Hola de nuevo amigos de mi blog momentum. Esta vez me he acercado a Fuendetodos, a visitar la casa natal de Goya. He ido con mi coche. En este mismo día acabo de visitar la Cartuja del Aula Dei, y ni corto ni perezoso, decido hacer un doblete. Es 30 de marzo de 2.019, sábado.
La localidad de Fuendetodos pertenece al Campo de Belchite, y se accede desde Zaragoza por la autovía Mudéjar, tomando al cabo de unos 20 km, la salida hacia Botorrita. Dejando atrás esta localidad, accedes a una carretera comarcal con nulo o escaso tráfico.
El paisaje está salpicado por montes aislados que surgen de la llanura circundante dedicada mayormente a cultivos cerealeros, recortándose contra el horizonte con formas angulosas, dejando ver la tierra que contienen, de un característico color rojizo, lo que les da un aspecto muy singular. Me imagino recorriendo estas planicies a los habitantes de antaño, los celtíberos, pobladores de Contrebia Belaisca (Botorrita), cultivando los campos y cuidando de sus rebaños de ganado.
A los 7 km desde que se deja Botorrita, se pasa junto a la localidad de Jaulín ,municipio situado al sur de la comarca de Zaragoza, a 28 km de la capital. Es entonces cuando la carretera comienza a subir un pequeño puerto. El paisaje vuelve a cambiar y la tierra se torna de un tono más grisáceo, se ven algunas zonas de pinar, pero sobre todo encinares y carrascas, las lomas son más redondeadas y están salpicadas de arbustos, romeros y tomillos.
Después de unas cuantas curvas, y sin cruzarme con ningún coche en todo este tiempo, se llega a la planicie superior. He subido rápidamente unos cuantos metros sobre el nivel del mar, lo noto por la presión en los oídos. Al poco, me encuentro de golpe con infinidad de turbinas eólicas, aerogeneradores girando sus enormes aspas sin parar, de un blanco inmaculado, están por todas partes. Pero parece que la carretera se empeña en seguir haciéndome ascender otra vez.
Se van tomando más curvas hasta que llegas arriba, donde ya no hay turbinas, pero el paisaje que queda abajo está salpicado de ellas, me parece una vista muy chula. Ahora apenas me cruzo con algún coche. Al rato distingo un cartel con letras blancas y fondo morado en el lado izquierdo de la carretera que dice «vestigios de la guerra civil». Paso de largo, mi objetivo es Fuendetodos, pero pienso que si vuelvo con tiempo, me pararé a ver de qué se trata.

Por fin, al cabo de unos 15,5 km desde que dejé Jaulín aparece Fuendetodos. El pueblo se ve a lo lejos, sobre una loma, y en un lateral de la carretera distingo unas letras de metal que dicen: “GOYA”. Voy avanzando con el coche y descendiendo hacia el pueblo,llego a mi destino.
Fuendetodos se sitúa en la comarca del Campo de Belchite, a 44 km al sudoeste de Zaragoza. Su altitud, 750 metros sobre el nivel del mar, su población, 180 habitantes. El nombre de este pueblo se debe a la Fuente Vieja que allí había, y que era usada por muchos. (la fuente de todos).
La población se ha dedicado tradicionalmente a la agricultura del secano y la ganadería de ovino y caprino. Durante siglos, las canteras de piedra caracoleña, exclusiva de Fuendetodos y la industria del hielo (llegó a haber 22 neveras que vendían el hielo principalmente a los mercados zaragozanos) proporcionaron importantes ingresos al pueblo. Hoy en día ha adquirido mayor importancia la producción de energía eólica y sobre todo los servicios derivados del turismo.
El pueblo está a la derecha de la carretera, es decir, no se pasa por el medio como ocurre con otros muchos, supongo que esto se debe a su situación elevada, hay que girar de propio para entrar, o si no, lo pasas de largo. Hace mucho tiempo estuve aquí, casi no lo recuerdo, y en ese momento no llegué a ver la casa natal de Goya, así que ahora me digo que no me voy de este lugar sin visitarla. Sí que localicé una nevera que está a las afueras del pueblo, la nevera Culroya, donde me gustaría volver ¿estará igual?. También me hice con alguna piedra caracolera, o caracoleña,como le llaman aquí que aún conservo,que no es otra cosa que piedras compuestas en su mayor parte por restos fosilizados de caracolas y conchas.
Geológicamente hablando, es una caliza que contiene gasterópodos. Posee una elevada porosidad, ya que los habitáculos de la concha están huecos. La roca se formó en un lago donde existían numerosos de estos organismos y cuyas conchas, acumuladas en el fondo, formaron este material. El lago tenía poca profundidad, (semejante a la actual laguna de Gallocanta), y estaba rodeado de torrentes que desaguaban en el mismo. En los momentos de lluvias fuertes aportaban arenas silíceas que se mezclaban con el barro calcáreo y daban lugar a diversos tipos de laminaciones. Esta roca se formó en el Mioceno, hace unos 10 millones de años. Casi nada.

Mi piedra caracoleña de Fuendetodos. La tengo desde 2006. Se pueden apreciar perfectamente las conchas
Pero esta historia geológica tiene su importancia. La piedra que se saca de aquí, en Fuendetodos, fue un material muy apreciado durante mucho tiempo en la ciudad de Zaragoza, donde llegaba transportada en carros. Se empleó, entre otras construcciones, en el Puente de Piedra sobre el río Ebro, en el basamento de la torre de la Catedral de la Seo y en la Basílica del Pilar, así como también en la fachada del antiguo convento de San Agustín. Incluso en tiempos más recientes se ha empleado en el Edificio Pignatelli, sede del Gobierno de Aragón. Según dicen, es una excelente piedra de uso constructivo, que se asemeja al travertino italiano.
Pues bien, a la salida del pueblo y frente a un pequeño hotel, pintado de un vistoso color mostaza, aparco el coche en una explanada de tierra contigua. Ya caminando, paso al lado de una fuente que bien podría ser la que dió nombre al pueblo, Subo por una de las empinadas calles que van hacia lo que me parece la zona de la iglesia que queda en lo alto. A medida que avanzo me doy cuenta que hay zonas dentro de lo que es el pueblo donde se puede estacionar y que el coche estaría mucho más a mano. Decido volver para cambiarlo de sitio.
Bajando la cuesta que acabo de subir, y otra vez junto a la fuente, un matrimonio de mediana edad, que por el aspecto y acento me parecen sudamericanos,me preguntan amablemente que si de donde vengo se puede llegar a la casa de Goya. Les digo que sí, y que yo voy a subir en coche pues he visto que se puede aparcar en la zona alta del pueblo.
Arranco el coche y subo por una calle que me parece más empinada todavía que las que he bajado, y que, según veo, va a dar a una plaza, donde hay un montón de huecos para aparcar. Pero justo cuando voy a entrar, me doy cuenta de que voy a tener que hacer un giro pronunciado por una calle muy estrecha. Muy justo, pienso. No lo veo claro. No me la juego. A ver si no voy a poder pasar o en el peor de los casos, incluso puedo llevarme un roce. Desisto. Pues nada, meto primera y sigo subiendo.
La calle finalmente acaba en una zona despejada donde hay una bifurcación. ¿Cuál elegir? En esto que veo dos abuelos que están haciendo lo que parecen fardos de hierba junto a una especie de cochera. Voy a preguntar. Me acerco y bajo la ventanilla del copiloto, pues están a ese lado. Alzando un poco la voz para que me oigan, les saludo y pregunto por donde puedo ir para llegar a la casa de Goya. Me dicen que mejor me dirija otra vez a la parte baja, por la calle de mi izquierda y que luego gire otra vez a la izquierda al principio del pueblo, pasado el hotel ¿es que hay otro? y luego otra vez a la izquierda, subiendo otra calle y entonces llegaré directo a la plaza. Tres veces a la izquierda, vuelta a subir, bien, parece fácil. Mientras me lo cuentan, siguen con su labor amontonando hierba, y veo como algunos restos que se desprenden al levantarla van cayendo dentro de mi coche. No me lo puedo creer. Caen hasta flores amarillas de las que crecen en los prados. Creo que son dientes de león. Los abuelos siguen con lo suyo. En fin, me despido agradeciéndoles la información y pienso que en cuanto pueda limpiaré el coche.
Pues sí, tal y como me han explicado y tras subir varias calles otra vez, llego a la plazuela donde está la casa y aparco allí, en un sitio que está justo al lado. Me quedo más tranquilo porque mi idea era también caminar por los alrededores si me sobrara algo de tiempo, así que si tengo que dejar el coche un buen rato solo, pienso que mejor ahí, menos aislado.
Pues bien, como todavía no han abierto la casa de Goya, aprovecho para echar un vistazo tranquilo a la zona. Lo primero que me llama la atención es un par de arcos de piedra, que sustentan un tejadillo y que forman un espacio diáfano, junto a una fuente. Enfrente veo un mesón que se llama «La Maja de Goya» y a su lado, la casa natal de Goya. A continuación, una sala de exposiciones dedicada a Ignacio Zuloaga. En la parte superior de la plaza hay un gran busto de Francisco de Goya.
Miro a mi alrededor. Estoy solo. Sábado, cuatro de la tarde. Y en un pueblo. ¿Quién va a haber? Casi estoy acabando de pensar esto cuando de una esquina sale un joven con una gran cámara de fotos y una mujer de mediana edad. Pienso que seguro que si le pido por favor que me haga alguna foto antes de que se marche, con lo más interesante de la zona, seguro que me la hará bien y de paso me ahorraré buscar sitios donde apoyar mi pequeño trípode, que por cierto son prácticamente inexistentes.
Accede con gusto. Le pido dos o tres fotos, nada más, por no entretenerle, pero incluso repite una porque me dice, ha salido una papelera y no le gusta. Le digo que yo también soy así, que me fijo en los detalles. Entonces me explica que está estudiando fotografía. También me dice que si quiero visitar la casa, las entradas se sacan en el Museo del Grabado de Goya que está más adelante, calle arriba. Perfecto, me despido agradeciéndole el aviso y las fotos y me voy para allá.


Cuando llego, una persona que me atiende tras un mostrador me dice que la entrada a la casa de Goya cuesta 3 euros, pero que el precio incluye la visita a unos grabados que están en ese mismo edificio, la visita a la casa de Goya y a la Sala Zuloaga. También me informa de que a la media hora más o menos de abrir la casa,esto es, sobre las 16,30 horas, se va a hacer una visita teatralizada de la misma y que merece la pena esperar. Vale, perfecto, pero pregunto si puedo yo antes ver la casa tranquilo y luego unirme a la visita de grupo y me dice que sí.
Así que como todavía me sobra tiempo, decido visitar primero el Museo del Grabado de Goya. Allí están algunas de las láminas realizadas por el pintor sobre paisajes, pero también se sabe que reutilizó algunas matrices de estos paisajes, para, por ejemplo, los desastres de la guerra. Y es que usaba una especie de planchas de cobre para los grabados y aprovechó algunas de ellas para otros trabajos. También hay una colección permanente sobre los caprichos, entre los que se encuentra allí el famoso “el sueño de la razón produce monstruos” y los disparates, que Goya realizó sobre el año 1.799, con 53 años.
Al igual que en la plaza antes, no hay nadie. Estoy solo. Pero en una de las salas, me encuentro de sopetón con el matrimonio sudamericano de antes, él, es, según me dice, gran admirador de Goya, y se dedica a la pintura. Según cuenta, estar aquí es algo que le emociona. Me enseña un dibujo al carboncillo que ha hecho de uno de los caprichos de Goya. Me pone el original al lado. Me dice ¿qué le parece?. Me quedo perplejo. Mi asombro es total, parece el mismo grabado, incluso mejor. Se lo digo, y veo que agradece mucho mi apreciación, pues le noto que se muestra muy orgulloso de su trabajo.
Después salgo del edificio y voy hacia la casa de Goya. Han abierto. No hay nadie. Estupendo. La casa en sí parece bastante humilde. La fachada es muy simple. Más simple no podría ser. Te imaginas algo más impresionante, pues allí vivió el gran pintor aragonés, aunque fuera de pequeño, pero hay que ponerse en el tiempo y el lugar, que es el siglo XVIII, y en el Aragón rural.
Me fijo en las ventanas. Están desalineadas respecto a la puerta. Hay también una losa de piedra con una inscripción grabada, sujeta a la pared, a media altura. La colocaron en 1.913 en un homenaje al pintor. Igual la tenían que haber puesto algo más baja, para que se viera mejor. Accedo a la vivienda y me dedico a visitarla tranquilo, hago las fotos que quiero, pongo el trípode donde me apetece. No hay nadie que me moleste. Que gozada. Me empapo de las sensaciones que me despierta ese lugar. Me imagino cómo vivirían en esa época. Con qué poca cosa se conformaban .





Las paredes son blancas, aunque dejan pasar en algunas zonas manchas de humedad. Las formas son más bien redondeadas, los espacios no son muy amplios, pero imagino que suficientes para ser habitados según las costumbres de la época. Subo por unas empinadas escaleras y llego a la zona de los dormitorios. Hago más fotos del lugar. Los espacios siguen siendo bastante reducidos.
Ya arriba, me sigue sorprendiendo lo reducido de los espacios y como están distribuidos, pero pienso que era otra mentalidad y otra forma de vida y que hay que saber situarse en el contexto y en la época para entender lo que se ve. No deja de ser una casa de pueblo.Lo mejor es que al estar solo, puedo sacar fotos de todo sin nadie que me moleste, y colocar el trípode a mi antojo, lo que es una gran ventaja. Visitar la casa por mi cuenta un poco antes de que apareciera más gente, fue todo un acierto, como más tarde pude comprobar, pues campar a mis anchas hubiera sido totalmente imposible.


Mueble del siglo XVIII. Similar a los que pudo tener la familia de Goya



Cuando ya me voy a marchar, aparece una persona que viene directamente subiendo las escaleras. Se sorprende de verme a mí y yo de verlo a él. Lleva una carpeta bajo el brazo. Es como mucho de mi edad, o incluso más joven. Nos saludamos, y resulta ser el encargado de hacer la visita teatralizada. Me dice que la va a empezar ya, y que me apunte, que me gustará.
Le hago caso. Vuelvo a bajar lo más rápido que puedo para no perderme nada. Encuentro un grupo de unas quince personas en la plaza, esperando.
Entonces el guía empieza a hablar desde la ventana del piso superior. Ahora entiendo por qué lo ví allí antes. Quería empezar la representación en ese lugar. Se presenta entre bromas y le da a su exposición un tono muy divertido, mezclando lo serio con lo informal. La verdad es que hay que reconocer que es gracioso.
Nos dice que es familia de Goya, que es su tatara-tatarabuelo. Esto lo dice muy serio. ¿Será verdad?. Pregunta que de donde somos. Aragoneses dicen algunos, otros que vienen de Madrid, otros del pueblo de Luna, al lado de las Pedrosas, dirección Cinco Villas, otros de algunos pueblos de la zona y otros más tímidos no dicen nada. Pregunta si hay alguien de Zaragoza; le digo que yo. Parece que soy el único.

Empieza contando que el padre de Francisco de Goya, que se llamaba José de Goya, era de Zaragoza capital y que tenía de profesión, maestro dorador, y que además gozó de cierta notoriedad en la vida artística de la ciudad a mediados del siglo XVIII. Era un especialista en aplicar una terminación dorada sobre madera u otros materiales para enriquecer su aspecto final.
¿Os lo imagináis? ¿Alguno de vosotros sabe algo de estos oficios? dice el guía. Uno de los visitantes le responde que el sí, porque es ebanista. ¡Qué casualidad!. Basta con esto para que el guía, en tono jocoso ,saque una libreta y dibuje con su boli en el papel un 6 y debajo un 4 . Le dice, mira, para ti, la cara de tu retrato, arranca la hoja y se la da. El visitante siguiéndole la broma la coje y le dice, lo guardaré, siendo del biznieto de Goya, igual en unos años vale una pasta. Entre risas, el guía le responde, eso, eso, y enmárcalo en tu taller y lo cuelgas de la pared.
Pues bien, en la entrada de la casa, nos explica que la vivienda, aunque parece humilde a primera vista, para la época, estaba bastante bien. Me pregunto entonces como sería el resto.
La madre de Goya se llamaba Gracia de Lucientes y Salvador. Los Lucientes eran originarios de Fuendetodos, y eran de la pequeña nobleza, les llamaban labradores infanzones, porque eran dueños de tierras que ellos mismos explotaban. Los Goya, eran originarios de Zaragoza. El abuelo de Goya, que se llamaba Pedro, fue notario real, y además dueño de tres casas en la Morería Cerrada de Zaragoza. Pero esta casa de Fuendetodos pertenecía a su tío Miguel Lucientes, el hermano de su madre, y fue en la que Goya vivió los seis primeros años de su vida.
José y Gracia se casaron en Zaragoza, en 1.736 y tuvieron seis hijos. Francisco de Goya fue el cuarto, de los seis hermanos. Rita era la hermana mayor, nació a los dos años de casarse sus padres, y sería la que se dedicaría a cuidarlos, ya de ancianos, dos años después de Rita nació Tomás que se hizo dorador, como su padre, tres años después de Tomás nació Jacinta, pero esta murió siendo niña, con siete años, tres años después de Jacinta, en 1.746, el 30 de marzo, nació Francisco, el pintor, y finalmente, seis años después de Francisco nació Camilo, que tras sus estudios eclesiásticos en la Universidad de Zaragoza, fue capellán en Chinchón, no lejos de Madrid.
Como puede verse, la madre de Goya, Gracia, desde que se casó hasta casi veinte años después, tuvo hijos regularmente. Sin lugar a dudas, eran otras épocas. De pronto, caigo en la cuenta de que estoy visitando su casa también un 30 de marzo, justo el día en que nació Goya pero 273 años después, así que hoy sería su cumpleaños.¡Qué casualidad!.

José y su familia, tuvieron casa en la calle de la Morería Cerrada, en la parroquia de San Gil, hasta 1.762. Entonces, ¿por qué nació Goya en Fuendetodos y no en Zaragoza?. Pues porque según nos cuenta el guía, el matrimonio decidió desplazarse allí a vivir para dar a luz a Francisco y que Gracia llevara una vida más tranquila alejados de la ciudad. Volvieron a Zaragoza en 1.752, cuando Goya tenía seis años. Una aciaga circunstancia se produjo diez años después, cuando Goya tenía dieciséis años, la casa de Zaragoza fue embargada por deudas, y tuvieron que pasar a vivir a otra en alquiler,en el Coso, frente a las llamadas Piedras del Coso, y años después a otra, en la calle y plaza de San Miguel. Sin embargo, no volvieron a vivir a Fuendetodos. Es de suponer que tenían demasiados vínculos con Zaragoza para abandonarla.
Pasan los años, y Francisco de Goya y Lucientes se casa el 25 de julio de 1.773, a la edad de 27 años, en Madrid, con Josefa Bayeu, nacida en Zaragoza en 1.747, y que era sólo un año menor que Goya. Josefa era hermana de Francisco Bayeu, el pintor de cámara del rey Carlos III. El matrimonio tuvo nada menos que ocho hijos; pero de los ocho, sólo uno logró sobrevivir, Javier Goya y Bayeu, que nació a los once años de la boda y que fue el único heredero del pintor. El resto murieron al nacer o siendo muy niños. Tremendo.

Y, ¿qué fue de la casa de Fuendetodos? parece que con el transcurrir del tiempo cayó en el olvido. Muchos años después, en 1.913, fue identificada por Ignacio Zuloaga y un grupo de artistas zaragozanos. Parece ser que la casa estaba en posesión de una descendiente de Goya, una mujer mayor, que la vendió por 1.000 pesetas de entonces ¡Sólo 6 euros de ahora!.

Después de haber sido destruida parcialmente y de nuevo reconstruida fielmente, en 1.982, fue declarada Monumento Histórico Nacional. Se inauguró el 13 de julio de 1985. La casa en su interior, como después veré, sigue conservando todo el aspecto rústico y popular original, pero está ambientada con muebles y enseres, que aunque no genuinos, son propios de la época.
Entramos en la vivienda y lo primero que se aprecia es una especie de recibidor o mas bien distribuidor, que tiene una fresquera en un lateral, en la parte izquierda, y también hay unas escaleras que permiten subir al piso superior y enfrente, otra habitación, no muy grande. Al fondo está la cocina y a su lado otra dependencia más.
Este habitáculo no muy grande, que aparece a la derecha nada más entrar, cumplía la función de cuadra. Estaba dentro de la casa por una razón: el calor desprendido por los animales contribuía a calentar las alcobas que estaban justo encima, en el piso superior. Solían tener cabras y ovejas, de las que obtenían carne y leche. El olor al entrar en la casa no debía ser nada agradable, ya que los animales también aportaban una ingente cantidad de excrementos que se usarían como estiércol y para otros variados usos.La sensación sigue siendo de poquísimo espacio para ser cuadra. No parece que cupieran muchos ejemplares ahí. Si acaso algunas cabras y ovejas a lo sumo.

Ahora la sala está dedicada a una exposición de algunas de las fotos que se realizaron cuando Zuloaga, en 1. 917, acudió a Fuendetodos con Manuel de Falla, para realizar un homenaje a la figura del pintor.

Hay una lámina además con un retrato que hizo Zuloaga a Falla. Resulta muy familiar para los que los conocieron, entre los que me encuentro. También hay una foto de un busto de Goya en bronce, que colocaron junto a la iglesia en 1.920.
La cocina era el lugar donde se vivía habitualmente, donde se hacia la mayor parte de la vida. Ahí se comía, pero también se charlaba. En Fuendetodos hacía mucho frío en invierno, así que el fuego de la cocina, de la cadiera, como se dice en Aragón, se mantenía encendido todo el tiempo. Sacaba tanto humo la chimenea de cada casa que a los habitantes de este pueblo les llamaban los fumarados. El guía nos dice que imaginemos el olor que desprendería toda esa gente. A ambos lados del hogar que es donde se colocaría la olla, hay dos bancadas hechas del mismo material que las paredes, de obra, y que sirven para sentarse. Nos dice que los muebles que pueden verse, aunque antiguos, no son los originales, ya que no se han conservado, pero todo lo demás, es tal y como era en vida de Goya. Contigua a la cocina está la despensa, lugar donde se almacenaban la mayor parte de los alimentos.
Pero los bodegones que pinta no son como los que estamos acostumbrados a ver, son más bien escenas un tanto rudas, corderos abiertos en canal para cocinarlos, carne de caza y cosas así.

Allí nos explica lo que comerían. Básicamente guisos a base de caldos, cocidos, legumbres, potajes y animales de caza y cerdo. Nos dice que Goya, una vez fallecida su mujer, en 1.812, con 62 años,empezó a pintar bodegones, cosa que no había hecho nunca antes. Los expertos se han preguntado por qué, y han llegado a la conclusión de que quería rememorar su infancia, lo que veía en su cadiera, en la cocina, porque le recordaba a su madre y a su familia en el hogar.
Dice que en esos tiempos la mujer era como la madre, el hombre sin ella estaba desvalido, ya que no cocinaba, ni limpiaba ni hacía nada relacionado con la casa. Todas las tareas del hogar, las hacía la mujer. Goya sin la suya, queda como huérfano, desatendido, y por esto pinta estas escenas que le transportan a esta época entrañable de su infancia.
Después nos invita a subir, advirtiendo entre risas que no quiere que nadie se caiga por las escaleras. Me envía a mí primero, porque dice, ya tengo experiencia (me ha visto antes arriba). Entramos en las alcobas. Nos invita a pensar en la familia de Goya, en aquel momento con seis hijos, todos pequeños y en ese espacio tan reducido, y a imaginar a la madre intentando atenderlos a todos, algunos llorando, demasiado jaleo, dice. Las alcobas están una al lado de la otra, las camas ocupan casi todo el espacio, que como ya he dicho, no es muy grande.


Aún queda otro piso y otras escaleras. Llegamos a una especie de bajo tejado o buhardilla donde dice que se almacenaba el grano, las viandas colgadas del techo y demás víveres. Ahí dice también que se cree que que Goya subía de pequeño y tal vez veía un mar de color. Que se lo imagina también mirando por un ventanuco los campos y el horizonte, con sus flores y plantas y que esto tuvo que desarrollar la imaginación del pintor. También nos enseña unas fotos de la maja vestida y desnuda y otro de la Duquesa Cayetana de Alba, y nos dice que hay parecido entre los tres rostros, y no se sabe si es ella realmente la que sirvió de modelo a Goya.

También cuenta que Goya tuvo algunos percances a lo largo de su vida. Se cayó por unas escaleras, Lo que le dejó maltrecho una buena temporada, si no fuera porque casi se mata. Pero lo peor es que fue atacado por una enfermedad que le dejó medio sordo. Que esto le ocurrió aproximadamente alrededor de 1.777, con 31 años, y que durante la convalecencia de esta enfermedad que más tarde causará su sordera total, Goya comienza a crear sus primeros grabados, En 1.793, tras un agravamiento de su dolencia, a los 47 años, Goya queda ya totalmente sordo. Las últimas investigaciones sugieren casi con absoluta certeza que tuvo una enfermedad autoinmune conocida como síndrome de Susac, que se caracteriza, precisamente, por alucinaciones, parálisis y pérdida de la audición.
Si al final hubiera llegado a morir por esa causa, y no era inhabitual en esa época ni mucho menos, dice que no hubiéramos llegado a conocer ni los caprichos, ni los desastres de la guerra, ni la maja vestida y desnuda, ni la familia de Carlos IV, ni los fusilamientos del 3 de mayo, etc…todo eso nunca lo hubiera dibujado ni pintado, porque lo hizo después, estando sordo.
A continuación, nos enseña un dibujo de un autorretrato que se hizo ya de muy mayor, en 1826, con 80 años. Lo conoce poca gente.Luce barba blanca y larga, y va caminando ayudado de unos bastones. Goya escribe arriba, “aún aprendo” con lo que nos resume el espíritu del pintor y su forma de entender la vida. Representa, el espíritu del ser humano genuino, el que nunca deja de disfrutar, cuyo sentido de la curiosidad es inagotable aunque el cuerpo no le responda ya.

En 1824, Goya se exiliará a Francia, a Burdeos, parece ser que por su decepción política ante el absolutismo del rey Fernando VII. Se retira, pero aún realiza algún cuadro . Goya muere el 16 de abril de 1828, a los 82 años.
Finalmente da por acabada la visita que me ha encantado, y que me ha hecho conocer facetas de la vida del pintor que desconocía y nos invita a que nos descarguemos una app donde se puede aprender más sobre Goya, su vida y su obra.
Me marcho de la casa de Goya, y entro en el Museo Zuloaga que está justo pegado a la casa natal de Goya. Lo veo rápidamente, pero antes de marchar de Fuendetodos, quiero darme una vuelta por el pueblo y sus calles, y llegar hasta la iglesia.
Casi todo el grupo de gente que sale de la casa y que me ha acompañado antes, o se monta en sus coches y se va, o como oigo decir a algunos, se van al bar a tomar algo. De nuevo no hay nadie por las calles. Voy subiendo otra vez las calles en cuesta y llego a la zona donde está ubicada la iglesia. Es del siglo XVIII, se llama Nuestra Señora de la Asunción, pero fue prácticamente destruida durante la Guerra Civil Española. Después la reconstruyeron. La pila bautismal, donde Goya fue bautizado, se sigue conservando hoy en día.

Desde allí tengo buenas vistas del entorno y de toda la zona colindante. A lo lejos diviso una puerta de lo que parece ser un garaje que está decorado con una pintura de vivos colores en la que aparece una mujer llevando un cántaro. Se nota que esto es el pueblo natal de Goya.
Algunos artistas siglos después, han querido dejar su huella aunque sea en un muro o una puerta.

Llego a un espacio junto a la iglesia y desde donde se contempla todo el horizonte y parte del pueblo. Hay erigido un busto de Goya sobre un pequeño monolito, es el que colocaron en 1.920. Comparo la foto que había en la casa de Goya en la que aparece dicha escultura, y la que hago ahora, y está todo prácticamente igual, a pesar del paso del tiempo. Hay un árbol a la izquierda del busto que aunque mucho más viejo, aún sigue ahí. Tiene más de cien años seguro.
Continúo andando y voy viendo diferentes zonas y casas del pueblo. Llego a la parte alta y me doy cuenta que he llegado al límite de las edificaciones.
Entonces giro hacia la derecha, y bajando por una calle diviso una nevera, construcción cónica en piedra típica de esta zona. Y luego otra. Hay casas que dentro de sus propiedades disponen de ellas, aunque ahora lógicamente como algo puramente decorativo.
Las neveras, saltan a la vista en cuanto se las divisa, ya no sólo por su forma cónica, sino por el material de que están hechas. Les da un aspecto un tanto primitivo pero a la vez pintoresco. Tienen una puerta que permite acceder a unas escaleras en caracol que van bajando bajo el suelo unos cuantos metros. No es lo solo lo que se ve en superficie.
A ratos, por encima de los muros, veo la iglesia, que antes me sobrepasaba, ahora queda a mi altura o tal vez incluso un poco más abajo.
Sigo caminando. Ahora sí que ya no queda pueblo. Lo que sigue son campos. Estoy en la parte más alta. Alguien ha amontonado leña. Con la iglesia de fondo, la foto no puede quedar más rústica.

Voy bajando ya hacia el coche. Me encuentro con un cartel que anuncia el espacio de naturaleza Fuendeverde. Me acerco. Está cerrado. En la pared del edificio hay dos salamandras decorativas.
Continúo y veo una especie de ruinas, muros de piedra de lo que parece fueron casas en otro tiempo. A esa zona le llaman el barranquillo. En realidad son los restos de un castillo o fortificación medieval cuyos materiales se usaron posteriormente para hacer otras edificaciones.

Al volver sobre mis pasos, pero por otra calle diferente, aparece otra casa que luce un cartel en el que pone «Taller de grabado Antonio Saura». Tiene un ventanal enorme por el que entra bastante luz. A un lado hay una puerta. Asomo la cabeza a ver que es. Hay gente dentro. Sentados y apoyados sobre una mesa alargada que hay en el centro, dos adultos y dos niños adolescentes, están escribiendo. Veo material para rotular y escribir y cuadernos desperdigados por toda la sala. Saludo y les pregunto que es el lugar. Me dicen que están haciendo grabados y caligrafía. Efectivamente se les ve dibujando letras grandes, como de época, en una especie de pergamino, Les deseo buena tarde y me despido de ellos. Son las únicas personas que he visto desde que dejé la casa de Goya.
Voy fijándome en todo. En un tejado veo una veleta que me hace gracia. El eterno juego del ratón y el gato. El cielo está azul. La tarde es serena, el ambiente es algo fresco pero muy agradable.
Las casas, cada una de un estilo diferente e incluso de distintas épocas, le dan un toque de variedad al pueblo. Todo está muy cuidado y limpio. Se nota que es un lugar turístico. Se cuidan los detalles.
Después sigo el paseo y vuelvo a acercarme a la zona de la iglesia con intención de bajar hasta donde tengo el coche aparcado. Atravieso una especie de plazuela, y descubro que en los muros de las casas que la forman han pintado unos grandes murales de estilo moderno. Quedan chulos. Al poco accedo a una plaza más amplia, donde hay aparcados varios coches, y en el centro, una figura de un Santo en lo alto, metido en una especie de urna, y sobre un pedestal.


Desde ahí vuelvo a tener vistas de la parte del pueblo que queda más abajo, y de los tejados. Sobre uno de ellos han puesto lo que parece ser una hormiga gigante de metal. Decididamente pienso que se nota que aquí nació Goya, y que la gente se ha dejado contagiar en cierta forma del espíritu creativo del pintor.
Llegado ya a la plaza donde está la casa de Goya, monto en el coche. Como me queda tiempo, voy a acercarme a la nevera, y si puedo, a la cantera de piedra caracoleña.
Saliendo de Fuendetodos, llegas a una intersección donde puedes, o girar a la izquierda y dirigirte hacia Belchite, o a la derecha, dirección Cariñena. Hay que escoger esta última opción y enseguida aparece un letrero a la izquierda que te indica la localización de la nevera pero hay que estar atento, o te lo puedes pasar.
Entro por un camino sin asfaltar y enseguida me topo con la nevera más famosa de la localidad porque de los originales, es el mejor conservado. Un nevero artificial es un pozo excavado en la tierra con muros de contención, de pequeñas o grandes dimensiones e incluso con techo, como es el caso del de Fuendetodos, donde se almacenaba la nieve que caía en invierno, para más tarde consumir el hielo en verano.

El nevero de Fuendetodos es el más monumental de la comarca de Belchite. Su construcción está datada en el siglo XVIII y se conoce popularmente como Culroya. Destaca por su cúpula construida en piedra con forma cónica. El nevero se puede visitar, pero en ese momento está cerrado, que pena. Para otra ocasión será.
Pues bien, disfruto un rato de la contemplación del lugar y veo que el día ya va de caída. Como quiero parar en la carretera a ver aquellos restos de fortificaciones de la guerra civil que vi a la ida, y si puedo, parar en Jaulín, me voy ya de Fuendetodos.
Hago de nuevo el viaje de vuelta y llego a la zona de los vestigios de la guerra civil. Hay gente viéndolos. No soy el único que se ha parado allí. Por suerte cuando yo llego ellos se van, pues me gusta ver las cosas tranquilo. La visita la dejo colgada en otra parte de este blog, pues investigaré el origen de estos restos con más detalle. Después de verlos, llego hasta Jaulín. Veo su parque botánico, famoso por una laguna que contiene y que por ello le dieron un premio en el año 1.980, y me acerco hasta la zona de la iglesia. Haré una pequeña entrada en el blog también dedicada a Jaulín. Ya visto todo, vuelvo a Zaragoza.
En Botorrita me incorporo a la autovía Mudéjar de nuevo y a casa. Doy por terminada la excursión que aunque la he puesto en este blog por partes, dada su extensión la hice toda en un día, Cartuja del Aula Dei, Casa Natal de Goya en Fuendetodos, Nevero, vestigios de la guerra civil y Jaulín. De 11 de la mañana hasta casi las 8 de la tarde. Solo y a mi aire. A veces esto tiene también sus ventajas, el ir con amigos está muy bien, pero el ir solo te da una independencia increíble y te permite organizar tu tiempo de la manera que más te convenga, incluso improvisar sobre la marcha. Espero que os haya gustado. Hasta la próxima entrada. Un saludo a todos. Si queréis le podéis dar un me gusta en la estrella que sale debajo de la opción de compartir abajo del todo. Gracias y ¡Hasta pronto!










































































