Hola de nuevo. Esta vez hemos hecho una salida a uno de los parajes más sorprendentes por lo inusual, que te puedes encontrar en el Campo de Belchite. Tan raro es que le llaman el «pequeño Mascún» porque recuerda a esa zona de la Sierra de Guara. Tal es la riqueza vegetal que allí se encuentra que parece mentira que pueda existir algo así tan cerca de Zaragoza.
Además, nos acercamos a otra foz, la de Zafrané, con un curioso monolito y una cueva alucinante. Pero todo esto os lo iré contando a continuación.
La excursión la hice el día 6 de Junio del 2019, Este día lo tenía libre, y qué mejor forma de aprovecharlo que haciendo una salida. Tuve de compañero de caminata a mi amigo Ángel que también disponía de ese día y nos desplazamos esta vez con mi coche, pues por turno, me tocaba.
Como siempre que vamos a esa zona, se toma la Autovía Mudéjar (A-23) y se sale por el desvío hacia Botorrita. Desde allí pasas por Jaulín y después llegas a Fuendetodos. Son unos 43 km aproximadamente desde Zaragoza capital. Además la carretera no tiene apenas tráfico. Estamos en la comarca del Campo de Belchite.
Una vez en Fuendetodos, aparcamos el coche en la plaza donde está la casa natal de Goya. Hay muchos sitios para dejarlo, pero a mí me gusta éste. Además lo dejo pegado a un muro donde seguro va a estar en sombra la mayor parte del día.


Lo primero que hacemos es quitarnos el calzado más ligero y nos ponemos el de caminar por la montaña. Para mí es obligado, ya que conduzco. Y Ángel, muy mirado él, con el fin de no ensuciarme el coche a la vuelta, también tiene su calzado de recambio. Es de agradecer. Pero razones a parte, siempre es muy recomendable tener un calzado de repuesto que sirva de descanso a los pies al acabar la marcha.
Ya con todo listo, iniciamos la caminata. Salimos de Fuendetodos por un camino de tierra que hay cruzando la carretera, más o menos frente a las escuelas municipales, y que una vez tomado, y avanzando por él, deja a su izquierda un edificio a medio acabar,
parece ser que iba a ser un museo para la obra de Goya, o algo así, pero con la crisis de la construcción iniciada en el 2008 parece que se quedó parado y sin presupuesto y ahora es un esqueleto de hormigón a medio acabar. Da pena ver como hay obras que se han quedado paradas y ya nadie las retoma por falta de presupuesto.
El día está estupendo. Han anunciado 27 Cº de máxima, una temperatura muy agradable y hace una ligera brisa. El sol está en lo alto, y aunque alguna nube le hace compañía, nada que pueda preocupar, pues la posibilidad de precipitación es 0%. Todos estos datos los miro siempre antes de salir de excursión en la página web de AEMET (Agencia Estatal de Meteorología) donde puedes consultar todos los municipios de España. Y además te da la predicción por horas. La recomiendo.
Vamos dejando atrás el pueblo de Fuendetodos pero la vista es de postal. Los campos llenos de amapolas, le dan un color rojo muy bonito. Pienso que Goya en su niñez quizás veía en los campos que rodeaban su casa toda esta paleta de colores que luego despertaron su vocación por la pintura.

Durante el trayecto, podemos ver unos cuantos postes eólicos y árboles aislados en medio de campos de cereal. Hay uno concretamente que destaca de forma singular y que parece ser un litonero, o celtis australis, cuyo fruto, el litón, es comestible. Es bonito. Caminamos animados y a buen ritmo.


Pronto el camino, a 1 km del pueblo más o menos, deja a la izquierda una construcción que más bien parece una paridera que aunque en no muy mal estado de conservación da la impresión de que no cumple su función desde hace bastante tiempo. Un pajarillo parece contemplarnos desde uno de sus muretes de piedra.

La senda va descendiendo hacia un valle en el que se alternan los campos con las zonas de pinar. También empieza a verse alguna alteración del relieve formada principalmente por rocas sedimentarias que emergen del suelo con su característico color grisáceo.

La pista por donde vamos es ancha y cómoda. Va prácticamente toda en descenso y resulta fácil de superar sin otra exigencia física que el caminar. A la vuelta no será lo mismo, pero de subida, esperemos llegar con fuerzas de sobra. Estamos en las inmediaciones de lo que se llama la Sierra Gorda, una extensión amplia de pinares y otros árboles que se extiende por toda esta comarca y que por la cantidad de campos de cultivo arrebatados por el hombre al monte bajo, la imagino mucho más frondosa en el pasado.

Al cabo de unos 4 km, o lo que es lo mismo, después de una hora más o menos de caminata a paso normal, en los que la pista alterna bajadas con zonas en horizontal, llegamos a las proximidades de nuestro primer objetivo, la Hoz o Foz Mayor, como se dice en aragonés. Para acceder a ella hay que desviarse del camino principal hacia la derecha, bordeando un campo y cruzando por debajo de un tendido eléctrico como ahora explicaré.

Pues bien, una vez que se llega a la zona, lo primero que vemos a la derecha del camino es el inicio de la Foz. Se ve a lo lejos, pero no tiene pérdida. Son los estratos rocosos de las formaciones calizas que quedan al descubierto, entremezcladas con la vegetación que se desarrolla en su entorno.


Para llegar allí como he comentado antes, hay que desviarse a la derecha del camino principal a la altura de la Foz, y entrar en otro que atraviesa ya una zona con algo de pinar, dejando un campo de cereal a la derecha. No se puede uno confundir pues por el campo pasa una linea eléctrica, un tendido a base de postes de madera que se ven en la foto,


La FOZ MAYOR, es un barranco que se ha formado durante miles de años a causa de la erosión provocada en la roca caliza por el agua que por ellos discurría, en la que llegaron a existir incluso cascadas de gran porte y que esculpió esos desfiladeros tan magníficos que en algunos casos presentan paredes de hasta 50 metros de altura. Esta zona a la que pertenece esta foz o barranco, pertenece a la llamada Sierra Gorda que se formó en el Jurásico, hace nada menos que 145 millones de años, La Foz Mayor ocupa unas 14.46 hectáreas y tendrá 1,5 km de longitud aproximadamente.

Se le denomina el «pequeño Mascún» como he dicho, ya que se produce en su interior un fenómeno de inversión térmica, en el que se reproduce un clima más propio de las Sierras del Prepirineo, como la de Guara, y de toda su vegetación. Esto se traduce en la presencia de árboles y plantas que no son habituales en el Campo de Belchite, la comarca a la que pertenece, que es una zona de clima continental de interior con grandes contrastes térmicos. Es una «excepción a la regla» que no deja de sorprender al visitante. Parece un auténtico milagro. Un oasis verde, de exuberante vegetación en medio del desierto. Hay por ejemplo ejemplares de litoneros (Celtis Australis) y de arces de Montpellier, (Acer monspessulanum), que pertenecen a climas mucho más húmedos y sombríos.
Enseguida, como a unos 50 metros, y sin senda marcada, accedes a una zona despejada, desde la que se puede contemplar ya el principio del desfiladero. Se sigue subiendo y las vistas son espectaculares.




Abajo, entre los relieves calcáreos, las manchas de vegetación se alternan con los barrancos y desfiladeros. Lo que estamos haciendo es caminar por la parte alta del barranco, por la parte izquierda. Es como ver una trinchera desde lo alto, y en su fondo, un vergel de vegetación. Como no podía ser menos, un buitre solitario sigue todos nuestros movimientos. No hay nadie. Solo nosotros. Es una maravilla disfrutar del monte así. Nos hacemos unas cuantas fotos. La ocasión lo merece. No hace casi aire, tan solo una brisa agradable. Mi pequeño trípode, no se moverá demasiado, pero tampoco hay demasiados sitios donde apoyarlo. Aún con todo, conseguimos algunas instantáneas.






Vamos avanzando y el horizonte está lleno de contrastes. En torno a nosotros, los árboles, la mayoría pinares y alguna encina, pero a lo lejos se ve la zona esteparia y los campos de cereal. Y también se adivina en la lejanía otra cicatriz en la tierra. Es la Foz de Zafrané, a la que iremos después, y a su izquierda, más lejos todavía, la localidad de la Puebla de Albortón.

Como queremos bajar a lo profundo de la Foz, debemos dejar los cortados de la parte alta y entrar en un bosquecillo de pinos para desde él, descender al fondo del barranco. Saldremos más o menos a la parte media del mismo. No hay senda ni camino, A veces los pinos nos impiden el paso y hay que sortearlos. De todas formas no te puedes perder. En lo alto están los campos de cereal. A una mala, con subir hasta ellos te puedes volver a orientar e incluso acceder a la pista principal.
Después de un rato descendiendo entre pinos, el bosquecillo se abre y accedes a una zona despejada en la que hay una ladera de glera, piedras fruto de la descomposición de otras mayores por la acción de los agentes metereológicos. No bajamos por las piedras. Lo hacemos en zig-zag y con los bastones desplegados para ayudarnos en el descenso. Ya lo he comentado en otras entradas del blog, los bastones son imprescindibles para evitar caídas y resbalones traicioneros.


Una vez abajo lo que encontramos te sorprende. La variedad de vegetación te abruma. Hay flores, hay mariposas propias de otras zonas, insectos y muchos arbustos y árboles de latitudes más húmedas.
Tengo la oportunidad de fotografiar la mariposa rey, o Macaón, como también se la conoce. Es una mariposa que engaña a los depredadores con el dibujo de sus alas, lleva dibujados un par de vistosos ojos y unas antenas de pega. Pero a la que logro sacar le han mutilado parte de su camuflaje. Ha perdido parte de un ala, pero por otra parte, sea lo que fuere que le pasó, ha logrado sobrevivir.


Entre la vegetación se observan las paredes rocosas que antes recorríamos en altura. Puedes imaginar los cursos de agua que hace mucho tiempo discurrían por aquí y como fueron moldeando el paisaje. Queremos verlo todo, así que decidimos primero recorrer la mitad que va hacia el suroeste, para llegar hasta el principio del barranco, para después retroceder hasta el punto de partida y seguir hacia el noreste hasta la salida de la Foz.



Al principio la senda está más o menos marcada. Aunque a medida que se avanza la vegetación la cubre hasta desaparecer casi por completo. Estamos rodeados de verde. Arces de Montpellier, todo tipo de arbustos, hay flores en las ramas, y plantas de distintas clases que me es imposible clasificar por su gran variedad.





A medida que vamos avanzando notamos que se está bien. En la sombra se aprecia que la temperatura es mucho más suave y agradable y una ligera brisa nos acompaña constantemente. El sol se cuela entre los árboles, creando zonas de luz y otras de sombra.


También vemos varios tipos de flores. En una amapola, unos pequeños escarabajos dorados se entretienen en succionar el polen que los estambres les proporcionan. No puedo distinguir la familia exacta de estos coleópteros, pues hay miles de especies, pero parecen cantáridas, aunque estos suelen ser más bien de un color esmeralda o verde brillante. Igual es una subespecie de esa familia, vete a saber. Pienso ¿y si es un coleóptero sin clasificar todavía? Si fuese así, lo llamaríamos el «Luisángelus», en nuestro honor, por ser los primeros descubridores. Se lo diré a mi amigo Ángel. Bromas a parte, es curioso ver como evolucionan tranquilamente por los pétalos del la flor, en su mundo bidimensional sin percibir que son observados.


A medida que avanzamos la vegetación sigue haciéndose más espesa. Hay que tener cuidado pues también hay plantas con espinas y zarzas, y es fácil engancharse en ellas. Por eso aún en época de calor, es muy recomendable hacer esta travesía con pantalones largos, y a poder ser no de una tela demasiado fina. Evitaremos molestos pinchazos y arañazos.
No obstante, de vez en cuando la vegetación se aclara y el camino se hace algo más llevadero. Se ven diferentes especies arbóreas, por las hojas de algunos árboles se puede saber de que tipo son, pero algunas no las distinguimos, otras veces nos encontramos con algún tronco caído y grandes piedras que hay que sortear para continuar avanzando.
Paradójicamente, por una misteriosa razón parece que no interesa por parte de las autoridades del municipio de Fuendetodos adecentar este barranco. Podría hacerse una labor de limpieza de la vegetación que invade el casi inexistente camino, marcar en condiciones la senda e incluso poner paneles informativos sobre la fauna y flora del lugar. Pero parece ser que no quieren que sea muy conocido ni transitado por forasteros. Mejor, así cuando vas, se disfruta de una zona que se conserva sin injerencia humana de ningún tipo. Naturaleza en estado puro.
A medida que caminamos, y cuando la vegetación nos permite la visión, las paredes de roca nos envuelven y flanquean por doquier. Al mirar al cielo unas nubes estratiformes le dan un curioso aspecto al cielo. Hago unas cuantas fotos.


Seguimos avanzando. El desfiladero o foz, tiene una longitud total de 1,5 km como he dicho antes. Hay que llegar hasta el final de una parte, luego hasta la otra contraria.

Nos llama la atención lo distinto que se ve todo desde abajo, no parece el mismo lugar, La verdad es que entendemos que lo denominen el pequeño Mascún, ya que por la vegetación y el paisaje recuerda mucho a los parajes que se pueden observar en el Prepirineo aragonés, en la zona de la Sierra de Guara. Es meritorio que en estas latitudes tan poco propicias, se haya creado un ecosistema y un microclima semejante con tanta abundancia de vida.

No hay camino ni senda, así que vamos buscando sortear la vegetación por los lugares que nos parecen más accesibles. A veces las zonas más despejadas están junto a la pared de roca.

Calculamos que habremos recorrido unos 800 metros de ondulante senda, siguiendo los recovecos del barranco, cuando llegamos a una pared más o menos vertical de unos 5 ó 6 metros de altura, que está medio tapada por la vegetación y que nos cierra el paso. Es el final. Es un callejón sin salida. Ya no se puede continuar. A no ser que queramos trepar. Además queremos recorrer la otra mitad de la foz que nos falta. Damos media vuelta y volvemos por donde hemos venido.

Pero cuando nos damos la vuelta, le propongo a Ángel que dejemos de hablar por unos instantes. Quiero experimentar la sensación que es estar en ese lugar. Nos quedamos en absoluto silencio. Se escuchan únicamente los cantos de los pájaros y el aire que agita las plantas, pero nada más. Es una increíble sensación de paz y tranquilidad .Dan ganas de permanecer allí un buen rato a disfrutar del entorno. Pero finalmente dejamos de estar inmersos en las sensaciones que nos rodean y seguimos la marcha. No podemos entretenernos demasiado. Queda mucha excursión todavía por hacer y el tiempo lo tenemos tasado si queremos llegar a la Hoz de Zafrané y volver a Fuendetodos. Hay que seguir.

Todo este rato hemos aprovechado para disfrutar con calma de la zona, Hemos hecho un montón de fotos. El tiempo ha pasado casi sin darnos cuenta. Hay que hacer la otra mitad de la Foz que nos falta un poco más rápido. O no nos va a dar tiempo de completar toda la excursión. Volvemos a cruzar los parajes ya vistos sin entretenernos y llegamos a la zona más abierta, Más o menos a mitad del recorrido, en la zona de glera que desciende desde el pinar que atravesamos al principio.

Vamos a hacer la parte que nos falta del desfiladero, llegaremos al final del mismo y desde allí nos dirigiremos a la segunda Foz que queremos visitar, la de Zafrané.Seguimos por la parte baja,

Las paredes de caliza a ambos lados del barranco son una constante. Hay rocas que sobresalen hacia el vacío, otras dibujan su perfil contra el cielo. En un momento determinado, Logro agarrar el trípode en algún árbol o arbusto para hacernos la foto de recuerdo y continuamos.


Al rato, Ángel hace que fije mi atención en una de las paredes que nos rodean. En la zona alta, se puede ver una oquedad y dentro de ella, colgando, lo que parecen unos panales de abejas. Efectivamente, con el zoom se pueden ver perfectamente. No sé si estarán repletos de miel, si el panal estará «habitado» es de suponer que sí, pero lo interesante es ver un panal tal y como está en la naturaleza, no preparado por el hombre, en esa cajas numeradas que se ven por el campo,

De todas formas, no puedo evitar pensar si será peligroso pasar por la zona, aunque sea a bastante distancia. No se ve a ningún insecto. Seguimos caminando. A ratos la pared está perfectamente horadada y puedes imaginar el agua rebotando en ella con fuerza y erosionando la dura roca caliza hace miles de años.

El paisaje sigue siendo muy bonito y rico en vegetación. Estamos recorriendo la mitad de la foz que nos faltaba. Después de caminar otros 800 o 900 metros desde la glera por la que descendimos al principio, llegamos al final. Aquí hay salida, No como en el otro lado que nos topamos con una pared.
Va terminando la Foz. Algunos litoneros aislados nos lo indican. Llegamos a unos campos de cereal.

El camino gana altura y se sale a la pista que viene de Fuendetodos y que llega a la Puebla de Albortón. El paisaje cambia de golpe. Parece otro mundo. Es la Sierra Gorda, y hay pinares alternándose con campos de cultivo, pero nada que ver con la riqueza medioambiental que acabamos de dejar atrás. Realmente es un microclima milagroso. Volvemos la vista, y nos despedimos de esa mancha verde y de las rocas grises que tan buena sensación nos han dejado. Verdaderamente hace honor a su nombre rememorando los barrancos del Prepirineo.

Ya en la pista principal incrementamos el ritmo de la marcha. Y es que casi sin darnos cuenta hemos estado en la foz ¡tres horas y media!. Hemos aprovechado el tiempo como he dicho haciendo fotos y contemplando tranquilamente todo. Pero ahora el objetivo es la Foz de Zafrané y queremos llegar cuanto antes. Además hay que contar con el camino de vuelta.

Al salir del camino que abandona la foz y ya en la pista, dejamos a un lado, a nuestra izquierda, una construcción rural que parece una especie de paridera o corral. Lo que nos espera es unos cuantos kilómetros, que después de lo visto, se nos van a hacer un tanto monótonos. El firme es de color blanquecino.


La zona está rodeada de campos de cereal. Al cabo de un rato vemos una especie de granja rural, que parece abandonada también y a su lado un pino grande, que por cierto da una buena sombra. Decidimos parar ahí un rato, beber agua y refrescarnos. Bajo el pino sopla una brisa muy agradable. Se está genial. Quién lo plantó ahí supo lo que se hacía.

Después de un pequeño parón bajo el árbol, continuamos la marcha. Lo siguiente que vemos en el camino, en lo alto, a mano izquierda según avanzamos es la ermita de San Roque.
Es una pequeña construcción rectangular, sin ningún interés arquitectónico, que está situada sobre un promontorio, lo que permite tener una visión más o menos elevada del entorno. Pertenece a la Puebla de Albortón. Nos acercamos a visitarla. Por una cuesta se accede al lugar.

El lugar está cerrado. Pero justo al lado hay una piedra cuadrada en el suelo. En ella me parece ver algo grabado. ¿Una cara?. ¿Una cabeza? Me hago una foto junto a esa misteriosa piedra que presenta en relieve lo que a mí me ha parecido un perfil humano. La nariz, la barbilla, el pelo…¿no os lo parece a vosotros?

Continuamos camino y recorriendo la pista pues nuestra intención es llegar al siguiente objetivo, la Hoz o Foz de Zafrané.
A lo lejos, ya se ve, con ayuda del zoom, como una cicatriz en el suelo. Y se ve también sobresalir un pilar. El que sostenía la antigua vía del ferrocarril minero Zaragoza-Utrillas. Está en el término como he dicho de la Puebla de Albortón.


La Hoz de Zafrané es un barranco de 1,8 km aproximadamente, esculpido en la piedra caliza por procesos erosivos a lo largo de miles de años.
Nos vamos acercando. Llegamos. Lo primero que vemos es una furgoneta aparcada en la entrada del barranco. Seguro que es alguien que está haciendo escalada, pues aquí también se practica este deporte. Seguimos unos cuantos metros un camino muy marcado por roderas de coches y entramos en la foz. A mano izquierda y derecha hay unas terrazas de piedra que van gradualmente en descenso.

Sigues avanzando y la anchura del camino no es muy grande. Miro hacia atrás. De ahí venimos. Hago una foto. Miro hacia delante, otra. Continuamos.
De pronto, el camino se estrecha porque las paredes de ambos lados le obligan a ello. Hay vegetación en los márgenes. Al fondo parece apreciarse lo que parece un paso angosto, por el que se cuela la luz. Da la impresión de que permitiría el paso a una persona únicamente y bajo unas rocas que casi se tocan. Pero luego nos damos cuenta a medida que nos vamos acercando de que es sólo un efecto óptico. El camino tendrá la anchura de un coche más o menos. Pero vas claramente caminando por un callejón esculpido en la roca.


Se adivinan a ratos roderas, y en la parte central crecen hierbas. Esta claro que hasta aquí acceden eventualmente vehículos. Aún queda algún charco en el camino y alguna zona con barro de las últimas lluvias. No hemos visto a nadie desde que salimos de Fuendetodos. Salvo una furgoneta que pasó rápidamente por el camino junto a la ermita, cuyo conductor nos saludó, y nosotros a él. Nada más.Y de eso ya hace unas horas.
Cuando nos disponemos a pasar por un lateral para no mancharnos, descubrimos que hay un montón de pequeñas mariposas posadas en la tierra, junto a la zona más húmeda. Nos llama la atención el color de las alas cuando las abren, que son de un tono azul muy bonito. No seguimos avanzando. Nos quedamos quietos observándolas. Cuando cierran las alas, el tono es marrón claro, y está salpicado de unos círculos negros, con bordes blancos. Es un dibujo que seguro les permite camuflarse y mezclarse con el terreno. Sin hacer movimientos bruscos, y con la cámara preparada, me pongo a hacerles fotos. Cuando considero que ya he hecho las suficientes, seguimos. Al pasar a su lado todas inician el vuelo a la vez. ¡Cuántas hay!.De repente estamos envueltos en un montón de mariposas que vuelan a nuestro alrededor.

Esta mariposa es la llamada mariposa azul común (Polyommatus icarus), de la familia Lycaenidae, y habita en Europa principalmente aunque también existe en el norte de África y en las islas Canarias. Algunos ejemplares se han descubierto en zonas puntuales de Canadá y China. Se reproducen en praderas bajas y lugares de piedra caliza. Donde nosotros estamos ahora, hay abundancia de esta roca. Pero no es común ver muchas, porque al final solo nacen unos pocos ejemplares. Así que parece que estamos de suerte. Su tamaño es aproximadamente de 2,8 cm a 3,6 cm.

Las larvas u orugas de la mariposa azul común son de color verde claro con líneas amarillas y habitualmente babosas. Si alguna vez veis alguna oruga así procurad no pisarla. Estas mariposas viven aproximadamente hasta tres semanas. La azul común tendrá dos ciclos en su vida cada año. Su primera camada emerge en Mayo pero vive solo hasta Junio. Su segunda camada a fines de Julio y vive solo hasta Septiembre.
Estudios recientes demuestran la disminución de esta especie en un 96% desde el año 1901 del siglo pasado, y se cree que se debe a la perdida de espacio y pastizales, en especial a la planta huésped de la que se alimenta y que le proporciona alimento a la azul común. Esta planta huésped se ha reducido en un 46% del área total de su hábitat.¿Tendremos algo que ver los humanos con esto? Me temo que sí. La mariposa azul común, se alimenta principalmente de esta planta huésped ya que proporciona nutrición para los adultos, así como alimento para las orugas en cuanto eclosionan. Su comida como oruga consiste hojas de plantas de la familia de las leguminosas. Su comida como mariposas es el néctar de flores silvestres y excrementos.

Su bonito color azul tiene una explicación: retienen flavonoides (metabolitos secundarios de las plantas). Esta sustancia presenta esta coloración que absorben en sus alas. En las hembras estos pigmentos les sirven para atraer más a los machos ya que éstos tienden a aparearse con las hembras que contengan más cantidad de este pigmento,ya que las hace más llamativas.
También hay otra razón por la que retienen flavonoides, y es que ayuda a la conservación de sus huevos. Los protege de los rayos UV. Las hembras retienen cerca de un 60% más de flavonoides que los machos. Así que parece que estamos viendo unas mariposas que a pesar de su nombre, no son tan comunes, pues no abundan precisamente, y aquí tenemos un montón de ellas juntas. Sorpresas agradables que te dan las caminatas.
Seguimos adentrándonos en la Foz de Zafrané y de pronto el espacio se hace más amplio. Ya no es un camino angosto. Entramos en una zona abierta, rodeados eso si de las permanentes paredes de roca caliza que cada vez van ganando altura. Es como si el torrente de agua hubiera profundizado aquí aún más, en un trabajo constante, durante miles de años.

Pero la Foz de Zafrané aún nos guarda más sorpresas. En medio del desfiladero, cual monolito egipcio, hay un tremendo pilar que se ve a lo lejos. ¿Qué es eso y qué hace ahí?.

Este ahora solitario monolito, tiene una historia interesante. Hace ya más de cien años, un tren minero, concretamente el de Utrillas, recorría esta zona llevando carbón a la ciudad de Zaragoza. Cuando se construyó la línea férrea, se tuvo que salvar esta foz, y se hizo mediante un puente de hierro, de 112 metros de largo, que le permitió atravesar el barranco.
Para sostenerlo, se levantó esta magnífica pilastra. Nos remontamos a los principios del siglo XX, concretamente al año 1.904 que es cuando se inauguró. Mide exactamente 42 metros de altura, que no es poco, el equivalente a un edificio de unas catorce plantas. Se hizo con piedra sacada de las proximidades y esta realizado con el método tradicional de la mampostería. Las dimensiones de su base son de 6×8 metros.
Pero, ¿dónde está el puente de hierro?. ¿Y la vía?. ¿Por qué sólo queda la pilastra? La respuesta está en la historia del propio tren minero.

El ferrocarril minero de Utrillas a Zaragoza, era una línea de vía estrecha de 127 kilómetros de longitud proyectada para dar salida a la riqueza carbonífera de la cuenca minera central de la provincia de Teruel. La línea llevaba carbón como he dicho hasta la ciudad de Zaragoza. el mayor punto natural demanda del carbón de la zona. También desde la propia Zaragoza, el carbón se cargaba en trenes de ancho normal y se llevaba hacia otros puntos de fuerte demanda, sobre todo, Barcelona.
Los inicios fueron de la mano de la sociedad Minas y Ferrocarril de Utrillas (M.F.U.) constituída en 1.900,con la finalidad de llevar a cabo su construcción. La adjudicación de la línea de vía estrecha se produce el ocho de febrero de 1.901 otorgando una concesión por noventa y nueve años. La construcción comienza en 1.901 y se inaugura el veintinueve de septiembre de 1.904. La vía discurría de sur a norte y a través de once estaciones, alcanzaba la capital zaragozana. Esta línea prestaba también servicio general de viajeros y mercancías, aunque la mayoría de su tráfico correspondía, como es lógico, al transporte de lignito.
A lo largo de su vida útil, dispuso de un variado parque material motor. Cabe mencionar las locomotoras Mallet (fabricadas por Orenstein & Koppel) que es un tipo de locomotora articulada, inventada por el ingeniero suizo Anatole Mallet, de ahí su nombre, entre otras. También dispuso de un nutrido número de coches, furgones y vagones de diferentes tipos, dado el transporte general que realizaba el ferrocarril.

Casualmente, hace unos pocos años, tuve la oportunidad de fotografiar unas cuantas de estas máquinas de vapor que estaban almacenadas a la intemperie, en un solar de una empresa de reciclaje de hierro ubicada en el polígono Quattro de la capital aragonesa. Daba pena verlas. Espero que no fueran desguazadas y que se hayan conservado o restaurado, pues son verdaderos vestigios de una época de la historia del ferrocarril. La última vez que pasé por este lugar, ya no estaban.

El puente fue dañado durante la Guerra Civil española de 1.936, en el contexto de la batalla de Belchite, pero este no fue su fin. Se volvió a reconstruir y continuó prestando servicio, durante muchos más años. Entonces ¿cuál fue su verdadero final?. Pues lo que no lograron ni la guerra ni los explosivos, lo logró ,como suele suceder con casi todo en esta vida, una pura cuestión de rentabilidad económica. La evolución del tráfico de esta compañía se demostró inferior al que en un principio estaba previsto. Por ello, su coeficiente de explotación no le permitió cubrir los gastos con los productos del transporte y sufrió recurrentes pérdidas. A partir de 1.955 el descenso del transporte es drástico y la compañía entra en una crisis de la cual ya no se recuperará. Así, sus propietarios la ceden al Estado el quince de octubre de 1.963 quien la explota temporalmente hasta que el quince de enero de 1.966 se produce su cierre definitivo ante la inviabilidad económica del mismo.
Seguimos caminando con intención de llegar a la pilastra pero antes nos espera otra sorpresa. ¿Qué es lo que se ve ahí? Es una cueva. Y parece enorme. Y como comprobaremos más tarde, efectivamente, lo es.


Es la llamada Cueva Madre. Es impresionante. Nos metemos dentro. Parece una catedral, por la altura del techo. Pongo de nuevo el trípode en una piedra grande que hay cerca. Con el zoom encuadro a Ángel. Otros doce segundos, y el disparador automático. Voy corriendo o no saldré en la foto. El resultado ya se puede ver. Somos dos pulgas en medio de la pared caliza. ¿Cómo pudo hacer el agua semejante hueco? Alucinante.

Además nos damos cuenta que de las paredes y el techo cuelgan mosquetones, palanquetas y cuerdas de escalada. Aquí vienen a practicar este deporte, Y en las paredes del cañón también, como más tarde pudimos comprobar. Y es que a la Foz de Zafrané acuden aficionados que practican esta disciplina, hay hasta una escuela de escalada que acude aquí. Hay guías y manuales con las vías que se pueden hacer. Y una curiosidad, la pilastra, también se escala. ¡Quién lo iba a decir!


Como dato de interés decir que han encontrado en esta Foz restos de pinturas rupestres, pero lógicamente no han hecho público su paradero exacto. La localización de estas pinturas se ha mantenido de momento en el más estricto secreto. «Una escena faunística, centrada en varios ciervos y otros ungulados (referidos a las cabras) que son acechados por diversos arqueros. Una composición con cierta narrativa que nos permite plantear, como hipótesis, el momento de la berrea, donde los ejemplares mejor dotados entran en liza por las hembras». Esta es la descripción que realiza un equipo de arqueólogos del Gobierno de Aragón de las pinturas encontradas. La existencia de un considerable número de abrigos y vías de escaladas en la zona, ha motivado, afortunadamente, la inmediata propuesta de medidas para su protección legal y física.
Nos hacemos más fotos en la cueva y con el pilar de fondo. Seguimos caminando. Vamos a ver la pilastra de cerca. Al llegar a su altura, observamos que está algo deteriorada. En su base faltan algunas piedras. Y es que parece ser que lo intentaron derribar utilizando explosivos para recuperar el hierro del puente del ferrocarril, pero no lo consiguieron. Antes las cosas se construían para durar. Así que tuvieron que quitar el puente con medios mecánicos. Todo esto lo explica una placa que está en su base. A mí no me da una gran sensación de seguridad las condiciones en las que veo el pilar. El desperfecto causado por los explosivos es considerable y muy visible en su base. Es como si le hubieran dado un gran mordisco ¿Y si se cae?. Mejor que no coja a nadie debajo. Los que sean responsables de este patrimonio histórico deberían reforzarlo o algún día desaparecerá.


Dejamos ya atrás la pilastra y la cueva Madre. A medida que nos alejamos me giro y hago unas fotos y aún aprecio más los desperfectos que tiene en su base,

La verdad es que el desfiladero es sorprendente. A mano derecha a medida que se va progresando por él , se ven un conjunto de oquedades, una tras otra, en orden sucesivo, que te dan una idea de lo que tuvo que hacer la fuerza del agua cuando las excavó. A la izquierda hay como una repisa alargada a modo de pequeña cueva en la que alguien ha construído un pequeño murete con piedras, parece como si fuera un refugio provisional contra las inclemencias del tiempo.


El cañón sigue siendo espectacular. A la hora de elegir, no sabría cuál me gusta más de las dos Hoces. O la Mayor, o Zafrané. Geológicamente hablando, el de Zafrané sin duda me resulta más impactante, aunque el de la Hoz Mayor también es muy bonito y sobre todo tiene el aliciente de la vegetación exuberante, cosa que no tiene éste.



La idea que llevamos es terminar de recorrer la Foz de Zafrané por su parte baja y luego subir por la parte alta, ver el pilón que sujetaba la vía del tren desde otra perspectiva, y ya, finalmente regresar a Fuendetodos.
Continuando la marcha y justo casi al final del cañón, nos encontramos con un par de coches. Son de gente que está escalando. Tanto en la pared de la derecha como en la de la izquierda. Están en silencio. Concentrados. Saludamos y continuamos. Son las únicas personas que hemos visto en horas.



Mientras vamos caminando, vemos factible acortar la subida por una ladera que se extiende a mano derecha. Si vamos por ahí no tendremos que seguir la pista marcada que nos llevaría mucho más tiempo de marcha, además para llegar al final al mismo sitio. Nos ponemos a ello. Subimos en diagonal y en poco tiempo estamos ya en la parte alta. Una vez arriba la vista del cañón que queda por debajo es magnífica.





Vamos avanzando. La visión es diferente. El camino por el que hemos pasado antes ahora se ve pequeño abajo. En la lejanía incluso se aprecia la localidad de la Puebla de Albortón.


A medida que vamos avanzado, llegamos a la altura de la pilastra del ferrocarril. A nuestra izquierda hay unos pequeños edificios. Nos vamos a acercar a verlos. No es otra cosa que la antigua estación del tren minero. Se trata de la estación de la Puebla, la número catorce del recorrido desde Utrillas, y está en el kilómetro ochenta y seis de la línea de vía estrecha. Aquí estaba situado un aljibe y un muelle para granos.

Todos los edificios están en ruinas. Uno está especialmente deteriorado. El otro aún conserva su estructura pero el interior está destrozado. Han tapiado las puertas y ventanas con ladrillos pero lo que se puede ver está en un estado lamentable. Entre ellos aún se adivina el camino que seguía la vía, pero sin raíles ni traviesas. Todo lo que pudieron aprovechar, se lo llevaron. Tampoco hay ningún cartel ni indicación que nos de una idea de lo que fue aquello. En una garita que está abierta, hay una mesa y una silla destartaladas. Un calendario cuelga de la pared. Año 2012.
Nos vamos de allí un tanto apesadumbrados por ver la decadencia del lugar. Pensamos que tal vez si todo esto se adecentara podría suponer un cierto reclamo turístico, para la zona.
Seguimos. Nos acercamos a la zona donde acaba el terreno y comienza el vacío,justo donde empezaba el puente sobre el barranco. Enfrente y en el centro, la pilastra. Y más allá, el otro lado. Puedes imaginar las vías salvando el espacio entre ambas paredes, sólo que ahora no están. Y también imaginar lo que vería el maquinista al cruzar con aquellas máquinas de vapor arrastrando los vagones cargados a rebosar del preciado carbón.

Estamos un rato observando el lugar, nos hacemos unas cuantas fotos y seguimos adelante.


El cañón de Zafrané está terminando y ya buscamos la salida por la parte alta. O retrocedemos o miramos de acortar. A la izquierda, junto a los edificios, hay una zona plana y profunda que no es otra cosa que una cantera de mármol que parece ha estado en explotación hasta hace no mucho. ¿Sería hasta el 2012? El calendario que he visto en la garita antes me hace pensar que puede ser que sí. Las paredes están cortadas como si fueran mantequilla en una explotación sistemática.
Llaman la atención los bloques que allí hay, como esperando a que alguien se los lleve, pero que ya jamás nadie recogerá, pues la cantera ya no se explota. Son formas perfectas, cuadrados y rectángulos en su mayoría. La cantera podría ser un buen atajo, así que vamos hacia allá. La recorremos buscando una salida hacia el principio de la Foz. Es curioso ver en las paredes los agujeros que hicieron seguramente para meter los explosivos que servían para las voladuras controladas con las que facilitar la extracción. De hecho vemos una zona donde un cartel anuncia una zona donde se guardaban. Salimos de la cantera y ya vamos por una zona de monte abierta. Pasamos junto a otro grupo de bloques de piedra apilados.
Ya desde arriba se ve el principio de la foz y del camino que recorrimos anteriormente.

Ahora ya sólo queda volver a Fuendetodos por la pista que hemos usado anteriormente. Esta parte del camino se hace más monótona, aunque necesaria. Hay que volver. Miro el reloj. Las 17,30 horas. Calculo que hasta Fuendetodos tendremos unas dos horas, o dos horas y media dependiendo del ritmo que llevemos.

Al cabo de aproximadamente una hora ya hemos llegado a la Ermita de San Roque. Desde allí nos queda otra hora, más o menos, hasta llegar a destino. En vez de volver por el camino de la mañana, cogemos en una bifurcación la pista de la derecha, que se introduce en unos pinares. No es intencionado, nos hemos equivocado pero el resultado es el mismo, sólo que alargaremos unos tres kilómetros más, y cuando ya se va de vuelta, todo lo que sea alargar el camino no cae muy bien. Pero no nos queda otra.



Volvemos a encontrarnos con nuestro viejo amigo de la ida, el gran pino, donde descansamos brevemente para beber agua y reanudamos la marcha. Bajo su sombra se está de maravilla. Pero no nos podemos entretener demasiado. Hay que llegar a Fuendetodos lo antes posible.


Vamos avanzando y pasamos junto a una construcción rural que parece bien conservada, o al menos que aún se utiliza regularmente, esa es la impresión que da. Queda a nuestra derecha. A la ida la vimos a nuestra izquierda, pero porque fuimos por un camino que va más abajo, respecto al que llevamos ahora. Hemos cambiado de ruta.
La pista sigue, y ya se nos hace algo costoso el camino. Seguimos la pista y nos encontramos con que hay un atajo que pasa por el monte. Es una ruta señalizada, así que no hay más que seguirla. La cogemos. Vamos a acortar y ganaremos tiempo.

Al cabo de una media hora,más o menos, pasamos justo al lado de otra Foz, la de la Bajada. Paramos un momento a verla desde arriba. En otra ocasión tal vez volvamos a recorrerla. Pero hoy no. No hay tiempo. Le digo Ángel que hay como una especie de trono de piedra que mira justo a la hoz. ¿Alguien se habrá sentado más de una vez allí?. Lo prueba y viene justo. Ni hecho a idea.¿O sí?. Vete a saber.


Seguimos. El camino va adquiriendo paulatinamente pendiente. El último tramo es cuesta arriba. Al principio de la excursión fuimos bajando desde Fuendetodos hasta que la pista se niveló, pero ahora nos toca recorrerlo a la inversa.Cuando ya llevas tantas horas de marcha y ya está todo visto, no es que apetezca mucho pero estamos fuertes y lo superamos sin problemas.
Al rato ya empezamos a ver referencias que nos indican que nos estamos acercando a Fuendetodos. Un litonero aislado, los aerogeneradores…


Estamos llegando. Miro el reloj. Son las 19,30 horas y ya vemos a lo lejos la iglesia del pueblo. Un cuarto de hora después ya estamos caminando por las calles del pueblo. Lo primero que hacemos es acercarnos a una fuente y beber algo de agua y refrescarnos.






Ya llegamos al coche. Nos cambiamos de calzado, y camisetas. Yo me encuentro perfectamente. Tengo costumbre de caminar muchos kilómetros seguidos y estoy entrenado. Mi amigo a pesar de gustarle más subir montes que hacer marchas, ha aguantado el tipo perfectamente. Han sido unas diez horas de excursión.
Volvemos otra vez a la carretera que lleva de Fuendetodos a Jaulín y de allí a Botorrita. El pequeño puerto antes de llegar a Jaulín está regulado por semáforos en algún que otro tramo. Están reponiendo la gravilla del firme. En estas carreteras comarcales, hay que ir con cuidado, porque aunque no tienen tráfico apenas, el trazado es bastante irregular.

Y pasado Botorrita llegamos hasta la autovía Mudéjar que nos llevará a Zaragoza. Un poco antes de entrar en la autovía nos llama la atención una gran humareda en la lejanía. Luego veremos que es un incendio producido por la quema de algunos rastrojos que se ha extendido, y hay algunas dotaciones de los bomberos apagándolo. La mayor parte de los fuegos son por la imprudencia humana. Una pena. Espero que este verano próximo no tengamos que escuchar muchas noticias al respecto.

Pues bien, ha sido una excursión larga, de 23,28 km en total, pero muy interesante por los lugares visitados. Quizás para el que no esté muy acostumbrado a caminar grandes distancias , los tramos de pista se le hagan un poco pesados, pero ya se sabe, el que algo quiere, algo le cuesta…como dice el refrán. Gracias por llegar hasta aquí, ha sido extenso el relato pero espero os haya gustado. Hasta la próxima. Si queréis le podéis dar un me gusta en la estrella que sale debajo de la opción de compartir abajo del todo. Gracias y ¡Hasta pronto!

































































































