amarillos que señala el lugar por el que va el gaseoducto que discurre por esta zona. Son las 9:50 horas.

Ahora parte del recorrido va paralelo a los pilotes amarillos que indican que por debajo va la conducción de gas de Enagas que cruza esta parte del prepirineo. No tiene pérdida.

Después los pilotes amarillos desaparecen momentáneamente, pero luego vuelven a reaparecer. Hay que seguir siempre la senda. A lo lejos, todo recto, hay una gran cicatriz en el paisaje que sube por la montaña, que es por donde discurre el gasoducto. Esta vía, es factible para continuar la excursión, pero es muy empinada y no acaba donde se ve en la foto, en el collado, sino que después hay otro tramo igual o incluso más largo que el que se ve.

Serán sobre las 10:10 horas a nuestra velocidad de marcha – haciendo fotos y paradas varias- cuando llegamos a un punto importante del camino. Ojo, porque toda esta zona no está muy bien señalizada, como ocurre en otras lugares del pirineo más turísticos. Obviando la recta que sube, que os acabo de contar, y que se ve en la foto que pongo sobre estas líneas, a la altura del pilote amarillo con el número 29, hay que escoger dos opciones, o dos sendas. Llevamos recorridos 3,97 km.

Una, va hacia la derecha, y está marcada por un mojón de piedras. Otra, va hacia la izquierda. Esta última va al Pico de la Calma, por aquí, no. Hay que escoger la senda de la derecha. Este camino, que va en continua y pronunciada subida, se introduce en un frondoso y bonito bosque. Hay que ir por ahí.

Después de caminar por la pista, y por la zona del gasoducto, el internarse en este bosquecillo es gratificante. Volvemos a pasar entre los frondosos árboles y entre verdaderos pasadizos de boj, que nos envuelven casi por completo.

Todo está húmedo. O ha llovido la noche anterior, o las nieblas han estado por aquí campando a sus anchas. Al estar todo en estas condiciones,hay que tener cuidado con las hojas y la tierra y asegurarse con los bastones al subir para no resbalar.

Poco a poco vamos abandonando el bosque, y la ladera de la montaña deja ver el cielo y los montes de alrededor. Pasamos entre musgos que están a ambos lados del estrecho camino, como si fueran pequeñas y algodonosas nubecillas verdes.

Son las 10:42 horas cuando salimos a una zona más abierta, donde el suelo está plagado de cojines de monja, la Erinacea anthyllis, que es una especie perteneciente a la familia de las fabáceas. Es originaria de lugares montañosos de los Pirineos. Os hablo de ella en la entrada de Ordesa. Vamos por un camino estrecho pero claramente visible.

Después se sigue avanzando y te incorporas a otra pista que tiene marcas de vehículos en el suelo. Hay un mojón de piedra a un lado, que nos indica la dirección a seguir. Las roderas, que estaban llenas de agua, se han helado por el frío de la noche anterior y el paso de quizás algún 4×4 ha dejado trozos de placas de hielo esparcidas por los lados.

Son las 10:55 horas cuando llegamos a otro punto importante de la ruta en la que hay que estar muy atentos para no pasarse de largo el camino correcto. En la foto que pongo debajo, os lo explico con señales. Llevamos 5,11 km. Se abandonan las roderas, que siguen recto y te desvías por una senda amplia a la derecha. Hay un mojón de piedras al principio de la bifurcación que marca el camino correcto. No os despistéis. Además el camino va en ligero pendiente. Como otra referencia os diré que hay una señal de coto de caza que está tirada justo al lado del mojón.

Después de unos minutos de caminar, de repente el paisaje se abre y vemos todo el horizonte, con los pirineos nevados, el pueblo de Arguís allá abajo y la antigua carretera del puerto de Monrepós. Se ve todo el macizo de Monte Perdido, el Casco, Monte Perdido, El Soumd de Ramond o Pico Añisclo, Punta de las Olas, Las Tres Marías, Monte Oturia..

Saco el trípode y preparo un selfie con todo este fondo. Para hacerlo me meto literalmente en el bosque de cojines de monja, y con algún que otro pinchazo que me llevo por delante, preparo el plano con el zoom, de forma que se vean lo más grande posible los picos nevados.

Continuamos caminando y ganando cada vez más altura. Todo está lleno de cojines de monja, las Erinacea anthyllis, de la familia de las fabáceas, a los lados del camino, y musgo, y por supuesto todo tipo de arbustos. No se nos hace pesado el caminar aunque sea todo de subida. Es un sitio nuevo, y el Gratal es el premio al esfuerzo.

De pronto, sobre el perfil del camino, asoma el pico Gratal. ¡Qué grande se ve! ¿Todo eso vamos a subir?. Se observa una zona de canchales, próxima a la cima. El resto está lleno de vegetación. Nos damos cuenta de que hay un mar de nubes a los pies de la Sierra de Gratal, al final vamos a tener suerte y vamos a poder hacer buenas fotos de la Hoya de Huesca cubierta de nubes bajas. Son las 11:26 horas.

Cuando llevamos recorridos 5,71 km, debemos tomar un ancho camino de bajada, por donde, enterrado, discurre también el gasoducto. Esta pista nos lleva hacia unos llanos, los LLanos de Fenés. Tras cruzarlos deberemos ya empezar a ascender hacia la Peña Gratal. Nos hacemos una foto utilizando el trípode, y el pico Gratal de fondo. Continuamos.

A nuestra espalda dejamos la misma que vamos a descender pero que continúa en ascenso siguiendo el trazado del gasoducto. Y hay gente que viene por ahí, porque se acorta un kilómetro respecto a la ruta que hemos hecho nosotros a través del bosque, pero es muy en pendiente y se hace más dura de subir, además de ser menos bonita.

Cuando ya hemos atravesado los llanos, echamos la vista atrás y vemos unas personas que vienen caminando justo por donde acabamos de pasar, en la foto, lo indico con unas flechas amarillas. Para que os hagáis una idea, venimos desde la izquierda, luego hemos bajado, y finalmente recorrido los llanos.

Después, ya más próximos a la base del Gratal, se toma una pista que va zigzagueando en contínuo ascenso. Llevamos 6,31 km. Son las 11:49 horas.Es en este momento cuando Ángel se da cuenta que ha perdido un guante, posiblemente al ayudarme a desplegar el trípode antes. Tal vez a la vuelta lo encontremos.Seguimos subiendo hacia el Gratal por la pista y al fondo a la izquierda aparece la cima de la desventrada Peña del Mediodía, con sus 1.492 m.

Las personas que vimos acercarse ya nos han alcanzado. Son cuatro. Tres mujeres y un hombre. Son más jóvenes que nosotros. Cuando pasan a nuestro lado les preguntamos si han visto un guante. Nos dicen que no, pero les comentamos que si lo vieran, nos lo dejen por favor bajo una piedra, o en algún sitio visible para que lo podamos recoger a la vuelta. Nos dicen que se fijarán.

Al girar por una curva de la pista, aparece ante nosotros parte de la Hoya de Huesca y el mar de nubes que tanto nos apetecía tener la oportunidad de observar. Podemos ver el Moncayo al fondo, con las nubes pegadas en su cima, y más cerca, abajo, el pueblo de Bolea. La visión es magnífica.

En realidad, para subir al Pico Gratal en esta zona, se sigue una pista que va salvando el desnivel a base de zigzaguear. Cuando llegamos al extremo más próximo a la cara oeste de la montaña, podemos ver la Hoya de Huesca por ese lado. Cuando nos acercamos al lado más al este, lo vemos por el otro.

Hacemos unas cuantas fotos del entorno y continuamos la marcha. Los jóvenes que nos han alcanzado antes ya van por delante de nosotros. Siguen la pista, y vamos tras ellos, pero notamos que algo no va bien. La pista va en claro descenso, y nosotros queremos subir. Claramente se han equivocado de camino. Decidimos retroceder. Parece que ellos también se han dado cuenta y están volviendo. Debajo os pongo la foto del camino que no hay que hacer.

Al volver sobre nuestros pasos, llegamos al principio de la senda que sube a Gratal. Se ve claramente porque hay dos mojones de piedra a cada lado del principio del camino, y una flecha amarilla pintada en una piedra. No sé cómo nos lo hemos podido pasar. Quizás nos hemos fiado de la dirección que han tomado los senderistas que hemos conocido. Si vais a hacer la excursión estad atentos. Debajo os pongo la foto y bien marcados en ella los mojones y el camino correcto. Son las 12,10 horas y llevamos recorridos 7,25 km desde el coche.

Mientras hacemos unas fotos, los senderistas llegan a nuestra altura y nos comentan el despiste que han tenido y ya una vez seguros de por donde se va, comienzan a subir. Dejamos que se adelanten para no ir pegados a ellos en el ascenso. Después iniciamos nosotros la subida. El camino está muy marcado, pero muy resbaladizo. La lluvia que ha caído aquí, o la niebla de la noche anterior lo ha dejado todo embarrado. La senda discurre entre densos arbustos de boj, que a veces te envuelven completamente. La pendiente es importante, y muy pronunciada.

Después de un buen rato de dura subida, zigzagueando entre los arbustos, la senda sale a una zona más abierta, plagada de cojines de monja. Las vistas son espectaculares, en este momento estoy en un lateral de la montaña, ascendiendo continuamente. Hay un montón de buitres sobrevolando la zona, algunos muy cerca de mí, intento hacer alguna foto, pero van muy rápidos. Son difíciles de enfocar. Le digo a Ángel que se adelante hacia la cima que yo voy a intentar sacar alguna foto más. Viendo que no puedo hacer gran cosa respecto a los buitres, continúo la marcha. Ante mí aparece el último tramo de senda justo antes de la cima. El mar de nubes sigue ahí abajo.

A los cinco minutos de que Ángel me dejara, llego a la cima. Son las 12:42 horas, hemos recorrido 7,69 km desde Arguís y superado 200 metros de desnivel desde el principio de la senda embarrada que marcaban los dos mojones de piedra.Los senderistas han llegado primero. Veo a Ángel haciendo fotos. Voy para allá.

El panorama hacia el Pirineo es increíble desde este Pico de Gratal. Es un auténtico mirador de primera.Con el zoom se puede fotografiar gran parte de la cordillera. Me dedico concienzudamente a sacar fotos de todos los picos que tengo enfrente, debajo de estas líneas os las pongo, además he añadido los nombres de las cimas y lugares que se pueden identificar más fácilmente. Está todo nevado, como se puede ver, dándole al monte un aspecto magnífico.

Pero las vistas no se limitan a lo más lejano. Más próximas se pueden observar las cimas de la Sierra de Gratal, y al fondo las de la Sierra de Guara. En la foto que hice, y que pongo debajo, he marcado con flechas y he puesto los nombres y la altura sobre el nivel del mar de las más significativas.

Al fondo del todo se ve el Tozal de Guara, con sus 2,078 metros, y con ese característico perfil que ha hecho que lo describan desde lo dejos como un gigante tumbado. Con el zoom logro hacer una foto cercana de la cumbre.

Estamos disfrutando un montón con las vistas pero llega la hora de inmortalizar el momento y hacernos una foto junto a la cruz que hay instalada en la cima del Gratal. Estamos teniendo suerte con el tiempo, el día está aguantando de momento, aunque han anunciado lluvias para la tarde. Son las 12:48 horas.

Pero lo que más nos llama la atención es el mar de nubes, que se mantiene allá abajo, esperando a que le hagamos un motón de fotos. No es habitual verlo así en otras épocas del año, pero ahora, con una situación de inversión térmica, es posible.

Pero, ¿qué es la inversión térmica?. Por la noche, al estar el cielo despejado, el calor que ha acumulado el suelo durante el día, es liberado a la atmósfera, por lo que queda más frío. La humedad de la superficie se condensa y en consecuencia forma la niebla que no son otra cosa que nubes bajas, que se quedan ahí, porque el aire frío es más denso y pesado que el caliente, que permanece en las capas superiores y que se comporta como un tapón.

Esta situación no es la normal, por eso se llama inversión térmica, porque lo habitual es que la temperatura del aire disminuya cuanto más se sube, porque hay menor presión, sin embargo en este caso es al revés, al darse estas circunstancias puntuales, y es ésto lo que nos ha permitido tener estas vistas tan espectaculares de la Hoya de Huesca.

Se ven también perfectamente, a lo lejos, con el zoom, dentro de lo que es el Parque Natural de los Cañones y la Sierra de Guara, dos torreones rocosos entre los que se encaja el río Flumen, desde el oeste, la Peña de San Miguel (1.126 m) y más al este, la Peña de Amán (1.121 m). Son de conglomerado, similar al material del que están constituidos los Mallos de Riglos.

La garganta que separa ambas peñas, es conocida como el Salto de Roldán, porque dice la leyenda que Roldán, después de fracasar en su intento de conquistar Zaragoza, y volviendo a Francia, acorralado por sus enemigos, espoleó su caballo y de un salto pasó de una peña a otra. Según dicen, aún pueden verse las marcas de las pezuñas de su caballo.

Lo que sí se ve muy bien es el anticlinal desventrado que es la Peña Mediodía de 1.492 metros de altura. Un anticlinal desventrado es producto de la erosión, que ha barrido la cima del anticlinal y ha vaciado parcialmente los afloramientos de rocas más blandas (arcillas y yesos del núcleo) dejando en resalte los flancos, que suelen estar compuestos por calizas más duras.

El anticlinal es un pliegue del terreno que tiene una curvatura convexa hacia arriba, en forma de bóveda, o de letra A, que es como yo me oriento para identificarlos, y en cuyo núcleo se hallan los materiales más antiguos. Es lógico. Si doblas el suelo hacia arriba, la superficie sube,y dentro del pliegue, en la parte interior de la A, quedan las capas más profundas de sedimentos que se depositaron antes, y que por tanto, son mucho más antiguas.

Las vistas hacia la Hoya de Huesca, con el mar de nubes y la cruz que hay colocada en la cima, son espectaculares. Como siempre pasa en estos casos las fotos no le hacen justicia. El cielo y el horizonte nebuloso se mezclan en un juego de tonos azules y blancos difuminando la unión entre ambos.

El grupo de senderistas que nos acompaña en la cima se ha refugiado bajo la cruz, en una zona más protegida del viento, que ya, poco a poco, comienza a soplar y que viene frío, aviso de que está empezando a cambiar el tiempo.

Seguimos con las fotos. Abajo se ve, pequeña, la A-23, por la que tantas veces he circulado con el coche, el pueblo de Nueno, la Urbanización Parque de Guara, con sus casas todas iguales.

Al final el aire viene cada vez más frío. Me abrigo más. Con el gorro térmico y el chaleco polar. A lo lejos, abajo, hago fotos al pueblo de Bolea, al de Igriés y al monte que tiene al lado, Santocoba, con 780 m sobre el nivel del mar. Un selfie junto a la cruz y estamos un rato más por la cima.

El Pico del Águila (1.619 m), fácilmente identificable por sus antenas sobre la cumbre, se ve allá a lo lejos, también el Salto de Roldán. A medida que pasan los minutos, el día se va estropeando climatológicamente hablando. Los excursionistas que nos han acompañado ya se han ido. Nos planteamos marchar ya.

Antes de irnos, queremos escribir algo en un cuaderno que hay bajo la cruz, dejando testimonio de que hemos subido hasta aquí, pero el bolígrafo que han dejado junto a la libreta no funciona. Vemos que los que nos han precedido han escrito algo, quizás con su propio boli. Nosotros no llevamos, en lo sucesivo, será cuestión de llevar siempre alguno propio. Podemos leer lo que han escrito. Hoy ha subido una pareja de recién casados, que han celebrado sus nueve meses de matrimonio subiendo al Gratal. Y los que acaban de estar, también han firmado, vemos que vienen de Alagón.

Hace cada vez más frío y las nubes empiezan a cubrir el cielo. Iniciamos el descenso. Lo primero que nos da un golpe de realidad en la cara es el viento, que sopla con fuerza. Hay que bajar con cuidado, el sendero está muy resbaladizo.

Llevamos los bastones a su máxima longitud, lo que nos facilita evolucionar por el sinuoso camino. Ángel ha desplegado sólo uno. el izquierdo. Con la mano derecha se va agarrando a los arbustos de boj cuando el camino es muy empinado. Yo sin embargo prefiero llevar los dos. El caso es evitar una caída o un resbalón que dé con nuestros huesos en el suelo. Sigue haciendo frío y siempre vamos por zona de sombra.

A las 14:15 horas llegamos al principio de la senda de subida, señalizada con dos mojones de piedra, y nos acercamos a la zona iluminada por los rayos del ya tímido sol, lo que por otra parte nos sienta de maravilla pues íbamos algo destemplados. Vemos unos rosales silvestres, que están llenos de escaramujos, que no son otra cosa que sus frutos de color rojo intenso. Son comestibles crudos, y tienen un alto contenido en vitamina C.

Ahora sólo nos queda ir volviendo poco a poco y volver a cruzar los llanos de Fenés. Todo está lleno de una especie de musgo, pegado a las paredes de roca y a los lados del camino, creando un paisaje muy chulo y peculiar.

Los senderistas ya han cruzado los Llanos de Fenés y van subiendo la pista, o más bien, la cicatriz en el paisaje, que se creó cuando se instaló el gasoducto, pues va por debajo. Arriba del todo, en la foto, se ve como asoma la copa de un pino,a la izquierda del camino.Fijaros en él porque luego me va a servir como orientación para explicaros la vuelta.

Cruzamos los llanos y llegamos a la parte de arriba de la pista del gasoducto. Justo donde hicimos la foto con el trípode y…¡sorpresa! los senderistas se han acordado de lo que les dijimos y han encontrado el guante que perdió Ángel. Nos lo han dejado apoyado junto a un arbusto. Es de agradecer. Mi amigo lógicamente está muy contento, y yo también. Echamos la vista atrás y vemos el Gratal, allá a lo lejos. De la cima venimos. Os marco el recorrido en rojo. Las nubes ya empiezan a cubrir todo el cielo. Son las 14:50 horas.

Y ahora es cuando se nos plantea un dilema. La idea es caminar una hora y media más aproximadamente, y llegar a una zona cercana al Pico de la Calma. Para ello tendríamos que tomar una pista a la derecha.Pero el cielo está cada vez más amenazador, quizás llueva, cumpliéndose así las previsiones de AEMET. Además me dice Ángel que esa zona que queremos ver, es mucho más espectacular con cielo despejado, así que decidimos dejarlo para otra ocasión y volver definitivamente a la Hospedería de Arguís.

Vamos a volver siguiendo la pista del gasoducto, es decir, llegando hasta el pino que os decía antes, y continuar más allá. Por la mañana hemos venido desde la izquierda, por el bosque, ahora vamos a atajar. En la foto de debajo podéis ver el pino a la derecha. Esta foto está hecha dándome la vuelta al sentido de la marcha que estamos llevando. Espero que os sirva de guía.

Un poco antes, un solitario corredor nos ha pasado a toda velocidad, parece que va hacia el Gratal. Le hemos preguntado el camino se que coje desde aquí, hacia el Pico de la Calma. Para ir otro día. Nos lo dice y se va.Hay gente que sube hasta el Gratal haciendo footing. ¡Qué proeza!. Para mí, es digno de admiración. Yo sería incapaz. Ahora os dejo debajo de estas líneas otra foto, ya mirando hacia adelante, para que os hagáis una idea del camino que hay que seguir.

Mirando atrás, ya a lo lejos, se ve la cima del Gratal que se va sumiendo en una especie de neblina. Con el zoom le puedo hacer una foto. El efecto que se consigue es el de un pico enorme que sale por encima del paisaje cercano. Son unas tomas que cuando tengo ocasión, me gusta mucho hacer, porque el resultado es muy original.

Poco a poco el camino va descendiendo y podemos ver las montañas que están abajo, junto al pueblo de Arguís, llenas de árboles con ese tono otoñal, tirando a un marrón anaranjado. El cielo cada vez está más cubierto. Hemos hecho bien en comenzar el regreso.

Pero bajar esta pista, por llamarla de alguna forma, no es tarea fácil. Resulta bastante incómoda, dado que va en pendiente y el suelo está embarrado. Hay que ir con mucho cuidado. Incluso, a veces, nos tenemos que salir del camino para evitar resbalarse y vamos por los laterales de la senda, más salvajes pero más seguros.

No deja de asombrarme algunas de las cosas que veo, como una roca totalmente cubierta de musgo, lo que le da una apariencia muy curiosa, un montón de rosales silvestres llenos de escaramujos,con grandes tallos y espinas amenazantes de tamaño también considerable.

El tramo que estamos haciendo engaña. Parece que va a acabar, pero no es así, llegas a una especie de collado y aparece otra vez otro tramo, largo, que se pierde en el horizonte. De momento el cielo aguanta sin dejar caer la lluvia sobre nuestras cabezas.

Serán las 15:32 horas cuando llegamos a la zona de esta mañana, donde el camino se adentraba en el bosque, que fue el que recorrimos. Desde el pino que nos sirvió de referencia como os decía antes, hasta aquí, hemos caminado 0,74 km cuesta abajo. Esto se traduce en un kilómetro menos que llegar hasta la zona del pino por el camino del bosque, pero es más bonito y menos empinado, sobre todo a la ida.

Al final la lluvia hace su aparición y tenemos que protegernos del agua. Yo he traído un chubasquero plegado en la mochila que me viene de perlas y Ángel también lleva ropa para no mojarse. Son las 15:56 horas.

Ahora ya todo es desandar lo andado. Los mismos paisajes, la misma pista, pero con este cielo oscuro y la lluvia, todo adquiere una visión totalmente diferente. Casi parece otro lugar siendo el mismo.

Seguimos viendo un montón de rosales con sus escaramujos en los laterales del camino, y detrás de ellos, el bosque. Poco a poco comenzamos a ver el Pantano de Arguís. Tiene un tono azul turquesa, y sobre las montañas que lo flanquean, ya se han posado las nubes que están descargando agua.

Sigue lloviendo, pero lo hace de forma débil, lo que nos facilita la vuelta. Pronto podemos ver ya el pueblo de Arguís y la Hospedería. Un vistazo hacia atrás, como a mi me gusta siempre hacer y compruebo que el temporal arrecia. El Pico Peiró, ya ni se ve, prácticamente cubierto totalmente por las nubes.

Serán sobre las 16:52 horas, cuando estamos caminando por encima de la presa para acercarnos al coche. En este momento el temporal arrecia. El aire sopla con fuerza, y comienza a llover más profusamente. Más o menos, el día nos ha respetado.

A continuación del muro de contención de la presa, mirando al frente, veo el viaducto elevado de la A-23, que salva la hoz o foz del río Isuela, y que ahora es sólo de vuelta, porque antes, cuando no estaban construidos los nuevos túneles, era de doble dirección. Por ahí vamos a pasar con el coche camino de Zaragoza. A las 17 horas llegamos finalmente al aparcamiento de la Hospedería.

Ha sido un día genial de excursión, he conocido un sitio nuevo que no había visitado, y he subido una cima emblemática de la Sierra de Gratal, que quería hacer, con la buena compañía de mi amigo Ángel que ya la había coronado pero que ha tenido el detalle de repetir la caminata conmigo siendo un perfecto guía y compañero.

Debajo de estas líneas os dejo el perfil de la excursión y el recorrido total. Gracias por leerme y un cordial saludo para todos, espero os haya gustado y que os sirva de guía por si queréis hacerla vosotros. Nos vemos en otra entrada de momentum. ¡Hasta pronto!

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