El impresionante Cañón de Añisclo. Visita a la Ermita de San Úrbez. Los pueblos de Vió y Buerba.

Hola amigos fieles seguidores de mi blog. Ahora paso a relatar la segunda parte de la excursión que hice en solitario, el domingo 4 de agosto de 2019. Vengo de ver la ruta de las ermitas de Tella y he bajado desde este pueblo con el coche y me dirijo ahora a la localidad de Escalona. Como os cuento en otra entrada del blog, me planifiqué para acercarme al Cañón de Añisclo y recorrer al menos en parte, este magnífico paraje pirenaico. Os digo como llegar.

El Cañón de Añisclo, en su primer tramo, por aquí caminaré esta vez

Una vez en la entrada del pueblo de Escalona, y en una rotonda, a la derecha hay una indicación que dice Cañón de Añisclo y Valle de Vió, todo recto, y una indicación para ir a la Garganta de Escuaín, hacia la derecha. Nosotros tomaremos dirección Añisclo siempre. Tras una curva se puede entrar si quieres en el pueblo de Puyarruego, pero se deja a un lado y se sigue avanzando dirección Fanlo y Cañón de Añisclo. Hago fotos de las direcciones a tomar siempre que puedo, pero evidentemente, no en marcha, sólo cuando estoy parado y si la situación me lo permite.

Desde Escalona se accede al Cañón de Añisclo. Es Parque Nacional
Al lado de este gran panel indicativo de las distancias a diferentes pueblos, han colocado un cartel donde se nos recuerda que 2019 es el año del centenario del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido

Al cabo de un rato, te encuentras con un montón de señales, (el que no las vea es que está ciego), donde te indica que entras en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido y lo más importante, que la carretera se convierte vía de sentido único, es decir, que habrá que volver por otro lado, como ya explicaré. Esto lo hacen las autoridades en época  estival porque hay muchos más visitantes y como más tarde comprobaré, que pasen dos coches a la vez por un mismo tramo y cada uno en sentido contrario, es prácticamente imposible por la estrechez y las curvas que presenta esta carretera de alta montaña. Pero por otro lado, que sea de sentido único  es una gran ventaja. Puedes disfrutar del recorrido como yo hice y pararte tranquilamente a disfrutar del paisaje cuando hay arcenes disponibles, porque merece mucho la pena.

Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Territorio protegido

Pues bien, ya en sentido único continúo con el coche tranquilamente. Otra señal advierte de que este lo será durante los próximos 10 km.

10 Km de sentido único me esperan en una carretera que no me dejará indiferente.

Al poco rato la carretera se interna en el Cañón. Y aquí viene lo bueno. Paredes de roca desgastadas por el cauce me rodean, y más abajo, el río. El paisaje es absolutamente espectacular. Este paraje se conoce como el Desfiladero de las Cambras. Disfruto muchísimo contemplando todo esto. Me encanta la carretera, porque me gusta conducir y por estas rutas que no se han modernizado aún más.

Nada más empezar ya me interno con el coche en el cañón y las paredes de roca me envuelven.
Mi coche en un trozo un poco más «ancho» de la carretera. El sentido único está perfectamente justificado.

Cuando veo que la ocasión lo merece paro en sitios que veo que me es posible, la verdad es que no viene nadie. La vegetación, las paredes de roca y el agua abajo, junto con el trazado de la propia carretera le dan a todo un matiz difícil de olvidar, al menos para mí. Es como ir por el congosto del Ventamillo o el de las Devotas pero a lo bestia.

El río abajo, y las paredes de roca que excavó hace miles de años formando el cañón
En esta foto , en la carretera, justo al lado de la señal azul, se ve mi coche. Sirve de referencia para hacerse una idea del tamaño de las paredes que me rodean. Y aún hay que bajar hasta el río.
El desgaste que ha hecho el río Bellós (o Vellós) sobre las paredes de roca es brutal

En un lateral veo una especie de cueva en la roca, en la que se han formado estalagmitas. Paro a verlas. Es curioso lo que hace el agua cuando disuelve poco a poco la roca. El agua carbonatada cayendo del techo gota a gota durante muchísimos años ha conseguido incluso convertir las estalagmitas en columnas al terminar de unirse con el propio techo.

A un lado de la carretera estas curiosas formaciones producto de las gotas de agua carbonatada que caen de lo alto
Algunas estalagmitas son más altas que una persona. La de años que habrá costado su formación, gota a gota

Continúo. La carretera cada vez se mete más y más en el cañón. Se puede ver como las paredes van ganando cada vez más altura y como dejan ver las grandes cicatrices y marcas que a lo largo de miles de años ha ido haciendo el agua del río.

La carretera serpentea el contorno que hizo en la roca el río Bellós cuando formó el cañón

Vuelvo a parar. Desde la carretera, apoyado en el quitamiedos, miro hacia abajo y veo los grandes bloques de piedras que han sido arrastrados, a saber hace cuanto tiempo, y que se han quedado ahí, atascados como testigos de la potencia del agua que los arrastró. A su alrededor el agua cristalina, verdosa incluso, que discurre por el fondo del río Bellós.

Piedras enormes atascadas en el cauce bajo del río. La fuerza del agua para dejarlas ahí tuvo que ser titánica

En un lateral, en la roca que da a la carretera, hay una placa. ¿Qué será? Me acerco. Dice: “ Cota alcanzada por la crecida del río Vellós ( o Bellós) el día 21 de octubre de 1.977” impresiona ver el lugar en que está colocada la placa porque supera ampliamente el nivel de la carretera. Y hay que contar con el trozo que queda hacia abajo, unos cuantos metros más hasta el lecho del río. La palabra que usaría para definir lo que veo es «espectacular». Ya me lo habían dicho, pero se quedaron cortos.

Placa conmemorativa de hasta donde alcanzó la cota de agua en una crecida del río
En esta foto, he rodeado con un círculo rojo el lugar donde esta la placa que indica el nivel que alcanzó el agua

Este cañón comienza aquí, pero tiene una longitud de 25 km . Va de norte a sur. La altura mínima es de 700 m sobre el nivel del mar pero llega hasta los 3.022 m en el pico Punta de las Olas, que es dónde termina. Los pueblos que existen en los alrededores se asentaron en la parte superior de sus paredes ya que el cañón es tremendamente estrecho.

En algunas paredes veo las plantas llamadas “atrapamoscas”, un montón de ellas. Es la Pinguicula. Vive sobre las rocas calizas que rezuman agua. Sus hojas son verde amarillentas y tienen un sustancia pegajosa. Con ella atrapan pequeños insectos, moscas y mosquitos que luego digiere. Mejor no ser insecto por aquí.

La vegetación es muy frondosa cerca del fondo, y más abierta y propias de climas más cálidos hacia la parte más alta. Esto no debería ser así. Y es que aquí se produce el fenómeno de la inversión térmica. En teoría, y en una situación normal, las plantas que necesitan más calor crecen a menor altitud. Normalmente, a medida que se asciende una ladera la plantas de climas más fríos crecen a mayor altura. Aquí con la inversión térmica, y al ser el cañón profundo y sombrío, el aire frío queda atrapado en el fondo, taponado por una capa de aire caliente. El aire frío pesa más, y no se puede elevar, pues no le deja subir el caliente que lo tapona. Por eso la temperatura es más fría en el fondo y más cálida a medida que se asciende por las paredes del cañón. Conclusión, el mundo al revés. Hayas, tilos, abedules y sauces están abajo y las carrascas y encinas  que son plantas de clima más seco están arriba.

Aquí se ve claramente la inversión térmica. Las plantas de climas más húmedos y sombríos están abajo

En un momento determinado la carretera cruza por un puente el río Bellós y como no viene nadie, (en realidad solo me pasaron algunos coches cuando estaba viendo las estalagmitas), paro en un lateral una vez pasado el puente y aprovecho para hacer unas cuantas fotos desde él al cauce del río y a las pozas de agua verdosa y cristalina que forma.

Me acerco a un puente, a la izquierda de la foto, que cruza al otro lado del cañón, sobre el río

Después la carretera se ensancha y va a parar a una zona donde hay una pequeña explanada y donde se puede estacionar con el coche, pues hay espacio suficiente.

Justo al lado de esta zona abierta, se continúa por un túnel que atraviesa la roca. Me hago una foto sujetando mi pequeño trípode a una piedra que sobresale. No será el único túnel. Hay alguno más. Son sombríos y frescos. Las paredes dejan ver la roca viva, que da la impresión, tuvo que ser excavada a base de pico y pala. Algunos túneles dejan pasar algunas gotas de agua, que caen del techo, seguro que de filtraciones de la propia montaña.

Junto a la explanada, comienza la zona de túneles
Como puedo, sujeta a un trozo de roca de la pared que sobresale, coloco la cámara para hacerme esta foto
Más túneles. Aún tuve que pasar alguno más antes de llegar a la zona de San Úrbez

Tras algunos kilómetros más por esta fantástica carretera, llego a mi destino. Y lo sé porque no soy el único. El lateral de la misma empieza a aparecer llena de coches aparcados. Veo muchos. Ahora entiendo por qué no pasaba nadie por la carretera. Ya estaban todos aquí, Veo un hueco, y como no sé como estará la cosa más adelante no me lo pienso y aparco.

Ya pertrechado de todo lo necesario, voy a comenzar la marcha. Pero llegar hasta aquí en coche me ha sorprendido tanto que podría haber sido otra excursión en sí misma. Me ha gustado un montón. He hecho un montón de fotos. Pues bien, me pongo a caminar. Al poco rato llego a una zona llena de carteles indicativos de las distintas rutas que se pueden seguir y un puente, bueno para ser exactos, dos. Las señales indican la dirección que podemos tomar si queremos acceder a varios lugares dentro del Cañón de Añisclo.

Carteles de todas las posibles rutas que se pueden seguir, indicando la duración en tiempo de cada una de ellas

Hay muchas posibilidades. Me gustaría hacer en otra ocasión la Ripareta (3 horas sólo ir). Lo más lejos que se puede llegar es al Collado de Añisclo (7 horas de ida). Son las dos de la tarde y no me va a dar tiempo a hacer ninguna de esas rutas, que pasen de dos horas de duración entre ir y volver, y más contando con que me entretengo bastante en disfrutar del entorno y hacer fotos. Tengo un buen trayecto de vuelta a Zaragoza y al día siguiente es de trabajo. Pero sí puedo hacer el circuito de la Ermita de San Úrbez. A por ello.

Lo primero es cruzar un enorme cortado que se extiende bastantes metros hacia abajo y por el que va encajado perfectamente el río Bellós (o Vellós, como también lo llaman). Hay un puente, el de San Úrbez, más moderno, que lo atravieso y que por su anchura, permite claramente el acceso a vehículos, y otro, justo al lado, mucho más antiguo, y claramente peatonal, que es de origen medieval.

El encajonamiento del río abajo, y las paredes que lo rodean, desde el puente nuevo de San Úrbez

Cuando estoy cruzando el puente «nuevo» me doy cuenta de que si pidiera a alguien el favor de que me hiciera una foto cruzando el puente «viejo» quedaría muy chula la instantánea. Y es posible, pues el antiguo puente de piedra está en una cota más baja. Así que veo a una excursionista que está esperando a unos amigos que vienen a lo lejos y que aún tardarán algo en llegar. Está apoyada en la barandilla. Aprovecho la circunstancia y le pido que me haga alguna foto. Se presta a ello rápidamente, es una persona muy agradable, todo hay que decirlo, así que voy corriendo al otro puente para no hacerle perder mucho tiempo y una vez allí me hace unas cuantas fotos. El puente está colgado sobre el vacío del cañón, pero en las fotos no se aprecia tanto como en la realidad, no le hace del todo justicia, pero bueno, al menos queda para el recuerdo.

En el puente medieval, por encima del cortado, saludo para la cámara

Ya en el otro lado, entras en una pista de tierra, bastante ancha, por la que hay que continuar y que va pegada a la pared de roca. Hay paneles y carteles referentes a la zona nada más cruzar. Tiene un murete de piedra bien acabado a su izquierda, de forma que te protege del cortado.

Pista ancha, incluso hay una especie de muro de piedra que te protege de caer al vacío.

Al poco tiempo, ya se ve la Ermita de San Úrbez. Es una construcción que está hecha aprovechando un hueco en la roca. También hay una estatua de la Virgen, totalmente blanca, en una hornacina natural que hay en la pared.

Al rato ya se vislumbra la Ermita de San Úrbez, hecha con un muro de piedra, aprovechando un hueco en la roca
Una pequeña imagen de la Virgen María está colocada en un hueco de la pared de roca próximo a la ermita

Me acerco a verla. Hay unas escaleras que te llevan a una puerta que está en alto. Llego hasta ella pero está cerrada. Mirando hacia dentro veo como un pequeño altar al fondo con unas velas y un poco antes, tapado con una especie plástico blanco hay como unas cajas. Tras las velas se ve una puerta. Quizás parte de la superficie de la ermita esté dentro de la roca. De todas formas todo tiene un aire de provisionalidad, como si estuvieran haciendo reformas.

La zona junto a la Ermita de San Úrbez es amplia y está bien pavimentada
Las escaleras de acceso a la Ermita de San Úrbez

Pasada la Ermita, y después de caminar un rato por la pista que aún conserva el muro de piedra, te encuentras con una bifurcación y un cartel que te indica cómo llegar a la zona de aparcamiento de San Úrbez y también a un viejo molino, el de Aso, que está junto a una cascada. Otro cartel advierte que el baño está prohibido, y lo dice también en francés e inglés, para que quede bien claro.

Pasada la ermita se continúa un poco más por la pista en todo momento protegida por el murete de piedra
El camino que se ve en la foto, más abajo, a la izquierda y en descenso, es el que hay que tomar . El cartel lo indica

La senda abandona la pista principal y va hacia la izquierda, descendiendo por un camino frondoso y fresco, lleno de vegetación. Será por la inversión térmica que comenté antes que hay tanta variedad de plantas. Veo hasta un liquen muy vistoso poblando ramas y troncos de muchos árboles jóvenes.

El camino es precioso todo verde y fresco

Hacia cualquier parte que mires hay una riqueza vegetal inmensa, es como una selva llena de árboles y plantas de todo tipo. Se siente el frescor y el aire huele a bosque.

Es exuberante el ecosistema arbóreo y de todo tipo de plantas que hay por aquí
Muchas ramas y troncos están llenas de líquenes y musgos
Esta mariposa parece una hoja más. Así evita a los depredadores. Aquí la fotografío libando el néctar de la flor

Tras un rato en continuo descenso, se llega a un puente de madera que cruza el río, pero yo decido bajar primero hacia un remanso y unas pozas que hay a ambos lados. Hay gente remojando los pies nada más. Al menos no se están bañando. O al menos yo no veo que lo hagan. Me acuerdo del cartel. Igual hacen caso. Aprovecho el agua fresca del río para mojar mi pañuelo de cuello que me protege del sol y también refrescarme la cabeza. Estos pañuelos, una vez húmedos, son un alivio para el calor una vez puestos tras mojarlos. Tampoco el calor es especialmente agobiante, pero viene bien.

El puente atraviesa el río y se interna otra vez en la selva
Vistas desde el puente hacia el Cañón de Añisclo. Quedan muchos kilómetros hacia dentro del mismo
El agua es pura y cristalina, transparente como el cristal. La nieve del invierno, derretida, baja de las cumbres
A mi espalda, te internas más y más en el Cañón de Añisclo. Por ejemplo a la Ripareta a 3 horas de aquí andando
Un hombre de azul junto al agua. A veces es bueno sacar gente porque te ayuda a darle dimensión humana al lugar

Cuando me dispongo a seguir, una montaña blanca aparece en el cielo como rivalizando con las de roca. Es una gran nube de desarrollo vertical, tipo cumulonimbus. No me preocupa demasiado porque he mirado las predicciones meteorológicas para la zona, y daba bueno, pero en la montaña nunca se sabe. Hay que llevar en la mochila un chubasquero – yo siempre lo llevo- ya que los cambios de tiempo pueden ser repentinos y generar tormentas que pueden ser localmente fuertes sobre todo en verano. Por eso recomiendan que a primera hora de la tarde, no más de las cinco, ya se esté regresando.

Ojo con los cumulonimbus de desarrollo vertical en la montaña, pueden avisar de un cambio repentino de tiempo

Pues bien, nada más cruzar el puente ,un cartel Indica como llegar a la Ermita de San Úrbez, de donde yo vengo. Es lógico, pues es un circuito circular. Es útil para los caminantes que vienen del lado hacia el que yo ahora voy.

Veo esta señal al cruzar, indicando como llegar al lugar de donde yo vengo. Lógico, es ruta circular, de doble sentido

Vuelvo a internarme en el bosque, esta vez el sendero sube de forma bastante pronunciada entre la vegetación. Vuelvo a ver los líquenes. Toda la zona está en sombra y es agradable.

El camino sube. Se adentra en ese curioso túnel que forma la vegetación circundante

A ratos se abre el camino y permite ver el cauce del río, y al otro lado –he cruzado- en otra perspectiva, y encajada en la roca, se ve claramente la Ermita de San Úrbez.

A mi espalda, fijándose bien, está la Ermita de San Úrbez, al otro lado
En esta foto se aprecia la vegetación al revés. Todo es producto de la inversión térmica

El camino continúa pegado a la pared del cañón pero ladera abajo se oyen voces. Muchas. La vegetación no me permite ver, pero tengo curiosidad y cuando el sendero permite observar el cauce del río descubro un montón de gente que está abajo, sobre unas piedras justo en el margen del río, que llevan puestos trajes de neopreno y cascos.

Sigo avanzando y poco después veo un puente de hierro, estrecho, con una barandilla quitamiedos, que me permite cruzar al otro lado y además observo una bonita cascada en la cabecera del cortado. Me quedo un rato en el centro del puente.

Un puente, esta vez todo de hierro, cruza el barranco

Mirando hacia abajo, a una altura nada despreciable, veo una zona del río que forma una gran poza entre paredes de roca. Por una de éstas desciende un barranquista haciendo rappel. Se ha enganchado a la pared y cuando aún le queda parte del recorrido, se deja caer en el agua de la poza como el que se tira a una piscina donde le esperan sus compañeros.

Termino de cruzar el puente y a mano derecha hay un pequeño sendero para acercarse a la cascada. Decido que lo tomaré para disfrutar de las vistas y de la proximidad al agua. Me está encantando esta excursión.

Me gustaría hacerme una foto con la cascada de fondo, pero en el puente no hay donde apoyar la cámara y además es estrecho. Tal vez un selfie con el móvil sea la mejor solución. No obstante como veo que se acerca gente, probaré a pedirles que me hagan una foto con la cámara.

Al final me hice este selfie con el móvil como pude, pues la foto que me hicieron los vascos salió mal

Una familia de vascos, lo sé por como hablan, pasan también por el puente, salvo uno de ellos, un hombre que parece quedarse rezagado. Les pido una foto porque yo no puedo apoyar mi pequeño trípode en ningún lado como he dicho. Me la hacen muy amablemente. Luego me ofrezco yo, a hacerles a ellos otra y a esperar a que el miembro que falta llegue. Pero la mujer me dice que su marido sufre de vértigo y que va muy apurado para cruzar, no se va a parar en el puente, por eso se había quedado esperando. Hasta él me dice a lo lejos, gracias, pero no puedo quedarme en el medio del puente quieto. Ella había pasado a los chicos primero y ahora volvía a por él. En fin, pienso que es un problema para disfrutar de la montaña en condiciones tener vértigo. Menos mal que yo no lo tengo.

Agua de nieve

Ya cruzado el puente de hierro voy a ver la cascada de cerca. Puedo pasearme por las rocas donde nace la misma, con cuidado de no acercarme al borde, por supuesto. Una vez visto, de nuevo retomo el camino, ya al otro lado. Estoy haciendo una ruta circular. Primero he cruzado el río por el puente de madera, abajo. Luego he subido y he vuelto a cruzar por el puente de hierro.

El puente de hierro desde el nacimiento de la cascada. Aquí se aprecia la gran poza que forma en el lecho del río

Otra vez sigo subiendo por una senda sombría y rodeada de árboles y musgo y al final el camino se convierte en una pista más o menos ancha, pero agradable, que va paulatinamente también ganando altura. Hay que subir todo lo que antes descendí por el otro margen.

Cuando los árboles lo permiten, se ve la pista del otro lado, la del murete de piedra, justo enfrente, que es la que he recorrido  antes, y también la Ermita de San Úrbez. Aquí claramente se ve otra vez que es un recorrido circular.

Tras el ascenso la pista se nivela y se pasa junto a una caseta de piedra que parece una infraestructura para el personal a cargo de la vigilancia de esta zona del Parque Nacional. Me queda poco para llegar. Los carteles aludiendo a la especial protección de la que es objeto la zona, y su carácter de Parque Nacional están por todas partes.

Espacio protegido con una normativa especial, por todos lados nos recuerdan que estamos en un Parque Nacional

Al fin, llego al aparcamiento de San Úrbez. Pero no he llegado a mi coche. Hay un Land Rover Santana del Parque Nacional de Ordesa y un gran cartel donde explica el lugar donde nos encontramos y los pueblos de alrededor. También hay muchos más coches.

Un joven Guarda Forestal está explicando a otros turistas como volver a Escalona ayudándose del gran panel donde aparecen los pueblos, las distancias y la dirección a tomar. Yo me uno a la conversación y le digo que imagino que la carretera de vuelta, al ser de sentido único, la tendré que hacer por Vió. Me dice que sí. Que siga esa ruta. Perfecto, pues me gustaría ver ese pueblo. Ahora sólo me queda encontrar mi coche. Lo dejé en el arcén mucho antes. Sigo la carretera asfaltada en descenso hasta que llego donde aparqué antes.

Estos carteles de Ud. está aquí vienen de maravilla. Yo iré a la izquierda, hacia Vió, Buerba y Escalona
Por momentos el cielo se va cubriendo. Me voy ya, quiero completar la excursión viendo Vió y Buerba

Son las tres y media de la tarde. He dedicado una hora y media al recorrido circular. Llego al coche. Hay menos gente que cuando lo dejé. Se habrán marchado a comer. Ahora no puedo volver por la carretera por la que he venido tal y como me indican dos señales de dirección prohibida bien visibles. Así que continúo por la carretera, subiendo dirección Vió, que está 4 Km. Mi idea es ver ese pueblo como digo, pero antes quiero parar en el mirador de Cruces, que permite ver el Cañón de Añisclo en una perspectiva muy chula. Después de Vió, pasaré por Buerba, a 6 km que si puedo también visitaré y dejaré a un lado Gallisué a 12 km y finalmente saldré otra vez a Escalona, a 20 km de donde estoy. Así que estos son los planes. Gas al motor y en marcha.

Ya llego al coche. Los que tenía delante han desaparecido. Hay menos gente.

La carretera es de montaña, no apta para aquellos que son impresionables con las curvas y precipicios. Además aquí va en continua subida. Al cabo de unos pocos kilómetros un espacio en un lateral que está perfectamente delimitado como un mirador permite dejar el coche y disfrutar de las vistas. Es el mirador de las Cruces. Se ve absolutamente todo. El Mondoto (1.957 m),Punta Respena (1.572 m) a la izquierda, en primer plano, con ese cortado característico que parece un mordisco en la montaña y que tanto me impresiona, hecho durante miles de años de erosión.

El mirador de las Cruces, donde paro. Una vista al Cañón de Añisclo desde las alturas

En el horizonte, al fondo, se aprecia el Collado de Añisclo (2.453 m) y claramente también los tres picos que sobresalen, todos tresmiles, Monte Perdido (3.355m),Pico Añisclo o Soum de Ramond (3.263 m) , y Punta de las Olas (3.002 m). A la derecha se ven los Sestrales, (el alto 2.101m y el bajo 2.074 m) , y al fondo a la derecha las Tres Marías (La Suca de 2.807m, La María Occidental de 2.780m, y la María Central de 2.753m). La visión es impresionante. En este momento me doy cuenta de que ni siquiera he pisado la punta del iceberg, pues toda la profundidad del Cañón de Añisclo me espera para próximas excursiones, sólo he picoteado el principio y me ha parecido imponente. No quiero ni pensar lo impactante que será ir más allá.

En esta foto se ve el cañón. He rodeado en rojo el puente de madera que crucé en la ruta de San Úrbez

Pido a una pareja que llega al mirador que me hagan una foto con este fondo tan espectacular. Me la hacen pero en el momento de disparar me doy cuenta que la barandilla donde me apoyo ¡quema un montón! de horas que lleva recalentada por el sol. Me piden que les haga otra foto a ellos, pero les aviso primero que no se apoyen o se quemarán.

¡ Cómo quemaba la barandilla de hierro! Lo noté justo cuando me apoyaba para la foto. El fondo es precioso

Sin perder mucho tiempo continúo. Voy otra vez subiendo por la carretera hacia la población de Vió. Al cabo de un rato, un desvío me permite acceder al pueblo.

Nada más pasar el desvío, veo unos prados a mano izquierda donde hay una pequeña borda de piedra. Paro el coche. Aparco en un lateral. Pienso que desde esos prados se tiene que poder ver todo el Cañón de Añisclo, en una visión parecida a la del mirador pero yo diría que mejor aún,pues se ven perfectamente las tres serols.Me adentro en la zona y contemplo otra vez esa estupenda perspectiva de las montañas que tanto me gusta.

Carretera hacia Vió. Aparco junto a un prado. Desde allí se ve el Cañón de Añisclo y los picos perfectamente,
¡Quién tuviera esa pequeña casa de piedra que se ve a la derecha para pasar horas contemplando la montaña!
Una pequeña caseta de piedra en un lugar privilegiado
Una visión de postal. El Mondoto (1.957 m), y Punta Respena (1.572 m) en primer plano . Al fondo los tresmiles;
Monte Perdido (3.355m), Pico Añisclo o Soum de Ramond (3.263 m) , y Punta de las Olas (3.002 m).
Sencillamente genial el entorno y esta zona del Pirineo aragonés. Hay que repetir seguro.

Continúo por la carretera y después de unas cuantas curvas ya veo el pueblo de Vió en la distancia. Es pequeño, prácticamente una aldea, todas las casas son de piedra y destacando, al final del todo, la iglesia.

El pueblo de Vió en la distancia.

Después entro ya en lo que es propiamente la población de Vió, a 1.203 metros de altitud. Me sorprende que casi todos los caminos son de tierra y grava. El coche pasa por unas callejas estrechas muy justo. Esto es muy rústico. Después la calle se ensancha y salgo a una zona más abierta, donde veo la iglesia. Una explanada al lado me permite aparcar en sus inmediaciones.

La iglesia de San Vicente Mártir en Vió

Voy a verla. El camino sigue siendo de tierra, ni siquiera está asfaltado. Bueno es que la mitad del pueblo como ya he dicho es pista de tierra. Accedo a la puerta, empujo. La iglesia está cerrada. Una chica que está por allí me pregunta si he venido de propio a verla. Me dice que hay gente que viene a este pueblo sólo por esto, porque tiene su importancia a nivel artístico. Le digo que no, que vengo de Añisclo y que voy de paso pero que sí quería aprovechar para ver la iglesia.

La única habitante de Vió con la que me crucé. Al fondo hay alguna casa rural donde se ven coches aparcados

La iglesia de San Vicente Mártir de Vió es un edificio de nave única iniciado en época románica, en el siglo XII, aunque en el siglo XVI se añadieron la torre y capillas laterales. Es curioso, también en las Ermitas de Tella hicieron reformas en ese siglo, y añadieron torres y demás. ¿Pero qué pasó en esa época? Tuvo que haber más dinero que nunca. La iglesia posee una cabecera de tipo lombardo y en su interior pinturas murales del siglo XIII, cuyos originales están en el Museo Diocesano de Barbastro. Dentro hay réplicas. Pero no puedo verlas. Pongo aquí una foto del Periódico de Aragón, hecha por Santiago Cabello, de un Cristo en Majestad flanqueado por el Tetramorfos – representación simbólica de los cuatro evangelistas que en la pintura románica se sitúa alrededor de la figura de Dios, Jesús o la Virgen – para que se vea como son.

Mas allá de la iglesia, al final del pueblo, hay unas casas modernas, pero respetando el estilo montañés, son alojamientos para turistas, creo que son casas rurales. Pero deben ser las únicas que hay.

Una vieja cruz de hierro, seguramente sustituyendo a la original en piedra quizás dañada, está delante de la iglesia

Una vez que ya he visto todo, me parece un lugar pintoresco, sin alterar demasiado, muy apartado del turismo masivo que a veces satura algunos pueblos del Pirineo. Nada que ver con eso. Vuelvo al coche. Salgo de Vió y llego al desvío que cogí al principio. Se ve el cañón de Añisclo y las señales que indican la  dirección hacia ese lugar en un mismo plano fotográfico. Qué curioso. Hago la foto. Sigo. Aquí la carretera ya ha dejado de ser de un solo sentido.

LLego al desvío del principio, esta vez de vuelta. La señal en marrón apunta exactamente a lo que indica
Saliendo de Vió, y al dirigirme hacia Buerba el pueblo se ve desde otra perspectiva diferente

El siguiente pueblo es Buerba, a 1.143 metros de altitud. Pertenece al municipio de Fanlo. Llego allí y aparco a la entrada. Lo primero que veo es una bonita y pequeña casa rural de habitaciones. Me dispongo a dar una vuelta caminando. Este pueblo se ve mucho más cuidado y moderno, pero ha conservado todo el sabor de la montaña. Es bonito.

Una casa rural con habitaciones es lo primero que se ve al entrar en el pueblo a mano derecha
Como no conozco el pueblo, dejo el coche en el primer sitio que veo puedo aparcar, a la entrada de Buerba

No me lo imaginaba así. Las calles limpias y cuidadas, hay detalles en las casas, jardines, flores…son todas de piedra, al estilo altoaragonés. Llego hasta una fuente circular donde hay una escultura de una mujer. Cerca está la iglesia.

Junto a la fuente una casa con un jardín bajo unos árboles. Un rincón muy fresco y agradable. Los dueños me piden que les haga una foto con los amigos que están allí. Son de Cantabria, me dicen, y los amigos de Madrid. Les encanta este lugar. Quieren ir a ver los miradores de Revilla, según me cuentan. Aprovecho, como no, para que me hagan a mi otra foto junto a la fuente.

Este pueblo está muy cuidado. La escultura de una aguadora está en medio de una fuente.
La iglesia de San Miguel, en Buerba, es del siglo XVII

Sigo avanzando por el pueblo. Unas risas. Miro hacia lo alto. En una casa, en el segundo piso, hay una reunión familiar. Están comiendo, veo a la gente. Después observo una mujer que está en la puerta de otra casa contigua y le pregunto hasta donde llega el pueblo, que por cierto le comento me está gustando mucho. Me dice que sí, que no soy el primero que se lo dice, que sorprende la visita porque la gente que llega no se lo imagina así, tan chulo. Me dice que siga que queda pueblo. Continúo.

Al poco me cruzo con un hombre de mediana edad y le pregunto lo mismo, que si hay algo más para ver que merezca la pena, por si sigo avanzando o me doy media vuelta. Me comenta que hay en la parte baja unas bordas reformadas, que me acerque. Para allí voy. Desciendo por una calle hasta lo que parece el final del pueblo. Las calles ya no están empedradas, paso a una zona de tierra. Sobre una loma veo a la derecha varias bordas (casas de piedra donde antiguamente se guardaba el grano y el ganado, y que mucha gente las ha reconvertido en viviendas). Todas tienen un espacio amplio en la parte delantera, algunas tienen barbacoas, mesas y sillas. Dentro de su simpleza resultan acogedoras.

Hay bordas que están muy bien apañadas, como segunda vivienda
Las antiguas bordas para guardar ganado y grano, se convierten en acogedoras viviendas de montaña
Un lugar para el descanso en pleno Pirineo, aprovechando la herencia de los antepasados, solo hay que reformar
Aquí se ve una borda restaurada con su gran jardín y otra a la que quizás le esperan mejores días en forma de casa

Me acerco y continúo bajando hasta donde ya acaba el montículo en el que estoy, y en el que alguien ha dejado apilados unos cuantos montones de piedras a saber con qué sentido. Recorro con la vista todo lo que me rodea y doy por terminada la visita. Vuelvo hacia el coche.

Al final del pueblo en una loma, un montón de piedras apiladas en grupos ¿quién lo ha puesto y para qué?

Salgo de Buerba y me voy a Escalona, no sin antes haber recargado la botella de agua fresca en la fuente. La carretera sigue siendo muy sinuosa, con muchas curvas y estrecha, casi siempre en descenso. No hay tráfico. Voy solo. A mi izquierda las paredes de roca como cortadas a cuchillo. Algunas con curiosas formas geométricas. A mi derecha, el precipicio, bien protegido por el correspondiente quitamiedos.

En un momento determinado el único coche que veo, está en el arcén, estropeado. El capó abierto. Una familia está sentada al lado y el padre llamando con el móvil. ¡Vaya lugar para quedarse tirado!. No os cuento la cara de la mujer, pero es un poema. Paro a su altura y les pregunto si necesitan ayuda, me dan las gracias pero me dicen que no, que están hablando con la grúa. Buena suerte. Al rato efectivamente, me cruzo con un camión de auxilio en carretera que va para allá subiendo el puerto para socorrerlos. Seguro que salió de Escalona. Veo al conductor. Me da la impresión de que va algo agobiado con el camión por esa zona, no hace más que mirar a todos los lados.

Yo sigo disfrutando de la conducción. El coche responde perfectamente a mis exigencias, va como la seda. Los paisajes siguen siendo espectaculares y la visión de Peña Montañesa (2.295m) desde mi posición, también. Pero no os equivoqueis, no voy mirando el paisaje. Hablo de la visión global. Estoy en lo que hago. Un despiste en una curva y me voy al precipicio. Los cinco sentidos siempre al volante y la velocidad adecuada. Si hago alguna foto es parado, y después de comprobar concienzudamente que puedo hacerlo con total seguridad, nunca en marcha.

Peña Montañesa a lo lejos, voy descendiendo hacia Escalona

La carretera sigue y un espacio a mano derecha me permite pararme y aparcar para contemplar el paisaje tranquilamente. Curiosamente, un panel grande, similar al que ví en la carretera de subida está colocado en el margen de la carretera con las distancias a los pueblos del Valle de Vió. El que está más arriba en la lista es el más cercano. El que está más abajo, el más alejado. Cambia el orden de los pueblos y las distancias respecto al otro cartel que vi por la mañana, pero sigue el mismo patrón.

El cartel y los pueblos, distinto orden de colocación según la distancia de menor a mayor en orden descendente
Peña Montañesa (2.295 m) , el pico más alto de Sierra Ferrera

Al rato veo una pequeña explanada a modo de mirador donde hay un panel  explicativo. Paro. Estoy solo. Subo una pequeña loma y llego al panel. Habla, como no, de la Peña Montañesa. La visión desde allí de esta montaña y de las que la rodean, es espléndida. Peña Montañesa tiene 2.295 m, y es la cota máxima de la Sierra Ferrera. Esta montaña se formó por cabalgamiento de las capas de la corteza terrestre que luego por la erosión de las mismas durante millones de años, quedaron en resalte. Todo tiene una explicación. Las grandes montañas – y las pequeñas- no aparecen de la nada.

En esta curva paro para ojear un panel explicativo y contemplar Peña Montañesa
Entre la vegetación, apoyando el trípode donde buenamente puedo logro hacerme una foto con la Peña Montañesa

Una vez ya visto esto continúo la marcha esta vez directo a Escalona. Ahora sí que comienzo el verdadero regreso a Zaragoza pues mi idea es ya no parar salvo para echar gasolina. La carretera de vuelta me hace pasar por Puyarruego, ya a un paso de Escalona, que es el pueblo que quedó al principio a la izquierda. En este punto, vuelvo a pasar por lo que hice por la mañana. Es decir, he hecho una ruta circular pues la carretera que tomé al principio era únicamente de un sentido y no he podido volver por ella como ya he explicado.

Puyarruego. Detrás del pueblo, a lo lejos, majestuosa Peña Montañesa

Ya desde Escalona, y en la nacional A-138 me dirijo a L´Ainsa. Voy a repostar. Aquí se me presenta un dilema; o voy por donde he venido, es decir por Barbastro o, también tengo la opción, de volver por Boltaña, de ahí llegar a Fiscal y luego a Sabiñánigo y por el Monrepós ir a Huesca. La carretera de Fiscal a Sabiñánigo es amplia y nueva, tipo autovía. Escojo esta opción. Voy a probar. Giro a la derecha en Ainsa siguiendo las indicaciones y llego a Boltaña que está a 6 km. De aquí a Fiscal tengo 18 km y si voy a Sabiñánigo tendré que recorrer otros 43 km.

Paso algunos túneles y llego a una zona donde se anuncia un mirador, el de Jánovas, desde donde puede verse este pueblo que fue expropiado a la fuerza para realizar un embalse que nunca se construyó.

La historia es un tanto sombría. En los años 60 se expulsó a vecinos y se dinamitaron casas. En 1.984 se desahució a las últimas dos familias. En 2008 comenzó la reversión de las propiedades a los vecinos. Y en 2018, el pueblo ha recuperado la luz, ya hay toma de corriente, cincuenta años después. Los  vecinos lo están reconstruyendo actualmente. Hasta ese momento ,las labores de reconstrucción se hacían con un generador. Una triste historia la de este pueblo, pero que ahora pretende con el esfuerzo de todos sus vecinos, resurgir de sus cenizas, como el ave fénix. Espero volver a verlo un día en todo su esplendor.

La antigua iglesia de Jánovas, reconstruida

Me paro a hacer alguna foto del lo poco que se logra ver del pueblo en la distancia y continúo. Hay un monte al lado que presenta unos estratos rocosos en resalte inclinados hacia abajo, que me llaman la atención.

Al lado del Mirador de Jánovas, donde paro, esta curiosa montaña con los estratos bien marcados por la erosión

Me pongo en ruta y llego a Fiscal. Desde aquí ya cojo la autovía hasta Sabiñánigo y de ahí a Zaragoza. Ha sido una excursión en la que he disfrutado mucho, me lo he pasado muy bien y que recordaré como una buena experiencia viajera. Ya veis cómo puede cundir un domingo si se aprovecha bien. Si os animáis a hacerla, no os defraudará. No os quedéis en casa. Hasta la próxima entrada, y gracias por leerme.Si queréis le podéis dar un me gusta en la estrella que sale debajo de la opción de compartir abajo del todo. Gracias y ¡Hasta pronto! Saludos a todos.

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