Caminata de Hoz de Jaca a Santa Elena. Por los hayedos de la vertiente oeste de la Sierra de Tendeñera. La «Línea P» y sus búnkeres. La ermita de Santa Elena, la cascada de travertinos y mucho más.

Hola de nuevo amigos seguidores de mi blog. Aquí dejo una excursión que hice el día 17 de agosto de 2019. Esta vez me acompañaron mi amigo David, su mujer Yuexi y su primo Jorge, que vienen por primera vez a una de mis caminatas. Es una «excursión familiar» en toda regla.

Vamos en dos coches, ya que ellos tienen pensado quedarse algún día más por la zona, pero yo volveré hoy a casa.

Es una salida muy completa, ya que pueden visitarse diferentes lugares durante el trayecto, además de recorrer los frondosos hayedos del valle. La caminata que vamos a hacer no es excesivamente dura si se planifica con dos coches. Es de tipo lineal, no circular. Evidentemente, para volver hay que desandar lo andado, pero en este caso sí que es mucho más exigente por la pendiente que hay que superar. Luego lo explico.

Serán unos 12 km en total -ida y vuelta-, caminando entre hayedos y bosques de hoja caduca, veremos una tirolina, un pantano y su presa de contención, una antigua cantera de pizarra, un puente de estilo tibetano, una zona de búnkeres, los llamados de la «Línea P», un dolmen, un calendario celta, una ermita, una cascada…y hasta nos dió tiempo de acercarnos al pueblo de Lanuza y su pantano y mucho más. No hay lugar en esta salida para el aburrimiento. Comenzamos.

Entre la Sierra de Telera, a la izquierda y la de Tendeñera, a la derecha

La senda que vamos a seguir será la PR-HU 78 (PR= pequeño recorrido) (HU= Huesca) que va paralela al río Gállego. Siempre que hablamos de PR, recordad, las bandas horizontales serán de color blanco y amarillo. Lo de los dos coches os lo explico. Hay dos opciones; una es aparcar un coche en Santa Elena, y llegar con otro hasta Hoz de Jaca, la población donde iniciaremos la excursión. Otra, es ir a Hoz de Jaca directamente, con los dos coches, pero teniendo en cuenta que luego hay que volver caminando.

Lo comento con mis compañeros de excursión y la opción escogida es la de aparcar los dos coches en Hoz de Jaca, se ven animados y con fuerzas para completar los 12 km del recorrido total andando. Perfecto, directos todos a Hoz de Jaca. Vamos allá.

El circuito va por la ladera oeste de la Sierra de Tendeñera, paralelo al río Gállego y por el desfiladero abierto por él

Salimos pronto de Zaragoza, a las seis de la mañana estoy arrancando ya el coche en mi garaje. Nos reunimos en la gasolinera y partimos juntos hacia la autovía A-23 dirección Huesca. Hacemos una breve parada en un área de servicio a la altura de Almudévar para tomar un café, y sin que haya amanecido todavía, iniciamos ruta hacia Huesca, el puerto de Monrepós y Sabiñánigo.

Pasamos Sabiñánigo y nos desviamos hacia Biescas. Dejamos a un lado esta localidad y unos kilómetros después, cogemos el desvío a Hoz de Jaca. La carretera pasa por encima de la presa del pantano de Búbal. Después de unas cuantas curvas y una breve subida, llegamos a la bonita localidad pirenaica de Hoz de Jaca.

Aparcamos a la entrada del pueblo y nos hacemos, como siempre, la primera foto de comienzo de la excursión. No sólo sirve de recuerdo, también es muy útil para saber a la hora en que comenzamos. Estamos en la Comarca del Alto Gállego, un lugar muy bonito que relaciono con mi infancia y con las primeras visitas que hice con mi familia al Pirineo, cuando íbamos a la localidad de Biescas. Son las 8:10 horas de la mañana.

Primer selfie de la excursión muy animados y dispuestos a pasar un buen día de caminata

Cuando bajamos de los coches me fijo en el calzado que llevan mis compañeros. Me doy cuenta de que no es tal vez el más adecuado para caminar por el monte, sobre todo porque Yuexi y Jorge traen deportivas, David es el que viene más preparado, ya hemos hecho unas cuantas salidas juntos. Es posible que pensaran que la excursión iba a ser más cómoda o más sencilla. Bueno, espero que se apañen bien y no tengan problemas. Al menos sí que traen los bastones.

Comenzamos a caminar y a los cinco minutos nos hacemos otra foto junto al cartel que anuncia el pueblo desde donde iniciamos la marcha, Hoz de Jaca. Estamos a 1.272 m sobre el nivel del mar.

Tenemos que tomar el sendero PR-HU 78, que irá señalado con las bandas horizontales blancas y amarillas. Para ello hay que descender unos metros por la carretera de acceso al pueblo. En las fotos que pongo debajo se ve bien.

Dejamos una pequeña explanada a la derecha, al lado de la carretera, y seguimos bajando. Cuando ésta hace una curva, en el lado izquierdo, hay un poste que nos indica la ruta. Tras él se ve claramente el sendero que se interna en el bosque y que es el que vamos a seguir.

Una de las señales del poste nos indica el camino hasta la Ermita de Santa Elena, nuestro objetivo, podemos ver que hay 5,1 km de distancia y que nos costará 1 hora y 45 minutos, cubrirla, por supuesto sin realizar paradas.

La senda, en principio, va en sentido ascendente, pero enseguida llanea e incluso se nota que progresivamente va descendiendo. Vamos siguiendo en paralelo el desfiladero que labró el río Gállego entre dos sierras, la de Telera y la de Tendeñera.

Estas dos sierras marcan la frontera meridional (sur) entre las Sierras Interiores y la Depresión Media (Flysch), o lo que es lo mismo, entre el Valle de Tena y la Tierra de Biescas.

El Flysch se formó durante el período Eoceno que terminó hace 34 millones de años, período durante el cual se formaron algunas de las cordilleras más importantes del mundo, como los Alpes o el Himalaya. Intercala capas de arenisca con otras de tipo arcilloso. Son por tanto materiales muy plásticos. Estas capas se depositaron en el antiguo mar que había donde ahora están los Pirineos, en forma de sedimentos.

En cambio, las Sierras Interiores están formadas por un murallón calcáreo adosado al Pirineo Axial (el verdadero núcleo duro de la cordillera pirenaica). Son muy escarpadas en la parte septentrional (norte), y están compuestas por calizas del Cretácico superior período que finalizó hace 66 millones de años y del Paleoceno (Terciario), época anterior al Eoceno y que terminó hace unos 54 millones de años. Son por tanto materiales mucho más antiguos que el Flysch.

Tened en cuenta que si nos remontamos a la era Primaria, hace unos 200 millones de años, aquí existía ya una cordillera más modesta que sufriría multitud de hundimientos y levantamientos, con las consiguientes invasiones y retrocesos del mar que la rodeaba.

En esta época, se acumularon bajo el mar, un sinfín de materiales, cantidades ingentes de sedimentos que con su peso hacían que la cuenca marina se hundiera cada vez más y más.

Los sedimentos dieron origen a rocas calizas, aunque, en el fondo de la cuenca, las elevadas presiones y temperaturas fueron formando granitos, y en las zonas intermedias, rocas metamórficas como pizarras y mármoles.

En la era Secundaria, hace 150 millones de años, lo que ahora son los Pirineos, estaban cubiertos por un mar poco profundo, el mar de Thetys.

En el Terciario, hace unos 30-35 millones de años, es cuando se produjo el choque de las placas ibérica y europea y se creó la cordillera que hoy conocemos. Los materiales que estaban en el fondo de ese mar se elevaron. El viejo sustrato más profundo, de gran dureza, se fracturó en grandes bloques y se elevó hasta grandes alturas. Los materiales que se encontraban en un principio sobre ellos, más blandos, se plegaron y se desplazaron «resbalando» sobre los bloques axiales, formando una cascada de montañas plegadas y descendentes.

Tras este pequeño apunte geológico que espero os haya resultado interesante sobre todo para comprender el origen de la cordillera y de las zonas que vamos «pisando» continúo con el relato de la excursión.

La senda sigue descendiendo. Pienso que como sigamos bajando a este ritmo, luego habrá que subir todo esto a la vuelta, y va a ser exigente, sin duda, más que nada me preocupa Yuexi. Tal vez deberíamos haber dejado un coche en Santa Elena. Ahora ya no hay remedio, como se suele decir, «a lo hecho, pecho».

Continuamos caminando. En algunos tramos la senda se hace más ancha. Tenemos que cruzar un torrente que la atraviesa. Lleva algo de agua, hay piedras y pueden resultar resbaladizas. Cuando se va bien calzado,no hay problema, pero cuando no es así, empiezan a aparecer algunas dificultades, por eso de la importancia de salir siempre bien equipado.

Al principio del recorrido hay que atravesar una torrentera

Nada más cruzar el pequeño torrente la senda se vuelve a estrechar, pero es un camino muy cómodo, rodeado de vegetación. Estamos recorriendo una ladera de la montaña, por la parte baja de la cara noroeste de la Sierra de Tendeñera.

La zona donde nos encontramos en realidad se llama la Galliguera, nombre que viene del río Gállego. Es un antiguo valle fluvial, que en el Cuaternario, más concretamente en el Pleistoceno, o la Edad de Hielo, que comenzó hace 2,59 millones de años, fue modelado por un glaciar que dió al valle la característica forma de U.

En este valle llegaron a coexistir varias lenguas de hielo simultáneas que alcanzaron hasta 41 km de longitud. En el Holoceno, la época post-glaciar, que comenzó hace 12.000 años, nuevamente el río Gállego modeló el valle y continúa haciéndolo hasta la actualidad.

Vamos avanzando por una senda cubierta de hojas secas, la temperatura es agradable y estamos de buen humor. Nos hacemos alguna foto y continuamos.

Nos hacemos una foto de recuerdo

Al poco rato vemos, a nuestra derecha, un cartel con unas letras blancas sobre fondo azul que dice «ermita -presa», y que tiene también una flecha indicando la dirección a seguir.

El cartel es diferente al resto que hemos visto, así que pienso que igual lo ha colocado el propietario de los terrenos colindantes, tal vez cansado de comprobar como los excursionistas se meten en su campo, confundiendo el camino correcto. De todas formas, por si venís por aquí y ya no está dicha señal, deciros que siempre hay que seguir recto.

La senda sigue siendo muy agradable, tanto por el firme, que es perfectamente llano, como por el entorno, todo verde y frondoso. Estamos en un bosque mixto, con una gran variedad de árboles, arbustos y todo tipo de plantas.

LLegamos a un tramo del camino que parece verdaderamente de cuento. Un muro construido a base de piedras ha sido «colonizado» por un montón de musgo que está adherido a toda la estructura, dándole un aspecto muy original.

El musgo es una de nuestras especies más antiguas, fueron los primeros vegetales terrestres, ya que surgieron hace 480 millones de años en el período Cámbrico-Silúrico. Fue precisamente su evolución la que permitió la aparición de los vegetales superiores, tal y como hoy los conocemos.

Es extremadamente resistente, carece de raíces, por lo que busca todos los nutrientes en el aire. Crece prácticamente en cualquier superficie y puede sobrevivir en un estado «inactivo» durante años, y revivir cuando se expone a la humedad.

Otra característica importante es que tienen gran capacidad para absorber los contaminantes del aire y favorecer, por su densidad vegetal, al desarrollo de muchas otras plantas y animales. Así que este muro, a parte de ser bonito, es el hogar de un ser vivo muy interesante.

Llegamos a una zona donde un muro de piedra está lleno de musgo

Así que como nos gusta tanto este tramo, nos queremos hacer una foto junto al murete. Lo que ocurre es que no llevo el trípode grande, así que tengo que buscar un lugar dónde poder apoyar el pequeño y que me aguante la cámara sin peligro de que se caiga. Con maña, consigo ponerlo sujeto a una rama. Son las 8:43 horas.

Nos hacemos un selfie junto al muro de musgo

Después David propone otro selfie, esta vez con su móvil, Se pone el pañuelo de cuello tapándose la cara, así que le sigo la broma y hago lo mismo. Estamos pasando un buen rato y se nota.

El camino continúa y a ratos la vegetación clarea permitiéndonos ver el horizonte. Aparece el pueblo de Hoz de Jaca en la distancia, esto nos permite apreciar que hemos ido bajando de cota de forma constante.

Puedo ver también una gran cable que baja de la montaña, al lado del pueblo. Utilizando el zoom de la cámara le hago una foto. Creo saber lo que es, pero voy a esperar a confirmarlo.

Por nuestra derecha aparecen los picachos de Sierra Telera, que en verdad por su forma sí que parecen los dientes de una sierra.

La vegetación envuelve otra vez la senda y a nosotros. Llegamos a un tramo que está cubierto por el agua y donde se ha formado algo de barro. Aquí es donde tal vez un calzado más montañero les hubiera venido mejor a mis amigos, sin embargo los bastones les son muy útiles para no perder el equilibrio y ayudarse a pasar.

Tras media hora y 1.2 km después de haber comenzado la excursión por la PR-HU 78, la senda vuelve a ensancharse y llegamos junto a un poste señalizador. Hay dos posibles rutas para llegar a Santa Elena. O yendo por la senda de Tripilituara, o por el río Gállego.

En este momento yo no lo sabía, pero después me enteré de que si vas por Tripilituara, acabas conectando con la senda que va por el río, con lo que se puede realizar un recorrido circular, al menos en parte. En la foto que pongo debajo de estas líneas dibujo esta ruta en amarillo. La que se ve en rojo es la que hacemos nosotros paralela al Gállego.

Lo curioso es que, según indican las señales, tanto por una ruta, como por la otra, lleva 1 hora y 24 minutos recorrerla, por supuesto sin paradas, y la distancia a cubrir es prácticamente la misma, unos 4 km.

Aquí me gustaría precisar algo. Cuando en estas señales indican el tiempo para realizar un recorrido, ha sido calculado en horas efectivas de marcha, esto es, el tiempo real empleado para caminar, no el empleado en hacer fotos, parar, descansar, etc, que debe ser añadido. Lo normal es que el recorrido de una etapa requiera un tiempo superior a 20-50% al indicado en las señales. Los tiempos corresponden a una velocidad media entre 3 y 4,5 km/h, dependiendo del tipo de camino y de los desniveles.

Sigo caminando y mi curiosidad no me deja evitar mirar a los lados y observar algunas flores y plantas. Son distintas a otras que he visto anteriormente, lo que llama mi atención. Los pétalos de algunas flores parece que se deshilachan alborotadamente.

Me voy fijando en las plantas y flores que veo interesantes y les hago alguna foto

Las hay de color rosa pálido, e incluso de color lila. Otras presentan un color rosáceo más intenso. La primera es una Eupatorium cannabinum, las segundas son unas Dianthus hyssopifolius, y la pequeña flor rosa es una Lathyrus cicera. Les hago fotos a todas.

Eupatorium cannabinum

Como se puede ver por las fotos, la senda ha dejado de serlo y se ha convertido en una pista en toda regla, con sus roderas incluidas y todo. Todavía no nos da el sol, sólo ilumina las laderas más altas de las montañas que nos rodean.

Esta pista tiene una explicación, nos acercamos a un lugar que seguro ha hecho la delicia y seguirá haciéndolo de los que se consideran más intrépidos y aventureros y que confirmará el origen del cable que he fotografiado antes con el zoom.

Se trata del final de una gran tirolina que parte desde el otro lado de la montaña a las afueras del pueblo del Hoz de Jaca. La PR-HU 78 pasa de largo, dejándola a su izquierda.

De hecho, si os fijáis en la foto bajo estas líneas, a la derecha del todo,hay un poste que tiene pintados los colores blanco y amarillo, formando una x. En el monte, cuando las señales aparecen así, quiere decir que el sendero que lleva esos colores y cuyas bandas vienen siendo horizontales, no continúa por ese punto.

Nosotros sin embargo nos vamos a acercar a visitarla. Subimos por el camino que nos aproxima a la tirolina. Vemos que por ahora no hay nadie allí. Es muy temprano.

Llegamos hasta una caseta de madera. Hay colgado un cartel que ofrece la posibilidad de hacerte una foto de recuerdo en el momento en el que llegas suspendido de los cables y conseguirla después en una app. Un poco más allá, se ve una estructura, como una plataforma, con forma de voladizo, que es el lugar donde los que se descuelgan desde el otro lado «aterrizan».

Resulta que esta tirolina, que se llama «Tirolina Valle de Tena«, es la más larga y la que está a más altitud de toda Europa. Son 120 metros de altura sobre el pantano de Búbal y 950 metros de recorrido. La cabecera de la tirolina está en un mirador, en el propio pueblo de Hoz de Jaca, que es desde donde se deja caer la gente para después llegar hasta donde nosotros nos encontramos.

Con el zoom fotografío la cabecera de la tirolina en Hoz de Jaca y el cable que llega hasta nosotros
Vista del pantano y del cable de la tirolina a la derecha de la foto

Nos hacemos una foto de recuerdo. Coloco el mini-trípode perfectamente apoyado en una barra metálica de la estructura y posamos. Ahora ya retomaremos el camino. Son las 9:18 horas.

Inmortalizamos el momento en las instalaciones de la tirolina

Seguimos marchando por la pista que de nuevo se va estrechando cada vez más. Veo varias rocas de granito. Una, a un lado del camino, otra, sobresale de la tierra en la falda de una ladera. Esta última es grande, tanto como una persona de tamaño medio, y eso que no se ve entera.

Estas rocas presentan las típicas estrías, a veces con forma de estrella, es la consecuencia de lo que se llama la meteorización del granito. Aquí, en el valle del río Gállego donde nos encontramos, es un lugar propicio para encontrarlas. Con la mejoría que ha experimentado el clima en los últimos 10.000 años, (recordemos que los grandes glaciares pertenecen al cuaternario que terminó hace 12.000), la evolución del granito por procesos físico- químicos ha creado estas formas, dejando en resalte las vetas más resistentes.

A las 9:26 horas, llegamos a la altura de un poste que aparece a nuestra izquierda y de una indicación clavada en un árbol a nuestra derecha. Hay que prestar atención porque la pista por la que vamos sigue recto y en descenso, pero si queremos llegar a Santa Elena por la senda que va por el monte, debemos desviarnos a la izquierda, abandonando la pista e internándonos en el bosque.

Es difícil confundirse si se presta atención. El caso es no dejarse llevar por la inercia y seguir caminando por la pista. Hay que evitar pasarse el desvío si , por ejemplo, vas hablando despistado. El camino que hay que tomar está acondicionado en su primer tramo con unos troncos que hacen de escalones para facilitar la subida. El poste nos indica que desde aquí al puente de Santa Elena hay 3.4 km y 1 h 25 min.

Pero antes de seguir adelante nos vamos a hacer una foto justo en este punto. El problema, como siempre, es encontrar un lugar idóneo dónde apoyar el mini- trípode (ya os conté que llevo uno igual de largo que un boli, con tres patas que se pueden retorcer a discreción), cuando no hay ningún lugar disponible. Pero justo enfrente está el cartel de madera clavado en el árbol. Con un poco de maña, tal vez consiga apoyarlo ahí.

Además me doy cuenta de que si lo pongo en ese lugar, puedo enfocar el inicio de la senda. Perfecto. Allá voy. Lo apoyo, se mueve, lo vuelvo a apoyar, nada, no se equilibra…y de pronto…¡ostras! aparecen por detrás de la señal unas habitantes inesperadas, aunque pensándolo mejor, el que las estoy molestando soy yo. Son arañas. Un montón.

Yuexi me mira atenta mientras yo con el macro intento hacer fotos a las arañas

No están quietas e intentan subirse por la cámara y por mi mano. Son unas arañas con un cuerpecillo pequeño, de forma ovalada, como una legumbre, de color marrón claro, con una mancha más oscura en el centro y unas patas delgadas y larguísimas respecto al cuerpo.

Como no podía ser menos y una vez repuesto del «susto» inicial (a nadie le gusta encontrarse con un montón de arañas sin avisar) me pongo, usando el macro, a hacerles alguna foto.

Una opilión, o segadora, como se les llama también en España

Estas arañas son las Opiliones o arañas de patas largas. Son antiquísimas, y están por todo el mundo. En Escocia, unos científicos encontraron un fósil bien conservado de una araña de patas largas que se cree que tiene 400 millones de años de antigüedad. ¡200 millones de años antes que los dinosaurios!.

Opilión deriva de latín opilio, palabra que significa «pastor de ovejas». Este nombre parece derivar de la posición elevada del cuerpo que recuerda a la de los antiguos pastores de ovejas europeos que iban en zancos para vigilar mejor sus rebaños, aunque también puede venir del movimiento de su segundo par de patas, que recuerda a la vara de los pastores. En España, los opiliones reciben los nombres vulgares de «segadores» o «murgaños». 

Aunque no lo creamos, a pesar de que las arañas de patas largas son arácnidos, están más relacionadas con los escorpiones que con las propias arañas. Sólo tienen un par de ojos, no producen seda y tienen el cuerpo regular, en lugar de esa especie de «cintura» que podemos ver en la mayoría de las arañas. Pueden llegar a vivir entre dos y siete años, ahí es nada, para una araña tan pequeña. Suelen habitar en lugares húmedos y más bien sombríos, como es el caso.

Pues bien, después de hacer unas cuantas risas con el tema de las arañas, nos hacemos un selfie con el móvil, -no voy a apoyar la cámara entre los opiliones de nuevo, evidentemente-, y proseguimos la marcha. Son las 9:34 horas de una estupenda mañana de verano.

En este selfie se pueden ver los troncos colocados a modo de escaleras

La senda, en principio, asciende un poco, pero enseguida se nivela y empieza a bajar, incluso de forma abrupta. La vegetación, a tramos, se llena de un musgo verdoso, similar al que vimos en las piedras del muro un rato antes, pero es mucho más largo y espeso. El firme de momento es bueno, y la vegetación forma a nuestro alrededor un bonito pasillo que filtra la luz del sol.

Pero pronto notamos que el camino desciende más y más, y no va haciendo zig zags, la pendiente ahora es pronunciada. Llegamos a un tramo donde una gran roca plana y larga, como si fuera un muro, se extiende a modo de pared marcándonos el límite por la derecha. El suelo está lleno de hojarasca, con lo que se hace algo resbaladizo, hay que ir con cuidado.

En esta parte la que peor lo pasa es Yuexi, ya que por el tipo de suela que lleva, no tiene mucho agarre. Va muy despacio. Le ayudamos entre todos y proseguimos. Al rato, el suelo se convierte en tierra suelta, lo que lo hace incluso más inestable y resbaladizo. Poco a poco y con ayuda de los bastones va descendiendo. Yo pienso en la vuelta, va a ser lo mismo, pero además habrá que superar la pendiente. Son las 9:43 horas.

Noto que estamos bajando de cota rápidamente, vamos directos hacia el cauce del río Gállego. El camino por un instante se nivela algo, aunque enseguida vuelve a coger pendiente en claro descenso. Vamos por un tupido y bonito bosque mixto de hayas y árboles de hoja caduca.

Mientras voy siguiendo la senda, veo al fondo mucha más luz. Llegamos a un punto donde la espesura se abre y clarea. Se puede ver la ladera de la montaña que tenemos enfrente. De repente, al llegar a una curva del camino, y a nuestra derecha, aparece el el enorme dique de hormigón que represa el agua del pantano de Búbal. Más abajo vemos una carretera asfaltada que lleva a la base de la presa.

Pero algo más llama nuestra atención. En el cielo azul, muy arriba, vemos un gran avión, es el Beluga, que vendrá seguramente de Toulouse e irá a Sevilla, donde se ensamblan piezas de los reactores Airbus. Apuro el zoom al máximo y le hago una foto. No es muy clara pero permite apreciar su forma característica de cetáceo.

El camino que tenemos que seguir ahora hace una curva hacia la izquierda, pero deja a la derecha otra senda que parece conducir directamente a las instalaciones de la presa. Una señal como las típicas de tráfico prohibiendo circular, advierte que está prohibido el paso, es de la Confederación Hidrográfica del Ebro. En este punto nos hacemos un selfie y continuamos.

Antes de llegar a la presa de Búbal

Seguimos descendiendo y nos internamos otra vez en un tramo rodeado de vegetación. Hay una indicación de la PR-HU78 con sus característicos colores blanco y amarillo a un lado del camino, pero casi no se ve. De todas formas con seguir el sendero hacia abajo no hay pérdida.

Después el tramo acaba en unas estrechas escaleras de cemento que dan acceso a la pista asfaltada.Hemos llegado a la zona de la presa. Decidimos no continuar la excursión hasta visitar los alrededores de la pared de hormigón para ver más de cerca toda la estructura. Nos hacemos una foto y seguimos. Son las 10:11 horas.

Foto en las escaleras que llegan hasta la carretera de la presa

Aunque el agua de esta presa aquí no mueve ninguna turbina, pues es para riego, bajando el valle, en la central hidroeléctrica de Biescas, sí lo hace. El embalse de Búbal fue construido y es explotado por la Confederación Hidrográfica del Ebro para regular el Gállego y asegurar los regadíos de la cuenca.

A medida que vamos caminando, vemos una señal que prohíbe el paso de vehículos no autorizados. Vamos andando, así que seguimos adelante seguros de que no estamos incumpliendo ninguna norma. De todas formas no vamos a tocar nada.

Vamos hacia la pared de la presa para verla de cerca

Cuando llevamos unos cuantos metros de pista,vemos que por la pared de la derecha, una surgencia de agua cae formando lo que se conoce como travertinos o tobas.

Hay zonas en la montaña en la que abundan los afloramientos calcáreos. Si el agua fría circula por ellos,las disuelve con facilidad y se satura de carbonatos. Si encontramos un salto de agua que va pegado a la pared,como éste que vemos, y que además permite el crecimiento de vegetación, los cambios de temperatura y la desgasificación en anhídrido carbónico del agua provocan la sedimentación parcial de los carbonatos por sobresaturación.

El agua, al circular saturada de carbonatos, tiende a englobar hojas y ramas, formando la acumulación rocosa llamada travertino o toba. Estas formaciones son muy porosas y frágiles. De todas formas, los de mayor espesor se calcula que se podrían estar formando desde hace mucho tiempo, coincidiendo con la desaparición de las lenguas glaciares (hace 12.000 años aproximadamente).

Travertinos o tobas

Nos hacemos una foto de recuerdo junto a los travertinos apoyando el trípode en una pilastra «quitamiedos» que hay justo enfrente y seguimos avanzando hacia la pared de hormigón de la presa.

Una foto junto a las tobas

Avanzamos por la carretera asfaltada y oímos gran estruendo lejano ¿qué será?. Enseguida lo vemos. Un gran chorro de agua sale de una caseta que está al pie de la base de la presa. Están seguramente manteniendo el cauce ecológico, aliviando algo el pantano. Nos acercamos.

A medida que voy acercándome, el gigantesco muro de hormigón se hace más grande a la vista. Sólo pensar en que detrás de ese «tope» que ha construido el hombre, hay un montón de metros cúbicos de agua empujando para vencer la resistencia que le pone el dique, me impresiona. No puedes dejar de imaginar qué pasaría si de repente la presa colapsara y toda ese agua saliera de golpe.Te sientes indefenso.

Voy avanzando y alcanzo la posición del aliviadero. Como os podéis imaginar el ruido es ensordecedor. A saber a la presión que saldrá el agua. Desde luego, será mucha.

La presa de Búbal es de las llamadas de arco-gravedad.Tiene 90 m de altura y 195 m de longitud de coronación, a una cota de 1.088 m sobre el nivel del mar.

Se inauguró el 31 de diciembre de 1.971 del siglo pasado. Casi les dan las uvas, como se suele decir, pero lo consiguieron. Crea un embalse de 64 Hm3.

Como sabemos, y si no, yo os lo cuento, un hectómetro cúbico son mil millones de litros de agua, esto es, un gigalitro, así que como veis, las cifras en cuanto a su capacidad, resultan como poco impresionantes y mentalmente en principio difíciles de imaginar. (1 Hm3= 1000.000.000 litros)

En cuanto a su superficie ocupa 312 hectáreas.Una hectárea es un cuadrado de 100 metros por otros 100 metros, esto es 10.000 m2. A veces cuando se habla de medidas de superficie se dice que algo equivale a » x campos de fútbol». En este caso podrían caer en la tentación de decir que el pantano ocupa una superficie equivalente a 312 campos de fútbol. ¡Falso! nada más lejos de la realidad.Un campo de fútbol normal, es menor a una hectárea, suele tener de media unos 105 x 68 metros, con lo cual serían en torno a 7.200 m2 solamente.

Cuando llego al final de la pista veo como se apoya el dique de contención en la ladera de la montaña y también unas escaleras que suben hasta la zona de la coronación. Ahora sí que estoy en la base.

Levanto la vista y tengo todo el enorme muro de hormigón justo por encima de mi cabeza. Le hago una foto. Ahora sí que puedo imaginarme toda el agua al otro lado. Sólo esa pared me separa y protege de ser engullido por el pantano.

Sigo investigando y justo a ras de suelo, en la pared, hay un túnel. Se ve una gran verja de hierro que tapa la entrada. Observo que profundiza hacia dentro del dique. El fondo es oscuro, no llega la luz. No se puede ver su longitud. Huele a humedad, el aire es más fresco que el del entorno, y a mí este pasadizo me transmite un cierto aire siniestro, incluso inquietante.

Me voy sin tan siquiera hacerle una foto. Nunca había estado en la base de una presa, a partir de hoy ya no puedo decir que no. Retrocedo sobre mis pasos y vuelvo a la zona de las escaleras de cemento que dejamos antes, ya para proseguir la excursión.

Mientras voy avanzando veo que el agua que sale del chorro a presión va directamente a una zona que está excavada en la roca siguiendo el lecho del río. Se ve una una pequeña presa que une ambas orillas. Ha formado un embalse alargado que luce un bonito color azul.

Ya todos reunidos otra vez en las escaleras de cemento donde nos hicimos anteriormente una foto, seguimos la caminata. Es muy sencillo continuar por la PR-HU 78. Recorres unos poquísimos metros por la carretera en dirección sur y un cartel te indica que debes entrar otra vez en la senda que va por el bosque. Son las 10:34 horas.

El camino se interna en un precioso bosque de hayas, que seguro en otoño, con los colores propios de la estación, tiene que merecer la pena acercarse a visitarlo. Es relativamente ancho y plano, pero estamos ascendiendo, nos alejamos de la zona más baja por donde discurre el río aunque en paralelo a él.

De todas formas, enseguida el camino vuelve a descender. aunque en algún tramo nos encontramos con un pequeño repecho. Hay una zona en concreto en la que la pendiente lateral que está a nuestra derecha es importante.

En este punto hay que ir muy atentos e intentar no resbalar, pues si nos caemos, nos podemos hacer daño.No obstante han colocado un cable de acero sujeto a los árboles para que te puedas agarrar y así evitar sustos. Yo creo más bien que estará pensado para la época invernal, cuando nieva y se forma hielo.

Seguimos bajando. Ahora se nos presenta otro inconveniente. Un árbol nos cierra el camino. Es un haya que se ha caído. Podemos intentar pasar por debajo, pero hay que agacharse mucho. Otra opción es pasar por encima, pero tampoco es fácil.

Al final nos montamos en el árbol como si de un caballo se tratase y agarrándonos en otro más pequeño que está junto al tronco, nos dejamos caer hacia el otro lado, eso sí, con cuidado de no deslizarnos hacia delante, pues el tronco parece que te quiere escupir hacia el fondo del valle. Os aseguro que en la foto parece menos complicado de lo que era.

La senda continúa y llegamos a la altura de una especie de muretes hechos con lo que parecen lascas de pizarra. Quedan a nuestra izquierda. Nos damos cuenta de que entre éstos, un árbol, y algunos arbustos, se abre una especie de camino que se dirige directo a la ladera de la montaña. Vamos a ver que es.

Cuando lo tomamos, nos conduce a un espacio cubierto de hojarasca al pie de una impresionante pared de roca gris. Yo sabía que íbamos a pasar por una antigua cantera de pizarra en desuso. Tal vez sea éste el lugar de la antigua explotación.

Pero una vez que salimos de este lugar, me doy cuenta de que todavía no hemos llegado a la cantera de pizarra. Y esto lo deduzco porque el camino va paralelo a una tremenda trinchera excavada en la falda de la montaña. Hay que ir con cuidado, mejor no acercarse demasiado. Queda a nuestra izquierda. Esa debe ser la cantera principal.

Y efectivamente así es. El camino continúa bajando pero hay un pequeño desvío para entrar propiamente a la cantera. Vamos visitarla.Nada más llegar te encuentras con una pared totalmente lisa a la izquierda y otra enfrente de ésta, totalmente irregular. En la primera se ven unas cuantas clavijas de las que se utilizan para practicar la escalada. Imagino que los aficionados a este deporte aprovechan estas paredes a modo de pequeño «rocódromo» para entrenar. Son las 11:15 horas.

Después de visitar la cantera nos vamos, y retomamos la senda, que continúa bajando. Pasamos junto a un montón de losetas y trozos de pizarra de diversos tamaños que cubren gran parte de la ladera a nuestra izquierda y también del camino. Especulo con su origen ¿serán tal vez sobras? ¿trozos imperfectos sacados de la cantera que no sirvieron para su propósito? ¿recortes?, vete tú a saber, pero hay muchas por el suelo.

El camino, en su descenso, hace una curva a la derecha y rodea un haya, que por lo menos, será centenaria. Tiene un tronco enorme. Da gusto ver árboles tan grandes, es un haya común; «Fagus sylvatica» , un árbol caducifolio de la familia de las fagáceas.

Nos encontramos un haya enorme

Y seguimos bajando y bajando. A la vuelta habrá que volver a subirlo todo, no es la primera vez que pienso esto, y es porque me preocupa sobre todo Yuexi y sus deportivas. El bosque nos envuelve con su manto verdoso y el aire es puro y fresco, huele a vida, a vegetación.

Al rato nos volvemos a encontrar con otro árbol cruzado en el camino. Y van dos. Este lo pasamos por debajo, agachándonos lo más posible y quitándonos antes las mochilas para no quedarnos enganchados con el tronco.

A las 11:35 horas la senda llega casi al nivel del río y lo hace dejándonos ver unas preciosas pozas de agua azulada donde, por cierto, se está bañando gente. Nos encanta el lugar. Es muy bonito y sólo la vista de las pozas resulta refrescante.

Intentamos hacernos alguna foto con las pozas y el río de fondo. Hay mucho contraste entre la zona de sombra y de luz, por la hora que es, resulta difícil sacar una buena toma. La senda sigue en descenso.

Seguimos el curso del río que a veces adquiere tonos verdosos reflejando la vegetación circundante, y otras tonos más azulados, como el cielo.

Una vez que recorremos toda la longitud de las pozas, el camino empieza a ascender. Justo un poco antes de la zona más elevada, y a mano derecha, nos encontramos con un puente tibetano. Es un sistema de cables de acero, que unidos forman una especie de vía de paso. En la foto que pongo casi no se distingue, pues la sombra de los árboles difumina las sirgas de metal, pero si nos fijamos bien, se ven.

El puente tibetano

Este puente sustituye el antiguo que había aquí, de estilo tradicional que servía para acceder al actualmente abandonado poblado de Polituara. Para cruzarlo hay que ir muy atentos y no tener vértigo. La caída al lecho del río, aunque ahora lleva agua, no es despreciable. Yo no lo pasaría sin ir asegurado.Nosotros no tenemos que cruzarlo para seguir nuestro camino, así que ahí se queda. En la parte más elevada donde tenemos una visión de gran parte de las «pozas», nos ponemos junto a un árbol y nos hacemos una foto en este bonito lugar antes de continuar la marcha.

Un poco más allá del puente tibetano y del lugar donde nos acabamos de hacer la foto, hay colocado un panel informativo que nos dice que desde aquí, hasta Santa Elena, entramos en un «Espacio Natural de Multiaventura».

Continuamos y el camino discurre ahora entre unas paredes de roca, hemos abandonado el bosque cerrado y podemos ver de nuevo el horizonte.

Una vez dejamos este último tramo, a nuestra derecha, podemos observar todo el valle, y en la lejanía, en el vértice de una «V» que parecen dibujar los perfiles de las montañas, se adivina la silueta de un edificio blanco. Con el zoom lo enfoco y es la Ermita de Santa Elena, el lugar a donde nos dirigimos.

Máximo zoom sobre Santa Elena a la distancia de la foto que está encima de ésta

Pero esta visión del valle ha durado poco tiempo porque otra vez el camino se interna de nuevo en el tupido y frondoso monte.

Volvemos a caminar por los bosques de hayas y otros árboles. De vez en cuando hay marcas blancas y amarillas de la PR-HU 78 pintadas en los troncos. De todas formas el sendero no tiene pérdida.

La senda es plana y no supone ningún esfuerzo adicional marchar por ella. Este tramo del camino es muy llevadero. Serán las 11:52 horas cuando a nuestra izquierda nos encontramos con un poste que indica una bifurcación hacia la derecha que sube por la ladera.

Es el sendero que se puede escoger si quieres ir por la zona del hayedo de Tripilituara. ¿Os acordáis de que anteriormente unos kilómetros más atrás también nos daba esta opción que finalmente desechamos?. Ahora está claro, se sale al mismo sitio, pero por rutas diferentes. Por lo tanto, se podría hacer una ruta semicircular utilizando esta senda como ya os expliqué. Nos quedan unos 20 minutos de marcha efectiva, sin paradas, y 1,1 km para llegar a Santa Elena según la indicación del poste.

Seguimos y de pronto el paisaje se abre otra vez. Vemos perfectamente la carretera que sube a lo largo del valle hasta la frontera francesa. A la derecha del camino hay colocado un pilote de madera que tiene grabada la palabra «ametralladora».

A partir de este punto es cuando nos damos cuenta de que hemos llegado a la zona de posiciones defensivas denominada la «Línea P». Parece que, si quieres ver la trinchera donde estaba ubicada dicha ametralladora, hay que bajar por una senda situada a la derecha. Nosotros decidimos continuar.

Otra vez la senda nos conduce entre medio del bosque, perdiendo de nuevo la vista del valle. En nuestro avance nos encontramos con un torrente que baja con cierto caudal. Han construido una pequeña pasarela metálica para atravesarlo y así hacer más llevadero el camino a los senderistas. Es de agradecer. Nos hacemos una foto en este lugar tan bonito. Estamos de buen humor y la excursión está resultando muy agradable. Son las 12 horas.

Seguimos caminando y ahora sí que nos vamos encontrando cada vez con más vestigios de la «Línea P» o línea Pirineos. Otro pilote dice «mortero». Pronto se ve una especie de agujero de hormigón de forma rectangular en el suelo, que tal vez fuera empleado para guardar las municiones, y más allá, una trinchera circular con una base más elevada en el centro, también circular, que sería donde se colocaba el arma.

¿Pero qué era esta línea y quién planificó su construcción?. La línea P u organización defensiva de los Pirineos, comprende una serie de barreras defensivas construidas entre 1944 y 1959 por el régimen franquista para blindar la frontera ante posibles ataques invasores desde Francia.

El proyecto inicial de Franco contemplaba levantar entre 8.000 y 10.000 asentamientos militares a lo largo de los 500 kilómetros aproximados que los Pirineos abarcan desde el Cantábrico hasta el Mediterráneo. Realmente «sólo» se construyeron unos 4.000 búnkeres en lo que fue la línea defensiva más grande realizada en Europa después de la Segunda Guerra Mundial .

En Aragón existen 20 “núcleos de resistencia” numerados del 101 al 120, cubriendo todo nuestro Pirineo, desde el valle de Zuriza hasta Benasque.Cada núcleo podía llegar a albergar más de cincuenta obras defensivas. Aragón es la región que posee menos densidad de núcleos, debido probablemente a que en muchas partes de nuestras montañas se superan los 2.500 metros de altitud, lo que proporciona una defensa natural difícil de cruzar.

Esta zona por la que vamos caminando, corresponde al «Núcleo de Resistencia 106″. Se proyectaron en este sector 51 elementos defensivos, de los que se llegaron a construir 18, conservándose hoy en día al menos 14.

Podemos comprobar que servirían perfectamente para batir la carretera que tenemos enfrente y que discurre por el valle. Algunas posiciones actualmente están destruidas, otras se han perdido entre la vegetación y otras están sumergidas por el agua del pantano de Búbal.

Nos hacemos una foto junto a un nido de ametralladoras, que por cierto, afortunadamente, como toda la «Línea P», jamás llegó a entrar en servicio, porque muchos de estos emplazamientos defensivos, de haberlo hecho, incluían crear un campo de minas a su alrededor.Son las 12:20 horas.

Junto a un nido de ametralladoras de la » Línea P»

Una característica común de todas estas obras, es que, con el paso de los años, han quedado totalmente cubiertas por la vegetación del entorno, por lo que si no hubieran sido limpiadas y señalizadas, pasarían desapercibidas para el caminante.

Toda la obra se hizo de hormigón, pero para mimetizarse con el terreno y que no fuese identificada por el enemigo fácilmente, se enmascaró a base de cubrirla con piedras. El armamento al que daba cobijo era variado. Había cañones de infantería, cañones contra carro, ametralladoras, morteros, posiciones para fusileros, ametralladoras antiaéreas, depósitos de víveres y municiones y dependencias para el personal.

La «Línea P», se mantuvo supervisada durante mucho tiempo, considerándola una zona estratégica, pero terminó por abandonarse en la década de los años ochenta del pasado siglo, cuando España ingresó en la OTAN. Ahora ya sólo son una parte de la historia y una atracción turística para los aficionados a la arqueología militar.

En nuestro caminar hacia Santa Elena y después de dejar ya los vestigios defensivos, al menos de momento, pasamos junto a una vía ferrata que utilizan los montañeros para practicar escalada. También podemos ver enfrente, sobre la carretera, un travertino o toba de un tamaño sorprendentemente considerable en relación con la vegetación circundante (a la izquierda en la foto se ve el tronco de un árbol). Tiene un color amarillento muy curioso.

Son las 12:27 horas cuando llegamos a la Batería de San Martín, fortificación de fusileros de la Línea P, muy cerca del fuerte de Santa Elena. Esta posición se construyó en el siglo XIX, era la batería de fusileros de la parte baja del fuerte de Santa Elena, que fue modificada y mejorada para integrarla en esta línea defensiva. Desde aquí es perfectamente posible también controlar la carretera A-136 que va en dirección a Francia.

Y es que en la cima del monte de Santa Elena, se encuentra el fuerte fusilero del mismo nombre, construcción del siglo XIX que reemplazó como guardiana a la levantada en tiempos de Felipe II (siglo XVII) por el ingeniero Spannochi, dentro de la red de fortificaciones que defendían los pasos fronterizos con Francia.

Este fuerte ya lo ví yo en tiempos. Como queremos ir a la Ermita y llegar al dolmen, y además hay que subir un buen trecho, no parece entrar en nuestros planes inmediatos visitarlo y lo dejamos para otra ocasión.

Antes de irnos, pedimos a una excursionista que nos haga unas fotos en grupo junto al enclave. Después, queremos entrar en la posición, que por cierto, se aprecia claramente, ha sido construida aprovechando que la roca forma un saliente corrido a lo largo de esta parte de la ladera de la montaña, que han cerrado añadiendo unos gruesos muros de piedra.Jorge y yo nos aventuramos por el interior. A Yuexi no le apetece demasiado y se queda con David en el exterior. De momento, no entran.

El lugar es chulo, puedes imaginarte a los fusileros sacando sus armas por las aspilleras, perfectamente camuflados y protegidos y disparando a sus hipotéticos objetivos allá abajo en la carretera que va por el valle.

No hay mucha luz, sólo la que entra por los ventanucos. Alguna zona está totalmente sumida en la oscuridad. Recorremos toda la extensión de la obra y descubrimos que se puede salir por el otro lado, eso sí, agachando bastante el riñón.

Cómo nos ven aparecer sanos y salvos, Yuexi se anima a entrar al menos en el primer tramo donde nos hacemos una foto todos juntos. Son las 12:44 horas. Nos vamos.

Después de dejar las aspilleras de los fusileros pasamos por una zona de la «Linea P» que servía para alojar una tropa de aproximadamente una dotación de diez soldados con un sargento al mando.

Estos soldados también eran los encargados de manejar un par de cañones anticarro en la misma posición. Entramos, hay muy poca luz y eso que estamos al mediodía. Son estancias vacías, sin ningún objeto salvo las paredes, y lo único que se ve son las bocas por donde se sacarían las piezas artilleras al exterior, y que, según explican en un panel informativo, podían batir la carretera de enfrente con una profundidad de 500 m. Son las 12:38 horas.

Zona de los cañones anticarro

Bueno, pues dejada ya definitivamente la «Línea P» en este sector, vamos a visitar el dolmen y el calendario celta. Subimos por la ancha pista (por la que pueden ir los coches) y enseguida un cartel nos manda por un sendero que desciende hacia la derecha. Estamos en la base del Pico de Fajalata (2.156 m) , en la Sierra de Tendeñera. Enseguida llegamos a una explanada donde hay un montón de troncos apilados y unos coches estacionados, seguramente de la gente que va a visitar la Ermita y la vía ferrata. Caminando unos metros, llegamos al dolmen de Santa Elena.

El dolmen que se conoce no es la formación original, ya que hasta que llegó la guerra civil a tierras aragonesas, el conjunto contaba con dos dólmenes. Durante la contienda, éstos fueron destruidos y en la década de los setenta del siglo XX se reconstruyó, con piezas originales, el que ahora se puede contemplar.

Ya visto el dolmen, nos hacemos unas fotos y nos acercamos al calendario celta. Son las 13:04 horas. La verdad es que me esperaba otra cosa en cuanto al calendario. No es nada especial en cuanto a su diseño, pues sólo son unos círculos formados con piedras colocadas en el suelo. Quizás su importancia radique, para los entendidos, más en lo que representa, que en lo que se ve.

Parece ser que, según las teorías tradicionales, y luego matizaré por qué digo esto, hasta aquí llegaron algunas tribus celtas desde la Galia a partir del año 600 a.C. que se establecieron en esta zona. Las fronteras no existían como las conocemos ahora, y los Pirineos eran más permeables, no suponían ninguna demarcación que separase un lado del otro. De hecho los romanos llamaron a este río el Gallicus (Gállego), por su lugar de procedencia, la Galia, o tierra de los galos.

Este es el pueblo que van a encontrar los romanos en esta zona cuando conquisten la península ibérica.Algunas tribus celtas se aliarán pronto con ellos; otras, en cambio, resistirán hasta el exterminio. Pero, en definitiva, con los romanos, tendrá lugar el primer proceso integrador de lo que, hasta ese momento, no era más que un mosaico de tribus que habitaban en esta parte del Pirineo.

Pero hablemos un poco de estos pueblos que estuvieron aquí hace mucho tiempo.Los autores clásicos utilizaron el término celtíbero para referirse a todos los pueblos celtas de Iberia. Así que el término celtíbero agrupa a una serie de pueblos prerromanos celtas que habitaban desde finales de la Edad del Bronce (siglo XIII a.C) hasta la romanización de Hispania en el siglo II a.C. y hasta el siglo I a.C.).

La zona de la Península Ibérica denominada Celtiberia por las fuentes clásicas abarcaba no sólo los Pirineos sino otras zonas mucho más amplias de la península. Aunque también se piensa que son el resultado de la mezcla de los celtas propiamente dicho, con los íberos, pueblos del levante,más influidos por la cultura mediterránea.

Defensas y guerrero celtíbero

Los celtíberos eran un pueblo belicoso y guerrero que crearon muchos problemas a los romanos. De hecho tuvieron que librar en la península lo que llamaron las guerras celtíberas (hubo dos). Como curiosidad, en la Primera Guerra Celtíbera (181–179 a.C.) tuvo lugar una batalla en la zona de lo que hoy es la provincia de Zaragoza, que se llamó la batalla del Moncayo o Mons Chaunus que se refiere al enfrentamiento que tuvo Tiberio Sempronio Graco contra los celtíberos asentados a los pies de este monte, que se piensa, era su montaña sagrada, para impedir la expansión de los celtíberos por la Meseta y hacia el sur de la Península Ibérica. El resultado fue que ganó Roma; «Roma vincit».

Ataque celtíbero

Pero últimamente existe, basándose en estudios del ADN, una teoría aún mucho más fascinante y sorprendente sobre el origen de los celtas y que contradice todas las que se han venido manteniendo de forma tradicional, por eso antes decía que quería matizar esto. Esta teoría se basa en un estudio realizado por el profesor de genética y medicina molecular de la Universidad de Oxford, Bryan Sykes. 

Según este estudio, parece ser que los celtas que habitaban el Reino Unido antes de la llegada de sajones, vikingos y normandos, descienden de poblaciones procedentes de la península ibérica que cruzaron el golfo de Vizcaya hace más de 4.000 años.

Poblado celtíbero

Para llegar a esta conclusión, el equipo liderado por Sykes, tomó muestras de ADN a más de 10. 000 personas en el Reino Unido e Irlanda, en aras de elaborar un completo mapa genético, dando como resultado que los pueblos tradicionalmente denominados celtas; escoceses, galeses e irlandeses, tendrían un parentesco cercano con las poblaciones norteñas de iberia, a partir curiosamente de un haplogrupo que tiene su foco de emisión en el golfo de Vizcaya.

Celtíberos en la península

Los análisis en la composición del cromosoma y del ADN revelaron que las huellas dactilares de los celtas eran prácticamente idénticas a las de los habitantes del norte de España. Las afinidades genéticas son máximas entre irlandeses y cántabro-pirenaicos, y descienden hacia las poblaciones occidentales del norte de España.Así que según esto, el sustrato celta que encontramos en la península en el siglo VII a.C. se extendió desde el territorio ibérico, concretamente en la zona donde se ubicaba Tartessos, desde donde se expandió hacia Galicia y de ahí al resto de Europa, configurando así el mundo céltico europeo que conocemos. Fascinante ¿verdad?.

Guerreros de distintas tribus celtíberas

Bueno pues después de este paréntesis que me ha parecido interesante incluir en mi relato, continúo explicando el calendario que hemos visto. Está formado por doce meses y trece especies de árboles distintas. Los celtas pensaban que un árbol regía tu vida en función del mes de nacimiento. La explicación de que haya trece tipos de árboles es porque en esta cultura, hay un árbol muy representativo al que le corresponde un solo día, que es el tejo.

Nos vamos ya. Ahora toca llegar a la Ermita. Volviendo sobre nuestros pasos. A la izquierda nos topamos con una pequeña construcción que se llama el zoque de Santa Elena. Es de planta rectangular y era una pequeña capilla de tránsito que servía para congregar a los fieles que acudían a la ermita.

Lo vemos rápidamente y continuamos. Tenemos que recorrer la senda que hicimos antes para volver a la pista. La pista es ancha, y en subida constante, además permite que los coches circulen por ella. Pasamos por debajo de un túnel y llegamos tras varios zig zags al mirador de Santa Elena.

Desde el mirador se contempla todo allí abajo. La carretera, la explanada donde está el dolmen, y sobre todo el monte que tenemos enfrente y que siempre que lo he visto en la distancia me ha gustado e impresionado por lo frondoso que está. Toda la montaña es una mancha verde. Da gusto verla. Son las 13:23 horas.

Después de superar unas cuantas curvas entramos en un pinar y la senda nos lleva hasta la pradera donde está ubicada la ermita de Santa Elena, a 1.125 m de altitud. Es un lugar con mucha historia y rodeado de leyendas.Esta ermita está dedicada a Elena de Constantinopla, Santa Patrona de la Tierra de Biescas y de todo el Valle de Tena.

El edificio fue restaurado varias veces. En la época en la que era Rey de Aragón Jaime I el conquistador (1.213-1.276), ya se hicieron numerosas donaciones con este fin. La ermita ha sido saqueada, incendiada y reconstruida varias veces, por eso no se puede clasificar en un estilo arquitectónico concreto.

Desde aquí venimos (foto desde la pradera mirando hacia atrás)

Pues bien, lo primero que hacemos es llegar hasta la ermita y ver sus alrededores. Junto al edificio, a la derecha, mana una fuente, a veces de forma intermitente, de la que se puede tomar agua, la fuente se llama «La Gloriosa».

Que el agua mane de forma intermitente, a veces sí, a veces no, era atribuído por las gentes al malestar de la Santa por el comportamiento o actuaciones de la gente que no eran de su agrado, como por ejemplo una vez que dejó de salir agua durante 7 años hasta que el asesino de un Gascón que se dirigía a Francia en el año 1.490, y que mataron en el valle, fue detenido y ajusticiado.

Y es que este lugar está dedicado a la Santa porque según cuenta la tradición, en el siglo IV d.C, venía huyendo de los romanos por estas tierras y para evitarlos se escondió en una cueva que está junto al templo. Logró escapar de sus perseguidores tras una tela de araña tejida en la boca de la cueva. Como dice la leyenda: «Donde la araña tejió, Elena se escondió». Elena abandonaría su escondite pasado el peligro, lugar del que brotó milagrosamente la fuente y en cuyas piedras quedaron grabadas sus plantas como si de barro se tratara.

Una vez que vemos la fuente y los alrededores de la ermita, seguimos caminando por detrás del edificio y llegamos a una zona donde hay unas mesas de madera bajo una agradable sombra y que están a disposición de los visitantes, para, por ejemplo, comer, tal y como está haciendo una familia que tenemos al lado. Nosotros decidimos también descansar, comer algo y beber agua, aunque tampoco durante mucho rato pues hay que volver. Son las 13:45 horas.

Estamos comentando si comer en Panticosa, en el lugar dónde David y yo lo hicimos en la excursión al ibón de Ordicuso (puede verse la entrada en el blog), y parece que a todos les parece bien, así que más motivo para marchar ya pues hay que llegar a los coches aparcados en Hoz de Jaca.

Cerca de las mesas oímos voces que parten de una casa de piedra que está próxima. Nos acercamos a ver qué ocurre y dentro hay un montón de gente celebrando algo, y comiendo. Al fondo una hoguera que sirve para hacer a la brasa las viandas de las que están dando buena cuenta. Huele fenomenal, lo que aún parece despertar más el hambre que tienen mis amigos. Nos vamos pero aún nos queda una cosa más por ver.

A mano derecha, abandonando la pradera y dejando la ermita a nuestra espalda, hay unas escaleras que en descenso nos llevan a una curiosa cascada. Es la cascada de travertinos o tobas de Santa Elena. Cuando visitamos la presa de Búbal vimos algo parecido pero a mucha menor escala. Esto es a lo grande, muy bonito y espectacular.

En esta bonita cascada, el agua resbala por la pared, originando una serie de travertinos o tobas. La vegetación consume gran parte del C02 del agua para realizar la función clorofílica. Por eso, el agua pierde localmente su capacidad de disolver la cal y ésta precipita sobre la propia vegetación.

El proceso hace que todas esas plantas se calcifiquen, formando así las tobas y travertinos. Resultan muy curiosos los cortinajes de musgos petrificados que se van agrandando, superponiéndose unos a otros sobre el vacío, formando oquedades sobre la cornisa pétrea.

A las 14:07 nos metemos bajo la cascada, entre el agua y la oquedad. El agua cae en finos chorros, como formando pequeñas gotas que parecen perlas. Nos mojamos un poco pero es refrescante y divertido. Pedimos a unos excursionistas que nos hagan una foto y nos vamos.

Volvemos por donde hemos venido y llegamos a la zona que está más abajo, justo donde cogimos antes la senda para ir a ver el dolmen. Cerca está el puente de piedra que cruza el desfiladero que ha labrado el Gállego en la roca y que tiene una profundidad de 24 metros. Este puente permite acceder a la carretera.

Y aquí llegamos al momento clave de la excursión. Yo ya venía viendo como Yuexi parecía bastante cansada. Es ahora cuando creo que la idea de dejar un coche aquí y otro en Hoz de Jaca, hubiera sido la mejor decisión. Ahora hay que volver. 5,1 Km de ¡subida! y como poco 1 hora y 45 minutos a buen ritmo y sin parar.

Hay que tomar una decisión alternativa, y la tomo. Me ofrezco voluntario para volver solo, bajar con el coche y subirlos a todos otra vez a Hoz de Jaca. Es la única forma. Son las 14:30 horas. Si queremos que nos den de comer en Panticosa, hay que regresar rápido a los coches. Como me imaginaba Yuexi no dice que no a la idea. David se queda con ella. Jorge no me quiere dejar volver solo y se anima a hacer el camino de vuelta conmigo. Perfecto, se lo agradezco. Iniciamos la marcha.

Perfil de la excursión, a la ida y a la vuelta

Esta vez es todo hacia arriba, o la mayor parte del trayecto. A Jorge medio en broma, medio en serio, le propongo algo, le digo; ¿tú viste la película «El último mohicano«?, me dice que sí. ¿Te acuerdas cuándo iban corriendo por el bosque con los mosquetes en vez de caminando?, pues le digo: si te ves con fuerzas, vamos a hacerlo nosotros.

Dicho y hecho. Nos ponemos a correr, cuesta arriba. Y encima es que yo no me he dado cuenta y llevo la mochila a la espalda…se la podía haber dejado a Yuexi y David en Santa Elena. Ahora ya no hay remedio. Vamos avanzando, a ratos nos paramos y cogemos un respiro, sobre todo yo, que soy más mayor, y seguimos. De todas formas estamos fuertes. La «machada» del día va bien. Yo estoy satisfecho con mi respuesta física, no me imaginaba que pudiera ir tan bien. Jorge va también fenomenal.

Pasamos la «Línea P», el puente tibetano, la cantera, llegamos a la presa, la tirolina…a las 15:56 horas estamos en el cartel aquel de color azul que os contaba esta mañana…y a las 16:0O hemos llegado a la señal de la carretera junto a Hoz de Jaca. Nos han sobrado 15 minutos sobre el tiempo que indica el poste, y teniendo en cuenta que ha sido casi todo el tiempo en subida.

Hemos llegado a Hoz de Jaca y nos ha sobrado tiempo
Ya junto a los dos coches, ahora en marcha y a recoger al resto
Casas de Hoz de Jaca

Cansados pero satisfechos, llegamos a los coches. Bajamos con el mío y recogemos al resto. Para ahorrar tiempo no volvemos a Hoz de Jaca a por el coche de David, sino que vamos directamente con el mío a Panticosa. Aparcamos y vamos deprisa a ver si nos dan de comer en el lugar que ya conocemos. Lo logramos por los pelos, estaban a punto de cerrar la cocina.

Esperando para comer algo en Panticosa

Después de comer aún nos quedan ganas de acercarnos en mi coche a ver el bonito pueblo de Lanuza, al lado del Pantano del mismo nombre y que mis amigos no conocen. Os dejo unas cuantas fotos para que veáis el pueblo.

Las calles de Lanuza
Torre de la iglesia de Lanuza
Las mazorcas de maíz secando al viento
En las calles del bonito pueblo de Lanuza
Las casas de Lanuza y la Peña Foratata de fondo
El pantano con gente bañándose, con sombrilla y todo
Con el pantano de Lanuza a nuestra espalda

Después de dar una vuelta por Lanuza, ahora sí definitivamente vamos a Hoz de Jaca donde Yuexi, David y Jorge cogen su coche para ir a otro lugar del Pirineo (pasarán un día más) y yo ya me despido de ellos, e inicio la vuelta a Zaragoza. Viajo solo, pero no me importa. Me encuentro bien, no estoy cansado y me gusta conducir. A las 20:40 horas estoy en Zaragoza y en mi garaje. He hecho hoy 371 km en total según indica el cuentakilómetros.

Bueno,os daréis cuenta de que un día puede cundir si se aprovecha bien. Espero que os haya gustado esta entrada tan extensa en contenido y no os haya cansado, pero es que se han visto muchas cosas y creo que merecía la pena contarlas. Si os decidís a hacer esta excursión y no estáis muy acostumbrados a caminar, los dos coches, si os es posible, uno en Santa Elena y otro en Hoz de Jaca, es una muy buena opción.

Gracias por leer hasta aquí y nos vemos, como siempre, si así lo queréis, en la próxima entrada del blog. Podéis hacer comentarios y darle al «like» si os ha gustado. ¡Hasta pronto! ¡saludos!.

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