Descubriendo la Sierra de Algairén (I). Pico Alto de la Nevera.(1.215 m). Pico del Espino.(1.188 m). Por el Campo de Cariñena.

Hola a todos amigos. Esta vez me voy a la Sierra de Algairén. Un desconocido y bonito lugar que todo amante de las caminatas y de la naturaleza debería visitar. Como digo en otras entradas del blog, y no es un tópico, ya llevaba tiempo rumiando la idea de ir a esta Sierra  que un día descubrí desde los altos de la Muela, mientras daba un paseo con mi perra Sacha. Desde entonces ha llovido bastante. Fue a mi amigo Ángel  al que le comenté la posibilidad de ir por allí, y casualmente, él ya había hecho algún recorrido por la zona, así que como no podía llevar mejor compañero de caminata y guía, preparamos la salida. Yo tenía un día libre en el trabajo, el jueves 11 de abril de 2019, así que pensé que sería el momento ideal para hacer la caminata, fuera del  fin de semana, que puede estar más concurrido de excursionistas. Le mandé un whatsapp a Ángel y resultó que él también podía ese día, así que fue una estupenda coincidencia que no se podía desaprovechar. A saber cuándo se volvería a repetir.

En cuanto a que no hubiese gente, no me equivoqué, porque en las ocho horas que duró la caminata, no vimos ni a una sola persona. Absolutamente a nadie. Paz absoluta. Un lujo. Una maravilla, el mejor antídoto contra el estrés acumulado por el trabajo semanal.

Pues bien, esta vez hemos ido con mi coche.El día empieza sobre las 8,30 de la mañana y paso a recoger a mi amigo  por su casa. Enseguida, salimos de Zaragoza por la Autovía Mudéjar (A-23) y después de unos 45 kilómetros llegamos a la salida de Cariñena, que tomamos. Cruzamos el pueblo y nos dirigimos a la población de Cosuenda que está a 11 km.


Esa banda gris del fondo es la Sierra vista desde la A-23. La salida hay que tomarla por Cariñena

Cosuenda es un municipio situado en el Campo de Cariñena, en la provincia de Zaragoza. Está a 630 metros sobre el  nivel del mar , y se sitúa a los pies de la Sierra de Algairén, perteneciente al Sistema Ibérico. A una distancia total de unos 57 km de Zaragoza capital.

Cosuenda, con el río Algairén canalizado como una rambla. Ahora casi sin caudal

El nombre parece provenir de la mezcla del nombre de una divinidad prerromana llamada Cosuena y del que tenía una villa romana que allí existía perteneciente a un romano llamado Cussius.

La iglesia de Algairén, Nuestra Señora de los Ángeles

Una vez entro en la población miro de localizar un sitio que me guste para aparcar el coche. Lo dejo en el Paseo de los Plataneros, que está a un lado del río, pasada la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, que así se llama, y cercano a un bar. Ahí pienso que estará bien.

Giro  los  retrovisores hacia adentro para evitar que alguien los pueda dañar y no dejo nada a la vista dentro del coche. Sacamos las mochilas del maletero y nos cambiamos de calzado ya que lógicamente para conducir llevo algo más cómodo que las botas de montaña. No nos entretenemos en ver el pueblo, lo dejamos para otra ocasión, nuestro objetivo es llegar a los  picos y no nos va a sobrar el tiempo. Lo tenemos todo calculado. Hace fresco. Tengo un gorro que es como el que llevan los rusos en la estepa, y que llevo en la mochila por si la circunstancia lo requiere. Me lo pongo. La sensación de confort es inmediata. No me molesta. También me pongo un chaleco extra tipo trango. Si luego sobra ya me lo quitaré. Al monte hay que ir bien preparado. A Ángel mi gorro le parece chulo y  me lo pide un momento para ver cómo le sienta. Al ponérselo, y bromeando, le digo que él sí que parece un ruso de verdad. Me pide que le haga una foto y así se ve.

Primera foto de la excursión. Como siempre el ánimo a tope

Ya preparados, nos  hacemos la primera foto de la excursión como recuerdo del comienzo de la misma y emprendemos camino. Nada más empezar la marcha, y hacia la izquierda, hay que cruzar el río Algairén, ahora una rambla casi seca, por un amplio puente por el que discurre una carretera asfaltada. No tiene pérdida porque hay que dirigirse hacia unas naves y depósitos de la cooperativa Grandes Vinos y Viñedos, que se ven perfectamente. Dejando a un lado los depósitos metálicos, que brillan al sol con su característico color plateado, enseguida se distinguen al frente del camino unos carteles y paneles indicativos de las rutas que se pueden hacer por la Sierra de Algairén. Hay que ir hacia el espacio recreativo Raso de la Cruz donde tomaremos la ruta al mirador de la Falaguera, que es una de las cimas que queremos hacer.

A la salida de Cosuenda, ya hay un cartel bien grande indicando hacia dónde tenemos que ir

El camino se hace ameno, vamos animados charlando. Vemos las casas del pueblo a la izquierda, en la relativa lejanía, están sobre la ladera del monte, a mí me parecen cubos y rectángulos colocados en un “caótico orden”. Destaca en lo alto, como una especie de torreón. Está totalmente cubierto de andamios. Es la torre del viejo castillo de Cosuenda. Deben estar restaurándola. Vamos dejando atrás algunas casas bajas, que están próximas al camino y tienen sus propios huertos. Como suele pasar casi siempre, en cuanto nos detectan, si hay perros detrás de alguna puerta, empiezan a ladrar como descosidos. Nos da igual, mientras no puedan saltar, que ladren todo lo que quieran.

Seguimos caminando y reparo en una casa que deja ver su pequeño huerto y en que veo algunas gallinas campando a sus anchas. Me entretengo en hacer algunas fotos. Si algo bueno tenemos, es que como a los dos nos gusta disfrutar del camino y de la fotografía, no nos importa esperarnos mutuamente. Ya contamos con un poco más de tiempo extra al planificar las excursiones pues sabemos de nuestra afición. Cuando acabo, y al bajar la cámara, veo al dueño del lugar, a lo lejos, que sale de la casa y se me queda mirando con cara de no muy buenos amigos. Bueno, hago como si nada, y sigo caminando. Pienso que no debería molestarse ¡porque le haya hecho una foto a sus gallinas!.

Al  poco rato, y también a la izquierda, en una bifurcación del camino, nos encontramos con un pilón que tiene en su parte superior una urna que contiene dentro la figura  de un Santo. Una placa de cerámica a media altura y que tiene una inscripción, dice : “Peirón de San Cristóbal”. ¿Qué es esto?  Esta señal o peirón como se dice en la zona, es una pequeña estructura de forma monolítica, que suele hacer referencia a la vida de los antepasados de las gentes del pueblo, y también un símbolo de su devoción religiosa. Según la tradición popular, aquí se juntaban el día de San Cristóbal todos los «carreteros» (personas que tenían carros), con sus animales de tiro y carros engalanados para subir todos juntos en romería hasta «el Santo», donde se encuentra la Ermita de San Cristóbal.

Peirón de San Cristóbal
San Cristóbal en lo alto del Peirón

Como dato explicativo decir que los peirones se dirigían generalmente a uno o varios santos, que eran representados en su parte superior con figuras o imágenes como es el caso de éste. Se sitúan en los márgenes de los caminos, a la entrada de los pueblos, o bien en el centro de los mismos, y en algún caso excepcional en sitios de carácter estratégico, como la altura de un cerro o monte, o donde tuvo lugar un acontecimiento histórico significativo. También sirve para mantener vivas ciertas tradiciones como algunas romerías. Este que vemos, se encuentra en el cruce del antiguo camino que se tomaba para ir de Cosuenda a Tobed. Está más o menos a 1 km del pueblo.

Pero este Peirón que ya vamos dejando atrás tiene su historia reciente y no muy buena. En el año 2.000 la imagen original de San Cristóbal fue robada y las gentes del pueblo tuvieron que comprar otra nueva para reponerla. Un año después, un vehículo que sufrió un accidente lo tumbó y quedó totalmente destrozado, con lo que hubo que rehacerlo de nuevo, eso  sí, respetando fielmente el original.

Algunos almendros y ciruelos en flor se ven en los campos y a lo lejos en el horizonte aparece el pico Valdemadera de 1.273 metros, que se distingue claramente por tener un complejo de antenas justo en su cima. Pero también se distingue el Mirador de la Falaguera, o Alto de la Nevera a 1.215 metros, con su caseta de vigilancia forestal, donde tenemos la intención de llegar. Y luego, si hay fuerzas y nos da tiempo, iremos, por la cordal de la Sierra hasta el pico del Espino, a 1.188 metros, que nos llevará como una hora y media más de camino adicional.

Ya se ve en la distancia el Pico Valdemadera, con sus antenas. Está a 1.273 metros sobre el nivel del mar
La cima del Alto de la Nevera a 1.215 metros. Se distingue con el zoom la caseta del ICONA

Al rato, vemos a mano derecha del camino, una casa aislada con un gran abeto. A mí, por la localización y el tipo de edificación, me hace pensar que podría ser el típico caso en que el dueño actual bien podría haber adquirido la propiedad de la  cosa por usucapión. Por supuesto me puedo equivocar, pero este pensamiento me da pie a reflexionar sobre ello. Se lo digo a mi amigo y le explico que si eso hubiera sido así, da igual que no tuviera título de propiedad, ni buena fe al ocupar el terreno en su momento, pero con tal de que lo haya poseído de forma pública,  pacífica e ininterrumpida, puede llegar a ser finalmente su dueño. Pero eso sí, debe ocuparlo durante treinta años seguidos. Le digo bromeando: “te imaginas, van a cumplirse los treinta años, son las 11,45 horas del 31 de diciembre y va, y aparece el  verdadero dueño que presenta el título de propiedad…”. En esto que seguimos caminando y vemos un cartel que dice: «peligro abejas». No nos entretenemos en averiguar donde están.

Vamos hablando de todo esto y de repente un ruido de motor nos sobresalta. Un coche se acerca rápido por nuestra espalda. Nos hacemos a un lado del camino y resulta ser un todoterreno de la Guardia Civil. Cuando pasa a nuestro lado percibo que se nos quedan mirando, como vamos camuflados, al menos yo, igual piensan que podríamos ser cazadores.

Enseguida la ruta llega a una  bifurcación. El camino  cruza una acequia y se ve un cartel al otro lado que hace referencia al Raso de la Cruz. Hay que ir por ahí. Es un panel cuadrado, grande no tiene pérdida. Nos hacemos una  foto junto al dicho cartel. Previamente he sujetado la cámara, con mi pequeño trípode donde he podido. Siempre me las apaño para apoyar mi trípode de tamaño mini, y de patas que se doblan, en los sitios más insospechados. Eso sí,  si me es posible siempre tengo la precaución de enrollar o pasar por una rama o  lo que tenga a mano, la cuerda que lleva la propia cámara y que en situación normal me sujeto a la muñeca, no vaya a ser que en pleno proceso fotográfico, alguna racha de aire, o simplemente por desequilibrio paulatino, la cámara se caiga al  suelo, – las digitales llevan muy mal los golpes-, y así en el peor de los casos, quede colgando sin llegar a caer. Esto me ha salvado más de una vez. Incluso en esta excursión, como más tarde contaré.

Desde luego por carteles no será. Es difícil perderse.

Vamos avanzando y dejamos a los lados casas de labor, algún viñedo, y árboles en flor. Es bonito el  paisaje que vemos. Al pronto, sobre nuestras cabezas, un gran ruido, son aviones. Van bajos, tanto que le puedo contar a mi amigo el tipo de avión que es. Son militares, de caza, se distingue la silueta grisácea, el  ala en forma de delta, característica de este modelo; el Eurofighter Typhoon. Hacen varias pasadas, pero no me da tiempo a hacer alguna foto, van muy rápido. ¿Maniobras? Puede ser.

Estamos en el Raso de la Cruz a 731 m.

Al  final llegamos al Raso de la Cruz a los pies de la Sierra.  Hemos recorrido 3,7 km desde Cosuenda, y estaremos a unos 731 metros de altitud, es decir hemos ido ascendiendo casi sin darnos cuenta unos 100 metros desde que salimos del pueblo. Es una zona recreativa muy bonita, todo está muy verde, y hay mucho arbolado, principalmente fresnos, chopos y encinas, y también hay una fuente. Está en la confluencia de dos barrancos, el de Valdecerezo y el de la Peña de la Tía.

Raso de la Cruz

Allí se encuentra una especie de estructura de madera con techo, para poder sentarse y comer. Hay mesas y bancos. Hay también una zona de columpios para los niños. Un par  de pequeños puentes permiten cruzar un riachuelo. Uno de ellos lo han fabricado con un trozo de tubo de hormigón como los que se usan para las tuberías grandes, y se nota que luego lo han revestido de piedra para que quede más estético.  El caso es que ha perdido parte del revestimiento y queda francamente feo. Lo deberían restaurar. El otro se ve mejor.

Hay también una caseta que está habilitada para hacer fuego y preparar barbacoas en su interior. La construcción en cuestión no es muy elegante, de sosas paredes grises, en cemento. No encaja con el entorno. Podían haber cuidado más su aspecto exterior. Son estos detalles los que marcan la diferencia. Pero en conjunto, y salvo estos inconvenientes, el sitio está muy bien. Han dejado un coche aparcado en las inmediaciones. Alguien que posiblemente irá a hacer también una excursión por los alrededores y ha elegido llegar hasta allí en su vehículo.  Nosotros hemos preferido caminar. El caso es que fuera quien fuese, nunca llegaremos a ver a nadie. Así que inspeccionamos tranquilamente la zona, nos hacemos algunas fotos, nos quitamos algo de ropa de abrigo, pues el día al menos en esa zona se ha templado algo, y retomamos la marcha.

Todo estupendamente explicado y el cartel en perfecto estado

No sin antes repasar la ruta que vamos a seguir. Partiendo del Raso de la Cruz, tenemos que enfilar por el camino del barranco y la fuente de  Valdecerezo, llegar al sitio del Emparrado, visitar la Nevera, hacer cima en el Alto de la Nevera o Mirador de la Falaguera como lo llaman en Cosuenda. En total hay que superar un desnivel de unos 450 metros o más, que se comienza ascender paulatinamente en cuanto dejas el Raso de La Cruz, con lo que calentar músculo previamente es muy recomendable, y el camino desde Cosuenda hasta aquí nos ha venido de perlas para ese cometido. Hay gente que deja el coche en la misma área recreativa, como hemos comprobado, y nada más empezar a caminar ya lo haces subiendo, y a medida que vas haciendo senda, en algunos tramos es bastante empinada.

Si sirve como aviso para navegantes tengo que decir que esta ruta los montañeros más  avezados la  clasificarán de dificultad moderada o media. Para los simples mortales lo dejaremos en relativamente exigente. Pero para los que no están muy acostumbrados a caminar con asiduidad o a hacer deporte, les va a suponer cierto esfuerzo. No es un paseo por la playa. Hay que pensar en que son unos 4,5 km de subida casi continua. Pero que no se desanime nadie por esto. Simplemente hay que medirse las fuerzas y obrar en consecuencia. Si no se puede llegar arriba del todo, también hay lugares muy bonitos en el entorno para visitar sin tener que superar la capacidad de cada uno.

Bueno, pues ahí está. La Sierra de Algairén en todo su esplendor. Pero ¿por qué está ahí? ¿Cómo surgió?. Solo diré que son unos montes muy antiguos. La Sierra de Algairén ya existía antes que la Cordillera Ibérica y que el Moncayo (2.314 m) . El origen está en la Era Primaria, en el Paleozoico, unos ¡¡500 millones de años hacia atrás en el tiempo!!. Como me extendería mucho en explicar todo  el proceso de su orogenia, ya que me gustan mucho estos temas, voy a dejar en otra entrada de mi blog, el origen más detallado de esta Sierra y del terreno colindante. A mí siempre me ha interesado mucho el origen geológico del terreno por el que me muevo. Pues bien, todos los datos en la entrada que he llamado “La Sierra de Algairén. El origen”. Espero que a los amantes de esta ciencia, como yo, o simplemente a los curiosos, les sea útil esa entrada.

Pues bien, en unos carteles indicativos te dan dos opciones. O vas hacia la derecha o tiras por la pista de la izquierda, hacia Valdecerezo. Siguiendo el camino hacia el paraje del Santo Aguarón. Elegimos esta última. Además mi amigo Ángel me dice que por ahí es por donde podremos disfrutar de una ruta botánica en la que hay multitud de plantas que ver, además de sus correspondientes paneles explicativos para cada especie. Unos cien metros después de estos, aparecen otros indicadores. Uno de ellos dice Collado de Valdecerezo y la Nevera. Hay que seguir por ahí.

Valdecerezo es la consecuencia directa de la erosión del viento y del agua, durante al menos dos millones de años, y también es producto del encajonamiento de las redes fluviales que ha creado arroyos y barrancos.

Caminando ya te das cuenta que la pista empieza a subir paulatinamente aunque mantiene una anchura por la que podría perfectamente circular un vehículo todoterreno. Las vistas son magníficas, los montes están llenos de árboles como tapados por un manto verde sin fin,  al igual que a cada lado del camino. Todavía en el horizonte se sigue viendo la cima del pico Valdemadera, fácilmente distinguible por sus antenas de comunicaciones.

Pero poco a poco el camino se va estrechando. Ya sólo se puede recorrer a pie, nada de vehículos. La vegetación nos envuelve y van apareciendo los paneles explicativos a cada lado en perfecto estado de conservación. Parecen nuevos. En cada uno de ellos describe el tipo de planta, que tiene próxima, su floración, características generales…es muy instructivo y se hace muy ameno. Lo malo es que hemos llegado en un momento del año no muy idóneo para ver muchas de las flores. Demasiado pronto. Mi amigo pensaba que veríamos las plantas en floración, pero así como en el valle la primavera parece haber hecho ya su aparición aquí parece que todavía no ha llegado el momento. Seguramente será por el clima, más frío. Habrá que volver en otra ocasión para poder disfrutar del espectáculo floral.

Lo verdaderamente bonito de este sitio, es que sin ser Pirineo, está a tan sólo 55 kilómetros de Zaragoza capital.

Así avanzando llega un momento en que nos metemos de lleno en los bosques densos, plagados de encinas. ¡Cuántas hay! Es un gozo ver tanta naturaleza intacta. El clima preponderante en la zona es de tipo mediterráneo continentalizado, con gran amplitud térmica, de veranos calurosos e inviernos bastante fríos. También se ve algún roble albar, pero dónde sí que localizaremos más ejemplares, por lo general de gran porte, será a partir de los 800 metros de altura, más o menos. Hay también algunos pinos resineros, casi todos de repoblación, ya que durante siglos, la presión humana sobre el robledal y el  encinar fue tremenda. Sobre todo en las proximidades de Cosuenda, donde se talaron grandes extensiones de robles y encinares para usar su leña en las carboneras. Afortunadamente algunos ejemplares de robles en cotas más altas se salvaron de la tala.  En fin, es la historia de siempre. En aquellos tiempos no se hacía una explotación sostenible del monte. Menos mal  que ahora todo esto se mira con lupa.

Todo lleno de encinas y otros árboles
Cada tipo de planta digna de mención aparece en los carteles explicativos de los lados del camino
Libando las flores

Bueno pues seguimos la senda. También, de vez en cuando, algún escarpe rocoso se asoma al camino. Es bonito de ver. Pasamos junto a una de estas peñas, la Peña de la Hiedra, por la profusión de esta planta, que trepa resuelta por sus paredes. Estamos a 770 metros de altura. Los paneles explicativos no dejan de aparecer ¿pero cuántos hay? Ángel me dice que en una marcha anterior llegó a contar más de veinte. Yo creo que hay muchos más.

La Peña de la Hiedra a 770 metros

Al rato y siempre en subida, alcanzamos una zona que sí está enteramente cubierta de pinar resinero, el olor es inconfundible. Por un instante este hecho me retrotrae a la infancia, cuando sentía este olor de forma intensa en un parque llamado Arratiecho, que está en las proximidades del pueblo de Biescas, en el Pirineo aragonés, a la vez que me quedaba ensimismado mirando los saltamontes que saltaban a mi alrededor y que lucían las alas de las patas traseras azules o rojas, según tocaba. Hay que ver cómo a veces cosas aparentemente sin importancia se quedan grabadas en el subconsciente, y perduran toda la vida.

Parece ser que en un momento determinado ya no hay más paneles y se sale a una zona abierta donde el camino estrecho se une a una pista. Mucho ojo en este punto. Se puede uno confundir. La pista hace curva y sigue subiendo hacia la izquierda. Mucha gente va por ahí pensado que es lo correcto, pero no. Al  frente, abandonando la misma, hay una senda más estrecha. Es ése el camino que hay que coger.

Ojo con esto. No hay que seguir la pista que va subiendo.
A nuestras espaldas está el camino bueno.
Este es el camino que hay que seguir, es pequeño y estrecho

Empezamos a subir, esta vez de forma mucho más abrupta. Para mi  sorpresa aún siguen apareciendo algunos carteles informativos como los de antes. Ya se ven robles. El roble albar que va buscando las laderas más sombrías y que siempre en los ejemplares de mayor porte, resulta imponente su observación.

El camino se mete en el bosque. Estamos subiendo y se nota.

Llegamos al sitio del Emparrado (940 m). No sé por qué lo llaman así ya que un emparrado es un conjunto de palos y travesaños puestos y atados uno sobre otro, de manera que formen bastidores y cuadros pequeños para hacer con ellos bóvedas, empalizadas o espalderas en los jardines. Junto a una señal que indica el sitio han colocado una especie de banco de hormigón. Lo  que está claro es que estamos en el corazón del bosque. La arboleda es exuberante, dicen que por aquí se crea un microclima especial, que permite que crezcan robles, acebos, arces, fresnos, sauces…de todo.

El camino cada vez  se hace más empinado, haciendo zig-zags continuamente, cuesta esfuerzo subirlo. Vamos a buen ritmo, pero a ratos hay que darse un respiro. De paso aprovechamos para hacernos alguna foto y para contemplar el entorno. Tengo que decir que toda esta zona está muy bien señalizada, y que la abundancia de paneles explicativos de todo tipo, aves, plantas, le da un valor añadido a la excursión. Así da gusto. Seguimos literalmente subiendo la ladera de la montaña, atravesando los bosques, no se ve nada en el horizonte, sólo los árboles y la espesa vegetación. En todo este rato, las últimas personas con las que nos cruzamos desde que salimos de Cosuenda han sido  los Guardias Civiles del todoterreno. Nadie más.

La profusión de carteles indicativos de flora, fauna y demás es notable. Un diez para los responsables.
Pendiente contínua, pero al menos agradable de hacer, gracias a la exuberancia vegetal del entorno
La senda es de subida continuada

Seguimos  subiendo y subiendo, hay veces que los árboles se inclinan sobre el camino y forman como pequeños arcos. Otras, en las zonas de más umbría, aparecen los típicos musgos verdosos y amarillentos, y los líquenes en troncos y piedras. Dicen que siempre salen mirando al norte.

Musgos y líquenes

Hay zonas donde se ve algo de glera, lascas de piedra que por la acción del  hielo – deshielo se han desgajado de su roca original y que por acción de la gravedad se han deslizado ladera abajo. Hay curiosidades, como los troncos de unos árboles que se han enrollado sobre sí mismos formando una curiosa estampa. Después de unos cientos de metros más de camino, nos encontramos con una bifurcación y un poste señalizador que nos da opción a seguir por dos rutas distintas. Nosotros tenemos que tomar la que indica Mirador de la Falaguera y La Nevera.

Hay que seguir hacia la Nevera y el Mirador de la Falaguera

Lo que sigue es ya otra cosa. Salimos del bosque y el paisaje en el horizonte surge de nuevo. Podemos  ver ahora todo el costado de la montaña por donde hemos estado subiendo y los bosques que hemos atravesado. Las vistas son magníficas. Observamos, por fin, algunos tipos de  flores. Mi amigo tiene especial interés en una de ellas, el junquillo blanco, que es un narciso silvestre. Son de un color crema claro, a veces amarillento pálido. Aparece en los pastos pedregosos, claros de bosque y matorral de jara o brezo, en sierras silíceas frescas, pero no muy húmedas. Florece ahora, cuando hacemos la excursión, por eso la podemos ver. Y el terreno que pisamos es exactamente de zona pedregosa con pastos. Parece ser que es muy escasa en Europa, y está considerada por esto como especie de interés por una Directiva de Hábitats de la Unión Europea. Sabemos estas cosas porque Ángel lleva un libro donde vienen todas estas explicaciones. Vamos a hacer unas fotos. Con su cámara parece que no se puede coger bien el macro, así que yo le hago unas cuantas fotos con la mía. De todas formas se las iba a hacer igual. La flor es bonita, tiene una forma muy fotogénica diría yo.

El costado de la montaña. Por el interior de sus bosques hemos ido ascendiendo
El junquillo blanco. Especie floral de especial interés

Seguimos la ascensión y llegamos a unas rocas que se recortan contra el horizonte. El territorio a los pies de la Sierra, queda muy abajo, y como hay nubes, se crean zonas de sombra y de luz en la llanura. Se ven los campos, unos verdes, otros marrones, y también los pueblos del llano, que parecen enanos desde aquí. Se  aprecian carreteras que se pierden en lo que parece el horizonte infinito, y se pueden ven aerogeneradores eólicos en la lejanía, creo que son los altos de la Muela. La  sensación es de estar a vista de pájaro.

Olas de montañas

Los montes se agolpan unos tras los otros como si fueran olas azuladas en la lejanía. Todo adquiere una dimensión que sólo se puede apreciar cuando ganas altura. Las rocas se prestan a hacerse alguna foto en el lugar como no podía ser menos. Una roca en concreto seguro que ha servido a algún caminante intrépido para colocarse ahí y hacerse un selfie. Nosotros no corremos riesgos, un mal tropezón o un descuido y te arruinas la excursión.

Continuamos con nuestra ruta. Otra vez el camino parece entrar en la espesura. Dejamos por un momento los amplios horizontes. Vemos un letrero en un poste que señala un sendero. Pone La Nevera (1.166 m). Nos vamos a acercar a ver que es. Después de recorrer algunos metros, llegamos a una especie de muro de piedra, que resulta ser una construcción de mampostería de grandes dimensiones. Se trata de una nevera. Yo  las he visto en la zona de  Fuendetodos, con su estructura cónica, como la nevera Culroya, perfectamente conservada (el que la quiera ver, que visite la entrada de la casa natal de Goya en este blog). De ésta, sólo quedan partes, está muy deteriorada. Pero este hecho me permite comprobar cómo eran estas construcciones en su interior, ya que la de Fuendetodos no la pude ver por dentro. En su contemplación hay que andarse con mucho cuidado. No  hay protección perimetral  y si caes dentro te puedes hacer mucho daño. Eso si lo cuentas.

La Nevera 1.166 m

El hueco que hay escavado en el suelo de la nevera es muy grande y profundiza varios metros hacia abajo. Está revestido de piedra. A nivel del suelo se adivina la puerta de entrada. De la cúpula que cerraba el conjunto no queda nada. Se ha  perdido. Estas construcciones tradicionales se utilizaban para guardar la nieve del invierno y luego en verano tener hielo con el que se conservaban mejor los alimentos. Era el frigorífico de nuestros antepasados. Una vez visto, retomamos el sendero volviendo sobre nuestros pasos y seguimos adelante.

Otra vez hacia arriba. ¿Es que hemos dejado de subir alguna vez? El camino es estrecho. Es duro. Ya llevamos acumulados en las piernas unos cuantos cientos de metros de desnivel y empieza a notarse en nuestros cuerpos el esfuerzo. Por fin, el camino se abre otra vez y podemos divisar el pico Valdemadera, con sus antenas y sus construcciones que las albergan. Un cartel nos invita a decidir si vamos allí o continuamos hacia el Mirador de la  Falaguera y la Peña la Tía. La verdad es que el pico de 1.273 metros está al alcance, unos cientos de metros caminando nos separan de él. Pero  mi amigo  dice que no es muy atractivo llegar hasta allí, ya que al existir las construcciones le quita algo de encanto, y que es mucho mejor continuar hacia la Falaguera, y de allí, si nos da tiempo y tenemos ganas, al  Pico del Espino (1.188m). Así que le hago caso y seguimos adelante.

Valdemadera (1.273 m) con sus antenas. Lo tuvimos a tiro de piedra, pero decidimos continuar hacia la Falaguera

Dejamos las antenas a nuestra izquierda y vamos caminando esta vez por una senda ancha, tipo pista forestal, pero que va por la parte alta de la montaña, las vistas son otra vez espectaculares, inmensas. Se divisa La Falaguera, pero  también se puede ver la cúpula gris y redondeada en forma de globo del radar militar del Frasno, a lo lejos, en la Sierra de Vicort, en el término municipal de El Frasno, sobre el pico de La Nevera, de 1.411 metros de altura, donde se encuentra el EVA nº 1 (Escuadrón de Vigilancia Aérea). Estas instalaciones suministran permanentemente datos de radar para el control aéreo de nuestro país por parte del Sistema de Mando de Control del Ejército del Aire y de Aena. Es decir, que desde aquí se vigila el espacio aéreo del cuadrante Noreste de la Península, por donde circula todo el tráfico que llega de Europa o entra en África. Ahí queda el dato. También se divisan varios pueblos en la lejanía, como Tobed, y otros, el panorama es, otra vez hay que decirlo,espectacular.

Nos vamos alejando del pico Valdemadera y vamos avanzando hacia el Mirador de la Falaguera
Al fondo, la Sierra de Vicort. Se puede apreciar el «globo» del radar del EVA, en la cima de La Nevera, a 1,411 m.
Foto sacada con el zoom a tope donde se ve claramente el radar. En la foto anterior es el punto gris sobre la cima.

Ya nos vamos acercando al Alto de la Nevera, o Mirador de la Falaguera (1.215 m). Lo que en un principio parecía un camino de tierra muy blanca que ascendía hasta la caseta de vigilancia forestal, resulta ser un camino de cemento al que le han hecho unas hendiduras horizontales a modo de rayas para que se agarren mejor los vehículos al subirlo o al bajarlo. Seguimos subiendo, y por fin llegamos al Mirador. Estamos, a 1.215 metros. Inmediatamente notamos el aire fresco que arrecia.

Ya se ve el Alto de la Nevera o Mirador de la Falaguera, como lo llaman en Cosuenda.
En primer plano la pista de cemento para acceder a la caseta el ICONA. Al fondo, Valdemadera con sus antenas

Allí hay una pequeña caseta, la de ICONA, parece relativamente nueva. La propia construcción nos proporciona una zona de abrigo, pero cuando sales de su protección, el  viento sopla con fuerza y es frío. El cielo se está encapotando cada vez más. Calor no hace. Cuando las nubes dejan pasar algunos rayos de sol, se agradece. Otra vez me disfrazo de ruso. Y me vuelvo a poner el  chaleco de abrigo, uno rojo que me regaló mi hermano y que me viene de perillas para estos casos. Ahora sí que bebemos agua. Yo ingiero ningún sólido, no lo necesito. Voy bien desayunado. Mi amigo sí que toma algo de comer.

La caseta de vigilancia forestal en el Alto de la Nevera a 1.215 m
Primer objetivo logrado, a nuestra espalda el llano donde se encuentra Cosuenda y Cariñena. Y al fondo Zaragoza
Detrás nuestro el puesto del ICONA. Y más atrás la Sierra de Vicort.
A nuestra espalda, la Sierra de Algairén y nuestro próximo objetivo del día, El pico del Espino.

Tobed a los pies de la sierra de Algairén en la parte baja de la foto. En la vertiente contraria a Cosuenda y Cariñena
Foto con el zoom de la localidad de Tobed
En la lejanía, con el zoom, el pueblo de Codos
Sierra de Algairén
Foto con el gorro de abrigo. No molestaba en absoluto. Cuando a veces salía el sol, era bienvenido
Otra panorámica de la Sierra de Vicort y el Pico de la Nevera. El punto gris redondo que se ve es el radar del EVA
La cima pelada que se ve iluminada por el sol es el Espino, hasta allí tenemos que ir. Hora y media más de marcha
Santa Cruz de Grío, en primer término. Mas al fondo El Frasno. El zoom parece reducir las distancia, pero la hay.
El radar del EVA, ese punto gris en la cima. A sus pies, el Frasno, la mancha blanca más cercana a la Sierra de Vicort.
Volar como un pájaro debe parecerse a ver esto
Alfamén en la lejanía, mirando hacia el llano. Más allá los molinos eólicos de la zona de la Muela
Aguarón en primer término y Cariñena después. Al fondo los aerogeneradores de la Muela. Tras ellos Zaragoza

Después de un rato de observación panorámica y de un pequeño descanso, decidimos continuar. Vamos pues al pico del Espino.

Para llegar a ese pico, hay que recorrer el  cordal de la Sierra. Es decir, por la parte alta seguir una senda. Según Ángel tenemos como una hora y media más de camino. Al principio se baja un poco, hay que descender de la caseta de los forestales, pero luego otra vez se nivela la ruta y se vuelve a ascender. Se puede ver a lo lejos nuestro objetivo.

Desde el Alto de la Nevera vemos el pico del Espino. En rosa la ruta aproximada a seguir.

Estamos claramente bajando de cota, pues a lo lejos queda la caseta de donde venimos, claramente por encima de donde nos encontramos. Pero enseguida empezamos a subir otra vez. Vemos el horizonte. Hay alguna roca que cuelga de la montaña, como queriéndose asomar al vacío.

Rocas que cuelgan de la montaña desafiando al vacío
Otra vez hay que subir. Estamos haciendo una «montaña rusa» por el cordal de la Sierra

La senda se estrecha de nuevo y vamos entre la vegetación. Al cabo de un rato, otra vez el terreno nos hace descender. Aquí ya hemos aprendido la lección. Cuando bajas, pronto vuelves a subir. El respiro dura poco.

En un tramo que vuelve a entrar en un bosquecillo, se pueden ver sobre los árboles un montón de líquenes como esos que se usan para hacer los dioramas de las maquetas o los bonsáis artificiales. Tienen un tono grisáceo blanquecino. Da la impresión de que las ramas que los soportan estén cubiertas de escarcha, o que se haya producido la cencellada,fenómeno meteorológico que se da cuando las gotas de agua que contiene la niebla se congelan, dando un aspecto de neviza.

Los líquenes fruticulosos, viven sobre las ramas y tienen aspecto de pequeños arbolitos.

En este caso los líquenes se forman por asociación de un alga y un hongo. La relación que establecen estos individuos es una simbiosis, es decir, una relación donde los dos obtienen un beneficio con esa asociación. El alga realiza la fotosíntesis, por lo que proporciona materia orgánica al hongo. Otro ejemplo de cuando la naturaleza trabaja en equipo. Estos que vemos se llaman líquenes fruticulosos.

Nos sorprende ver tanta cantidad de líquenes sobre los árboles
De lejos parece escarcha o cencellada, pero es un liquen fruticuloso

Al cabo de un buen rato, se sale a una zona muy abierta. Otra vez vemos unos postes indicativos que nos guían sobre la dirección a tomar. Indica el Pico del Espino. Ya veo el sendero. Toca subir. Y el camino es empinado. Otra vez. Hacemos acopio de fuerzas y adelante. Al principio la senda es estrecha y entramos en zona boscosa. Luego se abre un poco y permite ver el horizonte.


La señal nos indica la dirección al Pico del Espino . A nuestra espalda queda el bosquecillo de los líquenes

Al frente se ven unas rocas o peñas que resultan ser las llamadas Peñas Blancas. Continuamos y vemos que esta zona está cubierta en su mayoría de pinos, y vemos además que han hecho labor de tala, para clarear el monte. Se ven perfectamente las marcas de las orugas que ha ido dejando en el suelo la maquinaria que han utilizado, y también se aprecia por donde han bajado los troncos. Al estar al socaire, y dentro del bosque empezamos a tener calor. Nos quitamos ropa. No queremos sudar y en el pico coger frío.

Las Peñas Blancas

También aparecen a los lados grandes rocas, que parecen desprendidas hace muchísimos años de la montaña y que le dan al paisaje un carácter un tanto primitivo y salvaje. Al final, nuestros ojos ya ven la cima y arriba del todo, se puede divisar una cruz de hierro. Es el  pico. Vamos hacia allá.

Las encinas se empiezan a mezclar con los pinos
Se aprecia claramente la cicatriz que ha dejado la bajada de troncos en el terreno tras la tala
De allí arriba venimos. Se puede ver la caseta del ICONA en el Alto de la Nevera

Otra vez se empiezan a ver subiendo las olas en forma de montes

Llegamos al Pico del Espino. Estamos a 1.188 metros de altura. El lugar es impresionante en cuanto a las vistas. Esta Sierra, en la parte alta, estés donde estés, es un excelente mirador a todo el  valle que tiene a sus pies y a las cadenas montañosas del entorno. El esfuerzo por encontrarse en un sitio así bien ha merecido la pena. En algún momento vemos aves, y puedo hacer una foto a una de ellas. ¿Águila real, o alimoche?. Tendré que consultar. Lo cierto es que águilas en esta sierra hay.

Con el zoom pude sacar este ejemplar de una rapaz que no logro identificar. Puede ser una joven águila real
Esto es Cosuenda a 630 m, visto desde el Pico del Espino a 1.188 m
En la Cruz del Pico del Espino

Mientras nos entretenemos en observar el paisaje y el entorno, mi amigo Ángel se afana en buscar un buzón que se supone que hay en la cima para que el que desee deje dentro un papel con alguna frase o deseo.No lo encuentra. O no lo ve, o ya no está. Vete a saber. Al final desiste la búsqueda, pero entre las piedras deja una frase escrita en un trozo de papel que dice: «si no escalas la montaña, jamás podrás disfrutar del paisaje».

Cosuenda al pie de la Sierra, y detrás el tablero de ajedrez de los campos de olivos, vides, cereal, almendros…

Como no podía ser menos, le digo a Ángel de hacernos una foto de recuerdo junto a la cruz. ¿Hay algún sitio donde apoyar la cámara  y mi pequeño trípode? Pues no. Veo que hay una pequeña encina próxima. Con el zoom igual salía algo. Voy a probar. Hace bastante aire, no encuentro sitio donde agarrar el trípode. Al final entre unas ramas logro sujetar el conjunto, pero no sin antes atar la correa a una rama cercana, asegurándome de que si se cae la cámara quede colgando, sujeta por la misma y no caiga al suelo. Pongo el automático, doce segundos y se produce el disparo. Cuando  me acerco a recoger la cámara, una ráfaga de aire la tira. El susto es monumental, pero me doy cuenta al instante que mis medidas de seguridad previas han servido. Queda colgando de la correa tal y como había previsto en caso de percance y se salva del golpe. Buf, menos mal.

En la cima. Justo después de esta instantánea, el aire me tira la cámara. Menos mal que la tenía sujeta a una rama
Vista desde el Pico del Espino hacia el Alto de la Nevera (o Falaguera) y Valdemadera
La misma foto donde he dibujado aproximadamente el camino que hemos seguido hasta llegar hasta aquí.

Pues bien, después de contemplar un rato el paisaje, y sin demorarlo mucho, decidimos que hay que volver a Cosuenda, llegar al coche y regresar a casa. En vez de hacerlo por donde hemos venido, hay otra opción. Descender del  Pico del Espino por una senda forestal que nos llevará directamente al Raso de la Cruz, la zona recreativa del  principio.

Descendemos del pico. Volvemos a pasar por la zona que hemos cruzado antes de subir. Las rocas desperdigadas tienen en algunas zonas el color marrón del mineral de hierro. Puede que forme parte de su composición.

Al cabo de un rato el sendero va a parar a la pista forestal. Tomamos esa pista. Es ancha. Nos  damos cuenta que es la que ha utilizado probablemente la maquinaria que ha despejado el monte que hemos cruzado anteriormente. A ambos lados, los pinos resineros, de buen porte. Me  recuerda a los paisajes que hay en algunos tramos para subir al Moncayo, y también a los  bosques de pinos comunales que hay por la zona de Soria, por Covaleda y Vinuesa, y que explotan los municipios de esa zona. La verdad es que se hace un tanto monótono este trozo. No es feo, pero después de todo lo que hemos visto, no nos parece nada del otro mundo.

La  pista baja haciendo curvas amplias, y pensamos que seguro que su trazado alarga bastante el tiempo de descenso. Decidimos acortar y retomar el camino más estrecho y balizado que cruza transversalmente la pista. Así que vamos por ahí. Es todo cuesta abajo. Después de tanta subida se agradece.

Acortamos y dejamos la pista para meternos de nuevo en el bosque de pinos

Al cabo de un buen rato de caminar entre  los bosques de pinos otra vez, el sendero vuelve a salir a la pista que dejamos con la intención de acortar tiempo y que ahora retomamos. Ya no hay atajos que podamos usar. Hay que seguir por ella hasta el Raso de la Cruz.

Ahora ya no dejaremos la pista hasta llegar al Raso de la Cruz

El horizonte se vuelve a apreciar en toda su grandeza y el paisaje sigue siendo impresionante. Se pueden ver los montes, las laderas y los barrancos. Estamos a unos pocos kilómetros de Zaragoza  capital y todo está lleno de árboles. Es  un manto verde que no tiene fin. Da gusto. Todo esto hay que conservarlo por muchos años.

La riqueza forestal aquí es importante

Llegamos a una  zona de la pista que hace curva y que está llena de roderas. Ha llovido  recientemente y los vehículos han dejado profundas huellas en el barro.

Roderas. Posiblemente las dejaron los vehículos que subieron a talar el monte

Al fin llegamos al Raso de la Cruz. La luz de la tarde hace que el lugar parezca otro. Siempre  pasa lo  mismo. Dependiendo de la hora del día, el paisaje cambia. Ahora seguimos el camino inverso de lo ya recorrido por la mañana. Son 7 horas y pico ya de excursión y no hemos visto a nadie.

Ángel se acerca a la fuente del Raso de la Cruz. A su derecha el camino que tomamos por la mañana

Durante la vuelta contamos anécdotas y vivencias relacionadas con las salidas a la montaña, y la conversación nos lleva a hablar de cuando éramos más jóvenes. Yo le cuento que fui con mi hermano de crío de campamentos con el colegio, a Benasque, a la explanada que estaba debajo de los Baños.Ángel me dice que una temporada él estuvo en los Boy Scouts. Le digo que casualmente también estuve yo en los Scouts, pero fue algo puntual , cuando por hacer un favor a un amigo que era Jefe y que se puso enfermo, ocupé su puesto y llevé a unos chavales a varias marchas. Una de ellas fue a Santa Cruz de la Serós, en el Pirineo de Huesca. Nunca he pasado tanto frío como en esa caminata. También los llevé a Riglos, Agüero…de todas formas Ángel me dice que no le gustaba mucho tener que ir obligado a algunas excursiones de las que hacían sólo por ser boy scout. Es que, le digo, como todo en la vida, cuando vas obligado a algo, no lo disfrutas igual.

Seguimos caminando y casi ya en las cercanías del pueblo, vemos a dos personas con sendos tractores, Uno de ellos con el motor en marcha, y en medio del campo, y el otro a un lado del  camino. Una persona está sentada en el arado del suyo, Hablan tranquilamente. Ahora sí que son los primeros «humanos» que vemos después de casi ocho horas.

Reflexionamos sobre la vida que llevarán. Fíjate, le digo a mi amigo, seguro que tienen ya sus años y ahí están con el tractor. La gente del campo, si le acompaña la salud  ya se sabe que aguantan mucho. Pienso, ¿muchos ancianos, no estarían mejor así, al aire libre, haciendo lo de siempre, y lo que les gusta, que en una residencia por ejemplo? En Zaragoza, hay personas que alquilan un pequeñísimo huerto desde 20 euros al mes y plantan ahí unos tomates, añorando la vida de agricultores que llevaban sus antepasados. Tenemos mucha tecnología, la medicina ha avanzado mucho, se vive muchos años, y tenemos muchas comodidades, pero nos hemos deshumanizado, o como decía un profesor mío de la Facultad de Derecho, nos hemos «cosificado». La gente en las ciudades tiende a aislarse. Las relaciones interpersonales se van dejando, muchas veces en favor de las redes sociales, en las que tienes amigos que ni siquiera conoces y tal vez no lo hagas nunca.

Me doy cuenta que casi no hemos parado en todo este tiempo. Yo no he comido nada, pero no tengo tampoco hambre. De todas formas, estoy acostumbrado. Desayuno fuerte, como ya he dicho en otras entradas de este blog, y con ese aporte energético, mi organismo ya tiene reservas suficientes para resistir el esfuerzo que le exijo en estas caminatas. Sin embargo, líquidos hay que tomar. Del litro y medio que llevo en la botella, habré consumido casi todo. En épocas  de más calor, cae la botella entera seguro y lo que vaya rellenando por el camino. Ya os he contado que es una botella térmica, y además la llevo con una funda también térmica. Conserva tanto el  calor como el frío.

Finalmente vamos ya viendo las casas de Cosuenda, a nuestra izquierda, luego aparecen los depósitos plateados de la cooperativa vinícola, cruzamos el río –rambla- Algairén y en un visto y no visto llegamos al  coche. Ocho horas justas. El podómetro que llevo en la cintura (aunque mi reloj también me cuenta los pasos, calorías y kilómetros recorridos) me marca 17 Kilómetros en total y 1.100 kcal gastadas. Yo sé que esto es relativo, porque el podómetro  en subidas no marca la distancia igual que en llano, suele marcar menos, y las calorías gastadas son más. No  es el mismo gasto energético el que se hace al subir escaleras, que el que se hace al caminar la misma distancia en el llano. Evidentemente, el esfuerzo es mucho mayor al trepar por el  monte. Así que estoy muy satisfecho del ejercicio realizado. El balance es que ha sido una buena excursión.

Ya se ven las casas de Cosuenda.
En lo alto de la foto se ven , hacia la derecha, como tres chimeneas, son los respiraderos de las bodegas

Dejamos las mochilas en el maletero, nos cambiamos de calzado y nos tomamos un café con leche en el bar que está justo al lado de donde estamos aparcados. Sienta bien, sobre todo porque ya se empieza  a notar el fresco otra vez.


Y para acabar un buen café con leche en el bar de Cosuenda

Una vez ya volviendo con el coche, quedamos en que volveremos otro día para ver el pueblo tranquilamente y hacer alguna otra ruta por la Sierra, pues hay mucho por descubrir. Salimos de Cosuenda y enseguida entramos en Cariñena. De ahí a la autovía. En algo más de veinte minutos, ya estamos entrando en Zaragoza, por Valdespartera. Dejo a mi amigo en su casa y doy por terminado el día pensando que ha estado muy bien aprovechado.

Espero que os haya gustado y que si alguna vez queréis aventuraros a visitar esta zona, este relato tal vez os pueda ser de utilidad. A continuación dejo unas fotos que he sacado del Google Earth con la ruta y la localización en el mapa de la excursión. Un saludo para todos y hasta la próxima. Si queréis le podéis dar un me gusta en la estrella que sale debajo de la opción de compartir abajo del todo. Gracias y ¡Hasta pronto!

Este es el perfil de la caminata
Esta es la ruta que hemos hecho por la Sierra de Algairén.

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